EPISODE · Jan 22, 2017 · 4 MIN
La Contraeditorial de JM Ruiz nº 109 - 24 de enero de 2017
Queridos amigos, uno de los productos más extraños y maravillosos de la evolución es el báculo. Lo que coloquialmente viene a ser, el hueso del pene. El báculo es un hueso extraesquelético, como el fideo Di María. Lo que significa que no está conectado con el resto del esqueleto, sino que flota airosamente al final del pene. Los báculos se encuentran en determinadas especies de mamíferos, pero no en todas. La mayoría de los primates macho lo tienen, por lo que los humanos al carecer de él, somos más bien una rareza. El hueso no se desarrolló hasta después de la división de los mamíferos en placentarios y no placentarios hace unos 145 millones de años, tal y como informaba en exclusiva para la 1 de la Televisión Cromañona el becario Jordi Hurtado, que por aquel entonces, ya apuntaba maneras. Dado que hace unos 95 millones de años, el ancestro más reciente de los primates poseía el citado huesecillo, esto significa que la especie humana ha debido perderlo en el curso de la evolución, de igual manera que cualquier dirigente de la FIFA olvida la vergüenza, en cuanto ocupa su poltrona. Entre los primates, el hecho de tener báculo siempre ha guardado relación con la mayor duración de la penetración, algo así como más de tres minutos. Tiempo que un hombre sólo puede emplear en realizar un lanzamiento desde portería, o un saque de banda. Ahora bien, si el hueso del pene es tan importante para competir por una pareja y prolongar la cópula ¿por qué no lo tenemos? La respuesta es que los hombres no pertenecemos del todo a la categoría de la intromisión prolongada. Nosotros somos unos caballeros, incapaces de entrometernos en asuntos que no nos conciernen. Por eso, compartimos el 96% de nuestro mapa genético con los chimpancés y con nuestros cuñados, dos de las especies más cercanas de parientes vivos. Para los machos humanos, la duración media entre la penetración y la eyaculación es de menos de dos minutos. En baloncesto, es todo un mundo, para que luego digan. Por lo general, entre nosotros la competición sexual es mínima, ya que lo habitual es que las hembras se apareen con un solo macho en el mismo periodo. Tal vez la adopción de esta pauta de apareamiento, unida a la brevedad de nuestra penetración, fuese el golpe de gracia para el báculo. Otra cosa es que hubiera un balón por medio. Entonces las penetraciones serían tan fulgurantes como las de Messi. Los científicos no están más que empezando a descifrar la función de este hueso tan insólito, como un Barça-Madrid un lunes a las once de la noche. Lo que parece claro, es que en lo que respecta al hueso del pene cuando los niveles de competición sexual son altos, cuanto más grande, como Romay, mejor. Buenas tardes, y saludos cordiales.
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