Zafarrancho Vilima

PODCAST · comedy

Zafarrancho Vilima

Donde la nostalgia y la poca vergüenza se dan la mano.

  1. 948

    Hobbies de Antes - Zafarrancho Vilima 405

    ¡Qué tiempos aquellos en los que para entretenerse no hacía falta Wi-Fi, sino paciencia infinita y, probablemente, pegamento en los dedos! Hoy vemos a un chaval de 15 años y su hobby es "ser streamer". En mis tiempos, nuestro hobby era no perder una pieza del puzzle de 2.000 elementos durante seis meses. 1. La Marquetería: Carpintería para masoquistas La marquetería era ese arte de cortar maderas finas con un pelo de sierra que se rompía solo con mirarlo. El drama: Estar terminando el contorno de un castillo y ¡pum!, se rompe la sierra. Tenías que comprar pelos de sierra como quien compra pipas. El chiste: "¿Sabes por qué los que hacían marquetería siempre estaban tranquilos? Porque después de pasar tres horas lijando un servilletero con forma de cisne, ya nada en la vida puede alterarte". La realidad: Todo el mundo tenía en casa un estante torcido que tu padre juraba que era "estilo rústico". 2. Coleccionismo de llaveros: El peso del metal Hubo una época en la que el éxito de una persona se medía por el peso de su manojo de llaves. El despliegue: Llaveros de la bota de vino, el de la moneda para el carro del súper, y el clásico: el delfín de metacrilato con arena de Mallorca. El chiste: "Tenía tantos llaveros que no encontraba la llave de casa, pero si me atacaba un ladrón, le pegaba un bolsazo con las llaves y lo mandaba directo a la UCI". El recuerdo: Ese ruido de "clink-clink" al caminar que te hacía parecer el fantasma de las Navidades pasadas. 3. El coleccionismo de pegatinas (y el álbum de cromos) Antes de los "likes", nuestra moneda social eran las pegatinas. El tesoro: Las de relieve (que daban gustito tocar) y las que olían a frutas. El conflicto: "Te cambio dos de los Fruitis por una brillante de Oliver y Benji". Eso era Wallapop en el patio del colegio. El chiste: "¿Sabes cuál es el colmo de un coleccionista de pegatinas? Que se quede pegado a su hobby". (Vale, es malo, pero en los 80 nos reíamos con menos). 4. Puzzles: La tortura del cielo azul Hacer un puzzle era un evento familiar que ocupaba la mesa del comedor durante semanas. Se comía en el sofá porque en la mesa estaba "El Guernica" a medio hacer. La pesadilla: Las 400 piezas que eran solo cielo azul. Todas iguales. El momento cumbre: Cuando faltaba una pieza y acusabas al perro, al gato o a tu hermano de habérsela comido. El chiste: "He terminado este puzzle en solo dos semanas. Y en la caja ponía 'de 2 a 4 años'". 5. Los Autodefinidos y Crucigramas El hobby de los que querían demostrar que sabían lo que era una "isla del mar Egeo de tres letras". La técnica: Empezar con bolígrafo para ir de chulo y terminar con la hoja llena de tachones que parecían un código secreto de la CIA. El chiste: "Cariño, ¿una palabra de siete letras que signifique 'estado de felicidad absoluta e interrumpida'?" - "¡SOLTERO!". El clásico: Siempre aprendías palabras que jamás usarías en la vida real, como "Anea", "Áloe" o "Yatagán". 