EPISODE · May 7, 2014 · 1H 32M
Libro del Hara, EL CENTRO DEL SER . OSHO parte 8/9
from El Despertar de las Almas
Éste estaba rezando en su mezquita y Farid se colocó detrás de él. Cuando Akbar acabó sus oraciones, levantó las dos manos hacia el cielo y exclamó: -iOh Dios! Aumenta mi riqueza, aumenta mi tesoro, aumenta mi reino. Al oír esto, Farid se volvió para marcharse. Akbar se levantó y vio que Farid se estaba yendo. Corrió detrás de él y le preguntó: -¿Por qué has venido y por qué te vas? Farid le dijo: -Creía que eras un emperador, pero me he dado cuenta de que tú también eres un mendigo. Te iba a pedir una escuela para la ciudad, no sabía que tú también le pides a Dios que aumente tu riqueza y tu tesoro. No me parece bien pedirle algo a un mendigo. Creía que eras un emperador, pero ahora veo que eres un mendigo, de modo que me marcho. Sois todos mendigos, y vais pidiendo a los demás mendigos lo que ellos mismos no tienen. Nadie te puede dar amor. El amor puede surgir dentro de ti, pero no puedes obtenerlo del exterior. No existe ninguna tienda, ningún mercado, ningún vendedor que te pueda vender amor. El amor no se puede comprar a ningún precio. El amor es un florecimiento interno; surge de una energía latente en tu interior. Sin embargo, todos buscamos encontrar amor en el exterior. Todos buscamos encontrar amor en el amado, lo cual es una cosa absolutamente equivocada e inútil. Buscad: amor dentro de ti mismo. Ni siquiera te imaginas que puede haber amor en tu interior porque el amor siempre se ha asociado a la idea del amado. Tienes la idea de alguien en el exterior. Y como no recuerdas cómo puede surgir el amor dentro de ti, la energía del amor sigue latente. No te das cuenta de que, siempre estás pidiendo fuera algo que ya está dentro de ti. Y como lo estás pidiendo fuera, no miras en tu interior. De este modo; lo que podía haber surgido dentro, no surge nunca. El amor es el tesoro esencial con el que nace todo individuo. El hombre no nace con dinero, el dinero es una acumulación social. Pero el hombre nace con amor. Es un derecho de nacimiento, es su riqueza individual, está en su interior. Es un compañero que ha recibido con su nacimiento y que le acompañará toda su vida. Pero muy pocos tienen la suerte suficiente de mirar en su interior y busca dónde está el amor, ver cómo se puede encontrar y cómo se puede desarrollar. Naces, pero sigues sin descubrir tu riqueza. De hecho, nunca se explora en absoluto; vas mendigando en la puerta de los dernas, extendiendo tu mano porque quieres amor. En todo el mundo sólo hay un deseo: el amor. Y en todo el mundo sólo hay una queja: no tengo amor. Y cuando no tienes amor; acusas a los demás de ser culpables porque no recibes amor. La mujer le dice a su marido: «Te sucede algo, por eso yo no estoy recibiendo amor». El marido le dice a su mujer: «Te sucede algo, por eso no estoy recibiendo amor». Y nadie se pregunta si alguna vez ha sido posible recibir amor del exterior. El amor es el tesoro interno, y el amor mismo es la música de la veena del corazón. La veena del corazón del hombre se ha alterado mucho: no surge la música para la que había sido creada. ¿Cómo se puede crear esa música? ¿Cuál es el obstáculo que interrumpe la creación de esa música? ¿Cuál es el obstáculo que no permite que suceda? ¿Has pensado alguna vez en ese obstáculo? ¿Has considerado alguna vez cuál puede ser? Un día murió un actor que era un buen dramaturgo y un buen poeta. Se congregó mucha gente para su funeral en el lugar de la cremación. El director de la compañía de cine para la que había trabajado también estaba presente y dijo unas palabras de condolencia. He convertido a este hombre en un actor -dijo el director-. Fui yo quien le sacó de los caminos secundarios y lo puse en la autopista. Fui yo quien le dio el primer papel en una película. Fui yo quien publicó su primer libro. iYo soy el responsable de que se haya hecho famoso en el mundo entero! Esto es lo que dijo... Yo estaba presente en el funeral, y quizá también estuvierais algunos de vosotros... el director había dicho esto cuando de repente el cadáver que estaba yaciendo ahí se levantó y dijo: -Perdóneme, señor, ¿a quién están enterrando, a usted a o a mí? ¿De quién está usted hablando? El director estaba diciendo: «Soy yo quien le hizo famoso, soy yo quien publicó su libro, soy yo quien le dio el primer papel en una película... Soy yo». Ni el cadáver pudo soportar el escándalo de este yo. Se levantó y dijo: -Perdóneme, pero dígame una cosa, por favor: ¿a quién están enterrando en este funeral, a usted o a mí? ¿De quién está usted hablando? Ni los cadáveres pueden soportar el escándalo de este yo, y el hombre está haciendo ruido con el yo constantemente. ¿Cómo puede soportarlo la gente? En tu interior sólo puede haber dos voces; dentro de una persona que está llena de la voz del yo no puede estar la voz del amor; y dentro de una persona que está llena de la voz del amor no puede haber una voz del yo. Nunca podrás encontrar a las dos simultáneamente, es imposible. Es tan imposible como que haya oscuridad y luz al mismo tiempo. Una vez la oscuridad fue a ver a Dios y le dijo: -El sol me está persiguiendo. Me está molestando mucho, me sigue de la mañana a la noche, y cuando llega la noche estoy muy cansado. Y cuando todavía es de noche y no he terminado de dormir y descansar, empieza a perseguirme otra vez. Yo no recuerdo haberle hecho nada, no creo que le haya hecho enfadarse nunca. ¿Por qué me persigue? ¿Por qué me está atosigando? Entonces, Dios llamó al sol y le preguntó: -¿Por qué