EPISODE · Jan 19, 2018 · 8 MIN
Maria Patricia Orellana-ROMANCE DE UNA HECHICERA- Voz y Edición : Olymar-
from Olga Vargas
ROMANCE DE UNA HECHICERA Era, pues, ya hace seis siglos, un viernes de Venus, dueña, Hechicera en sus dominios, blanca de piel y doncella. Alunada, por el río, desnudó su carne fresca y la luna por testigo prendió en los cielos estrellas. Eran los viernes su rito, soltarse al viento, sin pena, despojarse del vestido, pasadas las diez y media. Danzaba por el bosque entre rosas y azucenas, desnuditas igual que ella, sus cómplices luciérnagas. Era un fastidio de día en la plaza de la aldea, las mujeres le gritaban: bruja, hechicera, ramera. ¡Agarren a esa maldita! ¡que la quemen en la hoguera!, qué ella es hija de un cruzado y de una hereje soltera. Y los hombres de reojo, siempre detrás de las puertas, al verla pasar tan fresca, asomaban sus cabezas. Montado en caballo blanco, cortando la noche espesa, un hombre rubio y barbado, cruz en su pecho de emblema, desmontó ante ella de un tranco, la miró fijo y sin pena, rozo con su espada fiera ya por su mejilla izquierda. Declaró sentencia a muerte, ella de frente y serena, sus ojos miel a su suerte, lo hechizaron con certeza; clavó sus aceitunas verdes encrespando su melena, de su boca roncas fiebres, palabras que maldijeran. Como un reo perseguido, montó de nuevo su fiera, le recorrió un escalofrío y cabalgó la noche entera. Ella siguió su camino turbada por su clemencia, internándose en el bosque con la luna y las estrellas. ¿Qué ha pasado con mi antiguo repudio a las hechiceras? ¿cuál sería el sortilegio que me lanzó ésta doncella? No me importa mi destino si es que una noche de éstas, traicionara mis designios, sin espada y sin emblema, la persiguiera hasta el río la próxima luna llena, y recubrirla del frío toda, de pies a cabeza, despojarla de sus lazos y beberme su pureza. A dieciséis se cumplía de realizar la promesa la tradición de herejía para hacerse una hechicera. Después de las diez y media, en viernes de Venus, dueña, en una copa dorada, verter su sangre primera, por testigo único el cielo, la orgullosa luna llena y juró morir soltera. El miraba entre el ramaje con deleite su extrañeza y paciente le esperaba viéndola danzar serena. Doña Luna se hizo roja y una ave cantó siniestras, una sombra entre las hojas, pues, era él que por sorpresa la tomó por la cintura, ella se dejó ser presa y le dio a beber su boca recorriendo por sus venas. El lanzó su capa en la hierba, le acostó sobre su emblema y entre aromas de azucenas, él la relamía entera; eran rosados sus pechos, capullos en primavera, como rosarios sus besos rodaban por su cadera; ella golondrina frágil voló en su naturaleza, potranca, yegua salvaje se entregó por vez primera. Y la gente en la aldea, levantó tal polvareda, el pecado cometido por la hechicera ramera. El hombre rubio y barbado por desertor de la iglesia pagaría con su vida por traicionar a su emblema. Amarrada ya en la plaza para que todos la vieran, sus ojos de miel candela, mirando a su luna llena, murió de pie en la hoguera. Pattiorella/
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