EPISODE · Mar 11, 2013 · 4 MIN
Firma Mario Ocaña 110313
La España contemporánea es un país de exilios. De españoles obligados por otros españoles a dejar atrás las calles compartidas, las huellas impresas sobre la arena de las playas y las sombras arrastradas sobre paredes de cal y suelos de tierra roja. La España contemporánea es como Saturno que expulsa a sus hijos por su propio miedo. Nunca aprenderemos de nuestra dramática historia de errores permanentes, ignorancias constantes y un olvido, pesado como el plomo, instalado en las cabezas huecas de los que dicen que gobiernan el país. La incultura del olvido nos obliga permanentemente, como a Sísifo, a repetirnos, a seguir arrastrando la roca enorme que nos impide vivir en libertad por que siempre vuelve a caer rodando sobre nuestras cabezas, aplastándonos. España se ha convertido en un país de silencios, de corruptos famosos, de políticos ineptos, de millones de personas en paro y de despavoridos jóvenes que buscan las fronteras como el último andén del tren del futuro. Como los afrancesados, que tuvieron que salir con lo puesto, por haber creído que era posible dejar atrás la España oscura del Antiguo Régimen; o los liberales, que escaparon allende huyendo del absolutismo, la intolerancia ideológica y las represalias de paredón por defender la Constitución del 12; o los republicanos que perdieron su patria en el 39 por defender la legalidad vigente y la democracia, ahogada por una dictadura; hoy, un nuevo exilio obliga a abandonar la tierra a miles de españoles, jóvenes, como casi siempre; desilusionados, como casi siempre; decepcionados, como casi siempre. Pobre España que contempla la expulsión de sus hijos allende las fronteras empujados por la guerra ganada por los mercados y perdida por los ciudadanos de a pié. Nunca un exilio fue tan ignominioso. La mejor generación de españoles – como los afrancesados, los liberales o los republicanos – los más cualificados intelectualmente, los más preparados academicamente, los más valiosos culturalmente se van y,como otras veces, el hueco que dejan es cada vez más grande, más profundo, más enorme. Un océano de silencio caerá sobre el país pues perderá lo más granado de su capital humano: ingenieros, médicos, maestros, investigadores, periodistas, arquitectos,... Una sangría irreparable y un enorme esfuerzo dilapidado en formación y especialización que nos alejará intelectualmente de los países de nuestro entorno. Aunque, a lo mejor, ese es el objetivo. Sin duda otros se aprovecharan del caudal de riqueza de nuestros brillantes hijos. Son bien conocidos – lo dice la demografía, ciencia que los políticos ignoran, como casi todas – los beneficios que recibirán los lugares de recepción de nuestros exiliados, en donde aumentará la ratio de jóvenes sobre las envejecidas poblaciones europeas, crecerán las tasas de natalidad y, sobre todo, los países receptores del exilio español del siglo XXI crecerán en tecnología, cultura y especialización , aprovechando que la política conservadora aplicada en España por un gobierno sin dignidad ni compromiso ciudadano les ha puesto en bandeja, sin invertir un sólo céntimo de euro, a miles de personas con alta capacidad para generar riqueza y desarrollo. Seguimos sin aprender del pasado y la Historia se sigue riendo de nosotros a mandibula batiente.
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