EPISODE · Jan 25, 2015 · 5 MIN
La Contraeditorial de JMRuizM - 27 enero 2015
Queridos amiguitos, Érase una vez, un pequeño ratoncito de ciudad que vivía con su familia en un agujerito dúplex, construido por la constuctora Sacyr, en la pared del Bernabéu. El agujero no era muy grande, pero era muy cómodo y confortable, y allí no les faltaba de nada. Un día, el roedor escuchó un gran alboroto en el piso de arriba y, como ratón curioso que era, trepó y trepó por las cañerías hasta llegar a la sala de prensa. Allí, vio un montón de cámaras y micrófonos en la estancia repleta de periodistas. Parecía que alguien estaba a punto de instalarse. Al día siguiente, el ratoncito se coló en el entrenamiento blanco para ver de qué iba todo aquello. Y descubrió algo que le gustó muchísimo. Se trataba del acto oficial de presentación del británico Steven McManaman. A partir de ese momento, cada día subía a las oficinas para observar todo lo que acontecía alrededor del club merengue. Miraba y aprendía. Volvía a mirar y lo apuntaba todo en una pequeña libreta de propaganda del Grupo ACS, que presidía. Así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso. Venían ratones de todo el mundo para que los fichara. Ratones de campo con una bolsita llena de comida para él. Ratones de ciudad con sombrero y bastón. Ratones carrileros pequeños, centrales grandes, delanteros centros gordos y extremos flacos. Todos querían que el ratoncito Pérez, les arreglara un suculento contrato. Pero entonces, también empezaron a venir ratones a punto de retirarse que confiaban mucho en él. El ratoncito Pérez pensó y pensó cómo podía ayudarles, y al final les acabó ofreciendo varios puestos directivos y deportivos en el organigrama madridista. Pero el ratoncito Pérez era insaciable y quería más. Por eso, se empeñó en contratar a la gran figura del equipo enemigo. Pese a lo complicado de la operación, el ratoncito encontró la solución. Lo siguió sigilosamente por todas las Ramblas y cuando el jugador portugués llegó a su casa, el ratoncito Pérez se encontró con un fiero Joan Gaspart y no pudo entrar. El ratoncito se esperó a que todos se durmieran y entonces entró en la habitación de Figo. Luis estaba roncando como un ceporro, y el ratoncito Pérez con mucho cuidado, le puso debajo de la almohada un contrato multimillonario, imposible de rechazar. Cuando despertó, el delantero vio el regalo. Se puso tan contento que comenzó, entre dientes, a cantar fados como si no hubiera un mañana, olvidando inmediatamente, el poco catalán que había aprendido. Y a partir de ese día, todos los posibles futbolistas galácticos, dejan su bolígrafo debajo de la almohada, esperando ansiosos que el magnánimo ratoncito Pérez lo utilice para firmarles unos contratos tan opíparos, como si fueran consejeros de Bankia. Y colorín, colorado, aunque este cuento, todavía no se ha acabado. Buenas tardes, y saludos cordialitos.
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