EPISODE · Feb 2, 2022 · 8 MIN
LA VOZ QUE SIEMPRE QUISE - 30 -
from CHEMA MUÑOZ
LA VOZ QUE SIEMPRE QUISE – 30 – La voz que siempre quise es un insulto mientras sangra indolente la libertad perdida, así como fue la mirada al futuro de aquel extraterrestre que trajo ambrosias soñando amaneceres desde la libertad de las tierras que amé en tu piel sobre el campo, en vuelo de cigüeña sobre aquel campanario donde tañen campanas cuando canta mi piel uniéndose a tu grama. Puede dormir tranquilo el mundo y sus secuelas, no voy a morir más, ni aunque claven espuelas en valles y montañas para comer entrañas de las viejas batallas, o sustenten algunos el hambre de violencias. Mi nombre está en vosotros desde que fuisteis hombres mi nombre es transparente y un tesoro por siempre con los ojos abiertos, regalando en las manos la tierra que pisáis siendo el barro y las piedras y temprana la sangre en deuda de una raza. Hubiera sido un pago perfecto entre el amor y hormigas dejando a las cigarras perdiendo su color poco a poco sin importar riquezas muriéndose al invierno, ser junto a mis ovejas como cientos de muertos bajo esos ramajes, los que piso a diario, para mi me guardo los pies con los que piso el lodo de la vida que se ampara a mis brazos con esos algodones que me hacen llorar. Se me llevan los sueños, mis costumbres, mi lengua, aquellos viejos tiempos cuando dormían en mi la alegría de un pueblo, aquella algarabía gozando de riquezas de rozarnos las alas, en colchas de alabastro, el colchón en la tierra epitafios de raso, rojos lazos de seda blanca ensangrentada, un adiós, un hasta siempre y un te quiero en cenefas. Se fueron separando las tribus entre varias especies sin saber ser regalo, sin querer tropezar ni escoger la montaña lavándose las manos, no querer defenderse de enemigo cualquiera reposando la espada que defiende la cueva. Sé la voz que deseo, la de la piel de toro que configura el cielo, ese donde descansa nuestra historia por siempre, como sangre dormida clavada en nuestras sienes, aunque fuera un invento la tierra donde vivo yo la defiendo igual que se defienden del ataque los perros, cuando se adentra el pánico o los rodea el fuego. Todos somos culpables por querer hacer ley los horrores ajenos llevando a los engaños a quien os alimenta con sudor y trabajo que les brota del alma, no se por que letargo o cual adormidera se os han ido entregando las riendas de las piedras, de genes, de dragones, de glaciares, de hiedras, olvidándose rumbos, anhelos, olvidando también que somos como plumas que se unen a tierra huyéndonos del cuerpo, de aquellas enseñanzas para evitar las trampas, para olvidar los sueños. La voz que nos abraza es un sueño de ideas traídas de verdades, como el canto de un ave o el graznido de cuervos, son voces fugaces, gritos de universos, son gotas de lluvia, vidas deshaciéndose que se están muriendo en sombras y en añicos trozos de poemas de unas ramas rotas por el desaliento, nunca preguntéis ¿Cuantos sentimientos rompen sus cristales? ¿Como los desiertos ansían cataratas? Y vuelves los ojos a la piedra en pila que sirvió de entrada a las falsedades que nos malvendieron. La sombra recuerda todas las esquinas, y la voz que quise la veis en el aire, la oís en las aguas y sirven de espejo y con sus reflejos soñáis esos sueños que allá se escribieron desde los alientos regados de orgullo en las soñolientas y grises auroras, donde soledades nacen en las horas al calor de venas y al brillo de arenas en flor en superficie y esos desencuentros cuando se recuerdan el viento que empuja tu boca y la mía a unirse en un beso. Esa voz que tengo ya no se imagina durmiendo contigo ni escuchar consejos ni el agua en los ríos, se limpia los ojos descubriendo un niño que cambio en el tiempo perdido en olvidos buscando una voz, la que siempre quiso entregar umbrales a honores perdidos por esos felones los del egoísmo ahogando sonrisas entre las ofensas por un latrocinio bajo cementerios y aun se alimentan de las ironías, cerrando las bocas de aquellos que han ido devorando a hombres por licantropía llenando sus venas de sangre de otros, eructando muertes que ellos denominan derechos adverso de la economía. La voz que siempre quise, la quise sentir como nuestra lucha por esa venida a este planeta de la raza humana, sentir como una lucha casi apresurada, no sirvió de nada cuando nos hablamos como en un tumulto todos a la vez, sordos estaban todos, sordo estaba el mundo. Quite vestiduras, me puse las mías, entré en mi nave y salí de allá, la tercera vez daremos amor a otras alimañas, esta que fue el hombre fue como guadaña para este planeta azul al que estos animales semiinteligentes lo llamaron tierra. Chema Muñoz©
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LA VOZ QUE SIEMPRE QUISE - 30 -
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