estás persiguiendo a la pobre oscuridad? Siempre está moviéndose, escondiéndose y resguardándose aquí y allá. ¿Por qué la persigues todo el tiempo? ¿Por qué lo haces? El sol dijo: -¿Quién es la oscuridad? Todavía no me la he encontrado. Ni siquiera la conozco. ¿Quién es la oscuridad? ¿Qué es la oscuridad? Nunca la he visto, no la conozco. Pero si he cometido algún error sin saberlo, estoy dispuesto a pedir perdón. Y cuando la conozca, dejaré de perseguirla. Dicen que han pasado millones y trillones de años desde este incidente, pero el caso sigue pendiente en los archivos de Dios. Sin embargo, Dios no ha podido reunir a la oscuridad y el sol. Y te digo que no será capaz de hacerlo tampoco en el futuro, por muy todopoderoso que sea. Ni siquiera el todopoderoso tiene la capacidad de poner al sol y la oscuridad frente a frente, porque la oscuridad y la luz no pueden coexistir. Hay un motivo por el que no pueden coexistir. El motivo es que la oscuridad no tiene entidad propia, de modo que no puede existir delante del sol. La oscuridad sólo es la ausencia de luz; ¿cómo es posible que existan a la vez la ausencia y la presencia? La oscuridad sólo es la ausencia de luz. La oscuridad en sí misma no es nada, sólo es la ausencia del sol, sólo es la ausencia de luz. ¿Cómo puede existir la ausencia de luz? ¿Cómo pueden existir ambas a la vez? Dios no será capaz de solucionarlo nunca. Del mismo modo, el ego y el amor no pueden coexistir. El ego es como la oscuridad: es la ausencia de amor, no es la presencia de amor. El amor está ausente en ti, de modo que sigue reverberando la voz de tu yo. Y con la voz de tu yo dices: «Quiero amor, quiero dar amor, quiero recibir amor». ¿Te has vuelto loco? Nunca va a haber una relación entre el yo y el amor. Y este yo sigue hablando de amor, diciendo: «Quiero rezar, quiero alcanzar a Dios, quiero liberarme». Esto es lo mismo que cuando la oscuridad dice: «Quiero abrazar al sol, quiero amar al sol, quiero ser un invitado en la casa del sol». Esto es imposible. El yo es la ausencia misma de amor, es la falta de amor. Y cuanto más fortaleces esa voz de tu yo, menos posibilidades tendrás de encontrar el amor dentro de ti. Cuanto más ego hay, más ausente está el amor. Y cuando hay un ego absoluto, el amor muere totalmente. No puede haber amor en tu interior porque si miras dentro verás que siempre está resonando la voz de tu ego, constantemente, veinticuatro horas al día. Respiras con este yo, bebes agua con este yo, entras en el templo con este yo. ¿Qué háy en tu vida aparte de este yo? Tu ropa es la ropa de tu yo, tu postura es la postura de tu yo, tu sabiduría es la sabiduría de tu yo, tu práctica espiritual, tu ayudar a los demás, es el ayudar a tu yo, tu todo -incluso tu meditación- es también la meditación de tu yo. Dentro de ti surge un fuerte sentimiento: «Yo soy el meditador. Yo no soy un cabeza de familia, no soy una persona corriente, soy un meditador. Soy un ayudante; soy una persona culta, soy rico», soy esto, soy aquello... La casa que se ha construido alrededor de esto nunca conocerá el amor. Y entonces, la música que debería llevar al corazón a la esencia más profunda, que debería familiarizado con las verdades de la vida,no surgirá de la veena del corazón. Esa puerta no se abrirá, permanecerá siempre cerrada. Hay que entender absolutamente bien lo fuerte que es tu yo, lo profundo que es. Y tienes que ver claramente si lo estás fortaleciendo más, si lo estás haciendo más profundo, si le estás dando cada vez más fuerza. Y si tú mismo lo estás fortaleciendo, abandona toda esperanza de que pueda surgir el amor dentro de ti, o de que pueda abrirse el nudo cerrado del amor, o de poder alcanzar el tesoro del amor. Renuncia a esa idea, no hay ninguna forma de que esto suceda. No te digo que empieces a amar, porque el ego también puede decir: «Soy un amante y amo». El amor que proviene del ego es absolutamente falso. Por eso te digo que tu amor es falso, porque viene del ego, es la sombra del ego. Y recuerda, el amor que sale del ego es más peligroso que el odio, porque el odio es claro, simple y directo, pero el amor que aparece con una cara falsa será difícil de reconocer. Si eres amado por un amor que sale del ego, al cabo de un tiempo sentirás que estás atado a unas cadenas de hierro en lugar de unos brazos amorosos. Al cabo de un tiempo te darás cuenta de que el amor que da hermosos discursos y te canta bellas canciones sólo está haciendo propuestas tentadoras, en esas canciones hay mucho veneno. Y si el amor que llega en forma de flores es una sombra del ego, cuando toques las flores te pincharás con las espinas. Cuando la gente va a pescar ponen un cebo en el anzuelo. El ego quiere convertirse en el amo de los demás, quiere poseerlos, por eso los engancha profundamente con el cebo del amor. Y mucha gente acaba sufriendo y penando por la ilusión del amor. La gente no sufre tanto ni siquiera en el infierno. Y por esa ilusión del amor, la tierra entera, toda la humanidad, está sufriendo. Pero, sin embargo, no entiendes que el amor del ego es falso. Es el motivo por el que se ha creado este infierno. El amor al que está apegado el ego es una forma de celos, y por eso no hay nadie tan celoso como los amantes. El amor que está apegado al ego es una conspiración y un truco para poseer al otro. Es una conspiración: por eso no hay nadie tan asfixiante como alguien que te dice que te quiere. Esta situación se crea porque el supuesto amor proviene del ego. Y nunca puede haber una relación entre el amor y el ego. Jalaluddin Rumi solía cantar una canción, una