6. Las Maquetas de Barcos y Aviones (El olor a pegamento) Era el nivel experto de la marquetería. Cientos de piezas de plástico diminutas que debías pegar sin que tus dedos quedaran unidos para siempre. El drama: Pegar el ala de un Spitfire y darte cuenta de que habías dejado una huella dactilar gigante en el pegamento fresco. Adiós realismo. El chiste: "¿Cuál es el animal que más sabe de maquetas? El pegamento, porque siempre está pegado a los detalles". La realidad: Tu habitación olía tanto a disolvente que a los 10 minutos de montar el Titanic ya estabas viendo a los músicos tocar en la cubierta. 7. Coleccionar Sobres de Azúcar Hubo un tiempo en el que la gente no iba a las cafeterías por el cafeína, sino por el envoltorio del azúcar. Había álbumes enteros dedicados a esto. La logística: Tenías que vaciar el azúcar con un cuidado de cirujano para no romper el sobre. El resultado: botes de cristal llenos de azúcar a granel en casa. El chiste: "Mi abuelo era tan fanático de los sobres de azúcar que cuando murió no nos dejó dinero, nos dejó una diabetes de papel". El clásico: El sobre de "Signos del Zodíaco" o el de "Monumentos de España". Si tenías la Giralda de Sevilla, eras el rey del barrio. 8. Punto de Cruz y Ganchillo (Croché) No solo era cosa de abuelas; hubo una fiebre por bordar cuadros con ciervos o frases de "Bienvenido a mi hogar". El riesgo: El punto de cruz era el "Minecraft" de los 80. Un píxel mal puesto y el ciervo terminaba pareciendo un alienígena. El chiste: "¿Por qué las que hacen ganchillo nunca se pierden? Porque siempre van siguiendo el hilo de la conversación". La decoración: El horror de tener todos los aparatos electrónicos de la casa tapados con un tapete de ganchillo (la tele, el vídeo, la encimera...). 9. La Filatelia (Coleccionar Sellos) El hobby más serio del mundo. Se usaban pinzas y lupas. Parecía que estabas operando a corazón abierto, pero solo estabas mirando un sello de correos. El sacrilegio: Que alguien usara un sello de tu colección para enviar una carta de verdad. ¡Eso era motivo de desheredar a un hijo! El chiste: "Un coleccionista de sellos le dice a otro: 'He encontrado un sello único de 1850'. El otro responde: '¿Y qué tal está?'. 'Bien, pero el pegamento ya no pega una mierda'". 10. Pintar por Números Para los que queríamos ser Picasso pero no sabíamos ni dibujar un círculo con un compás. El reto: El número 4 era verde, el 5 era azul... y tú, por supuesto, te salías de la raya en todos. Terminabas con un cuadro que de lejos era un paisaje y de cerca una mancha de humedad. La frase: "Yo no pinto, yo relleno formularios con colores". 11. El Radioaficionado (El Skype de los 70) Gente encerrada en una habitación llena de cables diciendo "Breaker, breaker" y "Cambio y corto". El misterio: Hablar con un señor de Cuenca que se hacía llamar "Lobo Solitario" para preguntarle qué tiempo hacía allí. El chiste: "Papá, ¿por qué hablas con desconocidos por la radio? —Calla hijo, que estoy haciendo networking analógico".

