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EPISODE · Apr 10, 2020 · 29 MIN

SANTO VIACRUCIS EN AUDIO Y CON TEXTO EWTN

from PREDICACIONES

1. ViaCrucis Presentación “Sin cruz no hay gloria ninguna, ni con cruz eterno llanto, santidad y cruz es una, no hay cruz que no tenga santo, ni santo sin cruz alguna”. Félix Lope de Vega y Carpio Nos disponemos a celebrar el Vía Crucis, el Camino de la Cruz, y como todos bien sabemos, ésta práctica de piedad tiene su origen en el misterio mismo de la Muerte y Resurrección de Jesús... Contemplaremos momentos concretos de lo que aconteció, cuando Jesús fue condenado a muerte, cuando por las calles de Jerusalén cargaba la cruz, cuando fue crucificado en el monte calvario y cuando murió, para ofrecernos a todos la Salvación y la Vida Eterna. Esta bella tradición, nos debe ayudar a todos a vivir de manera auténtica nuestra vida cristiana, es decir, contemplar la vida desde la cruz de Cristo, pues la cruz es la condición fundamental para seguir al Señor “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Lc 9, 23. La cruz no es algo que nos aplasta, como solemos pensar; al contrario, cargar la cruz es para el cristiano un signo de fe y de esperanza, señal de la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte; por eso la Cruz de Cristo es la respuesta de Dios al hombre, cuando nos preguntamos del ¿Por qué el dolor, el sufrimiento, la necesidad, la enfermedad, la muerte...? Dispongámonos a vivir este momento como un acto de fe y de gloria, como bien lo dijo san Pablo “En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!”. Ga 4, 14. Sabemos que no son tiempos fáciles por la pandemia del COVID-19, nos encontramos ante una realidad que nos interpela y nos llena de miedo, pero al mismo tiempo nos llena de esperanza, pues estamos en las manos de Dios... Sin duda alguna esta Semana Santa es y será algo especial, pues nunca hemos tenido que vivirla y celebrarla sin ir a nuestros templos y sin reunirnos en la comunidad parroquial de fe. Dios sabe porque lo permite y porque las cosas tienen que ser así. Es la oportunidad para que como familia y reunidos en nuestra casa, vivamos y celebremos los misterios de la Salvación. “La familia es la Iglesia doméstica” así nos lo enseñó San Juan Pablo II. Por eso como familia y desde la familia, celebramos este Vía Crucis. Lo haremos con sus XIV estaciones, para que la Cruz nos lleve a la Pascua, a la Resurrección. Quien dirige el viacrucis: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Oración inicial Oremos con santa Teresa de Jesús: «En la cruz está la vida y el consuelo y ella sola es el camino para el cielo. En la cruz está el Señor de cielo y tierra y el gozar da mucha paz, aunque haya guerra. Todos los males destierran de este suelo y ella sola es el camino para el cielo. Es una oliva preciosa la santa cruz, que con su aceite nos unta y nos da luz. Alma mía, toma la cruz con gran consuelo. Que ella sola es el camino para el cielo». Amén 1-Primera estación: Jesús es condenado a muerte V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Mateo 27, 26 “Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.” Meditación Uno de los grandes males que amenaza la vida de nuestras familias es sin duda alguna la realidad del aborto. En la condena a muerte de tantos inocentes, se sigue haciendo presente y actual, la condena a muerte de Jesús. La familia es santuario de la vida y del amor, por eso el Dios de la Vida, hace a los esposos cooperadores en la obra de la creación mediante el don de la maternidad y la paternidad. El aborto, como lo dijo el Papa Francisco “más que cuestión de fe, es cuestión de humanidad”. El aborto es reflejo de la profunda crisis que vive el hombre moderno y la sociedad actual. Todos estamos llamados a custodiar el Don de la vida. Oración Dios de la Vida, haz venido a traernos Vida en abundancia. Hoy te pedimos por tantos niños y niñas que en todo el mundo han sido condenados a la pena de muerte mediante el aborto. Amén. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 2-Segunda estación: Jesús carga con la cruz V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Juan 19, 17: “Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota).” Meditación Cargar la cruz significa contemplar la vida con los ojos de la fe. Pensemos en tantas situaciones que viven las familias hoy, marcadas por el dolor, el sufrimiento, la enfermedad, la fragilidad, la violencia, la necesidad... Pero también, la alegría, la unión, el amor, la esperanza, la fe, la paz, la generosidad, el compromiso, el respeto... La familia es el lugar donde la realidad de la vida se hace presente, como bien nos lo recordó la Iglesia en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo” GS 1. En dónde también nos enseñó que la familia es de carácter sagrado y es aquí donde radica su grandeza y dignidad. Oración Te pedimos Señor por nuestras familias, tu bien conoces por lo que estamos viviendo, sabes de nuestras alegrías y tristezas. Ayúdanos a imitar las virtudes de tu familia, que junto a la Virgen María y a San José seamos reflejo del amor, la unión, el perdón, el servicio y la fe. Amén. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 3-Tercera estación: Jesús cae por primera vez V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Mateo 26, 41: “Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil.” Meditación Es en el hogar donde aprendemos a conocer y a amar a Jesús. Es en la familia donde aprendemos a rezar, donde aprendemos el valor del esfuerzo y el sacrificio. Tristemente esta es una de las tareas que más venimos perdiendo al interior de nuestras familias. Se nos ha olvidado que “Familia que reza unida, permanece unida”. Los padres ya no trasmiten las virtudes de la fe a sus hijos, y no lo hacen porque ellos mismos no viven la experiencia de Dios y de Iglesia. Hoy más que nunca es necesario que entre todos nos tomemos más en serio la experiencia de fe de nuestros niños, para que ellos tengan un encuentro personal con Jesús que trasforma la vida. Como bien nos enseñó el Papa Benedicto XVI “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Oración Señor caes por primera vez, y te levantas... Que también nosotros nos levantemos de nuestras caídas. Sobre todo, te pedimos que nos ayudes a levantarnos de la tibieza espiritual que nos impide conocerte y amarte más, y al mismo tiempo no nos permite compartirte con nuestras familias y amigos. Amén. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 4-Cuarta estación: Jesús se encuentra con su madre V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Lucas 2, 34-35: “Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción, y a ti misma una espada te traspasará el alma.” Meditación Jesús se encuentra con María su madre. Un encuentro de amor y al mismo tiempo de profundo dolor, pues el hijo de sus entrañas va camino a la muerte. Nadie sabe lo que vive y siente una madre con la muerte de un hijo. Solo ella, como María sabe lo que esto significa, no hay palabras y sentimientos que expresen tal dolor. María es mujer de fe y esperanza, se fía de Dios, espera en Él y en su Palabra... Por eso este encuentro la sostiene y la fortalece. Oración Señor, que como María estemos dispuestos a vivir de tu Palabra. Que, como Ella, seamos dóciles a tu Espíritu y guardemos todo en nuestro corazón... Señor mira con ojos de bondad a todas las madres que como María, sienten la muerte de su hijo. Amén Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 5-Quinta estación: Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Lucas 23, 26: “Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.” Meditación La familia es una realidad natural y al mismo tiempo una realidad sagrada, ella hace parte del plan original que Dios ha tenido para con la humanidad. Como nos enseña el Papa Francisco “la familia es la base de la sociedad y que continúa siendo la estructura más adecuada para asegurar a las personas el bien integral necesario para su desarrollo permanente”. Por eso todas las familias cristianas están llamadas a ser cirineos de otras familias, trasformar a la luz del Evangelio la vida de tantos hombres y mujeres que viven sin ilusión y sin esperanza. Muchas familias en el mundo necesitan de nuestra oración y de nuestro acompañamiento, muchas familias sucumben bajo el peso de sistemas ideológicos y totalitarios que atentan contra su dignidad sagrada, muchas familias se ven amenazadas por políticas anti familia. Es necesario que resplandezca en el mundo la belleza original de la familia. Oración Señor, que ayudado por el cirineo sientes el alivio de una mano amiga que hace que las cargas pesadas sean posible llevarlas. Haz que esta misma experiencia la vivan muchas familias que pasan por grandes dificultades. Que la oración y el acompañamiento a las familias sea como el cirineo en el camino de las cruces de la vida. Amén. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 6-Sexta estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Isaías 53, 2-3: “Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado.” Meditación Dios es comunión de Personas. Por eso nuestra fe es Trinitaria, creemos en Dios que es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo. La Santísima Trinidad, es imagen de la familia cristiana en cuanto comunión de personas. Podemos decir que el rostro de Dios se hace visible en el rostro de la familia mediante la comunión interpersonal. Relacionarnos unos con otros es descubrir que somos comunidad. “Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”. Sal 26, 8-9. En el corazón de las familias resuenan las palabras del salmista, la familia busca a Dios de quien es imagen. Lamentablemente esta identidad propia de la familia se ve desfigurada por nuevos modelos de familia que nos quiere imponer la sociedad moderna, modelos imperfectos de un mismo ideal. Hoy la familia está llamada a ser como la Verónica, plasmar en la realidad de la vida el rostro de Dios. Oración Señor, Tú eres imagen visible del Dios invisible (cfr. Col 1, 15 – 17). Haz que la familia cristiana sea el rostro visible de tu amor y de tu misericordia. Que quienes buscan con ansía tu rostro, lo encuentren en la vida de las familias y lo vivan mediante las virtudes domésticas. Amén. