EPISODE · May 7, 2014 · 31 MIN
Libro del Hara, EL CENTRO DEL SER . OSHO parte 7/9
from El Despertar de las Almas
ninguna parte, la única forma de escaparse para dejar de oír tonterías es dormirse. La única forma de librarse de esta tontería, la única forma de escaparse, es dormirse; si no, tendrá que escuchar esto: «Duérmete, amorcito; duérmete, mi pequeño». ¿Cuánto tiempo crees que podrá soportar oír estas tonterías? Por muy querido que sea el pequeño, empezará a cansarse, y ante ese cansancio, ante ese aburrimiento, la única alternativa que tiene es dormirse inmediatamente; sólo así se parará esta tontería. Si sigues repitiendo «amorcito, amorcito», o «Ram, Ram» -da lo mismo qué palabra uses, todas son iguales-, habrás empezado a hacer con tu mente lo mismo que hace una madre con su hijo. Al cabo de un rato la mente se cansará, se aburrirá, se hartará, y sólo tendrá una forma de escaparse: dormir para ahorrarse esta tontería. Si crees que dormir es meditar, estás cometiendo un gran error. El sueño es un estado de inconsciencia. Sí, después te sentirás bien. Después de este sueño te sientes igual de bien que después de cualquier sueño. Si sientes algún alivio es porque por primera vez te has escapado de la preocupación, del dolor, de la vida misma. Es el mismo tipo de sensación que tiene un alcohólico, un drogadicto o un adicto al opio mientras está intoxicado. Al principio, le basta con una pequeña dosis de opio, pero después de unos cuantos días necesita el doble y unos días más tarde necesita aún más. Hay saddhus que han tomado tanto opio que finalmente el opio dejó de hacerles efecto. De modo que crían serpientes, y sólo se estimulan cuando las serpientes les muerden en la lengua; si no, no sienten nada. Con los tóxicos la persona siempre necesita más, por eso si hoy canta «Ram, Ram» durante quince minutos, mañana necesitará treinta minutos. Después de un mes necesitará una hora. Después necesitará dos horas, después diez horas... Luego no podrá atender su negocio porque tendrá que cantar «Ram, Ram» antes de empezar a trabajar. Se retirará al bosque y lo dejará todo porque recitar Ram se ha vuelto una adicción. Ahora cuanto más a menudo lo hace, más importante se vuelve, porque sentirá dolor si lo deja. Después dirá que va a cantar veinticuatro horas al día, pero esto roza los límites de la locura. Así no puede surgir ninguna sabiduría y ninguna comprensión en la vida de una persona. Los países y las naciones que se encuentran atrapados en este tipo de locura pierden todo, y pierden el espíritu. India es un claro ejemplo viviente de esto: ha perdido su vida, su gloria y su espíritu. Ha perdido el espíritu por este tipo de estupideces. La gloria no se desarrolla a través de la repetición, la repetición sólo da origen a la inconsciencia. Las culturas que han comprendido el método de la repetición, que han aprendido a dormirse repitiendo algo... Si tu hijo está enfermo en casa, puedes huir de la situación repitiendo «Ram, Ram». A medida que te vas quedando inconsciente, el niño desaparece, el mundo desaparece, ya no sabes nada. Si no puedes encontrar trabajo repites «Ram, Ram», y así huyes de la situación. Ahora ya no tienes que preocuparte por encontrar trabajo o comida. Los países pobres y necesitados siguen encontrando métodos para huir de hacer algo constructivo, y de ese modo se van volviendo cada vez más pobres y desamparados. La vida cambia a través de la lucha y el esfuerzo. La vida cambia a través del esfuerzo de enfrentarse a ella y transformada. La vida no cambia cerrando los ojos y repitiendo mantras. Todo eso no es más que opio, olvídate de recitar palabras, nombres, mantras. La meditación es la forma de despertar la consciencia que hay en tu interior en vez de hacer que se duerma. Lo que está escondido en tu interior debe despertarse y estar tan consciente que no quede ni una sola parte dormida. Todo tu ser debe despertarse. El nombre que recibe ese estado consciente es meditación. Pero en India puedes tumbarte en estado inconsciente, y la gente a tu alrededor dirá que has alcanzado el samadhi. Puedes estar babeando saliva por la boca y estar tendido en el suelo aturdido, con un ataque, y la gente dirá que has alcanzado el samadhi. Esto es histeria pero la gente cree que estás en samadhi. Esto no es meditación ni es samadhi, sólo es un ataque de histeria. Volverse inconsciente es una enfermedad. En Estados Unidos y Europa, si alguien se pone histérico o enfermo, recibe un tratamiento, pero en India la gente está tan loca y es tan inculta que empezarán a cantar canciones devocionales alrededor de esa persona, diciendo que es un hombre admirable y ha alcanzado el samadhi. Si fuesen inteligentes se preocuparían de que todas esas personas recibiesen un tratamiento. Están enfermos, no están sanos. Tienen una enfermedad mental; es el resultado final de la tensión mental. Si una persona está tendida en el suelo inconsciente babeando saliva por la boca esto no es samadhi. Es una absoluta estupidez que los devotos estén cantando canciones y diciendo que la persona ha alcanzado el samadhi. Samadhi significa consciencia total, no significa dormir ni inconsciencia. Samadhi significa que el ser está tan despierto que ya no queda oscuridad, todo se ha iluminado. La luz de la consciencia se ha encendido en tu interior. Samadhi no significa sueño e inconsciencia; significa consciencia, atención. Una persona en samadhi permanece consciente y despierta toda su vida, en cada momento, en cada respiración. Toda esa locura y esa histeria no es samadhi. Pero si alguien reúne personas devotas a su alrededor, ¿por qué hay que decir que algo va mal? «Lo que sucede está bien, es bueno». Esa estupidez lleva sucediendo desde hace miles de años y, por desgracia, no se sabe cuánto tiempo más va a continuar. Tú estás permitiendo que esto continúe. Yo no digo que la recitación o la repetición sean meditaciones. Meditación significa dos cosas: hacer el esfuerzo de meditar y despertar la consciencia en tu interior. Y en la meditación de esta noche, tampoco os durmáis. Ahora empezaremos la meditación vespertina. No debéis dormiros. Relajad el cuerpo, relajad la respiración, acallad la mente, pero no os durmáis. Estad totalmente despiertos en vuestro interior. Por eso os he dicho que intentéis escuchar todo lo que hay fuera, porque si escucháis, permaneceréis despiertos. Pero si no escucháis hay posibilidades de que os durmáis. Dormir está bien no es malo, pero no creáis que dormir es meditar. Dormir es necesario, pero dormir no es meditar; debéis acordaros de esto. Si no te puedes dormir puedes inducir el sueño recitando, pero no te equivoques y pienses que estás experimentando algo espiritual. Y te puedes equivocar, no es difícil. Del mismo modo que una persona toma pastillas para dormir, tú puedes cantar un mantra. No importa, funciona como una pastilla para dormir. Cuando Vivekananda estaba en Estados Unidos dijo algo acerca de los mantras y la meditación, y un periódico comunicó en un artículo que lo que decía Vivekananda tenía sentido porque un mantra era como un tranquilizante no médico. Era una buena forma de inducir al sueño. Si quieres inducir al sueño es una cosa, pero causar un estado de meditación es algo completamente distinto. Así que en el experimento que estamos haciendo aquí todo el mundo deberá relajarse, todo el mundo deberá seguir escuchando, pero todo el mundo debe permanecer completamente alerta en su interior. Mañana volveremos a hablar del fenómeno de permanecer alerta; así veréis las cosas más claras. Antes de empezar este experimento intentad entender varias cosas. En primer lugar, es un experimento muy sencillo. No os quedéis con la idea en la mente de que estáis haciendo algo muy difícil. Todo lo que crees que es difícil se vuelve difícil no porque lo