EPISODE · Jun 2, 2016 · 5 MIN
La Contraeditorial de JMRuiz-7 de junio de 2016-Número 91
Queridos amigos, como decía el poeta, todo pasa y todo queda, por lo que una vez llegado el mes de junio, la temporada echa el telón. La capital lombarda, como la col, fue testiga de un nuevo duelo madricida, two years later, en la final de la Champions. La madre de todas las finales. Por lo menos, una lectura positiva se puede extraer de tan luctuoso hecho. Los sufridores telespectadores, los pacientes radioyentes y los deportivos lectores de los medios de comunicación, dejarán de ser indiscriminadamente bombardeados. Lo cierto es que tanto circo mediático futbolero, llega a producir entre el personal una desagradable sensación de pereza. Y aunque la pereza es la madre de todos los vicios, como madre siempre hay que respetarla. Al fin y al cabo, una madre es una madre y a ti, te encontré en la calle. Porque como una madre no hay nada. Los sentidos de una madre, como todas las palabras esdrújulas, se acentúan con el fin de garantizar la supervivencia de su prole, siendo capaz de hacer cualquier cosa con tal de conseguir para sus hijos, todo tipo de medios de protección. Una madre te alimentará ocupándose de que no quede nada en el plato, de que te comas lo negro del plátano y de que te bebas el zumo a escape, antes de que se le vayan las vitaminas. Como un arquero a sus defensas, una madre te chillará a grito pelao para que no arrastres los pies y andes derecho, recordándote cada día, que con esas pintas vas hecho un Adán. Una madre siempre cuidará de su rebaño. He ahí el quid de la cuestión. Esa es la madre del cordero. Por eso, las madres desempeñan un papel primordial en la sociedad y están en boca de todos. Fundamentalmente, en las de los hinchas cuando se dirigen al colegiado de turno, que antaño lucía siempre una oscura vestimenta. Pero, ojo al dato, con una madre existen dos situaciones que conviene evitar a toda costa. La primera, es eludir el siempre certero lanzamiento de la zapatilla voladora. El disparo materno, suele ir acompañado de frases del tipo Porque yo soy tu madre, o Ni peros, ni peras. En segundo lugar, jamás de los jamases se te ocurra pisar lo fregao, sopena de estar preparado para escuchar un iracundo juramento en arameo, compuesto por una serie de palabras y frases inconexas e incoherentes. Según cuenta la leyenda, una madre albaceteña mocho en ristre, profirió tal sarta de incomprensibles balbuceos con los que, en un momento dado y sin proponérselo, llegó a invocar al mismísimo demonio. Buenas tardes, y saludos cordiales.
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