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 7-Séptima estación: Jesús cae por segunda vez V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Mateo 9, 12-13: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos… que no he venido a llamar a justos sino a pecadores.” Meditación Nuevamente Señor te vemos caído, pero no derrotado; te vemos en el suelo, pero dispuesto a continuar el camino. Así también Señor es muchas veces la vida de nuestras familias. La vida no es fácil para los padres que viven la dura realidad con hijos que viven sumergidos en el vicio de la drogadicción, el alcohol y el juego. Cuantas caídas, cuantas levantadas... Ayúdanos a todos a descubrir que tu Amor todo lo transforma. Así como no lo enseñó San Juan “Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Jn 4, 16). Oración Señor también nosotros hemos conocido el Amor por medio de tu Hijo quien nos ha amado hasta el extremo. Haz que el amor transforme nuestra vida, la vida de nuestras familias, pero muy especialmente transforme la vida de tantos jóvenes que se sienten vivir sin amor y corren el riesgo de buscar refugio en los vicios. Amén. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 8-Octava estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Lucas 23, 27-28. 31: “Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos… porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?»”. Meditación En la vida y en la misión de Jesús, el papel de la mujer fue decisivo y fundamental. Del grupo de los discípulos de Jesús, muchas eran mujeres. Así acontece en la Iglesia, así lo vemos en la vida de nuestras comunidades parroquiales. El encuentro de Jesús con las mujeres de Jerusalén, se prologa en la vida de tantas mujeres que en el mundo entero luchan por el respeto a su dignidad y a sus derechos. Por eso la Iglesia es abanderada en esta tarea, como nos lo recuerda el Papa Francisco “En el curso de estos últimos decenios, junto a otras transformaciones culturales y sociales, también la identidad y el papel de la mujer, en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, ha conocido notables cambios y, en general, la participación y la responsabilidad de las mujeres ha ido creciendo”. Oración Señor te pedimos por todas las mujeres del mundo. Que, siguiendo tu ejemplo, el mundo y la Iglesia las trate con respeto y delicadeza. Amén Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 9-Novena estación: Jesús cae por tercera vez V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Lucas 15, 7: “Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.” Meditación En esta tercera caída, vamos a contemplar la realidad que vive el hombre sin Dios. Como nos lo recordaba el Papa el pasado 27 de marzo en la Bendición Urbe et Orbi “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades... La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad”. El hombre que vive sin Dios es un hombre que vive en permanente caída. Su vida está cimentada en falsas seguridades. Oración Señor ten piedad de nosotros. En Ti ponemos toda nuestra confianza, pues sin Ti nuestra vida se hunde, se cae... Amén Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 10-Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Mateo 25, 35-36: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Meditación Todos los hombres somos creados a imagen y semejanza de Dios, es ahí donde radica la grandeza de nuestra dignidad. Ésta dignidad se ve grandemente amenazada por el pecado, que nos despoja de lo que realmente somos y de lo que estamos llamados a ser: Santos. La pérdida del sentido del pecado, es el pecado de la humanidad de hoy. Así no enseñó San Juan Pablo II “¿No vive el hombre contemporáneo bajo la amenaza de un eclipse de la conciencia, de una deformación de la conciencia, de un entorpecimiento o de una "anestesia" de la conciencia? ... el pecado del siglo es la pérdida del sentido del pecado”. Oración Señor que vivamos de la fe en Cristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte. En tu cruz nuestra culpa fue vencida, en tu cruz nuestra condena fue absuelta. Que busquemos en las fuentes de tu Amor y de tu Misericordia tu perdón, que nos acerquemos con humildad y fe al Sacramento de la confesión. Amén. