EPISODE · Jun 15, 2023 · 1H 4M
La Máquina de Hacer Pájaros
from Punto Muerto
El 17 de noviembre de 1976 se lanzó el álbum debut del grupo La Máquina de Hacer Pájaros, liderado por Charly García y de título homónimo. Fue el grupo que armó tras la separación de Sui Generis, el año anterior, e incluyó las canciones “Cómo mata el viento norte”, “Rock”, “Por probar el vino y el agua salada”, “Bubulina” y el épico “Boletos, pases y abonos”, entre otros. Este disco marcó el inicio de la breve carrera de una banda que a veces es injustamente olvidada, al ser el eslabón entre dos agrupaciones de enorme popularidad, como Sui Generis y Serú Girán. Sin dudas que los dos discos de La Máquina de Hacer Pájaros están a la altura de los mejores trabajos de Charly García, que en esta etapa estaba metido de lleno en el estilo del rock progresivo y rock sinfónico, con arreglos complejos, cambios de ritmos y mucho virtuosismo instrumental. “El Yes del subdesarrollo”, diría Charly García en aquellos años. La Máquina de Hacer Pájaros fue todo un supergrupo, ya que estaba integrado nada menos que por el ex-Pescado Rabioso Carlos Cutaia (teclados), el ex-Los Gatos Oscar Moro (batería) y el ex-Crucis José Luis Fernández (bajo), además del joven guitarrista Gustavo Bazterrica, que ya era una revelación y un lustro después tocó en Los Abuelos de la Nada. En este álbum también hay coros de Nito Mestre, María Rosa Yorio, Héctor Dengis y Ana Quatraro. En palabras de Charly, “Se me ocurrió formar una banda que tocara una forma más elaborada, preocupada igualmente por la forma que por el contenido. Un grupo donde todos los instrumentos tuvieran un grado similar de exigencia, lo que daría una música más elevada”. La expectativa por este nuevo trabajo de Charly García fue tan grande que su compañía discográfica le permitió usar entre 250 y 300 horas de grabación en los estudios Ion, todo un récord para la época. Además, la tapa fue muy costosa porque era un sobre de cartón que adentro traía el disco con otra tapa y el vinilo. El arte fue realizado por el talentoso Juan Oreste Gatti, con una foto de Uberto Sagramoso (el mismo de la tapa “Clics modernos” en 1983) y un dibujo del humorista Crist, autor de una popular tira cómica que se publicaba en la revista cordobesa Hortensia, llamada justamente García y La Máquina de Hacer Pájaros. Al ver la lista de temas del disco, los fans de Sui Generis celebraron la inclusión del tema “Bubulina” (dedicado a María Rosa Yorio, pareja de Charly en aquellos días) porque había aparecido en el film “Adiós Sui Generis”, pero aún era inédito en realizaciones discográficas. Otro detalle que descubrieron los seguidores es que “Boletos, pases y abonos” esconde una referencia al “Adiós Sui Generis” cuando dice “Madres, hijas, hermanas van a escuchar el llanto del adiós”. Además, dos décadas después, Mercedes Sosa realizó una versión antológica de “Cómo mata el viento norte” junto a Charly. Luego, en el 2000, María Gabriela Epumer grabó con García “Ah, te vi entre las luces”, y hace apenas un par de años, Fito Páez cantó “Rock” en el Colón, celebrando los 70 años de Charly. Charly García construyó una banda notablemente inspirada en las formas rockafónicas que caracterizan la segunda parte de esta década. Por supuesto que armar un grupo de estas características demanda un esfuerzo técnico e intelectual muy arduo. Lo que el público asistente al espectáculo de café-concert escuchó fue el prólogo, apenas un esbozo, del proyecto musical de La Máquina de Hacer Pájaros. Los primeros resultados de ese trabajo se pudieron apreciar durante los cinco días en que La Máquina se presentó en el teatro Astral. La formación de la banda es la que el público ya conocía con la excepción del nuevo tecladista Carlos Cutaia. La combinación de dos tecladistas, García y Cutaia, es un intento inédito en Argentina, resultó ampliamente satisfactorio y por momentos fascinante. El sonido de La Máquina es sumamente denso, cargado de arreglos que van desde lo clásico al rythm & blues. Casi todas las canciones tienen principio, desarrollo y fin, todo con abundantes solos bien repartidos entre Cutaia, Garcia y el guitarrista Bazterrica. Moro aportó su reconocido gusto y sentimiento para la bateria, y José Luis Dengis tuvo un desempeño sobresaliente, realizando un trabajo de una energia abrumadora. El único defecto evidente en La Máquina reside en las intervenciones vocales. García nunca fue un gran vocalista, y ahora que debe serlo solo y para un estilo que requiere cierto timbre alto, se encuentra muy limitado. La escenografia estuvo a la altura de la música, con logrados efectos y buena iluminación. El sonido fue correcto, con la excepción de que no se escuchaban las letras, pero es difícil saber si por las voces o el sonido. La Máquina de Hacer