canción muy bonita; iba de pueblo en pueblo cantando esa canción. Siempre que la gente le preguntaba que les dijera algo de Dios, él cantaba esta canción. Y la canción era maravillosa. En esa canción decía que el amado fue a la habitación de su amada y llamó a la puerta, y la amada dijo: -¿Quién eres? El amado dijo: -Soy tu amado. Dentro de la habitación sólo había silencio. No hubo ninguna respuesta, no se oyó ninguna voz. El amado empezó a golpear la puerta con fuerza otra vez, pero parecía que no había nadie. Empezó a gritar: -¿Por qué estás en silencio? ¡Contéstame! Soy tu amado. Estoy aquí. Pero cuanto más fuerte decía « ¡Estoy aquí: soy tu amado!», más silenciosa estaba la casa, como un cementerio. No llegaba ninguna respuesta de dentro. Entonces empezó a golpearse la cabeza contra la puerta y dijo: - ¡Contéstame, aunque sólo sea una vez! Y llegó una respuesta del interior: -En esta casa no puede haber sitio para dos. Tú dices: «Estoy aquí, soy tu amado», pero ya estoy presente yo. No hay sitio para dos. La puerta del amor sólo se abre para los que han perdido el ego. ¡Vete!. Vuelve otro día. El amado se fue. Rezó y meditó durante años. Pasaron muchas lunas, muchos amaneceres y puestas de sol pasaron muchos años, y después volvió a su puerta. Volvió a llamar y oyó la misma pregunta: -¿Quién eres? Esta vez el amado dijo: - ¡El yo no existe! ¡Sólo tú existes! Jalaluddin Rumi dijo que, en ese momento, se abrió la puerta. ¡Yo no le habría abierto la puerta! Jalaluddin murió hace muchos años, por eso no tengo forma de decirle que no era el momento adecuado de abrir la puerta. Él permitió que se abrieran demasiado pronto las puertas, porque alguien que dice «Sólo tú existes» sigue experimentándose a sí mismo como un yo. Únicamente alguien que no te experimenta como un "tú" tampoco se experimenta a sí mismo como un yo. Por eso, aunque es un error decir que el amor no contiene a dos, también es un error decir que el amor sólo contiene a uno. En el amor no existen ni dos ni uno. Si existe el sentimiento del uno, has de saber que el otro también está presente, porque sólo el otro puede tener conocimiento del uno. Cuando el «tú» está presente, el yo también lo está. Yo habría vuelto a expulsar a ese amante. Él dijo: -El yo no existe, sólo tú existes. Pero quien lo dice está ahí, totalmente ahí. Sólo ha aprendido un truco. La primera vez contestó: -Soy yo. Y las puertas siguieron cerradas; después de varios años de contemplación decidió decir: -Yo no existo, sólo tú existes. Pero, ¿quién estaba diciendo esto? Y ¿por qué lo estaba diciendo? Alguien que conoce el «tú» también conoce el yo. Recuerda que el "tú" es la sombra del yo. Para quien el yo ha desaparecido, tampoco hay ningún tú. Yo habría vuelto a expulsar al amante porque la amada dijo: -No hay espacio para dos. El hombre no lo entendió y empezó a gritar y a decir: ¿Dónde están esos dos? Ahora que yo no existo, sólo estás tú. Pero la amada le debería haber dicho que se fuera porque sólo había aprendido un truco: seguía viendo a dos personas. La amada dijo que si ya no había dos, el amado ni siquiera habría intentado que ella abriera la puerta, porque ¿quién está pidiendo que se abra la puerta? ¿Y quién piensa él que le va a abrir? En una casa donde hay dos no puede haber amor. Mi versión es que el amado se fue. Pasaron los años y no volvió. No volvió nunca. Entonces, la amada fue a buscarle. Yo digo que el día que la sombra de tu yo desaparezca, el día que no quede ni yo ni tú, ese dia no tendrás que seguir buscando lo divino, lo divino vendrá a buscarte a ti. Ningún hombre puede buscar lo divino porque no tiene la capacidad de buscar algo así. Pero cuando alguien está listo para desaparecer, cuando alguien está listo para no ser nadie, cuando alguien está listo para convertirse en vacío, entonces, indudablemente, lo divino lo encontrará. Sólo lo divino puede buscar al hombre, el hombre nunca puede buscar lo divino porque incluso en esa búsqueda está presente el ego: «Yo estoy buscando, quiero alcanzar a Dios; he logrado tener riquezas, he logrado una posición en el parlamento, tengo una casa grande», ahora sólo queda el último objetivo, «también quiero alcanzar lo divino. ¿Cómo puedo renunciar al prestigio de alcanzar a Dios?». Esto es una proclamación, una obstinación y una búsqueda del ego mismo. Una persona religiosa no es aquella que sale en busca de lo divino: una persona religiosa es aquella que sale en busca de su yo, y cuanto más busca, más se dará cuenta de que ese yo no existe. Y el día que ya no quede yo será el día que se abra para él la puerta que esconde al amor. La última cosa es: búscate a ti mismo, no a lo divino. No sabes nada en absoluto sobre el ser supremo. No vayas buscando lo divino porque no tienes ni la menor idea de lo divino. ¿Cómo vas a buscar algo que no conoces? ¿Dónde vas a buscar a alguien que no tiene domicilio? ¿Dónde vas a buscar a alguien sobre el que no tienes ninguna información? ¿Dónde vas a buscar a alguien que no tiene principio ni final, alguien que no sabes dónde se encuentra? iTe volverás loco! No sabrás dónde mirar. Pero sí sabes una cosa: sabes que este yo es tuyo. Lo primero es buscar este yo, descubrir lo que es, dónde está y quién es. Y mientras lo buscas te asombrarás al darte cuenta de que este yo no existe, era una noción absolutamente falsa. Tu imaginación creía que existía un yo, era una ilusión que tú estabas alimentando. Cuando nace un niño, le pones un nombre para que sea más cómodo. A uno lo llamas Ram, a otro Krishna, a otro otra cosa. Nadie nace con un