  2. 947

    ¿Para qué? Paraguaya en Las Vilimadas

    Patricia Jiménez es una joven paraguaya que vive en Sevilla desde hace un año. Le encanta pasear, descubrir los monumentos de la ciudad y hace frotografías. Tuvo un incidente un poco desagradable recientemente que ha querido contar en nuestro programa. Si quieres participar en Las Vilimadas escríbenos a [email protected]

  3. 946

    Valdelinares, Teruel

    Dejamos atrás Calatañazor, bajamos del cerro con cuidado de no llevarnos por delante a ningún turista despistado, y ponemos rumbo sureste. Cogemos la SO-100, luego la N-234 y nos metemos en la A-23 dirección Teruel. Tras unos 170 kilómetros, llegamos a Valdelinares, en la provincia de Teruel, que como todos sabéis, existe… aunque a veces cueste encontrarla. Valdelinares tiene unos 90 habitantes, y ostenta un título que ya quisieran muchos: es el pueblo más alto de España, a más de 1.600 metros de altitud. Vamos, que aquí subes andando y te dan un diploma y un Aquarius de limón, que para que todo el mundo lo sepa es el normal. Es decir, que hay Aquarius de naranja y el otro, y el otro no es de limón. Stop bulos! Ojo, hay núcleos de población más altos como Pradollano en Granada pero municipio con ayuntamiento, este es el más alto. Barbaciado y alto. En la web del ayuntamiento se puede bajar un certificado de altitud, par cuando vayas a Valdelinares quede constancia de que has estado en el municipio mas alto de España. Su gentilicio es Valdelinarense. Está situado en la comarca de Gúdar-Javalambre,que tiene nombre de enfermedad de los frutales. Es una zona donde el frío no es una estación, es una forma de vida. Aquí el invierno dura ocho meses y los otros cuatro… también hace fresco. Los vecinos no dicen “hace frío”, dicen “hoy no hace tanto”. Es un pueblo que no es el típico pueblo donde estuvieron los Romanos, los visigodos y los de la Edad del Bronce. Sus primeras referencias parecen en la Edad media, allá por 1260. En torno a 1900 llegaron a 825 habitantes que es casi 10 veces mas de gente probablemente con 10 veces menos de casas. Su patrimonio es humilde pero con encanto. Destaca la iglesia de la Virgen de las Nieves, que ya el nombre te avisa de lo que te vas a encontrar. Y no es casualidad, porque Valdelinares tiene una estación de esquí. Sí amigos, un pueblo de 90 habitantes con pistas de esquí. Esto es como si en tu bloque de vecinos montáis un aeropuerto. La economía gira en torno al turismo de nieve y al veraneo, porque en verano la gente huye del calor y se refugia aquí. Es el único sitio donde en agosto puedes dormir con manta sin que te juzguen. Antes la economía giraba en torno a la ganadería por los grandes pastos, pero desde que se abrió la estación de esquí se ha cambiado la vaca por el forfait y el teleférico. Por lo que sea en Wikipedia hablan mucho de la población de aves, y a mi me gustaria conocer al que le pone los nombres a los pájaros: El mirlo capiblanco, el zorzal charlo, el lúgano, el verderón serrano, el acentor común, el reyezuelo sencillo, el reyezuelo listado, el Carbonero garrapinos, la totovía, el mosquitero común, la chova piquirroja, el búho real, el cárabo común, pito real ibérico, el azor y gavilanes entre otros. La vida cotidiana es sencilla. Aquí el bar es el centro neurálgico, el parlamento y el Netflix todo en uno. Y como en todos estos pueblos, todo el mundo se conoce. De hecho, si llega alguien nuevo, no preguntan “¿quién es?”, preguntan “¿de quién es?”. Sus fiestas son en honor a San Cristóbal, Santa Bárbara y San Roque, históricamente los días 10, 11 y 12 de Julio, pero ahora lo hacen todo la tercera semana de julio, así, a destiempo. Por supuesto como en toda esta zona, la noble tradición de mierda del Toro Embolao Valdelinares es uno de esos lugares donde el aire es puro, el cielo está lleno de estrellas y el silencio es tan grande que hasta tus pensamientos hacen eco. Y eso, en los tiempos que corren, es casi un lujo.

