EPISODE · Mar 19, 2025 · 20 MIN
La casa de Sagrario en Quecedo - De palacio a escuela
from Podcast radio valdivielso
Una donación frustrada, pese al entusiasmo y buen hacer del padre franciscano fray Juan José Arrázola. «...yo disfruté como pocas veces en mi vida, debido al paisaje y belleza de este hermoso valle de Valdivielso, el mejor sin duda de la provincia de Burgos. Saliendo de Burgos y tomando la carretera que va a Villarcayo, se llega al puerto de Mazorras (sic), al ir una bajada impresionante, yo creo que todavía más impresionante que la bajada de Aránzazu a Oñate. De repente en una vuelta de la carretera, se presenta radiante de hermosura este valle de Valdivielso, cruzado en la mitad por el río Ebro. Lo cierra por un lado una estrecha garganta, que conduce a Villarcayo, por el otro la imponente sierra de la Tesla, y al fondo las gargantas estrechas que conducen a Oña, por los pasos de “La Horadada”...» Así se expresaba el padre franciscano fray Juan José Arrázola y Gómez de Segura en su carta fechada en Alfaro (La Rioja) el 17 de julio de 1968 y dirigida al Padre Provincial, informándole sobre su viaje del 21 de junio para visitar la finca y la casa de Sagrario Berzosa en Quecedo. Y continuaba diciendo: «Todo el valle está lleno de pueblecitos, que bien están en la poca llanada que queda entre montañas, o arrimados a la falda de Mazorras. Valdenoceda, Puentearenas, Quecedo, etc. en el llano. Almiñé, Toba, etc. en la montaña. Y todo el valle lleno de huertos y árboles frutales por doquiera, sobre todo cerezos. Y el Ebro orlado de dos hileras de chopos. Algo precioso. Debido a tanto árbol, todo está lleno de pájaros. Y todo mi paseo a pie [de Valdenoceda a Quecedo, ida y vuelta, según dice en otro párrafo, salvo un breve trayecto en auto-stop] fue un concierto de aves canoras. Dirá Vuestra Paternidad que soy poeta, pero también V. P. creo que se sentiría poeta al visitar este bello paraje, en que pudo estar muy bien el Paraíso terrenal, con sus árboles del bien y del mal./ Y no es solo apreciación mía. Le voy a decir. En Almiñé, mejor dicho en Quintana de Valdivielso, hay un chalet con niñas huérfanas recogidas. En Puentearenas, hay una residencia que depende de la Diputación de Vizcaya, en que van niños a veranear, alternando cada 20 días todo el verano. La finca que nos ocupa ha atraído la vista de varias Congregaciones Religiosas, monjas y Jesuítas de Oña. En fin, que es un buen bocado.» Y veamos ahora lo que decía sobre Quecedo y la casona, que Sagrario Berzosa, viuda desde 1959, ya había ofrecido siete años antes, hacia 1961, a los franciscanos de Anguciana (La Rioja), un convento dedicado a la preparación de misioneros para el Perú, cursando la oferta probablemente a través de un hijo de Anselmo e Isabel Villamor, que estudió allí: «Estuve con la familia de un estudiante franciscano del pueblo [fray Juan Villamor], que estudia Teología en Ocopa (Perú). Y personalmente me dijo su hermano [al final de la carta menciona a José Mª “Pepín” Villamor y Villamor], que en el pueblo se vería con mucho gusto que tomaran esta casa los franciscanos, mejor que ningún otro./ Comí en casa de este Corista, y me enseñaron toda la casa y la finca detenidamente. La casa solariega es muy grande, bien parece doble, consta de planta baja, ocupada por cuadras, apenas sin ventanas. Un primer piso muy grande, al estilo antiguo, con salas y alcobas. Y una torre y desván amplio./ Al ser casa antigua, tiene los muros muy gruesos..." fragmento del texto de Mertxe García Garmilla
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