Los apostólicos 3º
from Benito Pérez Galdós
-Ite, mensa est. A acostarse todo el mundo - gritó al concluir Alelí-. Estamos muertos de cansancio. Y se acostaron todos. D. Benigno durmió con plácido sosiego y soñó que estaba su cabeza circundada de una aureola, de un disco de luz como el que tienen los santos. Por la mañana cuando se levantó y salió de su alcoba, persistía en él la ilusión de tener en su cabeza el nimbo y de estar despidiendo de sus sienes chorros de luz. Tomó su chocolate, encendió un cigarrillo, entró en la sala baja y vio a Sola que estaba abriendo las maderas para que entrara el aire puro del campo, y al mismo tiempo para atar la cuerda donde se había de colgar la ropa que se estaba lavando. El otro extremo de la cuerda debía atarse en el moral grande que había en medio de la huerta. Don Benigno tomó la soga y salió muy contento a ayudar a su protegida en aquella faena doméstica.
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