sea, sino porque tu pensamiento lo hace difícil. Todo lo que crees que es fácil se vuelve fácil. La dificultad está en tu visión. Desde hace miles de años te han dicho que la meditación es algo muy difícil, que sólo les vale a unas pocas personas, que es como andar en el filo de la navaja, esto y aquello... Todas esas cosas han creado una sensación en tu mente de que sólo es para algunas personas, no para todo el mundo. «Lo único que podemos hacer es rezar y alabar, o recitar "Ram, Ram", o cantar canciones devocionales sin parar durante muchos dias en voz muy alta por un micrófono, para que no sólo nos beneficiemos nosotros, sino también nuestros vecinos. Crees que esto es lo único que puedes hacer, y la meditación sólo es para unos cuantos. Todo esto es un error. Todo el mundo puede meditar. Meditar es tan sencillo que es difícil encontrar una persona a la que no le sea posible hacerla. Pero tienes que prepararte; cuando entras en una simplicidad como ésta tienes que comprender tu capacidad, tu rol y tu actitud. Es muy sencillo, es la cosa más sencilla que pueda haber. Tan sencillo como cuando un brote se convierte en una flor, con la misma sencillez, la mente del hombre se vuelve más meditativa. Pero para que un brote se convierta en una flor es necesario que haya luz, agua y fertilizantes. Eso es natural, son sus necesidades. Del mismo modo, la mente tiene una cierta necesidad de volverse meditativa. Y de esto es de lo que estamos hablando. Ayer estuvimos hablando de las necesidades del cuerpo; hoy hemos hablado de cómo tener una mente sana, de cómo libramos de la intrincada red de la mente. Y mañana hablaremos sobre el corazón, el segundo centro. Si comprendéis la mente y el corazón será muy fácil pasar al tercer centro. Probablemente, hoy haya venido gente nueva; debo decirles que ahora nos vamos a tumbar para hacer la meditación. Esta es una meditación vespertina, se debe hacer en la cama antes de dormir. De modo que todo el mundo debe encontrar su sitio y tumbarse sin estar en contacto con nadie. Algunos podéis poneros aquí delante y otros podéis tumbaros en el suelo ahí delante. CAPÍTULO siete.- Afinando el Corazón. Amados míos: El centro del pensamiento es la mente, el centro de los sentimientos es el corazón y el centro de la energía vital es el ombligo. El pensamiento y la contemplación suceden por medio de la mente. Ayer hemos hablado un poco del centro del pensamiento. Sentir, experimentar emociones como el amor, el odio y la rabia sucede a través del corazón. La energía vital sucede a través del ombligo. El primer día os dije que la mente está muy tensa y que debemos relajarla. El pensamiento provoca mucha tensión y estrés, la mente está estresada. Las cuerdas de la veena del pensamiento están tan tensas que no suena ninguna música. Al contrario, las cuerdas se rompen y el hombre se trastorna; se vuelve loco. Para que haya música es absolutamente necesario que se relajen las cuerdas de la veena del pensamiento y así se puedan afinar. La situación del corazón es exactamente opuesta a la de la mente. Las cuerdas del corazón están muy flojas; para que pueda haber música es necesario tensarlas un poco para que también se puedan afinar. Hay que reducir la tensión de las cuerdas del pensamiento y hay que tensar un poco las cuerdas flojas del corazón. Si las cuerdas del pensamiento y los sentimientos están afinadas, si están equilibradas, entonces podrá surgir la música con la que se puede realizar el viaje hasta el ombligo. Ayer hemos hablado de cómo acallar los pensamientos; hoy por la mañana hablaremos de cómo tensar las cuerdas de los sentimientos, del corazón. Pero para poder entender esto antes tenéis que entender que la humanidad ha estado viviendo bajo una maldición desde hace muchos siglos, y esta maldición es haber condenado todas las cualidades del corazón. Ha considerado que las cualidades del corazón son una maldición y no una bendición. Esta ignorancia, este error, ha provocado un daño incalculable. Has condenado la rabia, has condenado el orgullo, has condenado el odio, has condenado el apego... has condenado todo. Y has hecho todo eso sin comprender que esas características son simplemente transformaciones de las mismas cualidades que alabas. Has alabado la compasión y has condenado la rabia, sin comprender que la compasión es una forma transformada de la misma energía de la rabia. Has condenado el odio y has alabado el amor, sin comprender que la energía que aparece como odio se puede transformar y puede reaparecer como amor. La energía que hay detrás de ambas no es diferente. Has condenado el orgullo y has alabado la humildad. Entre las dos cosas no hay ningún conflicto, son dos aspectos de la misma energía. Si las cuerdas de la veena están demasiado flojas o demasiado tensas y las toca un músico, el sonido que salga no será musical, causará molestia en los oídos y asustará a la mente. Para protestar por este sonido discordante, una persona puede enfadarse, romper las cuerdas de la veena y tirar la veena, pero no debe olvidar que afinándolo podría haber conseguido armoniosos sonidos en ese mismo instrumento. El sonido discordante no es por culpa de la veena, el error ha sido no afinarla. Si se hubiese afinado la veena con las mismas cuerdas que producen un sonido discordante también se podía haber creado música que fuera como un bálsamo para el alma. Las notas musicales o no musicales surgen de las mismas cuerdas -aunque esto parezca absolutamente contradictorio y los resultados serán opuestos. Uno de ellos te conducirá a un estado de dicha y el otro te conducirá a un estado de infelicidad, pero las cuerdas y el instrumento son los mismos. La rabia surge del corazón del hombre cuando éste no está equilibrado. Si el mismo corazón se equilibra, la energía que al principio es rabia empieza a transformarse en compasión. La compasión es la transformación de la rabia. Si un niño nace sin rabia nunca aparecerá la compasión en la vida de ese niño. Si no hay posibilidad de rabia en el corazón de un niño tampoco habrá posibilidad de amor. Pero hasta ahora has vivido con la ilusión de que estos sentimientos son contradictorios y si destruyes uno se impondrá el otro. Eso es absolutamente erróneo. No puede haber una enseñanza más peligrosa que ésta, no es psicológica y es muy poco inteligente. La compasión no nace de la destrucción de la rabia, nace de la transformación de la rabia. La compasión no es la destrucción de la rabia, es la rabia que se ha afinado y tiene musicalidad. Si te opones a la rabia e intentas destruirla estarás intentando destruir el instrumento musical. Y al destruirlo, tu desarrollo será muy débil y frágil; no podrán desarrollarse en ti ninguna de las cualidades del corazón. Es como si una persona echase fertilizante alrededor de su casa -esparciendo la tierra y el mal olor por todas partes- para que florezcan las flores. Pero en vez de la fragancia de las flores sólo tendrá el mal olor del fertilizante y su vida se volverá inaguantable. Seguro que con el fertilizante florecerán las flores, pero no basta con amontonado alrededor de la casa. El fertilizante tiene que experimentar una transformación. Debe entrar en las plantas a través de las raíces y un día el fétido olor del fertilizante se convertirá en la fragancia de las flores. Pero si alguien simplemente amontona fertilizante alrededor de su casa, el olor le volverá loco y si no echa fertilizante, sus flores se quedarán marchitas y pálidas. La transformación del fertilizante puede convertir un fétido olor en una fragancia. Esta misma química, esta misma alquimia recibe el nombre de yoga, religiosidad. El arte de transformar todo lo insignificante que hay en la vida en algo significativo es religión. Pero lo que estás haciendo en nombre de la religión es cometer un