EPISODE · Dec 29, 2020 · 4 MIN
Luis García Montero: Sonata triste para la luna de Granada
from Literatura
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Tárrega_Capricho Arabe Youtube.com A Marga "Le ciel est par-dessus le toit" Paul Verlaine Esta ciudad me mira con tus ojos, parpadea, porque ahora después de tanto tiempo veo otra vez el piano que sale de la casa y me llega de forma diferente, huyendo del salón, abordando las calles de esta ciudad antigua y tan hermosa, que sigue solitaria como tú la dejaste, cargando con sus plazas, entre el cauce perdido del anhelo y al abrigo del mar. Estarías aquí y nada habría cambiado sino el tiempo, el cadáver extraño de sus ríos que siguen sumergidos como tú los dejaste. Ahora siento otra vez mi cuerpo poblarse de veletas y lo veo entendido sobre generaciones de ventanas antiguas mientras la noche avanza solitaria y perfecta. Somos de una ciudad cargada de paciencia, que no conoce el sueño de los invernaderos, ni ha vivido la extraña presencia del amor. Como pequeñas venas los comercios esperan para abrirse mañana y el deseo no existe más allá de la luna de los escaparates. Hemos soñado ya todos los sueños, hemos vivido aquí donde la historia olvida sus raíles vacíos, donde la paz es negra y se recoge entre plazas cerradas, sobre tabernas viejas, bajo el borde morado del misterio. Alguna vez soñamos con un mundo distinto: era cuando el imperio perdido del azúcar y llegaban viajeros al olor de la industria. Las calles se llenaron de motores rugientes y la frivolidad como una enredadera brillante por los ojos nos ofreció de pronto templada carne, lámparas de araña. Parece que os recuerdo abrasados al mundo entre trajes de hilo, entre la piel hermosa de una época que nos dejó sus árboles, el corazón grabado sobre las pitilleras, y su dedicatoria en las fotografías. Ahora cuando el destino ya no es una excusa sino la soledad, y los cielos están bajo el tejado como tú los dejaste, todo recuerda un sueño sucio de madrugada. Aquí no tuvimos batallas sino espera. La guerra fue un camión que nos buscaba, detenido en la puerta, partiendo con sus ojos encendidos de espía y al abrigo del mar. Más tarde entre canciones tristes de marineros rubios todo quedó dormido. De balcón a balcón oímos la posguerra por la radio, y lejos, bajo las cruces frías de las plazas, ancianas sombras negras pascaban sosteniendo en las manos nuestra supervivencia. Esta ciudad es íntima, hermosamente obscena, y tus manos son pálidas latiendo sobre ella y tu piel amarilla, quemada en el tabaco, que me recuerda ahora la luz artificial del alumbrado. Vuelvo hacia ti. Mi corazón de búho lo reciben sus piernas. Como testigos mudos de la historia acaricio las cúpulas perdidas, palacios en ruina, fuentes viejas que recogen la luna donde van a esconderse los últimos abrazos. Verdes en el cansancio de todas las esquinas esta ciudad me mira con tus ojos de musgo, me sorprende tranquila de amor y me provoca. Amanece moradamente un día que las calles comparten con la lluvia. La soledad respira más allá de las grúas y mi cuerpo se extiende por una luz en celo que adivina los labios de la sierra, la ropa por las torres de Granada. La madrugada deja rastros de oscuridad entre las manos. Oigo una voz que clarea. Lentamente los tejados sonríen cada vez más extensos, y así, como una ola, entre la nube abierta de todos los suburbios, esta ciudad se rompe sobre las alamedas, bajo los picos últimos donde la nieve aguarda que suba el mar, que nazca la marea. De "El jardín extranjero"
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