EPISODE · Jan 17, 2020 · 6 MIN
Fernando Pessoa (Álvaro de Campos): Oda a la noche
from Literatura
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Chopin_Nocturne in c sharp minor YuEun Kim Violin Youtube.com Ven Noche antiquísima e idéntica, Noche Reina destronada al nacer, Noche igual por dentro al silencio, Noche Con las estrellas, lentejuelas fugaces En tu vestido bordado de Infinito. Ven vagamente, Ven levemente, Ven sola, solemne, con las manos menguadas De lado, ven Y trae los montes distantes al pie de los árboles cercanos, Funde en un campo tuyo todos los campos que veo, Haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo, Atenúale todas las diferencias que veo de lejos, Todos los caminos que la suben, Todos los distintos árboles que la hacen verde-oscura a lo lejos, Todas las casas blancas y con humo entre los árboles, Y deja sólo una luz y otra y otra más, En la distancia imprecisa y vagamente perturbadora En la distancia súbitamente imposible de recorrer. Señora nuestra De las cosas imposibles que buscamos en vano De los sueños que vienen a nosotros al crepúsculo a la ventana. De los propósitos que nos acarician En las grandes terrazas de los hoteles cosmopolitas Al son europeo de la música y de las voces cercanas y lejanas Y que duelen por saber que nunca los realizaremos Ven y envuélvenos. Ven y acarícianos Bésanos silenciosamente en la frente. Tan levemente en la frente que no sepamos que nos besan Sino por una diferencia en el alma Y un vago sollozo saliendo melodiosamente De lo antiquísimo de nosotros Donde tienen raíz esos árboles maravillosos Cuyos frutos son los sueños que acariciamos y amamos Por saberlos fuera de lugar en relación a la vida Ven solemnísima Solemnísima y llena De un oculto deseo de llorar Tal vez porque el alma es grande y la vida pequeña Y todos los gestos no salen de nuestro cuerpo Y sólo alcanzamos hasta donde nos llega el brazo Y sólo vemos hasta donde llega la mirada. Ven, dolorosa Madre Dolorosa de las Angustias de los Tímidos Turris-Eburnea de las Tristezas de los Despreciados. Mano fresca sobre la cabeza de los humildes con fiebre Sabor a agua sobre los labios secos de los Cansados Ven, de lo más profundo Del horizonte lívido. Ven y arráncame Del suelo de la angustia y de la inutilidad Donde presumo. Arráncame del suelo, margarita olvidada. Hoja a hoja lee en mí no sé qué señal Y deshójame a tu gusto A tu agrado silencioso y fresco. Una hoja de mí manda hacia el Norte Donde están las ciudades de Hoy que tanto amé; Otra hoja de mí lanza hacia el Sur, Donde están los mares que los Navegantes abrieron; Otra hoja de mí tira al Occidente, Donde arde apasionado todo lo que tal vez sea Futuro Que yo sin conocer adoro; Y la otra, las otras, el resto de mí Lánzalo a Oriente Al Oriente de donde viene todo, el día y la fe, Al Oriente pomposo y fanático y caliente, Al Oriente excesivo que yo nunca veré Al Oriente budista, brahmánico, sintoísta, Al Oriente de todo lo que no tenemos. Y todo lo que no somos, Al Oriente donde, quién sabe, Cristo tal vez Aún viva hoy, Donde Dios tal vez exista realmente decidiendo todo… Ven sobre los mares, Sobre los mares mayores, Sobre los mares sin horizontes precisos, Ven y pásale la mano por el costado a la fiera Y cálmala misteriosamente, Oh domadora hipnótica de las cosas que se agitan mucho Ven, cuidadosa, Ven, maternal, Paso a paso enfermera antiquísima, que te sentaste A la cabecera de los dioses de fes ya perdidas, Y que viste nacer a Jehová y a Júpiter, Y sonreíste porque todo es falso y es inútil. Ven, Noche silenciosa y estática, Ven a envolver en la noche con tu manto blanco Mi corazón Serenamente como una brisa en la tarde leve. Tranquilamente como un gesto materno acariciando. Con las estrellas reluciendo en tus manos Y la luna máscara misteriosa sobre tu rostro, Todos los sueños suenan de otra manera Cuando tú vienes Cuando tú entras bajan todas las voces. Nadie te ve entrar. Nadie sabe cuándo entraste, Sino de repente, viendo que todo se recoge. Que todo pierde las aristas y los colores. Y que en el alto cielo aún claramente azul Ya creciente nítido, o círculo blanco, o mera luz nueva que viene, La luna comienza a ser real. Álvaro de Campos
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