suicidio, no estás transformando tu consciencia. Estás viviendo con algunos malentendidos básicos, la sombra de una gran maldición se cierne sobre ti. Tu corazón sigue sin desarrollarse porque has condenado las cualidades básicas del corazón. Será necesario que entiendas esto en profundidad. Si una persona crece correctamente, la rabia tendrá una parte importante de su vida. La rabia tiene su propia belleza. Si es eliminada, el cuadro de la vida de un hombre, en algún sentido, estará incompleto, faltarán algunos colores. Si desde la infancia empiezas a enseñar a los niños a reprimir determinadas características, el resultado de reprimir esas características es que el niño, poco a poco, reprimirá todo lo que tú llamas malo, él mismo lo reprimirá en su interior. Y un corazón reprimido se vuelve débil, pues sus cuerdas no están afinadas correctamente. Esta represión ocurrirá en la mente, porque tu educación no va más allá de la mente. Cuando les dices a los niños que la rabia es mala, esta enseñanza no llega hasta el corazón. El corazón no tiene oídos para escuchar y no tiene palabras para pensar. Esta enseñanza va a la mente y la mente no puede cambiar el corazón. Aquí es cuando surge el problema: el centro de la mente piensa que la rabia está mal, pero el centro del corazón no; no tiene conexión con la mente. Todos los días te enfadas, todos los días te arrepientes y decides no volver a enfadarte, pero a la mañana siguiente te despiertas y te vuelves a enfadar. Te sorprendes porque has decidido no enfadarte muchas veces, pero sigue sucediendo. -No sabes que el centro que se enfada es diferente al centro de la mente. El centro que decide: «No me voy a enfadar», es absolutamente distinto al centro que se enfada. Son dos centros completamente distintos. Así que las decisiones y el arrepentimiento no tienen ningún efecto sobre tu enfado, sigues enfadándote, sigues lamentándolo y sigues sintiéndote molesto por ello. No entiendes que esos dos centros están tan separados que la decisión que toma uno no llega hasta el otro... y el hombre se va desintegrando por dentro...". El centro del corazón funciona de una determinada manera y necesita ciertas cosas para desarrollarse. Si la mente interfiere con ese centro se trastornará y se volverá caótica. El centro del corazón de todo el mundo es absolutamente caótico, está absolutamente trastornado. Sin duda, lo primero que hacer es transformar la rabia pero no destruirla. La primera llave para tensar las cuerdas del corazón es desarrollar todas las cualidades del corazón; no se debería destruir ninguna de estas cualidades. Quizá estés un poco perplejo: ¿es necesario desarrollar la rabia? Yo te digo que inevitablemente uno tiene que desarrollar la rabia, porque un día la rabia podrá transformarse en compasión. Si no, nunca surgirá la compasión. Si lees la historia de los seres más compasivos de la tierra encontrarás que en sus primeros años fueron personas llenas de rabia. La rabia tiene su propia dignidad y su propio orgullo. Si lees la historia de los grandes célibes que han existido en el mundo verás que en sus primeros años fueron muy sexuales. Gandhi se volvió un gran célibe, como resultado de haber sido muy sexual cuando era joven. Cuando el padre de Gandhi estaba muriendo, los médicos le dijeron gue su padre no podría pasar de esa noche, pero Gandhi no pudo separarse de su mujer ni siquiera esa noche. Era la última noche de vida de su padre, habría sido natural que estuviese con él. Era el último adiós, no volvería a ver a su padre pero, en mitad de la noche, Gandhi se fue con su mujer. Su padre se murió mientras Gandhi estaba en la cama con su mujer. Esto provocó una gran conmoción en su mente; esta conmoción incitó a Gandhi al celibato. La conmoción transformó toda esa energía de una mente muy sexual en un deseo de celibato. ¿Cómo pudo suceder esto? Esto sucedió porque la energía siempre es neutra, sólo cambia la dirección. La energía que fluye hacia el sexo empieza a fluir en el sentido inverso. Cuando hay mucha energía ésta puede fluir en cualquier dirección, pero si no hay energía no se puede mover en ninguna dirección. ¿Qué es lo que se va a mover? Todas las energías deberían desarrollarse correctamente. La idea de la doctrina moral ha convertido al hombre en un ser desgraciado e impotente. En el pasado la gente experimentaba la vida de una forma más profunda que vosotros. Dos jóvenes de Rajput fueron a la corte del rey Akbar. Eran hermanos. Fueron a ver a Akbar y le dijeron: -Estamos buscando trabajo. Akbar dijo: -¿Qué sabéis hacer? -No sabemos hacer nada -respondieron-, pero somos valientes. Podrías necesitarnos. Akbar dijo: -¿Tenéis un título de valentía? ¿Qué pruebas me podéis dar de que sois valientes? Los dos se empezaron a reír y dijeron: -¿Existe algún título de valentía? ¡Somos valientes! Akbar respondió: -Sin un título no os puedo dar trabajo. Ellos se volvieron a reír. Desenvainaron sus espadas, y en un segundo habían traspasado el pecho uno del otro. Akbar se estremeció. Los dos jóvenes estaban tendidos en el suelo, había sangre por todas partes, ipero ellos se estaban riendo! -Akbar -dijeron-, ¿no sabes que el único título de valentía que puede haber es la muerte? No hay ningún otro título. Y los dos se murieron. A Akbar se le llenaron los ojos de lágrimas. Ni siquiera se había imaginado que pudiera suceder esto. Llamó a uno de los comandantes militares de Rajput y le dijo: -Ha ocurrido un grave accidente: se han matado dos muchachos de Rajput. iSólo les había pedido un certificado! El comandante le dijo: -Lo que les has pedido es un error. Esto habría hecho hervir la sangre a cualquier persona de Rajput. ¿Qué otro certificado de valentía puede haber más que la muerte? Sólo un cobarde o un miedoso podría tener un certificado que dijese que es valiente, en el que alguien certificase que es valiente. ¿Cómo puede presentar un hombre valiente un certificado de carácter? Has hecho la pregunta equivocada. No sabes cómo hablarle a alguien de Rajput. Lo que han hecho está bien, no tenían posibilidad de hacer otra cosa. Era la única alternativa. iQué rabia más intensa! iQué esplendor! Este tipo de personalidad tiene una grandiosidad incomparable. La humanidad ha perdido esas cualidades. Todo el esplendor, todo el coraje y la fuerza del hombre están siendo destruidos, iY creéis que le estáis dando una buena educación! Pero no es así; vuestros hijos están desarrollándose en una dirección equivocada, dentro de ellos no está creciendo nada verdaderamente humano. Un lama muy famoso escribió en su autobiografía: Cuando tenía cinco años, me mandaron a estudiar a una universidad. En esa época sólo tenía cinco años. Por la noche mi padre me dijo que me mandarían a la universidad a la mañana siguiente. -No estaremos ni tu madre ni yo para despedirte -me dijo-. Tu madre no estará aquí porque se echaría a llorar, y si la vieras llorar, te girarías y dejarías de avanzar, y en nuestra familia ningún hombre se ha vuelto a mirar atrás. Yo tampoco estaré porque si te vuelves, aunque sólo sea una vez, cuando estés montado a caballo, dejarás de ser mi hijo y las puertas de esta casa se cerrarán para ti para siempre. Los sirvientes se despedirán de ti mañana por la mañana. Recuerda, no te vuelvas a mirar atrás después de haberte subido al caballo. En nuestra familia nunca ha habido nadie que se volviera a mirar. ¿Cómo se puede esperar tanto de un niño de cinco años? Despertaron al niño de cinco años a las cuatro de la mañana y lo montaron en un caballo. Los sirvientes se despidieron de él. Cuando se marchaba, uno de los sirvientes le dijo: -Hijo mío, ten cuidado. Te podemos ver hasta que llegues al cruce, tu padre te está vigilando desde arriba. No te vuelvas hasta que no llegues al cruce. Todos los niños de esta casa se han ido así