EPISODE · Feb 17, 2015 · 4 MIN
La Contraeditorial de JMRuizM - 17 febrero 2015
Queridos amigos, De los encuadernadores de Tienes más cuento que Calleja. De los linotipistas de Pero, ¿qué me estás contando? Si te gustó Mmm, miénteme Pinocho, no puedes dejar de ver el estreno mundial de ¡Chorra, como ha cambiado el cuento! Catorce años y nueve meses antes. Bueno, casi diez. Un aburrido carpintero italo-argentino llamado Gepeto, como tenía pocos encargos por culpa de la repelotuda crisis mundial, cogió de su taller un trozo de madera y construyó un muñeco con el dorsal número 10 a la espalda, al que inexplicablemente, llamó Pinocho. - ¡Ché, qué bien quedaste, no es cierto? Exclamó y preguntó al unísono, el artesano tallista. Lamentando que el pimpollo fuera tan escaso de espíritu y que apenas hablara, de repente, apareció un hada blaugrana que con su barretina mágica dio vida al pequeño. Gepeto pensó que su hijo tenía que cruzar el charco para labrarse un futuro en la Liga de las Estrellas. Como no disponía de pesos suficientes, decidió vender su abrigo para comprarle el pasaje, con las monedas obtenidas. Aunque Pinocho nunca perdonaría a su padre que lo hiciera de Madeira, sintió que estaba en deuda con su viejo, por lo que prometió entrenar duro para que nunca tuviera problemas con Hacienda. De camino al aeropuerto internacional de Ezeiza, pasó por la plaza del pueblo donde unos pibes estaban disputando un partido amistoso. Después de marcar un hack-trick, un directivo de River que se encontraba entre el público, le propuso contratarlo. Pinocho declinó la suculenta oferta, aduciendo que se tenía que marchar enseguida con rumbo a la Masía. Como el chico no hacía acto de presencia en El Prat, Joan Gaspart llamó preocupado a Gepeto. El decente ebanista se marchó de inmediato a la Ciudad Condal, a buscar al boludo de su hijo. Una vez allí, a punto estuvo de ser engullido por la poderosa ballena blanca en la misma playa de la Barceloneta. En un acto heroico, Pinocho salvó a su progenitor de las garras merengues, para más orgullo de los seguidores culés. Pasado un tiempo, el Subsecretario Adjunto de la Delegación de la Agencia Tributaria de Pedralbes, preguntó a Pinocho sobre el paradero de las monedas recibidas y que había prometido ingresar voluntariamente en las arcas públicas. -Este… las perdí, contestó sin rubor la criatura, mientras le crecía la nariz de manera voluptuosa. Entonces, apareció el representante del hada azulgrana que saldó la deuda con el Fisco a tocateja, incluidos los intereses. Loco de alegría, el papá de Pinocho no paraba de abrazar a su retoño, al tiempo que respondía a una llamada de Platini, donde el dirigente galo le comunicaba la concesión de un nuevo Balón de Oro a su descendiente. Circunstancia que no había cristiano que la cambiara. Y colorín, colorado y azulado, este cuento se ha acabado. Buenas tardes, y saludos cordiales.
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