EPISODE · Apr 25, 2015 · 1H 29M
HECHOS DE LOS APOSTOLES CAPITULO 20. congregacion biblica internacional 22-4-2014
from CONGREGACION BIBLICA INTERNACIONAL
Hechos 20 Viaje de Pablo a Macedonia y Grecia 20 Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos, y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a Macedonia.( el alboroto: se refiere a lo ocurrido en Éfeso con los plateros que hacían templecillos de plata, los cuales se opusieron a pablo) 2 Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles con abundancia de palabras, llegó a Grecia. 3 Después de haber estado allí tres meses, y siéndole puestas asechanzas por los judíos para cuando se embarcase para Siria, tomó la decisión de volver por Macedonia (como siempre, los judíos no descansaban en perseguir al apóstol pablo, y donde quiera que Pablo llegaba, allí estaban los judíos para levantar oposición y persecución. Lo mismo sucede con nosotros en este tiempo de gran apostasía iglesiera, donde los lideres apostatas que se hacen pasar por cristianos siempre van a levantar oposición en contra nuestra, ya que cuando nosotros predicamos la verdadera y sana doctrina cristiana, nos convertimos en un peligro para el negocio religioso que ellos gobiernan). 4 Y le acompañaron hasta Asia, Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo. 5 Estos, habiéndose adelantado, nos esperaron en Troas. 6 Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días.(estas descripciones demuestran que Lucas, en medico escritor del libro de Hechos, estaba presente en ese viaje) Visita de despedida de Pablo en Troas 7 El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. (Este pasaje demuestra que los cristianos del siglo 1 acostumbraban reunirse sobre todo el primer día de la semana, es decir: el domingo, ya que esos primeros cristianos no eran sabatarios. Pero las reuniones en domingo se hacían, no por tener un día religioso, sino porque la gran mayoría de gentiles que se habían convertido en cristiano aprovechaban el domingo, ya que el domingo era un día feriado cuando muchos del imperio romano cerraban sus negocios ese día para ir a honrar a sus dioses, mientras que los cristianos iban y se reunían como iglesia para honrar al padre celestial y a Jesucristo.) 8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos;(este pasaje demuestra, una vez mas, que los cristianos del siglo 1 no necesitaban de ostentosos templos, catedrales o megas iglesias para hacer sus reuniones, sino que las reuniones las hacían mayormente en los hogares de los mismos hermanos en la fe, o en algún local que pertenecía a algún cristiano, como en este caso, un aposento alto en una tercera planta, un local donde cabían una buena cantidad de personas) 9 y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto. Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo. (Aquí vemos unos de las mas grandes milagros que Dios hace a través de los verdaderos apóstoles de Jesucristo: resucitar a los muertos, tal y como también lo hiso el apóstol padre al resucitar a Dorcas. Este tipo de milagros no pueden hacerlo estos falsarios que se autotitulan apóstoles en las iglesias modernas, ya que evidentemente estos falsos ministros modernos no tienen al espíritu de Dios que los respalde, sino que están amarrados a un espiritu o poder engañoso) .11 Después de haber Subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió. 12 Y llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados.(aquí vemos algo interesante, y es que la mayoría de reuniones cristianas no estaban reguladas por una hora especifica de terminación, ya que si el tema se tornaba interesante se puede alargar la reunión hasta que todos queden satisfechos. Por lo cual las reuniones cristianas nunca se pueden limitar a un simple acto religioso, con una hora fija de inicio y una hora fija de terminación, como se hace en las reuniones religiosas del catolicismo romano. Las reuniones del siglo 1 eran para escudriñar las escrituras y para orar, pero en este tiempo vemos que las reuniones en las catedrales católicas simplemente se hacen para llevar rituales religiosos, y nunca se escudriña las escrituras ni tampoco se ora a la manera de la iglesia del siglo 1) Viaje de Troas a Mileto 13 Nosotros, adelantándonos a embarcarnos, navegamos a Asón para recoger allí a Pablo, ya que así lo había determinado, queriendo él ir por tierra (seguramente Pablo queria irse por tierra para aprovechar e irse despidiendo de los hermanos de aquellas regiones: aquí vemos el espíritu infatigable de este apóstol). .” Troas y Assón