y ninguno se ha vuelto para mirar atrás. Y el sirviente también le dijo: -El lugar al que te llevan no es una universidad cualquiera; los hombres más importantes del país han estudiado ahí. Tendrás un examen de ingreso muy difícil. Pase lo que pase, intenta aprobar el examen de ingreso porque si suspendes no habrá un sitio para ti, en esta casa. iQué dureza para un niño de cinco años! Se sentó en el caballo, y en su autobiografía escribió que mientras estaba sentado en el caballo «se me empezaron a caer las lágrimas pero, ¿cómo iba a volverme para mirar a la casa, a mi padre? Estaba partiendo hacia lo desconocido, era muy pequeño, pero no podía mirar atrás, porque en mi familia nunca se había vuelto nadie para mirar atrás. Si mi padre me viera, me prohibirían volver a entrar en mi casa. De modo que me controlé y miré hacia delante, nunca me volví para mirar atrás". Se está produciendo algo dentro de este niño. Se está despertando una fuerza de voluntad, una energía vital, para fortalecer su centro del ombligo. Su padre no estaba siendo duro, sino muy cariñoso. Y todos los padres y madres que aparentemente son cariñosos no lo son: están debilitando los centros internos de sus hijos. No están creando dentro de ellos ninguna fuerza, ninguna firmeza. El niño llegó al colegio. Tenía cinco años y no se sabía cuáles iban a ser sus aptitudes. El director del colegio dijo: -El examen de ingreso es muy difícil. Siéntate cerca de la puerta con los ojos cerrados y, pase lo que pase, no los abras hasta que yo vuelva. Éste es tu examen de ingreso. Si abres los ojos te volveremos a mandar a casa, porque alguien que ni siquiera tiene dentro de sí la fuerza para estar sentado con los ojos cerrados un rato no puede aprender nada. La puerta del aprendizaje estará cerrada porque no vales para esto. Entonces podrás dedicarte a otra cosa. Que le digan todo esto a un niño de cinco años... Se sentó al lado de la entrada con los ojos cerrados. Le empezaron a molestar las moscas, pero sabía que no podía abrir los ojos porque si lo hacía la prueba habría terminado. Los demás niños entraban y salían del colegio; uno le empujaba, otro le molestaba, pero había decidido no abrir los ojos; si no, no le valdría de nada todo esto. Y se acordó de cuando los sirvientes le dijeron que si suspendia el examen de ingreso la casa de su padre se cerraría para siempre para él. Pasó una hora, pasaron dos horas, estaba con los ojos cerrados y tenía miedo de abrirlos aunque fuese por equivocación. Tuvo muchas tentaciones de abrir los ojos: en la calle había movimiento, los niños correteaban alrededor, las moscas le estaban acosando, había niños que le empujaban y le tiraban piedrecitas. Tenía ganas de abrir los ojos para ver si había vuelto su maestro. Pasó una hora, pasaron dos horas, tres horas, cuatro horas, ¡estuvo sentado así durante seis horas! Al cabo de seis horas volvió el maestro y le dijo: -Hijo mío, tu examen de ingreso ha terminado. Ven, te convertirás en un joven con una gran fuerza de voluntad. Tienes firmeza para hacer lo que quieras. Poder sentarte con los ojos cerrados durante cinco o seis horas es una gran hazaña a tu edad. El maestro le abrazó y le dijo: -No te preocupes, les hemos dicho a esos niños que te atosigaran. Les hemos dicho que te molestaran un poco para que tuvieses la tentación de abrir los ojos. El lama escribió: «En aquella época, yo creía que me estaban tratando con crueldad, pero ahora, al final de mi vida, estoy totalmente agradecido a esas personas que fueron duras conmigo. Despertaron algo en mí, se activó una fuerza que estaba latente en mí». Vosotros estáis haciendo lo contrario. Decís: «No os enfadeis con los niños, no les peguéis». Ahora, en todo el mundo se ha descartado absolutamente el castigo físico. No se le puede pegar a un niño, no se le puede castigar físicamente. Esto no es muy sensato porque se castiga por amor, no por enemistad. A los niños que han recibido algún tipo de castigo se les despiertan los centros. La columna vertebral se endereza y fortalece. Surge en ellos una firmeza. Nacen también la rabia y el orgullo, y nace una fortaleza interna que se puede desarrollar. Estamos creando gente sin columna vertebral, que sólo puede reptar sobre la tierra y no volar por el cielo como si fuesen águilas. Estamos creando un ser humano sin columna vertebral que repta y se arrastra. Y creemos que lo hacemos por compasión, por amor y por moralidad. Enseñas al hombre a no enfadarse, le enseñas a no expresar intensidad, le enseñas a ser débil y a no tener carácter. En la vida de un hombre como éste no puede haber alma. Un hombre así no puede tener alma porque no puede tener los sentimientos intensos del corazón que son necesarios para el alma. Hubo un rey musulmán, Omar. Había tenido grandes dificultades, había estado en guerra con un hombre durante doce años. En la última batalla mató al caballo de su enemigo, tiró al hombre al suelo y se sentó encima de su torso. Levantó la espada y estaba a punto de clavársela en el pecho a su enemigo cuando éste le escupió en la cara. Ornar se levantó y tiró su espada. Su enemigo estaba sorprendido y dijo: -Ornar, después de doce años por fin tienes la oportunidad de matarme. ¿Por qué la pierdes? Omar respondió: -Pensaba que eras digno de ser mi enemigo, pero al escupirme en la cara me has demostrado que eres tan ruin que no tiene sentido que te mate. La ruindad que has demostrado no es una característica de un hombre valiente. Yo pensaba que estabas a mi altura, por eso he continuado esta guerra desde hace doce años. Pero cuando estaba a punto de matarte con la espada me has escupido, y ése no es el comportamiento de un hombre valiente. Si te mato, estaré cometiendo un pecado. ¿Qué dirá el mundo si mato a alguien tan débil capaz de escupirme en la cara? Se acabó el asunto. No vaya cometer un pecado matándote. Era una gente maravillosa. La invención de las armas y proyectiles modernos ha destruido todo lo que era significativo en los seres humanos. Las batallas cuerpo a cuerpo tenían su propio valor. Sacaban a relucir todo lo que estaba escondido en cada persona. Hoy en dia, ningún soldado lucha directamente, simplemente lanza una bomba desde un avión. Esto no tiene nada que ver con la valentía, no tiene nada que ver con las cualidades internas; simplemente, se sienta y aprieta el botón de una ametralladora. La posibilidad de despertarse que está oculta en el ser interno de un hombre es cada vez menor, y no es sorprendente que el hombre se haya vuelto tan frágil y débil. Su auténtico ser no se puede desarrollar. Todos los elementos de su interior no se pueden unir y expresar, manifestar. Nuestros sistemas educativos son sorprendentes. En mi opinión, en el hombre habría que desarrollar intensa y considerablemente todas las cualidades del corazón; ésta debería ser la prioridad. Únicamente puede haber transformación si hay un desarrollo considerable. Las transformaciones tienen lugar cuando se llega a puntos extremos, ninguna transformación sucede en puntos inferiores. Si se calienta agua, no se evapora cuando está tibia. El agua tibia sigue siendo agua, pero a cien grados, cuando el agua alcanza su temperatura máxima, entonces tiene lugar la transformación y el agua empieza a evaporarse. El agua se convierte en vapor a los cien grados, y no antes. El agua tibia no se convierte en vapor. Vosotros sois gente tibia, no puede haber ninguna transformación en vuestras vidas. Deberíais desarrollar al máximo las cualidades de vuestra mente y vuestro corazón; sólo así podrá tener lugar en ellos una revolución. Sólo así podrá haber un cambio. Cuando la rabia tiene intensidad se puede transformar en compasión, y no de otra manera. Pero sois enemigos de la rabia, de la ambición, de la pasión, y así es como os convertís en personas