EPISODE · Dec 9, 2021 · 13 MIN
III Domingo Adviento: No merecer desatar la correa de la Sandalia
En el Evangelio de hoy hay una pregunta que se repite tres veces: «¿Qué cosa tenemos que hacer?». …A la pregunta de la multitud Juan responde que compartan los bienes de primera necesidad…«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Después, al segundo grupo, al de los cobradores de los impuestos les dice que no exijan nada más que la suma debida. Y al tercer grupo, a los soldados les pide no extorsionar a nadie… Tres respuestas para un idéntico camino de conversión que se manifiesta en compromisos concretos de justicia y de solidaridad. Es el camino que Jesús indica en toda su predicación: el camino del amor real en favor del prójimo. Papa Francisco. Ninguna categoría de personas está excluida de recorrer el camino de la conversión para obtener la salvación, ni tan siquiera los publicanos considerados pecadores. Dios no excluye a nadie de la posibilidad de salvarse. Él está —se puede decir— ansioso por usar misericordia, usarla hacia todos, acoger a cada uno en el tierno abrazo de la reconciliación y el perdón. Papa Francisco. Esta pregunta —¿qué tenemos que hacer? — la sentimos también nuestra. La liturgia de hoy nos repite, con las palabras de Juan, que es preciso convertirse, es necesario cambiar dirección de marcha y tomar el camino de la justicia, la solidaridad, la sobriedad: son los valores imprescindibles de una existencia plenamente humana y auténticamente cristiana. ¡Convertíos! Es la síntesis del mensaje del Bautista. Papa Francisco. La liturgia de este tercer domingo de Adviento nos ayuda a descubrir nuevamente una dimensión particular de la conversión: la alegría. Quien se convierte y se acerca al Señor experimenta la alegría… El apóstol Pablo exhorta así a los cristianos filipenses: «Alegraos siempre en el Señor». Papa Francisco. Hoy se necesita valentía para hablar de alegría, ¡se necesita sobre todo fe! El mundo se ve acosado por muchos problemas, el futuro gravado por incógnitas y temores. Y sin embargo el cristiano es una persona alegre, y su alegría no es algo superficial y efímero, sino profunda y estable, porque es un don del Señor que llena la vida. Nuestra alegría deriva de la certeza que «el Señor está cerca». Está cerca con su ternura, su misericordia, su perdón y su amor. Papa Francisco.
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