EPISODE · Jun 9, 2024 · 4 MIN
Hernán Casciari: El hermano de mi amigo fue a la guerra
from Literatura
Voz: Manuel López Castilleja Música: Franz Liszt_Liebestraum Youtube.com Yo tenía un amigo en la primaria que se llamaba Agustín Félix. Me encantaba que me invitara a tomar la leche a su casa porque su familia era muy distinta a la mía: en mi casa era todo normal, chiquita y mis padres eran bastante adultos o habían madurado pronto y yo no les podía hablar de cualquier cosa. En cambio, los padres de Agustín Félix todavía no habían madurado tanto; ya eran viejos de treinta y pico, pero parecían más jóvenes. Escuchaban otra música, compraban otros muebles. Mis viejos tenían muebles aburridos, marrones, comunes. Los padres de Agustín Félix tenían sillones de colores y mesas bajitas con velas prendidas. Mis papás escuchaban a Palito Ortega, Luis Aguilé y estos, en cambio, escuchaban Spinetta, a Manal. También me gustaba ir a esa casa porque a veces los padres de Agustín nos dejaban solos y entonces nos metíamos en la pieza del hermano mayor. Al hermano de Agustín le decían El Corcho. En su pieza tenía un montón de discos de rock nacional y siempre andaba con chicas que eran lindísimas, era una especie de playboy de Mercedes y se llevaba muy bien con los de nuestra edad. Nosotros teníamos once años. Un día, el corcho se fue a hacer la colimba y le cortaron el pelo. Cuando lo vi de nuevo me pareció que no era tan canchero sin la melena, pero incluso con el pelo corto seguía teniendo un montón de novias. Antes del mundial de España, al Corcho lo mandaron a la Guerra de las Malvinas, pero como los abuelos eran una familia de plata, el abuelo Félix les pagó a unos militares de Mercedes para que le dijeran siempre dónde estaba el Corcho y para que lo cuidaran. Un día la guerra se terminó y el Corcho volvió de las Islas Malvinas. Primero, lo mandaron a Río Gallegos y de ahí en un camión militar a Buenos. De Buenos Aires, el Corcho pudo llamar por teléfono a Mercedes, habló con mi amigo Agustín y después con sus padres. Estaban todos muy contentos de escucharlo. El Corcho había estado dos o tres meses enteros en las Malvinas. Entonces le preguntó a sus padres si podía volver a la casa con un amigo, con un soldado de Misiones que había conocido en las islas. “Nos hicimos como hermanos” les dijo, “me gustaría que se quedara unos días en casa”. El papá le dijo que sí, que obvio, que los esperaba a los dos con un asado, que se subieran pronto al primer tren y que volvieran rápido. El Corcho les explicó que a su amigo le habían amputado la pierna y el brazo izquierdo, que no podía caminar y que estaba muy dolorido, que mejor dejaran el asado para más adelante su amigo iba a necesitar descansar unos días. Entonces, el papá del Corcho hizo un silencio y la mamá que estaba escuchando agarró el teléfono le dijo al Corcho “Nene, vení vos solo entonces. Después vemos cómo hacemos para ayudar a tu amigo de alguna manera, en casa no podemos cuidar a alguien en esta situación, hijo. Tu hermano es chico todavía, vení vos Leandro, vení vos solo que hace tres meses que no te vemos, yo te prometo que tu papá va a ayudar a tu amigo”. El corcho dijo que sí, que por supuesto. No era un chico rebelde, nunca discutía con sus padres. Les dijo que iba para allá solo, en el tren directo de las seis y media de la mañana, y que llegaba a la estación antes de las nueve. Pero esa misma noche, bien tarde, a la madrugada, sonó el teléfono en la casa de los Félix. Eran de la comisaría 9, diciendo que habían encontrado el cuerpo sin vida del Conscripto Leandro Félix, de 19 años, boca abajo en una pensión de Once. La puerta estaba cerrada por dentro y, previsiblemente, la víctima se había pegado un tiro en la boca. Cuando los padres fueron a reconocer el cadáver a la morgue supieron que su hijo tenía la pierna y el brazo amputados, y que el amigo de Misiones no había existido nunca.
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