tibias. La vida se mantiene tibia y no puede haber ninguna transformación. Esta tibieza ha tenido un tremendo efecto negativo en los seres humanos. En mi visión, lo primero que hay que entender es que todas las cualidades de vuestra personalidad, de vuestro corazón, deben desarrollarse correctamente. La rabia intensa tiene una belleza propia que quizá no sea evidente para vosotros. La rabia intensa tiene brillo, tiene energía, tiene significado. Contribuye, a su manera, a la personalidad. Todos los sentimientos del corazón deberían desarrollarse intensamente. El primer punto es que habría que desarrollar, y no destruir, las cualidades del corazón. ¿Cuál es el segundo punto? El segundo punto es que debería haber observación, pero no represión. Cuanto más reprimes los sentimientos del corazón, más inconscientes se vuelven. Perdemos de vista todo lo que reprimimos, se oculta en la oscuridad. Se deberían considerar atentamente todas las energías del corazón. Si estás enfadado, no intentes reprimirte cantando «Rama, Rama». Si estás enfadado, siéntate solo en un cuarto, cierra la puerta y medita sobre la rabia. Observa la rabia en su totalidad. «¿Qué es la rabia? ¿Cuál es la energía de esta rabia? ¿Dónde surge la rabia? ¿Por qué surge? ¿Cómo rodea mi mente y me influencia?». En la soledad, medita sobre la rabia. Observa la rabia totalmente, compréndela, reconócela, ¿de dónde viene, por qué surge? Después, poco a poco, te convertirás en el amo de la rabia. Y la persona que se convierte en amo de su rabia tiene un gran poder, una gran fuerza. Se vuelve fuerte, se vuelve su propio amo. No es una cuestión de luchar con la rabia, es una cuestión de conocer la rabia, porque recuerda, no hay mayor energía que el conocimiento y no hay mayor estupidez que luchar contra nuestra propia energía. La persona que lucha contra su propia energía está cometiendo el mismo error que la persona que se pelea contra sus propias manos. Si una mano se pelea con la otra no podrá ganar ninguna mano porque las dos pertenecen a la misma persona. La energía está fluyendo en las dos manos, y si hay una pelea entre esas dos manos se disipará la energía, no habrá posibilidades de ganar. En esta clase de pelea serás derrotado. Malgastarás toda tu energía. ¿De quién es la energía que está en el enfado? Es tu propia energía. La energía es tuya, pero tú eres el único que está luchando con ella. Si te divides y luchas seguirás rompiéndote, te desintegrarás, no serás una persona íntegra. Una persona que lucha consigo misma no podrá obtener nada en la vida más que derrota. No puede haber nada más, es imposible. No luches. Conoce tu propia energía, reconócela y familiarízate con ella. La segunda parte no es la represión sino la observación. No reprimas; No reprimas ninguna energía que surja en ti. Eres un cúmulo de energías desconocidas. Eres el centro de energías muy desconocidas con las que no estás familiarizado, de las que no tienes conocimiento. Hace miles de años, cuando caía un relámpago sobre la tierra, el hombre tenía miedo. Unía las manos y decía: «iOh Dios!" ¿Te has enfadado? ¿Qué ha pasado? Estaba asustado y el relámpago era un motivo de miedo. Pero hoy conocemos la electricidad, la dominamos; así que no es un motivo de miedo, al contrario, se ha convertido en un sirviente: Da luz a todas las casas, permite tratar a los enfermos y funcionar a las máquinas. Toda la vida del hombre está influenciada por la electricidad y pasa a través de ella; El hombre se ha vuelto el amo de la electricidad. Pero durante miles de años tuvo miedo de ella porque no sabía lo que era. Cuando conocimos lo que era nos convertimos en su amo. El conocimiento te convierte en el amo. En tu interior hay muchas energías despiertas que brillan y son más considerables que la electricidad. La rabia brilla, el odio brilla, el amor brilla. Tienes miedo de lo que ocurre porque no conoces todas estas energías. Convierte tu vida en un laboratorio interno y empieza a conocer las energías que hay en tu interior, obsérvalas, reconócelas. Nunca las reprimas, ni siquiera sin hacerlo intencionadamente. No tengas miedo ni por equivocación; intenta conocer todo lo que hay en tu interior. Si sientes rabia, considérate afortunado y agradéceselo a la persona que te ha hecho enfadar, te ha dado una oportunidad, en tu interior ha surgido una energía y ahora puedes observarla. Contémplala en silencio, en soledad; intenta descubrir lo que es. Cuanto mayor sea tu conocimiento, más profunda será tu comprensión. Cuanto más seas el amo de tu rabia, más te darás cuenta de que está bajo tu control. El día que te conviertas en el amo de tu rabia será el día que puedas transformarla. Sólo puedes transformar aquello que dominas no puedes cambiar lo que no dominas. Y recuerda, nunca podrás dominar algo contra lo que estás luchando porque es imposible ser el amo de un enemigo; sólo puedes ser el amo de un amigo. Si te vuelves enemigo de las energías que hay en tu interior nunca podrás convertirte en el amo. Sin amor y amistad nunca podrás vencer. No tengas miedo ni condenes el tesoro infinito de las energías que hay en tu interior. Empieza a conocer aquello que está oculto en tu interior. Dentro del ser humano hay muchas cosas ocultas... son ilimitadas. Todavía no estamos ni en los comienzos de la humanidad. Tal vez dentro de diez o veinticinco mil años la humanidad esté tan alejada de nosotros como lo están ahora los monos. Puede desarrollarse una raza totalmente nueva, porque hasta ahora no tenemos ni idea de todas las energías que hay dentro del hombre. Los científicos dicen que aproximadamente la mitad del cerebro humano no se usa absolutamente para nada, está inutilizado. Sólo se usa una pequeña parte del cerebro y el resto se desperdicia. La parte restante no puede ser inútil, porque en la naturaleza no hay nada inútil. Quizá cuando la experiencia y el conocimiento del hombre aumenten, la parte inútil se vuelva activa y empiece a funcionar. Entonces, lo que el hombre sea capaz de saber superará toda imaginación. Si un hombre está ciego no existe nada parecido a la luz en su vida. Para él, la luz no existe. Si no tiene ojos no hay luz. Los animales que no tienen ojos ni siquiera saben que existe la luz en el mundo. Ni siquiera pueden imaginárselo, ni siquiera pueden soñar que existe la luz. Tenemos cinco sentidos. ¿Quién sabe? Si tuviésemos un sexto sentido quizá pudiésemos saber que existen muchas más cosas en el mundo. Y si tuviésemos siete sentidos sabríamos todavía más cosas. ¿Quién sabe cuáles son los límites de nuestros sentidos y lo extensos que pueden llegar a ser? Sabemos muy poco y vivimos aún menos. Cuanto más sepamos acerca de lo interior, cuanto más podamos penetrar en lo interior, cuanto más nos familiaricemos con lo interior, más se desarrollarán nuestras energías vitales y cristalizará nuestra alma. La segunda llave que tenemos que tener en cuenta es no reprimir ninguna de nuestras energías: deberíamos conocerlas, reconocerlas, examinarlas y verlas. A partir de esto tendrás una experiencia muy sorprendente: si intentas examinar el miedo, si te sientas en silencio y lo analizas profundamente, el miedo desaparecerá. Cuando observas el miedo, éste desaparece. Si cuando surge una necesidad sexual en tu mente la observas, te darás cuenta de que desaparece. Te darás cuenta de que esta sexualidad surge en el inconsciente y desaparece al observarla. Entonces comprobarás que has descubierto un método sorprendente: has descubierto que la rabia, el sexo y la avaricia sólo te pueden dominar cuando eres inconsciente. Cuando las observas, cuando te das cuenta de que existen, desaparecen. Un amigo mío tenía un problema con la rabia: -Estoy muy molesto por esta cuestión -dijo-, y el poco control que tengo sobre la rabia. Enséñame un método para controlarla