EPISODE · Jul 27, 2026 · 59 MIN
Familias de Cartón (Pastor Alejandro Roncancio)
from Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP · host Iglesia ETP
Gálatas 4:29 "Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. " Quiero invitarlos a analizar la historia y meternos en la intimidad de una de las familias más conocidas de la Biblia: La familia de Abraham y Sara:Dios les había dado una gran promesa, pero los años pasaban y nada que se cumplía. Así que, en medio del desespero, decidieron hacer lo que muchos de nosotros hacemos hoy en día: intentar "ayudarle" a Dios con una solución puramente humana.De esa decisión nace Ismael. Fue un hijo producto de la carne, del afán y de la lógica humana, no del diseño del Espíritu. Sara y Abraham armaron una solución que, por encima, parecía resolver el problema, pero que en el fondo era frágil y trajo mucho dolor tanto en la vida de Sara como también en la vida a Agar. Construyeron una solución "de cartón". Y las consecuencias de intentar forzar las cosas en sus propias fuerzas, en lugar de esperar la promesa de Dios, generaron conflictos familiares tan profundos que aún en el día de hoy podemos ver las consecuencias.Precisamente sobre este contraste entre lo que hacemos en nuestras fuerzas y lo que Dios hace a través de su Espíritu, es que el apóstol Pablo nos habla hoy en su carta a los Gálatas: "Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora." — Gálatas 4:29 (RVR1960)Es interesante ver los dos planos que el apóstol Pablo propone para llevar a los gálatas a reflexionar; los lleva a analizar cuándo algo proviene del Espíritu y cuándo algo proviene de la carne.Por eso, me centré en este pasaje para estudiar un poco a esta familia, ya que el apóstol Pablo la trae a colación. Vamos a revisar los peligros que amenazan a las familias, esos desafíos por los cuales todos atravesamos en estos tiempos.A menudo nos enseñan cómo construir una familia, cómo formarla y cómo convivir en ella, pero solemos perder de vista los errores que nosotros mismos generamos. A veces queremos que nuestras familias mejoren y sean transformadas, pero los cambios que proponemos son meramente humanos; y cuando son de origen humano, lastimosamente no son permanentes, sino pasajeros.Lo explico de esta manera: si intentas imponer reglas en tu hogar motivado por la ira, el resentimiento o el mal carácter, tal vez consigas resultados temporales, pero no lograrás un cambio real. Podrás infundir temor, pero nunca una verdadera transformación. Y cuando escudriñamos la Palabra para entender por qué sucede esto, descubrimos una gran verdad que hoy quiero compartir contigo y con todas las familias que me escuchan: la única forma de que un hogar sea verdaderamente transformado es a través del Espíritu Santo.Podemos acumular riquezas, alcanzar un alto nivel educativo, tener prestigio social o mucho reconocimiento, pero hoy vengo a decirte que la única manera de edificar una familia sólida es mediante el poder del Espíritu Santo.Si deseas tener una buena familia, necesitas a Cristo. Todo lo demás es bienvenido (los recursos económicos, que tus hijos estudien en un excelente colegio o en una gran universidad), pero absolutamente nada podrá reemplazar la presencia de Dios en un hogar. Cuando permites que la presencia de Dios reine en tu casa, tendrás una familia bendecida para Su gloria. Si Cristo está en la casa, la familia avanza. Cuando Cristo gobierna el hogar, este trasciende hacia el propósito que Dios ha trazado para él. A la manera de Dios o a mi maneraAhora, ¿qué pasa cuando los cambios y la transformación en una familia no nacen del Espíritu? Entonces provienen de tus opiniones, provienen de tu crianza. Muchas veces decimos: "Es que así me criaron a mí". Entonces, como tu papá cogía un palo, tú ya también tienes un palo; y como tu mamá tenía una chancla, tú también andas por ahí armado con una chancla en la cintura porque así te criaron. Hoy no vine a hablarte de tu crianza, hoy vine a hablarte del poder del Espíritu de Dios para que transforme a la familia. No vine a hablarte de lo que viviste en los tiempos de tus abuelos, vine a decirte que Dios está interesado en tu familia para traer una transformación a través del Espíritu, y no por métodos humanos.Cuando permites que Cristo intervenga en tu familia, entonces ya no serán tus opiniones ni tus emociones las que manden, porque actuar bajo nuestras emociones hace que, en lugar de arreglar las cosas, empeoren mucho más. Lo que nace de la carne se daña, pero lo que es del Espíritu permanece. Por eso te decía que esos cambios que hacemos en nuestra carne, si son normas, están muy bien, pero hay que ungirlas con el Espíritu Santo en oración, hay que pedir que Dios nos guíe y nos hable para que las cosas realmente puedan mejorar, porque cuando lo haces solo a tu manera, el hogar va por un camino en cierta temporada y por otro muy distinto en otra.Veo en la Biblia que el apóstol Pablo menciona a Isaac y a Ismael para hacer el paralelo entre cuando Dios mete la mano y cuando el hombre mete la mano. Si hemos traído al psicólogo para que nos ayude en casa, no está mal. Si hemos acudido al médico, no está mal; o al arquitecto... Hacemos tantas cosas por nuestra casa en lo físico, en la estructura, en lo mental y en lo emocional. Pero hoy vine a decirte: invita a Cristo a que viva en tu casa, no solo a que la visite. Cuando Cristo vive en la casa, a la casa le va bien, es bendecida, los hijos son bendecidos, el matrimonio es bendecido. No a tu manera, sino a la manera de Dios.Como un ejercicio pedagógico y para que lo recuerdes, quiero que lo pienses así: vamos a definir si en nuestra casa estamos haciendo las cosas a la manera de Dios o a tu manera. Tenemos la tendencia a querer hacerlo a nuestra manera, nos gusta, entonces nos imponemos y decimos cosas como: "¡Aquí se va a hacer así!". Ese tipo de actitudes demuestran que en esa casa se están haciendo las cosas a tu manera. Y hoy te estoy hablando de hacerlas a la manera de Dios. El Gobierno del Espíritu en el HogarCuando estaba estudiando un poco la historia de Isaac e Ismael, yo decía: "Señor, ¿cómo es posible que estos dos nunca pudieron estar en paz?". Ismael venía de un actuar de la carne, y ese actuar siempre terminó persiguiendo a lo que venía del Espíritu. Cuando en una casa no se le entrega el gobierno a Dios para que el Espíritu de Dios la gobierne, entonces otras cosas comienzan a gobernar: no gobierna el Espíritu de Dios, gobierna tu temperamento; no gobierna el Espíritu de Dios, gobiernan tus ideas o lo que tú quieres.Hoy vengo a decirte que, cuando el Espíritu Santo está en tu vida, lo que va a gobernar no son tus deseos, sino los frutos del Espíritu Santo. Podrás tener amor por tus hijos, habrá gozo y paz en el entorno. Ve, estudia los frutos del Espíritu, y te darás cuenta de lo que es una verdadera familia y una verdadera casa. Porque cuando una familia se construye sin Dios, termina luchando contra lo que viene de Dios.A una familia que no está construida por el Señor no le gusta orar, porque eso viene del Espíritu. No le gusta hacer el devocional, porque eso viene del Espíritu. No le gustan las normas ni hacer lo correcto, porque eso viene del Espíritu. Entonces los hijos quieren entrar a la hora que les da la gana a la casa, porque eso no viene de Él, viene de cómo se está manejando nuestra casa según la carne. "Es que todos los amiguitos en el colegio...", para ahí. "Es que en la universidad se hace...", pero es que nuestra casa no puede estar ...
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