  4. 945

    Alfredo Bryce Echenique en Las Grandes Biografías

    Hoy descubriremos a una de las últimas figuras importantes del boom latinoamericano, mezcla entre un aristócrata de sangre azul y el tío que se queda dormido en la barra de un bar donde solo hay paraos y prejubilaos con una copita de coñac hablando de la mejor carná pa pescar lisas mohoneras. El pequeño Alfredo nació el 19 de febrero de 1939 en Lima. Hijo y nieto de banquero, su familia era tan rica que en vez de pañales le ponían fundas de cojines de Zara Home y en vez de chupar teta, la madre le echaba la leche en una taza para que se la bebiera levantando el meñique. Alfredo era el típico niño de la alta alcurnia peruana que creció rodeado de jardineros, mayordomos y gente que le hacía la cama antes de que él se levantara. Estudió en colegios ingleses donde aprendió que la vida es una tragedia, pero que si te ríes fuerte parece una comedia de enredo y puedes vivir de hacer monólogos. En 1957, con 18 años, se mete en la universidad a estudiar lo que le gustaba a su madre, derecho, licenciándose en 1963, para orgullo de su progenitora y de la tía Menchu, soltera, sin hijos y en edad de hacer testamento. En 1964, como su padre no le dejaba ser hippie de pantalones acampanaos con margaritas, se fue a París a experimentar la vida bohemia, escribiendo en servilletas de papel pa que la gente se creyera que no tenía ni pa folios. Eso sí, se graduó en Literatura Francesa en la Sorbona pa que su padre no sospechara que lo que estaba haciendo en verdá era gastarse su dinero y ducharse poco. Allí nació su obra cumbre: "Un mundo para Julius", un libro donde cuenta cómo es ser un niño rico rodeado de sirvientes pero más solo que un extranjero en una mudanza. Como tuvo tanto éxito, aprovechó y se sacó el doctorado en Letras en 1977, que eso engorda mucho el CV y le iba a hacer falta trabajá, porque en 1968, el general Juan Velasco Alvarado nacionalizó el Banco Internacional de Perú y el padre de Alfredo se quedó en paro a dos años de jubilarse. Viendo el percal, Alfredo se buscó un trabajito de profesor de español en París hasta que en 1980 se mudó a España y se dedicó a vivir de la escritura y de lo de la tía Menchu. Sus libros son como ese primo que se enrolla en las bodas y te cuenta su vida dando tantas vueltas que te deja mareao perdío pero al que acabas invitando a otro cubata. Se inventó el término de la "antimemoria", que básicamente es decir: "Te cuento mi vida, pero como tengo menos memoria que un disquete de 3.1/2, me invento la mitad pa darle chicha". En esta época ya Alfredo era una mezcla entre esa señora de pueblo que baldea las aceras y Shin-Chan y había probado más marcas de vodkas que un veterenao de guerra ruso, porque Alfredo se bebía hasta el alcohol de los choricitos al infierno. En 1999 volvió a Perú pero ante el clima político reinante hizo como el padre de Homer Simpson que entra, se quita el sombrero, lo cuelga, lo coge otra vez y se va. En 2009 le cayó una multa de 57.000 dólares por contratar de ayudante al mismo que contrató Ana Rosa Quintana. Se casó 3 veces y se lió con una modelo 32 años más joven, con esa cara que tenía, y en 2019, harto de que le preguntaran cuándo iba a sacar un nuevo libro anunció que se jubilaba y que en mayo se iba con el Imserso a Roquetas de Mar. Desgraciadamente, este prolífico escritor peruano hizo baja en el sistema de pensiones el 10 de marzo de 2026 a los 87 años, aunque ustedes siempre podrán recordarlo si alguna vez compran una funda de cojín Zara Home o ven a un bohemio escribiendo un poema en una servilleta.

