EPISODE · Sep 5, 2017 · 5 MIN
Reflexiones para bebés anónimos con Paco Abril 32: Aprendizajes 14.08.2017
from Podcast La buena tarde. RPA
Reflexiones de bebés anónimos, 32 Aprendizajes Paco Abril Pongamos que me llamo Maribel y que tengo casi tres años. Cada día aprendo algo nuevo. ¡Qué gozo tan grande es aprender! Hoy quiero hablaros de mi más fabuloso aprendizaje. Se lo debo, lo quiero manifestar alto y claro, a mi madre. Lo cuento. Una tarde me encontraba en un parque con ella y una amiga suya. Había allí un camino de piedras sueltas en el que me encanta jugar. Yo tiraba con una cuerdecita de un camión de juguete. Estaba concentrada conduciendo aquel vehículo. Creedme, era la mejor conductora del mundo. Había un precipicio a ambos lados y la máquina metía ruidos extraños: ¡Croing!, ¡tronch!, ¡brom! Y, de repente, ¡plof!, el camión se paró. Se había atascado entre las piedras. Yo tiraba y tiraba y no conseguía sacarlo de allí. Miré a mi madre con ojos implorantes: “¿Qué hago?”, solicitaba mi mirada, mientras mi boca aclaraba: “Se ha atascado, mamá”. Rápida, la amiga de mi madre, que tenía muchas ganas de charlar con ella, se lanzó hacia mi juguete dispuesta a levantarlo con la mano para, solucionado el problema, seguir con su cháchara. Mi madre la detuvo en seco diciéndole: “Espera, es el momento de aplicar lo que aprendí en un libro antes de que naciera Maribel”. Mientras pronunciaba estas palabras, se agachó, se dio cuenta cabal del problema y, mirándome a los ojos, me dijo cariñosa: “Es cierto, el camión de la superconductora está atascado. ¿Cómo te parece que podemos solucionarlo?”. Esto fue lo extraordinario: mi madre reconoció, primero, que había un problema de verdad, y segundo –esto es lo más importante–, consideraba que yo podía solucionarlo. O lo que es lo mismo: confiaba en mi capacidad. Su actitud me dio energía. La energía estimula el pensamiento, y se me ocurrió una gran idea. Cogí unos palitos que había por el parque y, ayudada por ellos, quité las piedras que impedían avanzar las ruedas, allané el camino y volví a mi arriesgada conducción por aquellos peligrosísimos parajes. ¡Brom, brom, brom! Éste fue mi gran aprendizaje. Ahora sé que puedo resolver problemas porque mi madre confía en mi capacidad para solucionarlos. Por eso, de regreso a casa, le di un gran beso. Ella me dio otro envuelto en unas palabras enigmáticas. Aunque no sé qué significan, suenan de maravilla. Me dijo: “Siempre aprendo contigo. Tú eres mi gran maestra ignorante”.
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