Pájaros plantea una experiencia de música elaborada que nunca fue profundizada en Argentina. La banda tuvo un trabajo correcto con momentos de gran altura musical, y es bastante factible que el grupo recién empiece a encontrar su personalidad musical. Habrá que esperar a que la Máquina alcance su mayor vuelo e intensidad musical. Extracto de la reseña de la Revista Pelo número 80, del año de 1976, del show de presentación oficial del disco debut de La Máquina de Hacer Pájaros. El álbum “Películas” (1977) retrata el contexto dictatorial y la vida diaria de las personas en un escenario de dolor y muerte, al mismo tiempo que todo eso ocurría. Había que buscar estrategias discursivas para eludir a los militares y continuar con una mirada crítica de la realidad del momento. En épocas de censura y persecución, Charly se la jugaba por contar lo que veía. Si cantar "Juan Represión" o "Botas locas" le había traído problemas durante la corta etapa democrática previa al golpe, ahora estaba casi obligado a escribir bajo un velo. La tapa del disco muestra a los integrantes de la banda saliendo de un cine de ver una película de Alfred Hitchcock titulada Trama macabra, donde ocurren situaciones que se pueden vincular directamente con la sociedad argentina de la época: mentiras, secuestros y asesinatos. También vemos un hombre ciego, que metaforiza la complicidad civil con la dictadura, aquellos que no querían ver lo que estaba ocurriendo. A su vez el ciego tiene un cuadro que retrata la imagen de manera infinita, una realidad que se repite y de la que no se puede salir. Esa última imagen de una existencia de la que no hay escapatoria es un reflejo gráfico de una frase de la canción "Marylin, la cenicienta y las mujeres": “Esto no es un juego, nena, estamos atrapados”. De hecho, e hilando fino, podemos entender varias frases de la canción (“Vuelve pronto a casa/Todos tenemos hogar”) como referencias al contexto, no solo para las mujeres, sino para todos los que podían ser perseguidos. La canción que da nombre al disco retrata la angustia que se vivía, la impotencia ante un hecho que superaba por completo a cualquiera. Frente a dicho escenario el músico, resignado, se pregunta: “¿Que se puede hacer salvo ver películas?”. El personaje de este tema está encerrado viendo una y otra vez el mismo film y comienza a confundir realidad con ficción, su única vía de escape es su mente. Entonces cree ver a la actriz y quiere subirse al auto con ella, que vive tranquila sin el temor a que la vayan a buscar: “Me acercaré al convertible/Le diré quiero ser libre/Llévame por favor”. “Hipercandombe" es quizás la canción que más refleja el sentimiento de desesperanza, paranoia y miedo que se sentía en estos años: “Cubrís tu cara y tu pelo también/Como si tuvieras frío/Pero en realidad /Te querés escapar de algún lío”. Tanto Charly como la gran mayoría de los rockeros usaban pelo largo, hecho suficiente como para que los llevaran detenidos. Es una canción pesimista, Charly ya no tenía esperanza en el país y añoraba estar con su novia, Zoca, que vivía en Brasil. Finalmente, un grito de auxilio que se hacía eco en todos los rincones del país: “Déjenme en paz, no quiero más”. Un golpe de realidad justo en la cara. Contradictoriamente con el anterior tema, "No te dejes desanimar" llega para inyectar un poco de optimismo. García pide que no se bajen los brazos, no sucumbir ante la desolación, y no dejar nunca de reír. Ya es todo bastante difícil como para que además seamos presos de nosotros mismos: “No te dejes desanimar/No te dejes matar/Quedan tantas mañanas por andar”. La única manera de sobrellevar un mal momento es tratando de ponerle buena cara. Si el anterior tema es un golpe de realidad, este es una caricia que te dice “todo va a estar bien”. La Máquina de Hacer Pájaros debutó en vivo con un ciclo de presentaciones que se extendió durante casi dos meses en un boliche de nombre "La Bola Loca", en pleno centro porteño. Aquellos recitales solían empezar con "Ah, te vi entre las luces", una suite de 11 minutos donde la banda cumplía a rajatabla el decálogo estilístico del rock progresivo: vaivenes rítmicos, modulaciones armónicas y extensos solos de sus instrumentistas. A modo de introducción, en lo que constituye toda una declaración de principios, "La máquina" tocaba un fragmento del segundo movimiento (lento) del "Concierto en Do menor para piano, trompeta y orquesta de cuerdas" de Dimitri Shostakovich. Con “Ah, Te Vi Entre Las Luces”, nos despedimos de este episodio de Punto Muerto. Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo. “Elvis is still in the building, goodnight Montevideo City.” Realizado con material periodístico de la Revista Pelo, El Expreso Imaginario, Indie Hoy y CMTV.
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