nombre, los nombres se ponen por comodidad. Pero más adelante, después de oír el nombre constantemente, la persona se cree que este es su nombre: yo soy Ram, yo soy Krishna. Y si dices algo malo de Ram, estará dispuesto a pelearse contigo; le has insultado. ¿Y de dónde ha sacado ese nombre? Nadie nace con un nombre, todo el mundo nace sin nombre. Pero el nombre tiene una utilidad social. Es difícil clasificar sin poner un nombre, por eso ponemos nombres. Te ponemos un nombre para que los demás te puedan identificar; tiene una utilidad social. Y si usas tu propio nombre para referirte a ti mismo, entonces será confuso; ¿te estás refiriendo a ti mismo o a otra persona? Para evitar confusiones te llamas a ti mismo yo; «tú» es la forma de nombrar al otro. Los dos nombres son imaginarios, son conveniencias sociales. Y construyes tu vida alrededor de esos dos nombres que sólo son palabras vacías, nada más. Detrás de ellas no hay ninguna verdad, detrás de ellas no hay sustancia. Sólo son nombres, etiquetas. Una vez sucedió una equivocación. Había una niña llamada Alicia. Alicia estaba errando por una tierra extraña, el país de las maravillas. Cuando se encontró con la reina del país de las maravillas, la reina le hizo una pregunta a Alicia: ¿Te has encontrado a alguien por el camino? -le preguntó. Y Alicia respondió: -A nadie. Pero la reina pensó que se había encontrado con alguien que se llamaba Nadie. Esta fantasía se fue haciendo más grande porque entonces llegó el mensajero de la reina y la reina también le preguntó si había encontrado con alguien. Él volvió a decir: Con nadie. La reina dijo: -Esto es muy extraño. Ella creía que había una persona que se llamaba Nadie que se había encontrado con Alicia y con el mensajero. De modo que le dijo al mensajero: -Parece que Nadie camina más despacio que tú. Esta afirmación tiene dos significados: uno de ellos es que nadie camina más despacio que el mensajero. El mensajero se alarmó, porque un mensajero debería ir muy deprisa. Así que dijo: No, nadie camina más rápido que yo. La reina dijo: ¡Qué situación más enrevesada! Dices que Nadie camina más rápido que tú. Pero si Nadie camina más rápido que tú, entonces debería haber llegado antes que tú, ya debería estar aquí. Ahora el pobre mensajero se dio cuenta de que había un malentendido y dijo: -iNadie es nadie! Pero la reina exclamó: -Ya sé que Nadie es Nadie. ¿Pero quién es? Dímelo. Ya debería haber llegado. ¿Dónde está? Con el hombre ocurre el mismo malentendido con el lenguaje. El nombre de todo el mundo es Nadie, ningún nombre tiene más sentido que esto. La idea de yo es la idea de nadie, nada más. Pero por el malentendido del lenguaje se ha creado la ilusión de que «Yo soy alguien, tengo un nombre». El hombre se muere y deja grabado su nombre en una piedra, esperando que quizá las piedras duren para siempre. No sabemos si lo harán. La arena de las playas era piedra una vez. Antes o después, todas las piedras se convertirán en arena. Da lo mismo que escribas tu nombre en arena o lo escribas en piedra. En la larga historia del mundo, no hay diferencia entre la arena y las piedras. Los niños escriben sus nombres en la arena de la orilla de la playa, quizá piensan que mañana pasará la gente y lo verá. Pero las olas llegan y borran el nombre. Los adultos se ríen y dicen: «iEstás loco! No tiene sentido escribir nombres en la arena. Pero los adultos los escriben en piedras, y no se dan cuenta de que la arena está hecha de piedras. No hay ninguna diferencia entre los adultos y los niños. En lo que a tonto se refiere, tienen la misma edad. Un emperador se convirtió en chakravartin. Esto ocurre pocas veces. Un chakravartin es el amo de todo el mundo. Hay una vieja historia que cuenta que los chakravartins tenían un privilegio especial del que no disponía nadie más; los demás no podían tenerlo. Tenían la oportunidad de poner su firma en el monte Sumeru, la montaña del cielo. Incluso en el tiempo.infinito, era raro que alguien se convirtiera en chakravartin; por eso, el hecho de firmar en el monte Sumeru era un fenómeno muy poco corriente. Cuando el emperador se convirtió en chakravartin estaba muy contento; ahora tenía el privilegio de poner su nombre en el monte Sumeru. Llegó a la puerta del cielo con gran pompa y fausto, acompañado de un gigantesco ejército. El guardián de la puerta le dijo: -¿Has llegado? Puedes entrar, pero toda esa multitud no puede pasar, tienen que irse a casa. ¿Has traído herramientas para grabar tu nombre? El emperador dijo: -Sí, he traído los instrumentos. El guardián de la puerta le dijo: -El monte Sumeru es infinito, pero ha habido tantos chakravartins que ya no queda sitio para firmar. Así que primero tendrás que borrar el nombre de alguien y después podrás firmar con tu nombre porque no queda sitio, toda la montaña está llena. El emperador cruzó la entrada. La montaña era infinita. Podía contener muchos Himalayas en sus cordilleras más pequeñas; sin embargo, no quedaba ni un centímetro en toda su superficie. Él había creído que sólo después de intervalos muy largos se convertía alguien en chakravartin, pero no tenía ni idea de que hubiese pasado tanto tiempo como para que, aunque alguien se convirtiese en chakravartin después de un largo tiempo, toda la montaña estuviese llena, no quedasen espacios libres. El emperador estaba muy triste y disgustado. El guardián de la puerta le dijo: -No estés triste. Mi padre y su padre, mi abuelo, también hacían este trabajo. Hace muchas generaciones que sabemos que si quieres firmar, antes tendrás que borrar un trozo, nunca podrás