se hallan en puntos opuestos de una península que termina en el cabo Lectum. La distancia de una ciudad a otra atravesándola es como 27 kilómetros, pero siguiendo la línea de la costa son más de 50. ¿Por qué eligió Pablo, después de pasar la noche en vela predicando y platicando, todavía abrumar su poder de resistencia con la caminata de 27 kilómetros? Uno supondría que fuera posible descansar en el barco en una hamaca. Nada lo puede explicar que no sea una excitación que elude el descanso, sea mental o corporal, ya que en cada ciudad había Pablo recibido en este viaje advertencias proféticas (Versículo 23) de cadenas y prisiones que le esperaban. Agitado por el estado crítico de las iglesias en todas partes, se entristeció con las despedidas que en su camino tenía que dar a cada iglesia, y anhelaba un período de meditación y plegaria que únicamente en la soledad podía hallar. Rodeado de las escenas más agitadas de la vida del apóstol, que confirmaba la palabra mediante señales y maravillas que se seguían, a millares que temblaban, mientras anunciaba con autoridad la voluntad de Dios, podemos perder la condolencia para con el hombre, por tener admiración para el apóstol. Pero al contemplarlo en circunstancias como las presentes, exhausto por la labor insomne de una noche entera, con carga demasiado grave para llegar a gozar de la sociedad de amigos que congeniaban con él, y aún, con toda su fatiga, eligiendo la jornada a pie de un día y poder dar rienda suelta hasta saciarse a la lobreguez que le oprimía, se nos vienen a la mente tanto nuestros propios momentos de aflicción que sentimos el vínculo humano que liga nuestro corazón al suyo. Ningún obrero ardiente de la viña del Señor hay, que listo para hundirse a veces bajo el peso de su ansiedad y desengaño, no halle alivio en permitir que el exceso de su pena se desgaste en el silencio y la soledad. En tales horas nos beneficia caminar con Pablo desde Troas a Assón, recordando cuánto más han soportado quienes eran mayores y primeros que nosotros en el evangelio. 14 Cuando se reunió con nosotros en Asón, tomándole a bordo, vinimos a Mitilene. 15 Navegando de allí, al día siguiente llegamos delante de Quío, y al otro día tomamos puerto en Samos; y habiendo hecho escala en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto. 16 Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.(pablo quería llegar a Jerusalén para el dia de pentecostés, aunque en muchos lugares se le estaba profetizando que en Jerusalén iba a ser apresado. Sin ninguna duda que Pablo entendía muy correctamente que todo iba a acontecer como Dios lo había dispuesto). El barco iba costeando entre las islas esparcidas a lo largo de la costa oriental del mar Egeo, como de una mirada en un mapa se puede ver, y parte del viaje ocupó cuatro días. Echaron ancla en el puerto de Mitilene la primera noche. Esta ciudad bellamente situada en la costa norte de la isla que entonces se llamaba Lesbos, y ahora Mitilene por el nombre de la ciudad, todavía es hermosa y con comercio considerable. A la segunda noche se halló ancladero "delante de Kíos", sin entrar al puerto. El día tercero cruzaron la boca de la bahía que conduce a Éfeso y tomaron Samo, quizá igual para el comercio o de más seguro anclaje de noche. Un recorrido corto del cuarto día los trajo al puerto de mar importante de Mileto en la playa principal. Al pasar Éfeso, aun no tan cerca del teatro de los prolongados trabajos y sufrimientos del apóstol, Lucas cree necesario hacer la explicación que ahora da. Si el barco hubiera estado en manos de Pablo, podría haber empleado en Éfeso el tiempo que después se tardó en Mileto (Versículos 17 y 18), sin demorar la llegada a Jerusalén, pero el bajel seguía su camino sin considerar tal deseo, y solo podía visitar a Éfeso tomando otro barco en Kíos, con riesgo de no hallar uno que a buen tiempo llegara de Éfeso a Siria. La ansiedad suya por llegar a Jerusalén para el Pentecostés era porque ent¬onces los hermanos de cada población en Palestina estarían en la ciudad capital, y podía él ver lo de la distribución de las limosnas que sus compañeros llevaban, sin necesidad de visitar iglesia por iglesia. Todavía veremos que completó el viaje a tiempo para la fiesta. Versículo 17. El buque de Pablo estuvo anclado en el puerto de Mileto al menos por tres o cuatro días, y él se aprovechó de la demora para satisfacer siquiera en parte su deseo de comunicarse una vez más con los hermanos de Éfeso. (17) “Y enviando desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.” La distancia