EPISODE · Jul 30, 2016 · 14 MIN
Homenaje al maestro Ricardo Lagoueyte García
from Ángulo Deportivo
En uno de los mejores momentos del deporte antioqueño: Deportivo Independiente Medellín campeón de la Liga Águila, Academia de la Montaña campeón de la Liga DirecTv de Baloncesto, Bello Real Antioquia campeón de la Liga Argos Futsal, Atlético Nacional campeón de la Copa Libertadores, Mariana Pajón y Caterine Ibargüen campeonas mundiales en sus respectivas disciplinas y casi el 50 por ciento de atletas clasificados a Juegos Olímpicos oriundos del departamento, el deporte antioqueño recibió una triste noticia: El maestro Ricardo Lagoueyte falleció a sus 88 años. Reconocido por los deportistas más jóvenes por ser el autor del himno de la Selección Antioquia La Chaua: Soy antioqueño... toda la vida/Ah, de la chaua, de la chaua, de la chau chau chau/Soy antioqueño, toda la vida… y por Antioquia he de morir”. Pero no todos saben que el maestro Lagoueyte, es más que la canción que los acompaña en todas las competencias en las que visten la camiseta del departamento. A diferencia de su apellido, su historia es fácil de entender. Hijo de Amadeo Lagoueyte, un comerciante francés de maquinaria agrícola en la ciudad, y María de los Ángeles García, Juan Ricardo Lagoueyte siempre fue un aventajado. Aprendió a leer antes de entrar a la escuela y el mayor de sus siete hermanos, Vicente –múltiple campeón de lanzamiento de martillo, disco y jabalina– lo inició en el deporte desde joven. Tenía solo 14 años cuando en 1954 ingresó al equipo de waterpolo de la Universidad de Antioquia. El maestro recordó durante toda su vida lo difícil que fue realizar aquel deporte a esa edad, por la violencia que tenía. “Era lucha libre dentro del agua, la piscina quedaba roja después de los partidos”, contaba Lagoueyte. Sus hermanos también lo instruyeron en atletismo y voleibol, quizá de allí nació su vocación por enseñar. Luego fue moldeado por entrenadores extranjeros que explotaron su talento. En Bogotá se graduó como Licenciado en Educación Física y luego de tres años –dos de ellos trabajando en la Escuela de Policías– decidió regresar a su tierra natal. “Perdóneme mi Coronel, pero Medellín es Medellín”, dijo Lagoueyte cuando le ofrecieron quedarse en la capital. De nuevo en Antioquia, a mediados de los años 60 comenzó a laborar en el Liceo Antioqueño. Con solo 23 años, se encargó de la preparación física de las categorías infantiles, prejuveniles y juveniles de Fútbol. Ganó muchos títulos con ellos, pero como jugador no brilló tanto. “Gasté más guayos en la banca que en el césped”, decía él con su humor mordaz. La enseñanza no lo alejó del deporte. Aparte de fútbol, tuvo dos equipos de voleibol a su mando, y jugaba en uno de ellos. También era entrenador del equipo de atletismo, preparador físico, y lanzador de béisbol y sóftbol, además fue campeón de lanzamiento de martillo en 1968. Se autodenominaba como un ‘enfermo por el deporte’, tanto que hubo una época donde tenía hasta cinco trabajos: entrenador de voleibol en Las Carmelitas, profesor en la Liga de Natación de Antioquia y era preparador físico de Atlético Nacional, Independiente Medellín, y de la Selección Antioquia de Fútbol. Lagoueyte también fue cofundador de la Facultad de Educación Física de la U. de A., junto a Alfonso Serna, Consuelo Zea y Juanita Carnaham. Y fue allí donde él, el ‘hombre orquesta’ (por que practicaba muchos deportes), le tocó dictar clases de fútbol, atletismo, sóftbol y natación. Recibió niños y entregó estrellas Otros dos reconocidos ídolos ‘verdes’ que pasaron por las manos de Ricardo Lagoueyte fueron Víctor Aristizábal y René Higuita. Al primero, lo recibió cuando no había cumplido los 12 años. Él contaba que Aristizábal era el menor de los jugadores y muchas veces le pedía permiso para irse temprano a vender periódicos para ayudar en su casa. “Vos llegás a la profesioanl, vos sos capaz pelao”, le decía al pequeño ‘Aristi’. Años después, el futuro goleador se montó en una reja de la U. de A., donde Lagoueyte dictaba clase. “¡Profe me contrataron! ¡Me fichó Nacional!”, gritó como loco el muchacho. Años después se volverían a encontrar y Víctor Hugo le diría que fue el mejor preparador físico que había tenido en toda su vida. A Higuita lo recuerda por haberlo llevado más de una vez en su moto hasta el barrio Castilla, donde vivía su abuela. Hasta que al profe le robaron el vehículo. Luego de varios años, y estando con la juvenil entrenando Marte 2, Lagoueyte recibió la visita de René. Ya no era el muchacho empantanado al que tenía que transportar. Ya era un ídolo y este le dijo: “Profe vaya por la casa que allá le tengo una motico”. Por la noche fue y preciso, allí estaba su nueva moto. “Son cosas lindas que da la vida, ¿qué más puedo pedir? Me basta con esas muestras de gratitud”, expresó el maestro. Él es ídolo de aquellos que la gente aclama en los estadios, aunque no tuvo su misma fama. Ese es el legado de Ricardo Lagoueyte. Paz en su tumba maestro.
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