EPISODE · Aug 26, 2026 · 2 MIN
Mt 23, 27-32: Blanqueados
from Reflexión diaria del Evangelio por el P. Luis Zazano · host Misioneros Digitales Católicos
1) Ustedes: A veces es mejor que fracasen nuestros planes, para que triunfen los planes de Dios. Reconozco que no nos gusta que fracasen nuestros planes, pero Dios se vale de esas tormentas que parece que nos sacan de nuestro destino, pero en realidad nos llevan al verdadero destino que Dios había preparado para nosotros. Nos cuesta vivir ese cambio o ese enroque. Te recuerdo que sí hay vida después de las tempestades y, por experiencia, te digo que no hay nada mejor que nos vuelva a orientar al rumbo que Dios nos pide que que un diagnóstico que salga mal o un despido o quedarte sin laburo o incluso que te corran de algún lado. Al principio sentimos la desorientación del naufragio, pero lo bueno de esto es que nos lleva a buscar a Dios con una intensidad que no hubiésemos tenido de otra manera. Por eso, las tormentas también son buenas, para reordenarnos y reorientarnos.2) Iniquidad: Jesús nunca fue un iracundo, ni persiguió a nadie, excepto a los religiosos. Cuando el pecado se vuelve más importante que el pecador debería sonar una alarma en nuestra cabeza. Cuando el pecado importa más que amar a los demás entonces tenemos un problema y una crisis seria de lo que es el evangelio, porque todos somos pecadores necesitados de gracia. Creo que hay gente que se levanta a la mañana y dice “Che, qué santo que soy. La verdad que Dios se sacó la lotería conmigo”. ¡Para!El nacimiento espiritual es por gracia y necesitamos recordar que no logramos el cielo por nuestro voluntarismo extremo, sino por la obra de Dios. Los creyentes tenemos la fama de no saber convivir con aquellos que no creen como nosotros creemos y nos olvidamos de que el único camino es Jesucristo.3) Profetas: Hay una frase que me encanta que dice: “Tal vez no tenga victorias importantes, pero puedo sorprenderte con las derrotas que logré sobrevivir”, y esto no es poco, porque habla de quién sos mucho más que cuando hay aplausos, porque es levantarte cuando nadie daba nada por vos. Cada derrota deja marcas, pero también estructuras, porque te vuelve menos ingenuo y te hace más real. La derrota te obliga a conocerte en los bordes y no cualquiera puede atravesar sus propios derrumbes sin desaparecer. Anímate a ser el profeta de tu vida, descubriendo en cada cosa lo que Dios quiere para tu vida. Algo bueno está por venir.
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