era como 40 kilómetros. Podría haber ido a Éfeso en vez de llamar a los ancianos, si no fue por alguna inseguridad de la partida del barco. Si perdía el viaje en éste, podría fallar en su propósito de concurrir a la fiesta, mientras que, si los ancianos llegaran después de su partida únicamente sufrirían el inconveniente de corto viaje. Versículos 18 – 21. La entrevista que ahora Pablo celebra con estos ancianos puede considerarse como tipo de todas las que tuvo con los cuerpos diversos de discípulos por este triste viaje. Comienza su alocución a ellos con un breve repaso de sus labores en su ciudad. (18) “Y cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo, (19) siempre sirviendo al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los judíos; (20) como nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros públicamente y por las casas, (21) testificando a los judíos y a los gentiles arrepentimiento con Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo.” Estos ancianos deben haber sido de las primicias de la predicación de Pablo en Éfeso, pues conocían perfectamente su manera de vida desde el primer día que puso pié en Asia. Su alusión a su humildad y las lágrimas que le eran características, muestra la angustia que hemos visto lo acompañó en los procedimientos de los plateros en chusma, de ningún modo fue el principio de aquel género de experiencia en Éfeso. También la referencia a las pruebas que le sobrevinieron por las asechanzas de los judíos, presenta un rasgo nuevo de su experiencia allí, pues el relato de Lucas menciona solo una indicación de la existencia de tales complots, a saber, la tentativa de presentar a Alejandro ante la chusma en el teatro (Hechos 19:33,34). Fue la triste experiencia de Pablo sufrir en toda su carrera más por parte de sus compatriotas que de los gentiles. Las declaraciones de que no había rehuido anunciar lo que les fuera provechoso y que enseñaba por las casas lo mismo que públicamente, son a la par dignas de consideración solemne por parte de los predicadores del siglo presente. Vemos que pablo predicaba por las casas y en público, lo cual indica que era perfecto imitador de Jesucristo, ya que el señor Jesucristo predicaba y hacías reuniones o congregaciones en cualquier lugar, sea en las casa, en el monte, en el desierto y hasta en las escalinatas del templo en Jerusalén. Ni Jesucristo, ni pablo, ni los demás apóstoles, ni la iglesia del siglo 1 nunca tuvieron limitados o verse obligados a predicar el evangelio únicamente dentro de las 4 paredes de algún supuesto templo, ya que ellos podían predicar en cualquier lugar. La primera presenta a Pablo en contraste notable con los contemporizadores que tanto abundan en nuestros púlpitos modernos, que nunca reprenden a nadie si no a control remoto, que de la corrupción en la iglesia no hablan más que palabras suaves, y cuyo único estudio y ahínco es la popularidad personal, convertir el evangelio en un método mercantil para extraerles el dinero a las personas a través de un falso diezmo monetario, pacto de dinero, siembras de dinero, semillas de dinero, y hasta pidiendo ofrendas de propiedades, carros y hasta aviones privados. Tales hombres cuidan de las almas solo mientras éstas los glorifiquen de algún modo. La fidelidad a su propia exaltación hace un contraste entre Pablo y otra clase de predicadores modernos que, o descuidan en sus ministerios de ir de casa en casa, o buscan excusas mezquinas para su descuido; o los que van de casa en casa, no por enseñar a nadie, sino para gozar de la sociedad y ocuparse en habladurías. Tomen nota debida todos los tales de que el verdadero método apostólico de evangelizar una comunidad y de edificar una congregación es hacer la obra fervorosa de casa en casa a la par que la del púlpito, ya que evidentemente, también habían congregaciones en el siglo 1 establecidas en locales fijos, que eran lugares más amplios que una casa común, como ese aposento lato en una tercera planta donde pablo estaba predicando, tal y como ya lo hemos leído en hechos 20: 8.y recordar, que todo local donde se ha de establecer una congregación, ese local tiene que ser propiedad de algún hermano en la fe que lo ceda gratuitamente, ya que los verdaderos cristianos del siglo 1 nunca se vieron cargados a tener que mantener alquileres de locales, o tener que pagar diezmos monetarios para sostener una supuesta mega iglesia. Versículos 22 – 27. Después de repasar brevemente sus labores en Éfeso, el apóstol habla de su propio porvenir, y revela a los ancianos la razón de la