EPISODE · Dec 18, 2018 · 3 MIN
Miguel Delibes: La bruja Leopoldina
from Literatura
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Matti_Paalanen_Inspiring_Piano_Magic jamendo.com Existió una bruja muy dañina que llevaba por nombre Leopoldina. Todas las noches, a eso de las doce, sin oírse el más leve roce —y con grandes pantuflas a la moda— levantaba su vuelo con la escoba. Al llegar a una casa muy hermosa rodeada de rosas: «¡Adentro, mi escobita! ¡Arrea! ¡Entra por la chimenea!». De esta manera la bruja decía y la escobita fiel la obedecía... ... como un perro de presa, y se colaba, hasta aterrizar encima de una mesa. Una vez abajo, la bruja se apeaba y toda la casa deprisa fisgaba y las cosas que encontraba de algún valor las iba cargando en su fiel escobón. Cuando ya tenía su buen montoncito abandonaba la casa por igual camino. Como quiera que este hecho repetía a la misma hora durante tres días, alarmóse la dueña de la casa y Perico se dijo: «A ver qué pasa». Era una noche oscura como el negro; gemía el viento del tejado en el alero; las nubes bailaban alocada danza sin que Perico perdiera la esperanza. Dos horas hacía que esperaba oculto el regreso del autor del hurto; y no se equivocó. Daban las doce cuando se oyó en la chimenea el roce de alguien que bajaba poco a poco cantando y riendo como un loco. Desde la puerta espiaba el chico... ... y vio a la vieja de los pies hasta los rizos, y teniendo una idea salvadora corrió enseguida al cuarto de Amadora. Tomó una goma larga, fuerte y gruesa, y subiendo por encima de las tejas al pararrayos sujetó un extremo y de esta manera le preparó el anzuelo. Sobre la chimenea Periquito hizo con mucho arte un nudo corredizo y de tal modo que al salir la bruja se quedase enganchada, por granuja. Leopoldina, sin sospechar nada, se acercó, como siempre, muy ufana. Recogió tantas cosas como pudo y hasta intención de llevarse al gato tuvo, mas pensando que ya era mucha carga pre?rió seguir comiendo carne amarga. Y así se sentó en su escoba, como siempre, rechinando de gusto con los dientes y tomando carrera por la estancia subió por la chimenea a toda marcha... ... y, de pronto, ¿qué era aquello que la tenía agarrada por el cuello? «¡Por Satanás! ¡Una goma! ¡Arrea, escoba!» Pero tanto tiró la desdichada que la bruja, hacia abajo, qué arrastrada, y según Periquito calculó el pararrayos a la bruja atravesó. Sin que crean ustedes que esto es coba, sigue volando aún fiel la escoba.
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