EPISODE · Nov 26, 2016 · 4 MIN
La Contraeditorial de JM Ruiz nº 104-29 de noviembre de 2016
Queridos amigos, refleja el diccionario, que cambiar es dejar una cosa o situación para tomar otra. Como suele ocurrir con una caña en el bar. Cambiar es mudar algo en otra forma, o en su caso, convertir, canjear, intercambiar, permutar, innovar, remover, evolucionar, renovar, modificar, reformar, adaptar, reorganizar, alterar, diversificar, relevar, invertir, reemplazar. Lo que simplemente viene siendo, variar. Si existe una cuestión que en la Asamblea General de la ONU no sería objeto de veto por parte de país alguno, sin duda, se trata de la necesidad que tiene todo ser humano de que su vida se desarrolle diariamente a través de un continuo cambio, y no sólo cada cuatro años, cuando deposita su voto en una urna. Desde los albores de nuestro tiempo, ilustres personajes de todo el mundo así lo avalan. Galeano afirmaba que somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. Heráclito de Efeso defendía que todo cambia, nada es. Schopenhauer alega que el cambio es la única cosa inmutable. Giuseppe Tomasi di Lampedusa arguye que si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. Gandhi aseveraba que si quieres cambiar al mundo, tienes que cambiarte a ti mismo. Georges Clemenceau razona que el hombre absurdo es el que no cambia nunca. Octavio Paz invocaba que las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo; del miedo al cambio. Y Óscar Wilde decía, discúlpeme, no le había reconocido, he cambiado mucho. Ahora bien, de la misma manera que a cada cerdo le llega su San Martín, siempre existen excepciones que confirman la regla. En más de un siglo de existencia, el mundo del fútbol apenas ha sido capaz de cambiar en dos o tres cosas. Como el número de cambios permitidos, antes y ahora, en un partido oficial. Para corroborarlo exhaustivamente, no tenemos más que fijarnos en caducos organismos como son la FIFA, la UEFA, la AFA, la CONCACAF, la RFEF y la RENFE. Aunque todo sea dicho, no es cierto, que un tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión. Buenas tardes, y saludos cordiales.
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La Contraeditorial de JM Ruiz nº 104-29 de noviembre de 2016
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