encontrar un hueco vacío. Entonces el emperador se volvió y dijo: -Si sólo se puede firmar después de haber borrado el nombre de otro, esto es una locura... porque firmaré y me marcharé, y después llegará otra persona mañana que borrará mi firma para poner la suya. Con una montaña tan grande y tantos nombres, ¿quién va a leerlos? ¿Qué sentido tiene? Lo siento, estoy cometiendo un error. Esto no tiene sentido. Hay pocas personas que sean tan inteligentes; los demás escriben sus nombres en piedras, en los templos. Construyen monumentos conmemorativos en los que mandan escribir sus nombres, olvidándose de que nacieron sin un nombre y nó tienen nombre. Por un lado se desperdicia la piedra, y por otro, se desperdicia el trabajo. Y cuando se mueren y dicen adiós, se van sin nombre. No tienes un nombre que sea tuyo. El nombre es la ilusión visible al mundo exterior, y el yo es la ilusión visible al mundo interior. El yo y el nombre son dos caras de la misma moneda. El nombre se ve desde fuera y el yo se ve desde dentro. Y mientras sigan existiendo la ilusión del nombre y el yo, el espacio en el que surge el amor no se podrá abrir. Lo último que quiero decirte es investiga un poco. Vete al monte Sumeru y fíjate en todas las firmas que hay allí. ¿Tú también quieres añadir tu nombre borrando otro? Acércate un poco más a las montañas y fíjate cómo se convierten en arena. Observa a los niños escribiendo su nombre en la arena de la playa. Mira a tu alrededor y fíjate en lo que estamos haciendo. ¿Estamos desperdiciando nuestra vida escribiendo nombres en la arena? Si esto es lo que sientes, indaga un poco más, entra dentro de este yo e indaga. Un día verás que el yo no es nadie; no hay nadie ahí. Hay un silencio y una paz profundos, pero no hay un yo. Y cuando te des cuenta de que dentro de ti no hay un yo, habrás llegado a conocer la totalidad lo que realmente es: el ser, la existencia, lo divino. Por eso digo que el amor es la puerta hacia lo divino y el ego es la puerta hacia la ignorancia. El amor es la puerta de la luz, y el ego es la puerta de la oscuridad. Tenía que decir esto último antes de irnos. Explorad el amor desde esta dimensión. Esta exploración comenzará en el ego y acabará al alcanzar el amor. Explorad en esta dirección: ¿realmente existe esa sombra del ego, realmente existe este yo? El ser humano que emprende esta exploración no sólo no encontrará un yo, sino que además alcanzará lo divino. La persona que está atada al poste de ese yo no será capaz de emprender el viaje al océano de lo divino. Esto era lo último que os quería decir. De hecho, es lo primero y lo último que hay que decir. Yo es lo primero que aparece en la vida de una persona, y yo es lo último. La persona que está atada al yo experimenta dolor y cuando se libera alcanza la dicha. No hay ninguna historia y ningún cuento excepto el yo. No hay ningún sueño excepto el yo. No hay ninguna mentira excepto el yo. Encuentra ese yo, y se abrirán las puertas de la dicha. Si se hace añicos la roca del yo, las fuentes del amor empezarán a fluir. Entonces el corazón se llenará con la música del amor. Cuando el corazón está lleno de amor, empieza un nuevo viaje que es difícil de describir con palabras. Ese viaje os llevará hasta el centro mismo de la vida. Quería deciros estas cosas antes de marcharme. Ahora nos sentaremos para la meditación vespertina. Nos sentaremos durante diez minutos para la meditación y después nos despediremos. Y yo os digo adiós con la esperanza y una plegaria a Dios para que todos seáis afortunados y alcancéis el amor, para que todos seáis tan bienaventurados como para libraros de la enfermedad del yo, para que todos seáis afortunados y encontréis lo que ya está dentro de vosotros. Un mendigo murió en una ciudad muy grande... reza para no morirte como ese mendigo. El mendigo murió después de mendigar en el mismo sitio durante cuarenta años. Él creía que mendigando se convertiría en emperador, ¿pero es posible convertirse en emperador mendigando? Cuanto más mendiga una persona, más mendigo se vuelve. Cuando empezó era un pequeño mendigo; el día que murió era un gran mendigo, pero no se había convertido en un emperador. Se murió. La gente del vecindario se comportó con él igual que hacían con el resto de la gente que moría: se llevaron el cadáver y lo quemaron junto con los harapos que había dejado. Después los vecinos pensaron que este mendigo había ensuciado durante cuarenta años ese pedazo de tierra, y que estaría bien cavar un poco de tierra y tirarla. Empezaron a excavar. ¡Se encontraron con una gran sorpresa! Si el mendigo estuviese vivo se habría vuelto locó. Después de excavar, se encontraron con un enorme tesoro enterrado justo debajo del lugar donde se solía sentar a mendigar. Él no sabía que si hubiese excavado la tierra que tenía debajo, se habría convertdo en un emperador y no habría tenido que mendigar. ¿Pero cómo iba a saber ese pobre hombre? Sus ojos miraban hacia fuera, sus manos estaban extendidas y se murió mendigando. Toda la gente del vecindario se quedó estupefacta: ¿Qué clase de mendigo es este? Este idiota ni siquiera se había dado cuenta de que había un tesoro enterrado justo debajo de donde estaba sentado. Me acerqué a ese lugar, me encontré con los vecinos y les dije: -Insensatos, no os preocupéis por el mendigo. Dejad a un lado vuestros juicios. Algún día es posible que vosotros también tengáis que cavar la tierra que tenéis debajo, porque puede ser que cuando os muráis, el resto de la gente se ría de vosotros. Cuando se muere una persona, los demás se ríen de él