Mendizábal 3º
from Benito Pérez Galdós
«Ya... -dijo-, las peinas que tanto ponderaba Aline... El carey es finísimo; los diamantes valen poco... Andanada de veinticinco. Viene bien para completarle a la de Castrojeriz las arracadas que quiere tomar, rostrillo y cinturón para la Virgen de Valvanera». -¿Tiene bastante ya? -preguntó maquinalmente Maturana, mirando con lente un joyel montado en plata. -Tiene... ¡Oh, sí!... con lo que le vendió la Concha Rodríguez y este, habrá bastante. -Si no... Yo he traído como unos veinte diamantes de desecho... muy propios para Vírgenes y Niños Jesús... Vea usted, Jacoba, vea qué hallazgo... -¿Qué?... ¿qué es eso? -Esto es un joyel de los que se usaban en los peinados Pompadour, convertido en alfiler de pecho con poco arte: conozco esta prenda como a mis propios dedos. No me equivoco, no: es la misma. Esmeralda hialina del Perú, superior, con cerco de brillantes en plata. Catorce brillantes, dos de ellos de bajo color, y otro con pelo... Es la misma joya, la que perteneció, con otras del propio estilo, a la Vallabriga, la esposa del Infante D. Luis... Todo se vendió en París el año 8; luego hubo algún descabalo, porque Montefiori cedió en Metz los pendientes de este mismo juego... Juraría que este joyel lo compró el corredor de Aline en Alsacia: los judíos alsacianos poseían mucha piedra procedente de España, no sólo de la Grandeza, sino de la de Godoy y Pepita Tudó.
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