tristeza que en este viaje había ensombrecido su espíritu. (22) “Y ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; (23) mas que del Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan. (24) Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. (25) Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. (26) Por tanto, yo os protesto el día de hoy que soy limpio de la sangre de todos: (27) porque no he rehuido de anunciaros todo el consejo de Dios.” Con la expresión "ligado en espíritu", hace referencia a las prisiones que le esperan en Jerusalén, y quiere decir que siente como si ya trajera las cadenas encima. Tan seguro estaba que las predicciones que Jesucristo había revelado por medio del espíritu santo se cumplirían, que ya le parecían realidad actual. Este testimonio del Espíritu sin duda se le daba mediante los profetas que encontraba en cada ciudad, pues si le hubiera sido dado a él directamente, no se viera limitado a las ciudades. Esta es otra evidencia de que el poder profético de los apóstoles no se usaba para que previniesen su propio porvenir, así como su poder de sanidad no se utilizaba para curar sus propias dolencias. Cuando él añade: "Yo sé que ninguno de todos vosotros por quien he pasado predicando el reino de Dios verá más mi rostro", no hay que entender que el Santo Espíritu, que previamente por mediación de otros le había revelado algo de su futuro, ahora se lo revelaba directamente, sino que antes expresa aquí la convicción fuerte, basada en esas predicciones, y también en su propio propósito fijo de emplear, Dios mediante, el resto de sus días en nuevos campos de labor (Hechos 19:21; Romanos 15:23.24). Así, al ver en su primera epístola a Timoteo (Capítulo 1:1-3) que después volvió a visitar a Éfeso, tal hecho no debiera causarnos sorpresa grande. En las observaciones finales de esta parte del discurso (Versículos 26 y 27), Pablo recurre a su fidelidad en declararles todo lo que les era útil, y esto lo presenta como prueba de estar libre de la sangre de todos. "Yo soy limpio de la sangre de todos. Porque no he rehuido de anunciaros todo el consejo de Dios." Se comprende que un maestro en religión que, por consideración personal o egoísmo rehúye anunciar todo el consejo de Dios a los que él enseña, en algún sentido la sangre de los que por su descuido se pierdan caerá sobre él (Compárese el Capítulo 18:6 con Ezequiel 3:16-21.). Tal es una responsabilidad indeciblemente espantosa y que nunca debiera perderse de vista.es por esto que nosotros debemos de imitar a pablo, y predicar un evangelio completo, sin esconder ninguna parte de la verdad. Es por eso que los modernos apostoles o pastores del sistema iglesiero actual si son culpables de la sangre de aquellos que se pierden o de aquellos que viven en ignorancia doctrinal, ya que estos modernos líderes religiosos le esconden la verdadera doctrina a sus feligreses, mientras solo toman parte de las escrituras para entonces manipular las emociones de las personas, despojarlos de sus bienes, y esclavizarlos a un sistema iglesiero totalmente sumergido en las maldiciones de la apostasía. Versículos 28 – 35. Ya habiendo hablado de su propio pasado y de su futuro, el apóstol luego habla del futuro de los ancianos presentes y de su iglesia, y les pone por delante su propio ejemplo para que lo imiten. (28) “Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre. (29) Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño; (31) Por tanto, velad acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. (32) Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia; el cual es poderoso para sobreedificar, y daros heredad con todos los santificados. (33) La plata o el oro o el vestido de nadie he codiciado. (34) Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido. (35) En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar a los enfermos, y tener presentes las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir.” Llama el apóstol aquí "obispos" a los que Lucas llama "ancianos" en el Versículo 17, lo que evidencia que ambos títulos se aplicaban al mismo oficio de la iglesia, y que los obispos de la iglesia apostólica no eran obispos de diócesis, como los que hoy regentean a los cuerpos episcopales, sino oficiales en cada congregación. -La palabra obispo se deriva del término original que aquí se usa ("episcopos"), pero no es traducción de él. La idea que por lo común se le aplica es totalmente diferente del significado de la otra. El equivalente exacto de la palabra griega en nuestra lengua es "cuidador", y