Hobbies de Antes - Zafarrancho Vilima 405

EPISODE · May 8, 2026 · 59 MIN

Hobbies de Antes - Zafarrancho Vilima 405

from Zafarrancho Vilima

¡Qué tiempos aquellos en los que para entretenerse no hacía falta Wi-Fi, sino paciencia infinita y, probablemente, pegamento en los dedos! Hoy vemos a un chaval de 15 años y su hobby es "ser streamer". En mis tiempos, nuestro hobby era no perder una pieza del puzzle de 2.000 elementos durante seis meses. 1. La Marquetería: Carpintería para masoquistas La marquetería era ese arte de cortar maderas finas con un pelo de sierra que se rompía solo con mirarlo. El drama: Estar terminando el contorno de un castillo y ¡pum!, se rompe la sierra. Tenías que comprar pelos de sierra como quien compra pipas. El chiste: "¿Sabes por qué los que hacían marquetería siempre estaban tranquilos? Porque después de pasar tres horas lijando un servilletero con forma de cisne, ya nada en la vida puede alterarte". La realidad: Todo el mundo tenía en casa un estante torcido que tu padre juraba que era "estilo rústico". 2. Coleccionismo de llaveros: El peso del metal Hubo una época en la que el éxito de una persona se medía por el peso de su manojo de llaves. El despliegue: Llaveros de la bota de vino, el de la moneda para el carro del súper, y el clásico: el delfín de metacrilato con arena de Mallorca. El chiste: "Tenía tantos llaveros que no encontraba la llave de casa, pero si me atacaba un ladrón, le pegaba un bolsazo con las llaves y lo mandaba directo a la UCI". El recuerdo: Ese ruido de "clink-clink" al caminar que te hacía parecer el fantasma de las Navidades pasadas. 3. El coleccionismo de pegatinas (y el álbum de cromos) Antes de los "likes", nuestra moneda social eran las pegatinas. El tesoro: Las de relieve (que daban gustito tocar) y las que olían a frutas. El conflicto: "Te cambio dos de los Fruitis por una brillante de Oliver y Benji". Eso era Wallapop en el patio del colegio. El chiste: "¿Sabes cuál es el colmo de un coleccionista de pegatinas? Que se quede pegado a su hobby". (Vale, es malo, pero en los 80 nos reíamos con menos). 4. Puzzles: La tortura del cielo azul Hacer un puzzle era un evento familiar que ocupaba la mesa del comedor durante semanas. Se comía en el sofá porque en la mesa estaba "El Guernica" a medio hacer. La pesadilla: Las 400 piezas que eran solo cielo azul. Todas iguales. El momento cumbre: Cuando faltaba una pieza y acusabas al perro, al gato o a tu hermano de habérsela comido. El chiste: "He terminado este puzzle en solo dos semanas. Y en la caja ponía 'de 2 a 4 años'". 5. Los Autodefinidos y Crucigramas El hobby de los que querían demostrar que sabían lo que era una "isla del mar Egeo de tres letras". La técnica: Empezar con bolígrafo para ir de chulo y terminar con la hoja llena de tachones que parecían un código secreto de la CIA. El chiste: "Cariño, ¿una palabra de siete letras que signifique 'estado de felicidad absoluta e interrumpida'?" - "¡SOLTERO!". El clásico: Siempre aprendías palabras que jamás usarías en la vida real, como "Anea", "Áloe" o "Yatagán". 6. Las Maquetas de Barcos y Aviones (El olor a pegamento) Era el nivel experto de la marquetería. Cientos de piezas de plástico diminutas que debías pegar sin que tus dedos quedaran unidos para siempre. El drama: Pegar el ala de un Spitfire y darte cuenta de que habías dejado una huella dactilar gigante en el pegamento fresco. Adiós realismo. El chiste: "¿Cuál es el animal que más sabe de maquetas? El pegamento, porque siempre está pegado a los detalles". La realidad: Tu habitación olía tanto a disolvente que a los 10 minutos de montar el Titanic ya estabas viendo a los músicos tocar en la cubierta. 7. Coleccionar Sobres de Azúcar Hubo un tiempo en el que la gente no iba a las cafeterías por el cafeína, sino por el envoltorio del azúcar. Había álbumes enteros dedicados a esto. La logística: Tenías que vaciar el azúcar con un cuidado de cirujano para no romper el sobre. El resultado: botes de cristal llenos de azúcar a granel en casa. El chiste: "Mi abuelo era tan fanático de los sobres de azúcar que cuando murió no nos dejó dinero, nos dejó una diabetes de papel". El clásico: El sobre de "Signos del Zodíaco" o el de "Monumentos de España". Si tenías la Giralda de Sevilla, eras el rey del barrio. 8. Punto de Cruz y Ganchillo (Croché) No solo era cosa de abuelas; hubo una fiebre por bordar cuadros con ciervos o frases de "Bienvenido a mi hogar". El riesgo: El punto de cruz era el "Minecraft" de los 80. Un píxel mal puesto y el ciervo terminaba pareciendo un alienígena. El chiste: "¿Por qué las que hacen ganchillo nunca se pierden? Porque siempre van siguiendo el hilo de la conversación". La decoración: El horror de tener todos los aparatos electrónicos de la casa tapados con un tapete de ganchillo (la tele, el vídeo, la encimera...). 9. La Filatelia (Coleccionar Sellos) El hobby más serio del mundo. Se usaban pinzas y lupas. Parecía que estabas operando a corazón abierto, pero solo estabas mirando un sello de correos. El sacrilegio: Que alguien usara un sello de tu colección para enviar una carta de verdad. ¡Eso era motivo de desheredar a un hijo! El chiste: "Un coleccionista de sellos le dice a otro: 'He encontrado un sello único de 1850'. El otro responde: '¿Y qué tal está?'. 'Bien, pero el pegamento ya no pega una mierda'". 10. Pintar por Números Para los que queríamos ser Picasso pero no sabíamos ni dibujar un círculo con un compás. El reto: El número 4 era verde, el 5 era azul... y tú, por supuesto, te salías de la raya en todos. Terminabas con un cuadro que de lejos era un paisaje y de cerca una mancha de humedad. La frase: "Yo no pinto, yo relleno formularios con colores". 11. El Radioaficionado (El Skype de los 70) Gente encerrada en una habitación llena de cables diciendo "Breaker, breaker" y "Cambio y corto". El misterio: Hablar con un señor de Cuenca que se hacía llamar "Lobo Solitario" para preguntarle qué tiempo hacía allí. El chiste: "Papá, ¿por qué hablas con desconocidos por la radio? —Calla hijo, que estoy haciendo networking analógico".

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