Maldito el día
from Escuela Sabática
AL LEER LA HISTORIA DE JOB, tenemos dos ventajas claras: primera, sabemos cómo termina; y segunda, conocemos el trasfondo, el conflicto cósmico que actúa detrás de la escena. Job no sabía nada de esto. Todo lo que él sabía era que vivía tranquilo cuando, de repente, una calamidad tras otra, una tragedia tras otra, cayeron sobre él. Y luego, este hombre, “el más grande que todos los orientales” (Job 1:3), quedó reducido a lamentos y duelo sobre un montón de cenizas. Al seguir con el estudio de Job, tratemos de ponernos en su situación, porque nos ayudará a comprender mejor la confusión, la ira y la tristeza por las que pasó. Y en un sentido, esto no es algo que nos resultará difícil de hacer. No porque hayamos experimentado justo lo mismo que Job, sino porque ¿quién de nosotros, nacidos en carne humana en un mundo caído, no sabe algo de la perplejidad que la tragedia y el sufrimiento producen, especialmente cuando procuramos servir a Dios con fidelidad y hacer lo que es correcto ante sus ojos?
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