sin tener que hacer algo por mi cuenta, porque estoy a punto de rendirme, no creo que pueda hacer nada. No creo que pueda deshacerme de la rabia con mi propio esfuerzo. Le di un papel en el que había escrito estas palabras: «Ahora me estoy enfadando». -Pon este papel en tu bolsillo -le dije- y cada vez que te enfades sácalo, léelo y vuélvelo a guardar. Y le dije: -Es lo menos que puedes hacer, es lo mínimo; no puedo darte menos para hacer. Lee este papel y vuelve a guardarlo en tu bolsillo. Él dijo que lo intentaría. Al cabo de dos o tres meses, cuando me lo volví a encontrar, le dije: -¿Qué tal te ha ido? -Estoy asombrado -respondió-. Ese papel ha funcionado como si fuese un mantra. Siempre que me enfado lo saco. En cuanto lo saco, mis manos y mis pies se quedan adormecidos. Cuando meto la mano en el bolsillo me doy cuenta de que me estoy enfadando, y hay algo que se relaja en mí; de repente desaparece el poder que la rabia tenía sobre mí. En cuanto meto la mano en el bolsillo, se relaja y ya ni siquiera necesito leer el papel. Cuando siento que me enfado, empiezo a ver el papel que está en el bolsillo. ¿Cómo es posible que haya podido tener ese efecto el papel? ¿Cuál es el secreto? -me preguntó. -No hay ningún secreto -le dije-. Es sencillo: siempre que eres inconsciente se fortalecen las perversiones, los desequilibrios y el caos de la mente. Pero cuando te das cuenta, todo eso desaparece. La observación tiene dos resultados: en primer lugar, desarrollas el conocimiento de tus propias energías, y ese conocimiento te convierte en el amo; y en segundo lugar, disminuye el poder que esas energías tienen sobre ti. Poco a poco, verás que primero aparece la rabia y después la observas; al cabo de un tiempo, gradualmente empezarás a notar que cuando aparece la rabia aparecerá la atención a la vez. Finalmente, verás que cuando está a punto de aparecer la rabia ya está ahí la atención. El día que aparezca la atención antes que la rabia ya no será posible que surja la rabia. Observar las cosas antes de que ocurran tiene un valor. No tiene valor el lamentarlo, porque esto sucede después y ya no se puede hacer nada. Llorar y lamentarse después es inútil, porque es imposible deshacer lo que ha sucedido. No hay posibilidad de volver atrás, no hay ningún camino, ninguna puerta. Pero lo que todavía no ha sucedido se puede cambiar. Lamentar algo no es más que sentir pena por algo que ya ha sucedido. No tiene sentido, no es en absoluto inteligente. Te enfadas, eso es un error; y ahora lo lamentas, es otro error más. Te estás alterando innecesariamente. No tiene ningún valor. Lo que necesitas es estar atento de antemano. Esa atención se irá desarrollando a medida que observes las emociones del corazón. La segunda llave es observar y no reprimir. Y la tercera llave es la transformación. Todas las cualidades del corazón se pueden transformar. Todo tiene muchas formas, todo puede transformarse en la forma contraria. No hay ninguna cualidad ni energía que no pueda desviarse hacia la bondad, hacia la bendición. Recuerda, lo que se puede volver malo siempre se puede volver bueno; lo que se puede volver perjudicial siempre se puede volver provechoso. Provechoso y perjudicial, bien y mal, sólo son direcciones. Sólo se trata de transformar cambiando la dirección, y las cosas serán diferentes. Un hombre estaba corriendo en dirección contraria a Delhi. Se detuvo y le preguntó a alguien: -¿A qué distancia está Delhi? El hombre respondió: -Si sigues corriendo en la misma dirección que vas, tendrás que dar la vuelta al mundo antes de llegar a Delhi ¡porque ahora mismo estás yendo en dirección contraria! Sin embargo, si te das la vuelta, Delhi es la ciudad más cercana. Sólo es cuestión de darse la vuelta. En la dirección que corría el hombre habría tardado mucho en llegar a Delhi, pero dando un giro de 180 grados ya estaría allí. Si sigues en la misma dirección que vas ahora no llegarás a ninguna parte. No puedes llegar a ninguna parte aunque des la vuelta entera a la tierra. Porque la tierra es pequeña y la mente es gigantesca; el hombre puede dar la vuelta a la tierra, pero dar la vuelta a la mente es imposible; la mente es vasta, es infinita. Puedes dar toda la vuelta a la tierra -el hombre puede llegar de nuevo a Delhi-, pero la mente, es mucho más grande que la tierra, y dar la vuelta a su alrededor es un viaje muy largo. La tercera cuestión que debemos tener en cuenta es tener la inteligencia para realizar un cambio de sentido completo, un cambio - de dirección completo. El sentido en el que vas ahora está mal. ¿Cuál es la prueba de que algo está mal? La prueba de que algo está mal es que cuanto más te mueves, más vacío estás; cuanto más te mueves; más triste estás; cuanto más te mueves, más inquieto estás; cuanto más te mueves, más lleno de oscuridad estás. Si ésta es tu situación, sin duda estás moviéndote en la dirección equivocada. El único criterio de tu vida es la dicha. Si tu vida no es dichosa, entonces debes saber que te estás moviendo mal. El sufrimiento es el criterio de que estás yendo mal, y la dicha es el criterio de que estás yendo bien; no hay ningún otro criterio. No hace falta leer escrituras ni preguntarle a ningún gurú. Lo único que necesitas saber es si eres cada vez más dichoso, si tu dicha es cada vez más profunda. Si lo es, estás yendo en la dirección correcta. Y si aumenta el sufrimiento, el dolor y la angustia, significa que estás yendo en la dirección equivocada. No se trata de creer en alguien, se trata de fijarte en tu propia vida diaria y ver si estás más triste o más dichoso. Si te lo preguntas a ti mismo, no tendrás ninguna dificultad. La gente mayor dice que su infancia fue muy feliz. ¿Qué significa esto? ¿Han crecido de una forma equivocada? La infancia, la época de la felicidad, fue el principio de su vida, y ahora, al final de su vida, están tristes. El comienzo fue feliz y el final es triste...; esto significa que la vida ha ido en una dirección equivocada. Debería haber sucedido lo contrario. Lo que debía haber sucedido es que la felicidad de la infancia debería haber aumentado día a día a medida que el ser humano crecía. Entonces, al ser mayor, diría que su infancia fue la época más difícil porque era el principio de la vida, la primera etapa. Si un estudiante va a estudiar a la universidad y después dice que, poco a poco, los conocimientos que tenía cuando empezó a estudiar han ido desapareciendo, entonces le preguntaríamos: «¿No estás aprendiendo? ¿No estás adquiriendo conocimientos? Eso es muy raro». Si hubiese dicho que era más ignorante antes de empezar sus estudios, lo habríamos entendido. Naturalmente, después de haber estudiado algunos años, un estudiante debería saber más y no menos. Pero decir que sabe menos suena muy raro. La gente siempre dice que eran más felices cuando eran niños. Los poetas cantan canciones a una infancia dichosa. Deben estar locos. Si la infancia fue dichosa, ¿significa esto que como estás triste ahora, has desperdiciado tu vida? Habría sido mejor que te hubieses muerto en la infancia, al menos te habrías muerto lleno de dicha. Ahora morirás triste. De modo que los que se mueren en la infancia son afortunados. Cuanto más vive una persona, más debería aumentar su alegría, pero tu alegría disminuye. Los poetas no se equivocan en lo que dicen; están compartiendo su experiencia vital. Tienen razón. Tu alegría va disminuyendo. Todo va disminuyendo día a día cuando en realidad debería ir aumentando. De modo que te estás desarrollando en la dirección equivocada. La dirección de tu vida está mal, tu energía está mal. Uno debería estar siempre vigilante, cuestionárselo constantemente; uno debería tener claros estos criterios. Si los criterios están claros y ves que te estás moviendo en una dirección equivocada, entonces