EPISODE · Jan 23, 2014 · 30 MIN
Labrante de piedras de molino
Antonio Pérez Armas, conocido como Antonio el Pipote, por ser éste el apodo por el que se conocía a su familia de labrantes, que viene de la época del abuelo de su abuelo, que rompió un porrón (al que denominaron pipote). Su abuelo materno, Maestro Tiburcio fuero labrante, y a su vez, todo sus tíos abuelos. Todos los Armas eran labrantes. Nacido en el barrio de La Goleta el día 8 de junio de 1933, en la calle San Miguel, N.º 9, a las 6 de la mañana. Con 11 años, en la postguerra, llevaba sacos de papa al Puerto (de extraperlo), caminando desde Arucas, por El Rincón. En Las Palmas la policía en Guanarteme cogieron a dos, a D. Antonio y a Francisco Pérez Mendoza, les quitaron los sacos de papas y los pelaron al cero, dándoles además un baño con una manguera, como si fueran racimos de plátanos. Los guardias, luego se quedaban con las papas. Desde los 12 años comenzó a aprender el oficio de labrante. Se especializó en el trabajo de la piedra molinera. En 1956 se casó con Inmaculada Martín Santana y han tenido cuatro hijos e hijas, Antonio, Macu, Deli y María Belén. Además de labrante, ha desarrollado otros oficios y dedicaciones, como taxista, sesador de pollos y especialista en el cortado de picos de gallinas, trabajo que ejercicio en todas las granjas de la isla de Gran Canaria. Jubilado desde 1989, es un gran conocedor del oficio artesanal del trabajo de la piedra de cantería de Arucas. Como cantero especializado en la elaboración de piedras molineras nos comentó que el proceso era el siguiente: La piedra molinera (basalto poroso, alveolar o vacuolar) suele aparecer rodeada con una capa de tierra de unos 10 cm. Se suele apalancar en esta parte de la tierra y la piedra cae. Una vez en el suelo se trabaja la piedra, cortando en forma de cuñas, primero la mitad de la piedra y así sucesivamente hasta formar 5, 7 ó 9 porciones o trozos, que forman un diámetro de 1,20 a 1,40 m., por unos 35 ó 40 cm. de alto. Una de las mejores canteras se ubicaba en el Barranco de Las Meleguinas, Santa Brígida. Pero, a veces, se solían aprovechar las piedras que caían al barranco de manera natural. Una vez seccionadas y trabajadas las piedras se transportan hasta el taller de trabajo, que en su caso estuvo en el Lomo Chico (Santidad). Nos comentaba D. Antonio que en Las Meleguinas las piedras se sacaban con camellos. Allí, en el Lomo Chico, se terminan de labrar y picar. Una vez finalizados los dientes que forman la piedra de forma circular, se lleva hasta el molino. Fuera del molino los dientes se montaban y se cogían con yeso (de manera provisional) y se hace lo que se llama el sunchado, que consiste en calentar dos aros (de 8 cm. de ancho) al rojo vivo y colocarlos, a unos 10 cm. de los bordes de la piedra, uno en la parte alta y otro en la parte baja (pero siempre respetando los 10 cm. hasta el borde). Se introducen los aros calientes y se van golpeando hasta encajarlos en su lugar. De esta manera, los aros metálicos mantendrán unidas, para siempre, los diferentes dientes que forman la piedra molinera. Cuando los aros estaban sunchados se introducía las piedras (la de arriba y la de abajo) en el cajón de madera del molino, con una grúa y con unos hierros que estaban fijos en el molino. Cuando la piedra se iba gastando, o se viraba por el otro lado, se tenía que bajar el aro. Cuando se gastaba la piedra se rellenaba con mampostería (pero dejando siempre la piedra molinera hacia arriba). La piedra cada cierto tiempo había que repasarla, debido al desgaste, muchos molineros sabían cómo hacerlo. Una buena piedra molinera, dependiendo del uso, podía durar hasta 20 ó 30 años.
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Labrante de piedras de molino
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