diciendo que era un ingenuo, que no podía llegar a nada en su vida. Y no saben que el resto de la gente sólo está esperando a que ellos se mueran para poder reírse también y decir que esa persona, era realmente ingenua y no podía llegar a nada. Los vivos se ríen de una persona cuando se muere. Pero si una persona viva puede captar la idea de reírse de sí mismo cuando todavía está vivo, entonces se transformaría su vida, se convertiría en una persona diferente. Si en estos tres días de campo de meditación os habéis acordado de reíros de vosotros mismos, entonces se acabó la cuestión. Si puedes acordarle de excavar debajo del sitio donde estás ahora mismo, se acabó la cuestión. Entonces todo lo que he dicho inevitablemente fructificará dentro de ti. Al final yo sólo rezo para que no te conviertas en un mendigo, sino en un emperador. Ruego para que no les des a los vecinos una oportunidad de reírse. Estos días habéis escuchado mis charlas con tanto silencio y tanto amor que os estoy muy agradecido, y me inclino ante la divinidad que está presente dentro de todos vosotros. Aceptad, por favor, mi saludo. Ahora vamos a sentamos todos para la meditación vespertina. Haced un hueco a vuestro alrededor para poderos tumbar. Esta es la última meditación, así que aprovechadla con toda la totalidad que podáis. Todo el mundo debería estar a una cierta distancia del otro. No habléis. Nadie debería hablar. Los que estáis ahí sentados podéis separaros. Nadie debería estar en contacto con nadie. Alejaos de ahí, moveos a donde haya sitio. No habléis nada en absoluto, porque esto no tiene nada que ver con hablar. Algunas personas pueden ponerse aquí delante, y tened cuidado de molestar a nadie. Antes que nada, tumbaros con el cuerpo totalmente relajado. Dejad que esté suelto y relajado. Después cerrad lentamente los ojos. Cerrad los ojos. Habéis cerrado los ojos y habéis relajado el cuerpo totalmente. Ahora os haré algunas sugerencias; seguid escuchando, vuestro cuerpo y vuestra mente obedecerán. Siente que el cuerpo se está relajando, el cuerpo se está relajando, el cuerpo se está relajando, el cuerpo se está relajando. Siente que el cuerpo se relaja, deja que se relaje totalmente... y siente en la mente que el cuerpo se ha relajado completamente, el cuerpo se ha relajado, el cuerpo se ha relajado totalmente... La respiración se está calmando. Siente en tu mente que la respiración se está calmando, la respiración se está calmando... La respiración se ha calmado, la respiración se ha calmado... La mente también se está vaciando. La mente se está calmando. Siente que la mente se está calmando, la mente se está calmando... Ahora mantente despierto en tu interior durante diez minutos y sigue escuchando todos los sonidos que hay a tu alrededor. Mantente despierto en tu interior, no te duermas. Mantente consciente en tu interior. Mantente despierto en tu interior y sigue escuchando en silencio. Simplemente, sigue escuchando. Sigue escuchando el silencio de la noche y mientras escuchas, surgirá un profundo vacío. . . Escucha. Sigue escuchando en silencio durante diez minutos; simplemente, sigue escuchando. La mente se está quedando completamente vacía. La mente se está quedando vacía. La mente se ha quedado vacía, la mente se ha quedado vacía... La mente se ha quedado completamente vacía. La mente se está quedando vacía. Sumérgete en ese vacío que te rodea. La mente se está quedando vacía. La mente se está quedando vacía, la mente se está quedando vacía... La mente se está quedando en silencio. La mente se está quedando vacía. Sumérgete más. La mente se está quedando vacía, la mente se ha quedado completamente vacía... SEGUNDA PARTE: Ejercicios Prácticos Capítulo NUEVE. No Hay Ninguna Enemistad Entre Tú Y La Existencia.- PARTE UNO. Imagínate que los círculos de cinco colores de la cola del pavo real fuesen tus cinco sentidos en un espacio ilimitado. Ahora permite que su belleza se disuelva en tu interior. Haz lo mismo en cualquier punto del espacio o en una pared... hasta que el punto se disuelva. Entonces se hace realidad tu deseo por el otro. El hombre nace con un centro, pero vive sin recordarlo. El hombre puede vivir sin conocer su centro, pero no puede vivir sin un centro. El centro es la conexión del hombre con la existencia; es la raíz. Quizá no lo conozcas, el conocimiento no es esencial para que exista el centro; pero si no lo conoces, llevarás una vida desarraigada, como si no tuvieses raíces. No sentirás el suelo, no te sentirás arraigado; no te sentirás en casa en el universo. No tendrás casa. Por supuesto, el centro está ahí, pero si no lo conoces, tu vida no tendrá rumbo, no tendrá sentido, estará vacía, no llegará a ninguna parte. Te sentirás como si vivieses sin vida, navegando sin rumbo, esperando la muerte. Lo vas postergando de un momento a otro, pero sabes muy bien que el postergarlo no te conducirá a ninguna parte. Estás dejando pasar el tiempo, y este sentimiento de profunda frustración te perseguirá como una sombra. El hombre nace con un centro, pero no nace con el conocimiento de ese centro. El conocimiento se debe adquirir. Tienes ese centro. El centro está ahí; sin él no puedes existir. ¿Cómo pogrías existir sin centro? ¿Cómo podrías existir sin un lazo entre tú y la existencia... o si lo prefieres, sin la palabra «Dios»? No puedes existir sin un lazo profundo. Tus raíces están en lo divino. Vives por medio de esas raíces en todo momento pero las raíces son invisibles. Igual que un árbol, las raíces son subterráneas; el árbor no tiene conocimiento de sus propias raíces. Tú