EPISODE · Sep 15, 2014 · 3 MIN
RECOGED ESA VOZ
from Podcast de Freddy Vicente Sosa Guerrero
Recoged esta voz de Miguel Hernández I Naciones de la tierra, patrias del mar, hermanos del mundo y de la nada: habitantes perdidos y lejanos más que del corazón, de la mirada. Aquí tengo una voz enardecida, aquí tengo un vida combatida y airada, aquí tengo un rumor, aquí tengo una vida. Abierto estoy, mirad, como una herida. Hundido estoy, mirad, estoy hundido en medio de mi pueblo y de sus males. Herido voy, herido y malherido, sangrando por trincheras y hospitales. Hombres, mundos, naciones, atended, escuchad mi sangrante sonido, recoged mis latidos de quebranto en vuestros espaciosos corazones, porque yo empuño el alma cuando canto. Cantando me defiendo y defiendo mi pueblo cuando en mi pueblo imprimen su herradura de pólvora y estruendo los bárbaros del crimen. Esta es su obra, esta: pasan, arrasan como torbellinos, y son ante su cólera funesta armas los horizontes y muerte los caminos. El llanto que por valles y balcones se vierte, en las piedras diluvia y en las piedras trabaja, y no hay espacio para tanta muerte, y no hay madera para tanta caja. Caravanas de cuerpos abatidos. Todo vendajes, penas y pañuelos: todo camillas donde a los heridos se les quiebran las fuerzas y los vuelos. Sangre, sangre por árboles y suelos, sangre por aguas, sangre por paredes. y un temor de que España se desplome del peso de la sangre que moja entre sus redes hasta el pan que se come. Recoged este viento, naciones, hombres, mundos, que parte de las bocas de conmovido aliento y de los hospitales moribundos. Aplicad las orejas a mi clamor de pueblo atropellado, al ¡ay! de tantas madres, a las quejas de tanto ser luciente que el luto ha devorado. Los pechos que empujaban y herían las montañas, vedlos desfallecidos sin leche ni hermosura, y ved las blancas novias y las negras pestañas caídas y sumidas en una siesta oscura. Aplicad la pasión de las entrañas a este pueblo que muere con un gesto invencible sembrado por los labios y la frente, bajo los implacables aeroplanos que arrebatan terrible, terrible, ignominiosa, diariamente, a las madres los hijos de las manos. Ciudades de trabajo y de inocencia, juventudes que brotan de la encina, troncos de bronce, cuerpos de potencia yacen precipitados en la ruina. Un porvenir de polvo se avecina, se avecina un suceso en que no quedará ninguna cosa: ni piedra sobre piedra ni hueso sobre hueso. España no es España, que es una inmensa fosa, que es un gran cementerio rojo y bombardeado: los bárbaros la quieren de este modo. Será la tierra un denso corazón desolado, si vosotros, naciones, hombres, mundos, con mi pueblo del todo y vuestro pueblo encima del costado, no quebráis los colmillos iracundos. II Pero no lo será: que un mar piafante, triunfante siempre, siempre decidido, hecho para la luz, para la hazaña, agita su cabeza de rebelde diamante, bate su pie calzado en el sonido por todos los cadáveres de España. Es una juventud: recoged este viento. Su sangre es el cristal que no se empaña, su sombrero el laurel y su pedernal su aliento. Donde clava la fuerza de sus dientes brota un volcán de diáfanas espadas, y sus hombros batientes, y sus talones guían llamaradas. Está compuesta de hombres del trabajo: de herreros rojos, de albos albañiles, de yunteros con rostro de cosechas. Oceánicamente transcurren por debajo de un fragor de sirenas y herramientas fabriles y de gigantes arcos alumbrados con flechas. A pesar de la muerte, estos varones con metal y relámpagos igual que los escudos, hacen retroceder a los cañones acobardados, temblorosos, mudos. El polvo no los puede y hacen del polvo fuego, savia, explosión, verdura repentina: con su poder de abril apasionado precipitan el alma del espliego, el parto de la mina, el fértil movimiento del arado. Ellos harán de cada ruina un prado, de cada pena un fruto de alegría, de España un firmamento de hermosura. Vedlos agigantar el mediodía y hermosearlo todo con su joven bravura. Se merecen la espuma de los truenos, se merecen la vida y el olor del olivo, los españoles amplios y serenos que mueven la mirada como un pájaro altivo. Naciones, hombres, mundos, esto escribo: la juventud de España saldrá de las trincheras de pie, invencible como la semilla, pues tiene un alma llena de banderas que jamás se somete ni arrodilla. Allá van por los yermos de Castilla los cuerpos que parecen potros batalladores, toros de victorioso desenlace, diciéndose en su sangre de generosas flores que morir es la cosa más grande que se hace. Quedarán en el tiempo vencedores, siempre de sol y majestad cubiertos, los guerreros de huesos tan gallardos que si son muertos son gallardos muertos: la juventud que a España salvará, aunque tuviera que combatir con un fusil de nardos y una espada de cera.
Embed this episode
NOW PLAYING
RECOGED ESA VOZ
No transcript for this episode yet
Similar Episodes
No similar episodes found.
Similar Podcasts
No similar podcasts found.