ésta debiera haberse usado en nuestras traducciones. -Para impre¬sionar más hondo a estos hermanos respecto a su responsabilidad, les recuerda Pablo que por el Espíritu Santo habían sido hechos CUIDADORES del rebaño en Éfeso. Los hizo cuidadores el mismo señor Jesucristo a través del Espíritu Santo dándoles idoneidades espirituales que los hacían elegibles al oficio, y guiando a la iglesia en su elección de ellos, y así también a los apóstoles al instalarlos. Los exhorta primero a que miren por sí mismos; segundo, que miren "por el rebaño"; y tercero, que sean pastores para "apacentar la iglesia", pues tal es el sentido de la palabra apacentar. Lo primero exigía piedad personal sin la cual la ministración de nadie tiene valor alguno en la iglesia; lo segundo requería vigilancia tal que nada de la condición de la iglesia pudiera escaparse a su observación; y lo tercero les obligaba a hacer por la iglesia todo lo que un pastor hace por su rebaño allá en oriente, apacentar las ovejas, es decir: alimentarlas con la palabra de Dios, y cuidar las ovejas de los ataques de los lobos rapaces, es decir: los falsos ministros que solo velan para quietarles la lana a las ovejas. -Se les advirtió que esta iglesia había sido comprada por la misma sangre de Jesucristo para que ellos estuvieran dispuestos, por razón del precio que Dios pagó por ella, a hacer todo sacrificio necesario por su bien. -Se les amonestó con dos peligros que la visión profética de Pablo proveía: la entrada de hombres de afuera y de adentro a quienes llamó "lobos rapaces" que no perdonarían al rebaño, y que entre ellos mismos se levantarían facciosos que de al lado del Señor se llevarían discípulos que los siguieran. Habría sido inútil hablarles de tales peligros si no hubiese medios de protegerse de ellos; por eso les dijo que vigilaran. La vigilancia los habilitaría para combatir los primeros síntomas de las dificultades que vinieran, y para combatirlos mientras fueran leves. El cuidador, dirigente u obispo de una iglesia que no vigila cuando maestros vienen de fuera, y ambiciosos de dentro de la congregación, literalmente es como el pastor de un ganado que se duerme hasta que el lobo entra al redil o el rebaño se desparrama. Estas advertencias del apóstol pablo deben de estar bien presentes en cada unos de nosotros, que gracias a Dios llevamos la delantera en este camino de la sana doctrina cristiana, y tenemos el deber de cuidar a los que recién están escapando de la gran apostasía iglesiera, ya que lo que más predomina en este tiempo son precisamente concilios, congregaciones, denominaciones y grupos eclesiásticos dirigidos por tremendos lobos rapaces, a los cuales solo les interesa la lana de las ovejas, trasquilarlas y mantener a sus feligreses como esclavos. Es por eso que nosotros debemos siempre estar alertas, y proteger a las ovejas que Dios ponga en nuestras manos el día que nos toque dirigir alguna congregación. -En segundo lugar, les dice que recuerden cómo había hecho él en tales casos mientras estaba con ellos —recordarlo para poder imitarlo— a saber, que no había "cesado de noche y de día de amo¬nestar con lágrimas". Con tales amonestaciones al presentarse primero la dificultad dentro o fuera, el rebaño encomendado a su cuidado se tendría en seguridad. Al dejarles tamaña responsabilidad, les advierte de la única fuente de valor y fuerza que les bastara, encomendándola a Dios y su palabra, asegurándoles que ésta tenia poder para edificarlos y para darles herencia entre los santificados. -Tras esta bendición que parece les pronunciara como despedida, añade aun otra amonestación que refuerza él tanto por su propio ejemplo como con las palabras estimadísimas del Señor Jesús. Se refiere a cuidar de los pobres de Dios, y les recuerda, ancianos como son, que trabajen con sus manos a fin de poder "sobrellevar a los enfermos". Describió de modo conmovedor y sumamente gráfico su propio ejemplo con las palabras: "La plata o el oro o el vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido". Y la sentencia que cita del Señor Jesús: "Mas bienaventurada cosa es dar que recibir", es uno de los manjares preciosos de verdad divina, muchos millares de los cuales cayeron de sus labios sin hallarse anotados en nuestros evangelios tan breves. Es notable que a diferencia del apóstol pablo, el cual trabajaba con sus manos para poder ayudar a los hermanos en la fe que tuvieran pasando por necesidad, los modernos dirigentes de las iglesias apostatas solo quieren ser mantenidos, y viven a cuerpo de rey a costillas de los