  5. 944

    El Vinted de Antes - Zafarrancho Vilima 405

    Hoy vamos a hablar de ese invento moderno llamado Vinted, que nos han vendido como la última revolución ecológica... ¡venga ya, hombre! ¡Si eso lo inventaron nuestras madres con una bolsa de basura y tres metros de cuerda! Lo que hoy llaman 'economía circular', en mi barrio se llamaba 'el fardo de la tía abuela'. Ese paquete que llegaba a casa y que, al abrirlo, soltaba una nube de naftalina que te dejaba anestesiado hasta el miércoles. ¡Eso sí que era un algoritmo de búsqueda y no el de Google! Mi madre te miraba y decía: 'Póntelo, que te viene niquelado'. Y ahí ibas tú, con un abrigo que pesaba tres kilos y unas solapas que, si soplaba el viento de levante, acababas aterrizando en Huelva. ¡Y qué me decís del empaquetado! En Vinted te mandan la ropa con papel de seda y una pegatina de agradecimiento. ¡Venga, hombre! El 'Vinted' de antes te lo daban en una bolsa del Simago con las asas pegadas con celo, y dentro iba un jersey que picaba tanto que, si te lo ponías sin camiseta, te salían chispas por las orejas. ¡Aquello no era ropa, era un tratamiento de exfoliación radical! Hoy en el Zafarrancho recordamos la era del 'remiendo estratégico' y la ropa con memoria. ¿A quién le heredaste tú ese chándal de táctel que todavía brilla en el fondo del trastero? ¡Arrancamos!" "La Ropa no se tira, se transforma" En la era pre-Vinted, no se vendía nada porque todo tenía una séptima vida. No existía el "valor de reventa", existía el "valor de supervivencia". La ropa no era una mercancía, era una herencia genética que mutaba con el tiempo. La Jerarquía de la Reutilización (El Ciclo de la Vida Textil) El Estirón del Primogénito: Todo empezaba con una prenda nueva (generalmente comprada dos tallas más grande "para que le durara"). Cuando el hermano mayor pegaba el estirón, se activaba el protocolo. Si el pantalón se quedaba corto, no se vendía: se le sacaba el dobladillo. Aquella marca de color distinto en el bajo del pantalón era el "sello de calidad" de la clase media. El Sistema de Herencia Vertical (Los Primos): Antes de los envíos por Correos, existían las bolsas de basura industriales llenas de ropa que viajaban de una casa a otra en el maletero de un coche. El chiste: Recibir la bolsa de un primo que medía dos metros siendo tú un retaco era como heredar las túnicas de un profeta. Te ponías el jersey y las mangas te servían de sacos de dormir. La Mutación en "Ropa de Trote": Cuando una prenda ya tenía un "tomate" (agujero) que ni la tía más mañosa podía zurcir, no iba a la basura. Pasaba a ser ropa de campo, de pintar o de hacer la matanza. El ejemplo: Ese chándal de táctel que brillaba en la oscuridad y que terminaba con manchas de cal de cuando tu padre pintó el patio en el 92. La Ingeniería de las Rodilleras y Coderas: Eran los "parches de seguridad" de la época. Si rompías el pantalón por la rodilla, tu madre le pegaba una rodillera de polipiel con la plancha. El detalle: A veces las rodilleras eran tan rígidas que el niño no podía doblar la pierna y caminaba por el recreo como un Legionario de la Guerra de las Galaxias. El Destino Final: El Trapo del Polvo: Este es el Vinted definitivo. Cuando la camiseta ya no servía ni para dormir, se le cortaban las costuras y los botones (que se guardaban en la mítica caja de galletas danesas) y se convertía en trapo. El chiste: El drama existencial de estar limpiando los cristales y darte cuenta de que el trapo que tienes en la mano es la camiseta de Naranjito que tanto amabas. El "Vinted" de los Mercadillos y el Trueque de Barrio La figura de la "Apañada": Esa vecina que te cambiaba un abrigo que le quedaba chico a su hijo por una caja de mantecados o un favor. El algoritmo de Vinted era la señora del cuarto derecha que sabía perfectamente qué talla usaba cada niño del bloque. La ropa "de los domingos": Esa que se guardaba en papel de seda y que, tras diez años y tres dueños, seguía oliendo a naftalina. Era la única que podía aspirar a ser regalada a alguien "de fuera" de la familia como si fuera nueva.

  6. 943

    El Extra de Vilima

    Lo que se queda fuera de la versión final de Zafarrancho Vilima te lo ofrecemos en el Extra de Vilima como los recortes de hostias que le compras a las monjitas en el convento. ¡NO TE LO PIERDAS!

  7. 942

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  8. 941

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  9. 940

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  10. 939

    El Extra de Vilima

    Lo que se queda fuera de la versión final de Zafarrancho Vilima te lo ofrecemos en el Extra de Vilima como los recortes de hostias que le compras a las monjitas en el convento. ¡NO TE LO PIERDAS! Hoy el nepotismo es el protagonista.

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