también tienes raíces. Esa raigambre es tu centro. Cuando digo que el hombre nace con ello, quiero decir que existe la posibilidad de que llegues a tener conocimiento de tu raigambre. Si llegas a conocerlo, tu vida se vuelve real; si no, tu vida será como dormir profundamente, será como un sueño. Aquello que Abraham Maslow denomina «autorrealización» es simplemente ser consciente de tu centro interno por el que estás conectado con todo el universo, darte cuenta de tus raíces; no estás solo no eres atómico, eres parte de una totalidad cósmica. El universo no es un mundo ajeno. No eres un extraño, este universo es tu casa. Pero a menos que halles tus raíces, tu centro, este universo, seguirá siendo ajeno, extraño. Sartre dice que el hombre vive como si le hubiesen arrojado a la tierra. Por supuesto, si no conoces tu centro sentirás un abandono como si te hubiesen arrojado a la tierra. Eres un intruso; no perteneces a este mundo y este mundo no te pertenece. Entonces el miedo, la ansiedad y la angustia serán el resultado inevitable. Inevitablemente, el hombre, que es un intruso en el universo, sentirá una profunda ansiedad, temor, miedo, angustia. Toda su vida no será más que una lucha, una pelea; y una lucha que está destinada a fracasar. El hombre no puede ganar porque la parte nunca puede ganar al todo. No puedes ganar contra la existencia. Puedes ganar con ella, pero no contra ella. Y esa es la diferencia entre el hombre religioso y el hombre no religioso. Un hombre no religioso está contra el universo; el hombre religioso está con el universo: El hombre religioso se siente en casa. No se siente como si le hubiesen arrojado al mundo; siente que ha crecido en el mundo. Debes recordar la diferencia entre ser arrojado y crecer. Cuando Sartre dice que ei hombre ha sido arrojado al mundo, la misma palabra, la misma formulación, muestra que no formas parte. Y la palabra, la elección de la palabra «arrojado», significa que has sido obligado sin tu consentimiento. Esta palabra muestra hostilidad. El resultado será la angustia. Sólo podría ser de otra manera si no eres arrojado al mundo, sino que has crecido como una parte, como una parte orgánica. Realmente, sería mejor decir que eres el universo que se ha desarrollado en una dimensión particular que llamamos «humana». El universo se desarrolla en múltiples dimensiones: árboles, montes, estrellas, planetas... es multidimensional. El hombre también es una dimensión del desarrollo. El universo se realiza a través de muchísimas dimensiones. El hombre, junto con la altura y la cima, también es una dimensión. Ningún árbol puede tener conocimiento de sus raíces; ningún animal puede tener conocimiento de sus raíces. Por eso no tienen ansiedad. Si no tienes conocimiento de tus raíces, de tu centro, nunca podrás ser consciente de tu muerte. La muerte sólo existe para el hombre. Sólo existe para el hombre porque sólo el hombre puede tener conocimiento de sus raíces, de su centro, ser consciente de su totalidad y de su raigambre en el universo. Si vives sin un centro sentirás que eres un intruso, y esto desencadenará la angustia. Sin embargo, si sientes que estás en casa, que eres un crecimiento, una realización de la potencialidad de la propia existencia -como si la existencia misma se hiciese consciente en ti, como si adquiriese consciencia contigo-si te sientés así, si realmente lo comprendes de este modo, el resultado será la dicha. La dicha es el resultado de ser una unidad orgánica con el universo, la angustia es el resultado de una enemistad. Pero, a menos que conozcas el centro, será inevitable que sientas que has sido arrojado, como si la vida te hubiese sido impuesta. Los sutras que vamos a discutir se ocupan de ese centro que está ahí, aunque el hombre no sea consciente de ello. Antes de empezar con el Vigyana Bhairava Tantra y las técnicas que se refieren a este centro, diré un par de cosas más. Primero: cuando el hombre nace, está arraigado en un lugar determinado, un chakra determinado centro-, y este es el ombligo. Los japoneses lo llaman hara; de aquí procede el término hara-kiri. Hara-kiri quiere decir suicidio. Literalmente, significa matar el hara, la espina dorsal, el centro. Hara es el centro; el significado de hara-kiri es destruir el centro. En cierto sentido, todos hemos cometido hara-kiri. No hemos matado el centro, sino que nos hemos olvidado de él, o nos hemos acordado nunca de que existía. Está ahí esperando, pero nos hemos estado alejando de él. Cuando un niño nace, está arraigado en el ombligo, en el hara; vive por medio del hara. Fíjate en cómo respira un niño, su ombligo sube y baja. Respira con el vientre, vive con el vientre, no con la cabeza, no con el corazón. Pero, poco a poco, tendrá que irse alejando. Antes desarrollará otro centro, el corazón, el centro de las emociones. Aprenderá a amar, será amado y se desarrollará este otro centro. Este centro no es un verdadero centro; es una consecuencia. Por eso los psicólogos dicen que si el niño no es amado nunca será capaz de amar. Si un niño crece en una situación no amorosa, una situación fría, donde no le quieren ni le dan calor, él mismo nunca será capaz de amar a nadie en su vida, porque no desarrollará ese centro. El amor de la madre, el amor del padre, de la familia, de la sociedad, le ayudarán a desarrollar ese centro. Ese centro es una consecuencia; no naces con él. Si no lo ayudas a desarrollarse, no se desarrollará. Hay muchísimas personas que no tienen un centro del amor. Hablan de amor, creen que aman, pero carecen de ese centro; entonces, ¿cómo