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 11-Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Juan 3, 14-15: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.” Meditación Entonamos en el himno: “¡Victoria! ¡tú reinarás! ¡Oh cruz! ¡tú nos salvarás!” Cristo crucificado es signo de Victoria y de Salvación. Dios nos une a todos al misterio de su Cruz. Como nos lo recordaba el Papa el pasado 27 de marzo en la Bendición Urbe et Orbi “Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor... Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente... En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles”. Oración Señor unidos a tu cruz, llevamos nuestras propias cruces, abrazados a tu cruz, abrazamos tu voluntad. Ayúdanos a cargar la cruz cada día con alegría y esperanza. Amén. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 12-Duodécima estación: Jesús muere en la cruz V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Lucas 23, 44-46: “Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto, expiró.” Meditación Nos encontramos ante un momento único. Cristo el Hijo de Dios, el Salvador, el que existe desde siempre y para siempre, el que asume nuestra carne mortal, el que vivió entre nosotros, el que pasó haciendo el bien, el que perdonó a los pecadores, el que sanó a los enfermos, el que resucitó a los muertos; el que ha venido a traernos Vida en Abundancia; el Eterno, Señor del tiempo y de la historia... muere en la cruz. Y con su muerte, nuestra muerte fue vencida; con su muerte la vida florece, se abren las puertas de la Vida Eterna. “La hermana muerte” no tiene la última palabra. La última palabra sólo la tiene Dios. Oración Soneto a cristo crucificado No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muéveme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 13-Decimotercera estación: Jesús es bajado de la cruz V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Juan 19, 38: “Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.” Meditación Bajado de la cruz, el cuerpo de Jesús sin vida, reposa primero sobre los brazos de su Santísima Madre. Un momento de piedad... Ante el silencio de Dios, resuena la fuerza del amor. En estos tiempos que vivimos por el COVID-19 nos hemos dado cuenta lo que realmente somos... Somos limitados, finitos... Estábamos seguros en nuestros planes y quehaceres de todos los días, teníamos la garantía del trabajo y del dinero, sumergidos en los afanes de cada día... Y ahora como si el mañana tal vez no llegara, estamos en nuestras casas, confinados, re habituando la vida a otros ritmos, a otros espacios... Antes no teníamos tiempo para nada, ahora tenemos tiempo para mucho, y no sabemos qué vamos hacer... Los planes de Dios son perfectos y sin duda Él sacara cosas muy buenas de todo esto. Ojalá también nosotros hagamos lo mismo. Oración “Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28, 5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5, 7)”. Papa el pasado 27 de marzo en la Bendición Urbe et Orbi. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 14-Decimocuarta estación: Jesús es sepultado V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. Juan 12, 24: “En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.” Meditación La realidad de la muerte nos aqueja a todos. Los que hemos tenido que pasar por situaciones así, sabemos perfectamente lo que significa. Cuando muere uno de nuestros seres queridos o uno de nuestros amigos, hay un profundo dolor en el alma... Nos sostiene la fe, pues Dios tiene para sus hijos una vida mejor, en el cielo... La imagen de Jesús en el sepulcro se convierte en un signo de esperanza. Cómo no pensar también en tantas personas que han muerto por causa del COVID-19. Elevamos a Dios nuestra oración por ellos y sus familiares. El sepulcro vacío con el que nos encontraremos en la Vigilia Pascual, es signo de nuestra esperanza. Cristo el Señor, vencedor de la muerte y del pecado, celebra con nosotros su Pascua. Oración Dios de la Vida, Tú nos dices “"Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”. Jn 11, 25-26. Qué tu Palabra sostenga y alimente nuestra fe y nuestra esperanza. Amén. Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. Oración al Cristo del Calvario (Gabriela Mistral) En esta tarde, Cristo del Calvario, vine a rogarte por mi carne enferma; pero, al verte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza. ¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados? ¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas? ¿Cómo explicarte a ti mi soledad, cuando en la cruz alzado y solo estás? ¿Cómo explicarte que no tengo amor, cuando tienes rasgado el corazón? Ahora ya no me acuerdo de nada, huyeron de mí todas mis dolencias. El ímpetu del ruego que traía se me ahoga en la boca pedigüeña. Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a tu imagen muerta, ir aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu santa puerta. Amén.

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