EPISODE · Oct 19, 2021 · 5 MIN
Narciso Aníbal Valiente - De Reagan a las 4 avenidas
from Voces del Día
Ésta es la increíble historia de Narciso Valiente. Perdió la visión de niño, lo ayudó un club de fomento que lo envió a Córdoba a estudiar en una Escuela Especial. Representó al país en los Juegos Paralímpicos de 1980 y 1984 en el exterior y hoy vende bolsas de residuos y trapos de piso en las calles de Posadas. Narciso Aníbal Valiente, nacido en el hospital Dr. Ramón Madariaga el 4 de marzo de 1968. Es no vidente por un trágico accidente a la edad de 4 años. “Cuando tenía 4 años me reventé un ojo y con el tiempo me terminó perjudicando el otro porque no me hicieron, en su momento, un tratamiento que pueda impedir que me ocurriera eso”, explicó el hombre de 53 años. Guiándose con su bastón blanco, Narciso aguarda potenciales clientes en un costado de la YPF ubicada en Monteagudo y avenida Uruguay. De muy buen humor, continúa conversando y recordando ese pasado que condicionó todos sus días “Siempre yo digo que la culpa en este caso es del profesional ¿Por qué razón? Porque mi mamá era y mi familia eran de una extrema pobreza y en ese entonces logró llevarme hasta el hospital, hasta el Madariaga y el oculista tendría que haber tomado todas las precauciones para que no me sucediera eso en el futuro”, dijo resignado. Volví sobre el momento crucial en que empezó a perder la vista, porque no ocurrió de golpe, sino en el lapso de 5 años, luchó por no perder la visión de su ojo derecho también “Me caí sobre un tronco y me reventé el ojo izquierdo y con el tiempo me terminó dañando el otro lado. Eso pasó en Campo Viera, más o menos. Jugaba con mis hermanos al Tigre Zabala, había una radio comedia que se llamaba el Tigre Zabala en ese entonces, y nosotros la queríamos imitar y como toda criatura sin medir las consecuencias y los chicos no quedan tranquilos nunca”, recordó. Ante la consulta de si conserva algún grado de visión, respondió “Tengo ojos de vidrio de los dos lados y es imposible que vea a un metro. No son naturales”, sentenció categóricamente. Valiente, aún con sus productos de venta en la mano, me compartió detalles de cómo procuraron ayudarlo desde una entidad que se responsabilizó por su recuperación “El club de leones de Eldorado se hizo cargo de mi cuando se enteraron de mi problema y trataron de hacer todos los esfuerzos posibles para que no perdiera los dos ojos, pero no se logró. En el Hospital Santa Lucía (de Oftalmología –Buenos Aires-) me hicieron llegar. El segundo ojo lo perdí en el año 79 (a los 12 años). Tampoco siento remordimientos porque dentro de todo me desenvuelvo en la vida, agradecido siempre”, dijo. El testimonio de este vendedor ambulante, ya era fuerte de por sí. Sin embargo, mi atención subió un escalón más cuando arrancó diciendo “Representé al país en dos oportunidades en el exterior: En República Dominicana en 1980 en gimnasia artística y en 1984, que fui recibido por el presidente en ese momento Ronald Reagan en Estados Unidos haciendo atletismo, en los juegos paralímpicos”. No puedo negarles a nuestros lectores que me costó creerle. Por un momento dudé estar hablando con alguien que estuviera enajenado. Pero Narciso me desafió con sutileza “busca en internet, que está todo. Desde junio de 1984 buscá en internet”. Obviamente busque su nombre asociado a los juegos paralímpicos de ese año. Primeramente, este cornista ignoraba la existencia siquiera de un juego paralímpico realizado en 1984, pero no solo descubrí que tal juego sí existió, sino que también descubrí que ese juego se realizó en dos países simultáneamente, dos ciudades de Estados Unidos e Inglaterra. Lo que resultó más curioso, es que ese año, 1984, fue el año en que el deporte paralímpico argentino registra la participación más baja de deportistas connacionales en un juego e inclusive, no hubo participación de mujeres argentinas. De hecho, habían pasado solo dos años de la guerra de Malvinas y la delegación argentina se negó a participar de las disciplinas que se disputaron en la designada sede de Gran Bretaña. Solo seis deportistas y todos hombres según consta en algunas reseñas. Mi sorpresa fue encontrar entre los seis nombres, a Narciso Valiente. Ignoro la veracidad de si existió un saludo entre mi ocasional entrevistado en una estación de servicio posadeña y el ex presidente norteamericano Ronald Reagan, pero ¿Por qué no creerle? O dicho de otro modo ¿Por qué mentiría? Sencillamente, quizá no haya registros, o este servidor no los haya encontrado. Pero volvamos al relato de este, cada vez, más enigmático hombre, Narciso. Con gran elocuencia, narró su actual vida y empezó por el origen de los tiempos “Desde el año 87/88 me dediqué siempre a la venta ambulante y bueno, gracias a Dios, siempre me defiendo con eso. Peo también tengo mi sueldo de parte del estado así que no me puedo quejar. Se complementa”, remarcó con un optimismo brutal. “Vendo bolsas para la basura, trapos para piso, lo que pueda encontrar en el momento como golosinas en algunos casos, lo que sea”, comentó. “Siempre ando por avenida Corrientes y Tucumán y sino donde estamos ahora en esta estación de servicio de Monteagudo y Uruguay que me permite la gente de acá, del lugar, pero ando por todos lados también”, dijo a modo de repaso. Valiente, aportó uno de los comentarios más preciosos de la escueta entrevista. Habló de ayudar a los jóvenes. Y uno se pregunta ¿él? ¿Un hombre ciego que vende trapos de piso y bolsas de basura, tiene la energía y alegría de ayudar a los demás? Cualquier persona estaría maldiciendo quizá o estaría compadeciéndose de su suerte. Pero este hombre Valiente (con mayúscula) no se queja, sino que avanza como un tropel “Así también le enseño a los jóvenes a defenderse, a conseguir su pan de cada día”, dijo mientras no terminaba yo de abrir la boca azorado. Narciso, no se vincula con el Instituto del Ciego que funciona en Posadas. Su explicación fue breve “No estoy en contacto con el instituto del ciego porque yo me ocupo más en tratar de que mi hijo no pase las mismas situaciones económicas como me pasó a mí y quiero tratar de que él tenga su propio rebusque, esa es la realidad, no quiero que siempre viva en la calle”, sostuvo. Su vida actual, transcurre entre la venta ambulante y sus viajes a San Ignacio donde asegura residir “Vivo con mi hijo, mi nieto y mi nuera. La mamá de mi hijo vive en Corpus, estamos separados, pero tenemos contacto”. Por último, y en un evidente desorden cronológico, quizá por culpa del entrevistador (obviamente), Narciso remató el encuentro recordando una etapa, seguramente, decisiva en su vida “Estuve en el Hellen Keller (Escuela Especial para niños Ciegos) para ciegos en Córdoba y ahí hice toda mi primaria y parte de mi secundaria en un colegio normal, Garzón Agulla (Escuela Normal Superior "Dr. Agustín Garzón Agulla" - E.N.S.A.G.A.), fue parte de la ayuda que me bridó el Club de Leones de Eldorado”, finalizó.
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