EPISODE · Apr 9, 2016 · 4 MIN
La Contraeditorial de JMRuiz-12 de abril de 2016-Número 85
Queridos amigos, debido, sin duda, a su proceso febril del sábado por la noche, mi cuñado tuvo a bien invitarnos al ágape que organizó en su casa. Ante singular hecho histórico, sólo comparable por su magnitud al maracanazo, Pelé y Melé, quicir, mi esposa y yo, nos dispusimos a sufrir la citada velada, con las mismícas halagüeñas perspectivas, con las que la Ponferradina afrontaría el partido de vuelta de los octavos de final de la Copa, en el Camp Nou. Bajo el amparo constitucional de la Ley de Murphy, que establece que si algo puede salir mal, saldrá mal, el festejo resultó que tenía más truco que una actuación conjunta de Mágico González y Juan Tamariz. Según se refleja en el acta de la reunión, existen situaciones aún más inhumanas que el visionado en diferido de un amistoso entre Islas Feroe y Liechtenstein. Minuto 15 del encuentro. Nuestra defensa se encuentra arrinconada en el área propia en torno al sofá de eskai. La salida en tromba del anfitrión ha sido espectacular. No ha dejado de asediarnos por el centro de la retaguardia, lanzando a la olla un chiste tras otro imitando a Chiquito. De repente, mi hermano político se me queda mirando fijamente a los ojos y dirigiéndose a mi paliducho semblante de Spencer Tracy, me espeta con una estruendosa carcajada que presagia lo peor. Adivina quién viene a cenar esta noche. Un repentino reguero de sudor frío, empieza a brotarme por la espalda con dirección al lugar donde pierde su casto nombre, cuando el timbre suena estridente. Como Neymar, Suárez y Leo. Acto seguido, aparece el figura. El amigo de mi cuñao es un espécimen tan inclasificable como la posición que yo ocuparía en la etapa reina del Tourmalet. El amigo de mi cuñao lo sabe todo. Es capaz de tocar más palos que el caddie de Tiger Woods, ostentando además, el título de recordman mundial de lanzamiento de sandeces por minuto cuadrado. El amigo de mi cuñao es insoportable, por lo que, en la comida de Navidad, siempre queda fuera de la convocatoria del ecosistema familiar. En definitiva, el amigo de mi cuñao es más inútil que la g de gnomo. Ni que decir tiene que a los postres, mi mujer y yo no parábamos de pedir con desespero la hora, pero la partida aún se alargó injustificadamente media hora más. Para poder superar la resaca del espeluznante festival del humor de la última cena, al día siguiente me puse negro de pastillas. Como Ben Johnson. A media tarde, empecé a ver la luz y volvía a ser persona. Sobre todo, después de tragarme dos grageas de 600 milígramos de Hostión, que quita la tontería de cuajo. Entonces, otro reguerito helado volvió a manar de mi arqueada columna vertebral. En Antena 3 estaban anunciando la película de la noche. La cena de los idiotas. Con las mismas, me faltó tiempo para salir corriendo y meterme a escape otra vez en la cama. Por si las moscas. Buenas tardes, y saludos cordiales. © 2016 Microsoft Términos Privacidad y cookies Desarrolladores Español
Embed this episode
NOW PLAYING
La Contraeditorial de JMRuiz-12 de abril de 2016-Número 85
No transcript for this episode yet
Similar Episodes
No similar episodes found.
Similar Podcasts
No similar podcasts found.