EPISODE · Sep 25, 2016 · 5 MIN
La Contraeditorial de JM Ruiz nº 97-27 de septiembre de 2016
Queridos amigos, a orillas del impresionante lago Como, y muy cerquita de la no menos espectacular Villa Oleandra, el casoplón de George Clooney, la metálica voz del Tomtom, nos anuncia que hemos llegado a nuestro destino. La abandonada población de Consonno. A mediados de la década de los sesenta, un empresario milanés tuvo el capricho de pasearse por las calles de un grandioso destino recreativo, sin la necesidad de tener que viajar a la mayor ciudad del estado de Nevada. Para ello, Mario Bagno decidió fundar en plena Lombardía, un nuevo y exuberante paraíso turístico en forma de ciudad de vacaciones. Consonno era una oda al divertimento, siendo llamada Paese di Balocchi, la imaginaria ciudad de los juguetes del florentino Pérez, quiero decir, del florentino Pinocho. La idílica urbe estaba compuesta por un casino, un castillo medieval de pega, un gran hotel, un centro comercial de arquitectura árabe rematado con un minarete, una esfinge y una pagoda china. Disponía de campo de golf, canchas de tenis, un zoo y hasta un circuito de carreras. Pero en 1976, un corrimiento de tierras sepultó la única vía de comunicación del complejo con el mundo exterior. Lo que se tradujo en su Game Over. Hace unos días, esa serie de edificios vacíos y abandonados, que se encuentran marchitados bajo el musgo, han sido testigos de la 7ª edición del Campeonato del Mundo de Escondite. Se trata de la primera ocasión en que se utiliza como escenario del evento, una ciudad fantasma. Más de 300 jugadores repartidos en 64 equipos de nacionalidad francesa, suiza, belga, estadounidense e italiana, se han fundido con el paisaje, mediante hábiles técnicas de camuflaje, contorsionismo y escalada. Para potenciar el lado deportivo del asunto, el equipo fijo de buscadores de los amagadizos participantes, estaba formado por jugadores de rugby. Según la organización, son grandes, bien visibles y vienen de un mundo tremendamente leal y correcto. Yasuo Hazaki, profesor universitario de Educación Física, impulsó una candidatura ante el Comité Olímpico Japonés, para convertir el noble arte del escondite en deporte de exhibición en Tokyo 2020. En la solicitud motivada, esgrimía que el escondite es un deporte que requiere intuición y trabajo en equipo, además de necesitar velocidad de carrera, equilibrio y una importante capacidad para permanecer inmóvil durante un largo período de tiempo. Aunque el argumento fue rechazado, no deja de tener su aquél. Según manda la tradición, el equipo ganador es condecorado con la hoja de parra de oro, considerada como el emblema por excelencia de la complicada y difícil misión de esconderse para que no te pueda encontrar, ni tan siquiera, un avezado inspector de Hacienda. Buenas tardes, y saludos cordiales.
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