EPISODE · Sep 2, 2026 · 9 MIN
P832 La jungla del asfalto: el debate de los patinetes, las bicicletas y la alarmante desatención de la educación vial
from Seguridad Vial y Educación Vial
A raíz de la oportuna consulta de nuestro oyente Fernando López en el buzón de Auto FM, analizamos junto a José Lagunar y el equipo la incoherencia de permitir que vehículos capaces de alcanzar velocidades considerables circulen por nuestras calles sin exigir una licencia mínima, y cómo la administración pública incumple sistemáticamente sus propias leyes de formación escolar. El asfalto de nuestras ciudades ha experimentado una mutación sin precedentes en el último lustro. Lo que comenzó como un juguete de moda o un elemento recreativo para adolescentes se ha consolidado como un pilar del transporte urbano diario: los Vehículos de Movilidad Personal (VMP). Sin embargo, esta velocidad tecnológica e industrial ha dejado en evidencia una alarmante parálisis administrativa, legislativa y educativa que pone en riesgo la vida de miles de usuarios a diario. ¿Cómo es posible que permitamos que un conductor se incorpore al tráfico de una gran urbe sobre un vehículo de motor sin haber demostrado previamente que conoce la diferencia entre un ceda el paso, un stop o el significado de un semáforo en rojo? [Imagen de Varios patinetes eléctricos cruzando un paso de peatones de forma desordenada] 1. El pitorreo regulatorio: la paradoja de los VMP en la calzada Para comprender el origen de este desorden, José Lagunar insiste en diferenciar de manera técnica y legal qué tipo de elemento de movilidad estamos manejando. El marco regulatorio actual establece distinciones muy claras, pero las aplica con un criterio contradictorio: • Las bicicletas tradicionales: Legalmente, no están catalogadas como vehículos de motor. Dependen exclusivamente del esfuerzo físico del ciclista y, por tanto, se mueven en un marco de movilidad blanda o activa. • Los Vehículos de Movilidad Personal (VMP): Los patinetes eléctricos han dejado de ser juguetes para estar catalogados formalmente en el Reglamento General de Vehículos como vehículos de motor. Tienen una limitación de velocidad máxima por construcción de 25 km/h, disponen de baterías de gran capacidad y, en muchos casos, ya incorporan sistemas de amortiguación y destellos de señalización. Aquí radica la gran incoherencia que destaca nuestro oyente Fernando López: si el patinete eléctrico es, a todos los efectos legales, un vehículo que circula por la calzada y comparte espacio con turismos, camiones y autobuses, ¿por qué no se exige un permiso de conducción básico para poder manejarlo? No se trata de una medida restrictiva o recaudatoria, sino de un filtro elemental de supervivencia. Incorporarse a una rotonda o circular por un carril urbano exige conocer las dinámicas del tráfico y la prioridad de paso. Asumir de forma ingenua que los conductores de VMP conocen las señales "por ciencia infusa" es una temeridad que pagamos con un aumento preocupante en las cifras de atropellos e impactos urbanos. 2. El espejo del pasado: la licencia de ciclomotor a los 14 años La solución a este vacío legal no requiere inventar una nueva burocracia de vanguardia; basta con mirar al pasado reciente de nuestras carreteras. Quienes pertenecen a generaciones anteriores recuerdan con orgullo y respeto la obligatoriedad de la antigua licencia de ciclomotor, que se podía obtener a partir de los 14 años (actualmente adaptada al permiso AM a los 15 años). Aquella licencia de ciclomotor supuso, para millones de jóvenes españoles, la mejor autoescuela de su vida: 1. Asunción de responsabilidad: El menor entendía que tener una placa de matrícula amarilla y un permiso físico le obligaba a respetar unas normas de comportamiento básicas. 2. Examen de mínimos: Aunque el examen teórico era sencillo, obligaba a estudiar el código de circulación, comprender el sentido de las vías y conocer los peligros de circular en dirección contraria o saltarse un stop. 3. Primer contacto con el seguro: Obligaba a circular con una póliza de responsabilidad civil activa, protegiendo tanto al conductor como al resto de peatones ante un siniestro fortuito. Sustituir este modelo de formación temprana por una desregulación absoluta donde cualquier ciudadano puede alquilar un patinete con una aplicación móvil y ponerse a circular por el centro de Madrid o Barcelona es, en palabras del equipo de Auto FM, un retroceso cívico incomprensible. 