nadie, excepto tú mismo, te está impidiendo ir en la dirección correcta. Una noche dos monjes llegaron a su cabaña. Habían estado viajando durante cuatro meses, pero ahora, como era la época de las lluvias, habían regresado a su cabaña. Pero cuando llegaron, el monje más joven que iba por delante de repente se enfadó y se puso triste; el viento y las tormentas habían arrancado media cabaña y sólo quedaba la otra media. Habían vuelto después de seis meses con la esperanza de que podrían descansar en la cabaña y reguardarse de la lluvia, pero ahora iba a ser difícil. Media cabaña se había derrumbado y la mitad del tejado había sido arrancada por el viento. El joven monje le dijo a su viejo compañero: -iEsto es demasiado! Estas son las cosas que me hacen dudar de la existencia de Dios. Los pecadores tienen palacios en las ciudades y no les pasa nada, pero las cabañas de los pobres como nosotros que pasan el día y la noche rezando están destruidas. iDudo que exista Dios! ¿Será verdad este tema de la plegaria, o nos estaremos equivocando? Quizá sea mejor pecar, porque los palacios de los pecadores están sanos y salvos; sin embargo, el viento se ha llevado las cabañas de los que rezan. El joven monje estaba lleno de rabia y maldición, y sentía que todas sus plegarias eran inútiles. Pero su viejo compañero alzó las manos unidas hacia el cielo y se le empezaron a saltar las lágrimas de los ojos. El joven estaba sorprendido: -¿Qué haces? -le preguntó. El anciano dijo: -Estoy dando graciás a Dios, porque quién sabe lo que podia haber hecho el viento. Se podía haber llevado toda la casa, pero Dios debe haber interpuesto algún obstáculo y, de ese modo, se ha salvado la mitad de nuestra cabaña. Dios también se preocupa por nosotros los pobres, deberíamos darle gracias. Ha escuchado nuestras plegarias, nuestras oraciones no han sido en vano; si no, se habría volado todo el tejado. Esa noche los dos durmieron, pero como os podéis imaginar, durmieron de formas diferentes. El que estaba lleno de rabia y furor, el que pensaba que sus plegarias habían sido inútiles, se estuvo cambiando de postura toda la noche y tuvo toda clase de pesadillas y preocupaciones rondándole la mente. Estaba preocupado. Había nubes en el cielo. Estaba a punto de empezar a llover. Se había volado la mitad del techo y se podía ver el cielo. Mañana empezaría a llover, ¿qué pasaría? El otro durmió profundamente. ¿Quién más puede dormir tan plácidamente sino la persona cuyo ser está lleno de gratitud y agradecimiento? Se levantó por la mañana y empezó a bailar y a cantar una canción. La canción decía: «Oh Dios, no sabíamos que pudiese haber tanta dicha en una cabaña decrépita. Si lo hubiésemos sabido antes, no habríamos molestado a tus vientos, nosotros mismos habríamos quitado la mitad del tejado. Nunca he dormido tan lleno de dicha. Como faltaba la mitad del tejado, cuando abría los ojos por la noche podía ver las estrellas y las nubes acumulándose en tu cielo. Y ahora que están a punto de comenzar las lluvias, todavía será más bonito porque, sin medio tejado, podremos oír la músicá de tus gotas de lluvia con mucha más claridad. Hemos sido unos idiotas. Hemos pasado muchas estaciones de las lluvias resguardándonos dentro de la cabaña. No teníamos ni idea de la alegría que era estar al descubierto bajo el cielo y el viento y la lluvia. Si lo hubiésemos sabido, no habríamos molestado a tus vientos; nosotros mismos habríamos levantado el tejado». El joven preguntó: -¿Qué es lo que estoy escuchando? ¿Qué tontería es esa? ¿Qué locura es esa? ¿Qué estás diciendo? -El anciano dijo: -He analizado las cosas en profundidad, y mi experieqcia me dice, que todo lo que nos hace más felices es la dirección correcta en la vida para nosotros, y todo lo que nos hace sufrir más es la dirección equivocada. Le he dado gracias a Dios y mi dicha ha aumentado. Tú te has enfadado y tu aflicción ha aumentado. Anoche estabas inquieto, yo he dormido plácidamente. Ahora puedo cantar una canción mientras tú estás a punto de explotar de rabia. Entendí muy pronto que la dirección correcta es aquella en la que la vida se vuelve más dichosa y he enfocado toda mi consciencia en esa direccióm No sé si Dios existe o no. No sé si ha oído nuestras plegarias o no, pero la prueba es que estoy feliz y bailando, y tú estás llorando, enfadado y preocupado. Mi dicha es la prueba de que mi forma de vivir es correcta y tu aflicción es la prueba de que tu forma de vivir es equivocada. El tener tercer tema es analizar continuamente en qué dirección aumenta tu felicidad. No hace falta preguntarle a nadie. Puedes usar este criterio todos los días, en tu vida diaria. El criterio es la dicha. Es lo mismo que el criterio que se usa para analizar el oro frotándolo sobre una piedra; el orfebre tira todo lo que no sea puro, y guardará en su escondrijo todo lo que sea puro. Analiza todos los días usando el criterio de la dicha fíjate en lo que está bien y lo que está mal. Todo lo que esté mal puedes prescindir de ello, y todo lo que está bien se empezará a acumular como si fuese un tesoro. Estas son las tres llaves para la meditación matina. Será mejor que os sentéis guardando un poco de distancia entre vosotros. Nadie debería estar en contacto con nadie. Debéis entender dos cosas; volveré a explicarlo porque probablemente hayan llegado nuevos amigos. Lo que estamos haciendo es algo muy fácil y muy sencillo, pero a menudo las cosas fáciles parecen difíciles de hacer, porque no estás acostumbrado a hacer cosas fáciles. Estás acostumbrado a hacer cosas difíciles, no fáciles. En primer lugar, es muy fácil y sencillo permitir que tu cuerpo se relaje totalmente y estar un rato en silencio. Cierra los ojos lentamente. Y permanece sentado, sin hacer nada. Y en segundo lugar, escucha los sonidos que haya a tu alrededor en silencio, simplemente escucha. El escuchar empezará a producir dentro de ti un silencio y una profundidad. En Japón la palabra que usan para meditación es muy interesante. Lo llaman zazen. Zazen significa sentarse, no hacer nada. Significa eso y nada más: sentarse en silencio y no hacer nada. Es una palabra muy expresiva. Sentaos en silencio, sin hacer nada. Los ojos cerrados, los oídos abiertos para que puedan escuchar. Seguid sentados en silencio... seguid sentados en silencio. Mientras escucháis, veréis que surge en vuestro interior un profundo silencio y vacío. Debéis ir entrando dentro de ese vacío cada vez más, más y más. A través de la puerta de ese vacío un día podréis alcanzar la totalidad. A través de la puerta de ese vacío podréis alcanzar lo que es total. Y de ese modo, si os volvéis cada vez más silenciosos y escucháis a los pájaros y los sonidos que os rodean, un día empezaréis a oír el sonido de vuestro ser interno. Vamos a escuchar en silencio. Primero relaja totalmente el cuerpo. Después cierra los ojos suavemente. Baja lentamente los párpados, para que no sientas peso en los ojos. Cierra los ojos y relaja el cuerpo. Siéntate absolutamente en silencio, nos sentamos en silencio sin hacer nada. Sigue escuchando los sonidos que haya tu alrededor. Escucha sin hacer nada. Poco a poco, dentro de ti algo se quedará en silencio, algo se calmará. Sólo escucha... y te invadirá un silencio. Escucha en silencio durante diez minutos. Escucha absolutamente relajado. Escucha... la mente se ha quedado en silencio, la mente se ha quedado absolutamente en silencio, la mente se ha quedado en silencio, la mente se ha quedado en silencio. En silencio profundo... escucha todos los sonidos. Los pájaros cantan... escucha... CAPÍTULO OCHO. El Amor no Tiene un Yo. Amados míos: Esta noche es el último encuentro del campo de meditación y en este encuentro quiero mencionaros las últimas llaves. En la mente del hombre hay una enorme tensión, y esta tensión ha