feligreses, a los cuales exprimen a traves de un falso diezmo monetario u obligándolos a hacer supuestos pactos de dinero para poder conseguir las bendiciones de Dios. Versículos 36 – 38. Alocución tan solemne, tan tierna, tan desgarradora tanto para el orador como para sus oyentes, solo podía seguirse con propiedad al postrarse todos ante el trono de la gracia. (36) “Y como hubo dicho estas cosas se puso de rodillas, y oró con todos ellos. (37) Entonces hubo un gran lloro de todos: y echándose en el cuello de Pablo, le besaban, (38) doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habrían de ver más su rostro. Y le acompañaron al navío.” No anota Lucas una palabra de esa plegaria. Hay oraciones que la emoción interrumpe tanto, que tanto quiebra el llanto, que aunque dejen santa bendición en el alma, no se recuerdan de ellas las palabras que tengan conexión. Las lágrimas femeniles y de los niños suelen ser someras, pero cuando hombres maduros como éstos, con cabeza cana, que se han endurecido a soportar por años el peligro y sufrimiento, se ve que lloran como chicos y que se echan al cuello uno de otro, no se puede dudar de lo hondo de su pena. Cuando un hombre del mundo así se ve agobiado con la pena, suele el corazón endurecérsele, aunque se le parta, pero la pena del hombre de fe es suavizadora y purificante; liga a los afligidos unos a otros y con Dios, entretanto que se santifica mediante la oración. Es una tristeza que nos vemos listos a sentir de nuevo y que amamos su recuerdo. La senda de la iglesia se ve regada de escenas como ésta. Al cruzarse las vías de los peregrinos y los que por pocos días mezclan sus plegarias, sus cantos de alabanza, sus consejos y sus lágrimas, la hora de separación suele ser repetición de esta escena en la playa de Mileto. Las lágrimas y los suspiros del pecho, que hablan de la pena, del amor y la esperanza que dentro luchan, la mano de despedida, el abrazo de cariño, la bendición de Dios que se invoca, y el triste retorno a deberes que el alma se siente tan débil para cumplir son todas cosas familiares para los siervos laborantes de Dios. Si Pablo se separara de estos hermanos con expectaciones alentadoras para ambas partes, todavía habría sido separación dolorosa, pero añadidas al dolor de una despedida final, se vieron la lobreguez del futuro incierto y las aflicciones indefinidas que con seguridad le esperaban. Ya doce meses antes de esto había narrado un catálogo de padecimientos más abundantes que los que a cualquier otro hombre le hubieran tocado en suerte. Con frecuencia en la cárcel, y más seguido a borde de la tumba. De los judíos había recibido en cinco ocasiones cuarenta azotes menos uno, y tres veces había sido azotado con varas. Una vez fue apedreado y tirado al suelo por muerto. Tres naufragios habían sufrido y pasado un día y una noche en las aguas de lo profundo. En muchos viajes se había visto en peligros de ríos, de ladrones, de sus connacionales, de gentiles; en la ciudad, en el desierto, en la mar, entre falsos hermanos. Había soportado el hambre y la sed, y sufrido el frío con ropa insuficiente. Todo esto había sobrellevado, y aún sobrellevaba lo que más dolor le causaba, el cuidado de todas las iglesias (2 Corintios 11:21-18; 12:7-10). Simultáneo a esto tenía un aguijón en su carne, un mensajero de Satanás que le abofeteaba, tan irritante y humillador que tres veces rogó al Señor se le quitara. Se había visto orillado a escribir a los hermanos en Galacia: "De aquí en adelante nadie me sea molesto; porque traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús" (Gálatas 6:17). Los más hubiéramos dicho: —"Ya he sufrido bastante; el éxito de mi empresa actual a lo mejor es algo dudoso, y seguro que me acarrearía más prisiones e indecibles aflicciones; me quedaré donde estoy, entre hermanos que me aman, y que mis compañeros completen esta obra de benevolencia que yo he empezado". Pero tales reflexiones no aceptó; y al partir los ancianos efesios de la compañía de este hombre, bien hacían en llorar y quedarse callados en la playa hasta ver desaparecer en la distancia las velas de su barco, antes de retornar a la soledad de sus faenas y a los peligros que sabían habrían de encontrar ahora sin la potencia ni el consejo de su gran maestro. No tenemos permiso de volver a Éfeso con ellos, ni de escuchar por el camino sus tristes coloquios, pues fuerza es que sigamos al bajel que se aleja y seamos testigos del cautiverio y las aflicciones que esperaban a su insigne pasajero.
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