3. El mayor incumplimiento de la ley: la asignatura fantasma Si hay un culpable directo en este analfabetismo vial que impera en las aceras y calzadas de nuestro país, es la propia administración pública. José Lagunar lanza una dura denuncia que cuenta con el respaldo absoluto de los profesionales de la formación: el mayor incumplidor de la normativa de seguridad vial en España es el propio Estado. La ley de educación española establece de forma explícita que la educación vial es una materia obligatoria que debe impartirse de manera transversal en los centros escolares (especialmente integrada en materias como la educación física o los valores éticos). Sin embargo, la realidad de las aulas demuestra que esta norma es papel mojado. Salvo visitas muy puntuales, voluntarias y anecdóticas de agentes tutores o policía local para dar una charla básica o hacer una jornada de karts, los niños españoles terminan su escolarización obligatoria sin haber recibido ni una sola hora de formación vial rigurosa. Es inviable pretender que los jóvenes respeten el orden vial cuando el propio sistema educativo ha decidido marginar la única materia que les enseña a salvar su propia vida de camino al colegio. 4. La física de la rueda pequeña y la responsabilidad de los padres Además de la falta de formación reglamentaria, el uso de bicicletas y patinetes en el entorno familiar adolece de una falta de conciencia técnica preocupante. Como bien señala el equipo técnico en el estudio, no es lo mismo tomar una curva o un bache con una llanta de coche de 17 pulgadas que con la diminuta rueda de un patinete eléctrico estándar: • Inestabilidad geométrica: El diámetro reducido de las ruedas de un VMP multiplica el riesgo de pérdida de equilibrio ante cualquier irregularidad del asfalto. Un simple socavón o bache urbano, de los miles que plagan nuestras carreteras convencionales por falta de presupuesto en conservación, actúa como un bloqueador inmediato del eje, proyectando al conductor de cabeza contra el suelo. • El peligro de circular sin casco: Aunque la obligatoriedad del casco se ha ido implantando progresivamente en las ordenanzas municipales, aún es habitual observar a menores de edad sorteando el tráfico rápido sin ningún elemento de protección craneal. Un impacto contra el bordillo a una velocidad de tan solo 15 km/h o 20 km/h es suficiente para provocar un traumatismo craneoencefálico de consecuencias fatales. Ante la inacción de la administración, la responsabilidad recae de forma directa sobre los hombros de los padres. El ejemplo es el mejor maestro. Si un menor de edad ve a sus propios progenitores cruzar una rotonda por el medio de la calzada para "ahorrar" unos metros, o aparcar el coche en doble fila bloqueando el paso de peatones de la escuela, aprenderá que las normas de tráfico son accesorias y que el egoísmo personal prevalece sobre la seguridad del grupo. Hacia un examen básico de movilidad El permiso de conducir tradicional (clase B) se ha vuelto un proceso excesivamente complejo y lejano para las nuevas generaciones en las grandes ciudades, retrasando la edad de obtención hasta rozar los 27 o 28 años en muchos casos. Sin embargo, compartir el espacio público de la calzada exige unos compromisos recíprocos mínimos. La implantación de un carnet o licencia básica de movilidad personal —un examen digital, ágil, económico y centrado en la señalización básica y el respeto mutuo— no solo pacificaría el tráfico de nuestras ciudades, sino que daría a los usuarios de patinetes y bicicletas la confianza y el amparo legal que necesitan para moverse seguros. Hasta que ese momento llegue, el único camino es la concienciación en el hogar, el uso inquebrantable del casco y recordar que sobre un patinete de apenas 15 kilos de peso, el chasis y la zona de deformación programada ante un coche es, en última instancia, tu propio cuerpo.
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