alcanzado un nivel próximo a la locura. Hay que relajar esa tensión. Y además el corazón del hombre está muy destensado. Las cuerdas de la veena de su corazón están destensadas; hay que tensarlas. Esta mañana os he dado varias llaves para tensar las cuerdas del corazón. Y ahora hablaremos de la última llave. Cuando las cuerdas del corazón están afinadas nace la mejor música posible de la veena de la vida del hombre. Una sociedad que ha perdido el corazón, una época o un período en el que todos los valores del corazón se han debilitado, han perdido todo lo bueno, lo verdadero y lo bello. Si queremos que entre en nuestra vida la bondad, la verdad y la belleza no hay otra forma de hacerlo que no sea afinando las cuerdas de la veena del corazón. El amor es la manera de afinar las cuerdas del corazón, la manera de llevar las cuerdas del corazón al espacio correcto en el que puede surgir la música. Por eso llamo «oración» al amor; llamo amor a la forma de alcanzar lo divino; llamo amor a "lo divino". La oración sin amor es falsa, hueca, no tiene sentido. Sin amor, las palabras de la oración no tienen ningún valor. Y sin amor, nadie que esté interesado en el viaje hacia lo divino será capaz de alcanzar lo supremo. El amor es la forma de hacer cantar a la veena del corazón. Tendrás que entender algunas cosas sobre el amor en sí. La primera ilusión es que todos creéis saber algo sobre el amor. Esta ilusión es muy perjudicial, porque nunca harás ningún esfuerzo para alcalzar o despertar aquello que crees conocer. Pero no eres consciente de que quien conoce el amor, ha adquirido simultáneamente la capacidad de conocer lo divino. Si conoces el amor, no te queda nada por conocer en la vida. Pero tal como eres, no sabes nada; te queda todo por saber. El amor que crees que es amor probablemente no lo es. Has llamado amor a otra cosa, y mientras sigas teniendo esta ilusión, mientras sigas teniendo la idea de que sabes todo sobre el amor; ¿cómo vas a poder buscarlo y hallarlo? Lo primero que debes entender es que no conoces el amor en absoluto. Una calurosa mañana, Jesús se detuvo bajo el árbol de un jardín. Hacía mucho calor y estaba cansado, así que se durmió bajo la sombra del árbol. Ni siquiera sabía a quien pertenecía la casa, el jardín o el árbol. Era el jardín de Magdalena, una prostituta muy bella de aquella época. Mágdalena miró por la ventana y vio a esta bella persona durmiendo debajo del árbol. Nunca había visto a un hombre tan bello. Del mismo modo que existe la belleza física, existe la belleza del alma. A menudo puedes ver la belleza física, pero la belleza del alma se puede ver en contadas ocasiones. Pero cuando aparece la belleza del alma, incluso el cuerpo más horrible se convierte en la flor más bella. Ella había visto muchas personas bellas, porque siempre había una multitud delante de su puerta y a menudo le costaba trabajo entrar en su propia casa. Magdalena fue atraída hacia el árbol como por un imán. Jesús estaba a punto de despertarse e irse; había terminado de descansar. Magdalena le dijo: -¿Me harías el favor de descansar dentro de mi casa? Jesús le dijo: -Ahora ya he terminado de descansar, y era tu árbol. Es hora de marcharme. Pero si alguna otra vez paso por aquí y estoy cansado seguramente descansaré dentro de tu casa. Magdalena se ofendió. Había rechazado a grandes príncipes en la puerta de su casa, y ahora que estaba invitando a un mendigo de la calle a descansar en su casa éste se negaba. Esto hirió sus sentimientos, de modo que dijo: -No, no voy a hacerte caso. Debes entrar, ¿ni siquiera puedes hacer eso para demostrarme tu amor? ¿Por que no vienes y descansas un rato en mi casa? Jesús dijo: -Por el mismo hecho de invitarme, ya he entrado en tu casa, porque, excepto en los sentimientos del corazón, ¿dónde está tu casa? Y si me preguntas «¿No me vas a demostrar ni siquiera un poco de amor?", entonces te diré que probablemente habrá habido mucha gente que te ha dicho «Te quiero», pero ninguno de ellos te ha querido, porque en lo más profundo de su ser estaban amando otra cosa. Y te puedo asegurar que yo soy una de las pocas personas que puede amarte y te ama, porque sólo puede amar aquel en cuyo corazón fluye el amor. Ninguno de vosotros puede amar porque dentro de vosotros no hay un flujo de amor. Cuando le dices a alguien: «Te quiero», en realidad no le estás dando amor, sino que se lo estás pidiendo. Todos estáis pidiendo amor. Y ¿Cómo puede dar amor alguien que lo está pidiendo? ¿Cómo pueden ser emperadores los mendigos? ¿Cómo pueden dar amor las personas que están pidiendo amor? Todos vosotros le pedís amor al otro. Vuestros seres son mendigos pidiéndole a alguien que os quiera. La mujer le pide amor al marido, el marido le pide amor a la mujer; la madre le pide al hijo, el hijo le pide a la madre; los amigos le piden amor a los amigos. Todos le pedis amor al otro sin daros cuenta de que el amigo al que le estáis pidiendo también está pidiendo amor. Sois como dos mendigos extendiendo vuestro cuencos de mendicante uno frente al otro. Siempre que alguien esté pidiendo amor no será capaz de darlo, porque el hecho de pedir es una señal de que dentro de él no hay una fuente de amor. Si no, ¿por qué lo tendría que pedir fuera? Sólo la persona que está por encima de la necesidad de pedir amor puede dar amor. El amor es compartir, no mendigar. El amor es un emperador, no un mendigo. El amor sólo sabe dar, no sabe nada acerca de pedir. ¿Sabes qué es el amor? El amor que se pide no puede ser amor. Y recuerda, si alguien pide amor en este mundo nunca recibirá amor. Una de las leyes fundamentales, una de las leyes eternas de la vida es: el que pide amor nunca lo recibirá. El amor sólo llama a la puerta de la casa donde ha desaparecido el deseo de amor. El amor empieza a llover sobre el techo de la persona que ha dejado de pedir amor. Pero no llueve sobre el techo de alguien que todavía está anhelando amor; el amor no fluye hacia un corazón necesitado. Un corazón necesitado no tiene el tipo de receptividad que hace posible que el amor entre. Únicamente un corazón que comparte, un corazón que da, tiene ese tipo de receptividad para que pueda llegar el amor a su puerta y decir: «Abre la puerta, ihe llegado!». ¿Alguna vez ha llamado el amor a tu puerta? No; porque, hasta ahora, no has sido capaz de dar amor. Y recuerda también que todo lo que das te volverá. Una de las leyes eternas de la vida es que todo lo que damos nos vuelve. El mundo entero no es más que un eco; das odio y recibes odio; das peligro y recibes peligro; maltratas a los demás y eres maltratado; si sacas espinas, recibes espinas. Todo lo que das, lo recibes de vuelta, te vuelve de infinitas formas. Y si compartes tu amor, recibirás amor de infinitas formas. Si no te ha vuelto el amor de infinitas formas, eso significa que no has dado amor. Pero, ¿cómo puedes dar amor? No tienes amor para dar. Si tienes amor, ¿entonces por qué estás mendigándolo de puerta en puerta? ¿Por qué os convertís en mendigos, yendo de un sitio a otro? ¿Por qué pedís amor? Había un faquir llamado Farid. La gente de su ciudad le dijo: -Farid, el emperador Akbar te tiene mucho respeto; pídele que abra una escuela en tu ciudad. Farid dijo: -Nunca le he pedido nada a nadie. Soy un faquir, sólo sé dar. La gente de la ciudad estaba muy sorprendida. -Siempre habíamos pensado que los faquires mendigaban -le dijeron-, pero tú dices que los faquires sólo dan. No entendemos estas cosas tan sutiles y tan serias. Por favor, haznos un favor: pídele a Akbar que nos abra una escuela. La gente de la ciudad era muy tenaz, de modo que por la mañana temprano Farid fue a ver a Akbar.
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Libro del Hara, EL CENTRO DEL SER . OSHO parte 7/9
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