pueden amar? Es muy difícil tener una madre amorosa, y mucho más difícil tener un padre amoroso. Todos los padres y todas las madres creen que aman. No es tan fácil. El amor es un camino difícil, muy difícil. Pero si desde el primer momento no hay amor para el niño, él mismo nunca será capaz de amar. Por eso toda la humanidad vive sin amor. Sigues engendrando niños, pero no sabes cómo darle un centro de amor. Más bien, por el contrario, cuanto más civilizada es una sociedad, más te obliga a estar en el tercer centro, que es el intelecto. El ombligo es el centro original. Un niño nace con él; no es una consecuencia. Sin él la vida es imposible, por eso lo tienes. El segundo centro es un derivado. Si el niño recibe amor, responde. En esta respuesta se desarrolla un nuevo centro en él: el centro del corazón. El tercer centro es la razón, el intelecto, la cabeza. La educación, el razonamiento y la instrucción originan el tercer centro, que también es un derivado. Pero vivimos en el tercer centro. El segundo centro está casi ausente, y si está presente no está funcionando, y si a veces funciona lo hace irregularmente. Pero el tercer centro, la cabeza, se convierte en la fuerza fundamental de la vida, porque toda la vida depende de ese tercer centro. Es utilitario. Lo necesitas para razonar, para el sentido común, para pensar. Poco a poco, todo el mundo se convierte en un ser mental; empiezas a vivir en la cabeza. La cabeza, el corazón, el ombligo... estos son los tres centros. El ombligo es el centro que recibes al nacer, el centro original. El corazón se puede desarrollar y es bueno desarrollarlo por muchas razones. También es necesario desarrollar la razón, pero no se debe desarrollar a costa del corazón, porque si se desarrolla a costa del corazón, puedes perder la conexión y no podrás volver de nuevo al ombligo. El desarrollo va de la razón a la existencia, y de la existencia al ser. Intentemos comprenderlo de este modo. El centro del ombligo está en el ser, el centro del corazón está en el sentimiento; el centro de la cabeza está en el conocimiento. El conocimiento es lo que está más alejado del ser, el sentimiento está más cerca. Si pierdes el centro del sentimiento será muy difícil que puedas crear un lazo entre la razón y el ser; será verdaderamente difícil. Por eso una persona amorosa se sentirá más en casa en el mundo que una persona que vive a través del intelecto. La cultura occidental ha hecho énfasis básicamente en el centro de la cabeza. Por eso en Occidente hay una gran preocupación por el hombre. Y esta preocupación se debe a su desamparo, a su vacío, a su desarraigo. Simone Weil ha escrito un libro, The Need for Roots *. (*) La necesidad de Tener Raíces. El hombre occidental se siente desarraigado, como si no tuviese raíces. El único motivo es que la cabeza se ha convertido en el centro. El corazón no ha sido ejercitado; está ausente. El latido del corazón no es tu corazon, sino una función fisiológica. Si sientes como late, no lo malinterpretes creyendo que tienes corazón. Un corazón es otra cosa. Corazón significa la capacidad de sentir; cabeza significa la capacidad de conocer. Corazón significa la capacidad de sentir, y ser significa la capacidad de ser uno, de ser uno con algo... la capacidad de ser uno con algo. La religión está relacionada con el ser; la poesía está relacionada con el corazón; la filosofía y la ciencia están relacionadas con la cabeza. Estos dos centros, el corazón y la cabeza, son centros periféricos, no son verdaderos centros, sólo son falsos centros. El verdadero centro es el ombligo, el hara. ¿Cómo se puede alcanzar de nuevo? ¿Cómo se puede realizar? Normalmente, sólo pocas veces ocurre en raras ocasiones, accidentalmente- llegas a acercarte al hara. Ese momento será un momento muy profundo, muy extático. Por ejemplo, en las relaciones sexuales a veces te acercas al hara, porque tu mente, tu consciencia, vuelven a descender. Tienes que abandonar la cabeza y dejarte caer. En un orgasmo sexual profundo, a veces sucede que estás cerca de tu hara. Por eso el sexo produce tanta fascinación. Realmente no es el sexo el que te produce una experiencia extática, sino el hara. Al descender hacia tu sexo, pasas por el hara, lo tocas. Pero para el hombre moderno incluso esto se ha vuelto imposible, porque para el hombre moderno el sexo es una cuestión cerebral, una cuestión mental. Incluso el sexo se ha subido a la cabeza; el hombre piensa en él. Por eso hay tantas películas, tantas novelas, tanta literatura, tanta pornografía y cosas parecidas. El hombre piensa en el sexo, pero eso es absurdo. El sexo es una experiencia; no puedes pensar en él. Si empiezas a pensar, cada vez será más difícil experimentarlo, porque no es una cuestión que tenga que ver con la cabeza en absoluto. No necesitas razonar. Cuanto más incapaz se siente el hombre moderno de profundizar en el sexo, más piensa en él. Se convierte en un círculo vicioso. Y cuanto más piensa en él, más cerebral se vuelve. Entonces, incluso el sexo es inútil. En Occidente se ha vuelto inútil; algo repetitivo, aburrido. No se consigue nada, simplemente repetir un viejo hábito. Y fínalmente te sientes frustrado, como si te hubiesen engañado. ¿Por qué? Porque realmente la consciencia no está volviendo de nuevo a su centro. Únicamente sientes dicha cuando pasas a través del hara. Por la causa que sea, siempre que pasas por el hara sientes dicha.
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Libro del Hara, EL CENTRO DEL SER . OSHO parte 8/9
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