EPISODE · Mar 8, 2015 · 4 MIN
La Contraeditorial de JMRuizM - 10 marz 2015
Queridos amigos, Anoche, mientras preparaba la cena, le iba ayudando a mi chiquillo con los deberes. En medio de la lucha de los cuatro catetos intentando despejar del área a la hipotenusa, el chaval se me quedó mirando fijamente y, sin parar de hacer tiqui-tiqui, tiqui-tiqui con el bolígrafo sobre el cuaderno de mates, me preguntó a bocajarro sobre la procedencia de su nombre. Ese día tenía que llegar, pero en mi repentino nerviosismo, la tembladera de azúcar y huevo al golpe de calor en su espejo de caramelo que estaba haciendo de postre, casi se me cae al suelo. Inmediatamente, acudieron a mi cabeza unos remotos recuerdos que formaron una melé espontánea en mi conmocionado cerebro. De repente, me vi en el patio del colegio más mosqueado que un pavo en Navidad. Allí estaba yo otra vez ejerciendo las funciones de árbitro del partido del recreo, mientras un grupo de compañeros de Sexto A, me chillaban encolerizados. ¿Pero es que no has visto el penalti, Urízar? Y es que el nombre te marca para toda la vida. Existen nombres que no esconden nada. Como Los Pajaritos. Si eres capaz de reunir el valor necesario para asistir a un partido en Soria, no te calientes, que te quedas pajarito. Otros, en cambio, habría que revisarlos. Vamos a ver. El Nuevo Zorrilla. Hombre, nuevo, nuevo… Que el estadio se construyó con motivo del Mundial 82, y Naranjito ya tiene 3 nietas clementinas. Eso sí, en sus gradas también te quedas pajarito. Es que hay veces que los nombres suenan tan falsos como las risas enlatadas. Antes, era costumbre poner al recién nacido el nombre del santo del día. Yo nací a la una de la madrugada del día 8 de agosto. Por eso, me llamo Eleuterio. Menos mal, porque sesenta minutos antes era San Mamés. De lo que no cabe duda, es que le coges cariño a un animal desde el momento que le pones nombre. Eso le pasó a mi padre cuando me inscribió. Claro que peor le pasó a mi amigo Tantantancrecrecredododo. Su padre era tartamudo y el del Registro, un cabrón. De todas maneras, los nombres no son como los de antes. Ahora los chicos se llaman James, Leo o Iker, y las chicas, Jessica, Nayara o Elisabet. Pero si hasta Eva lleva una Hache. Bueno, después del flashback, le expliqué a mi muchacho que cuando estábamos situados en el borde de la pila bautismal, el sacerdote nos preguntó cómo teníamos pensado llamar a la criatura. Como su abuelo, contesté con decisión. Aduardo. A lo que el cura replicó, será con e. Una vez aclarada la historia, mi chico acabó con sus tareas y me volvió a preguntar, ¿Y qué hay para cenar, papa? Pues una deconstrucción de huevo y patata crujiente envuelta con cebolla caramelizada al toque de ébano. ¿Se te ha quemado la tortilla, no? Como un tizón, Coné. Buenas tardes, y saludos cordiales.
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