EPISODE · Sep 29, 2017 · 56 MIN
SEÑOR ENSÉÑAME A ORAR - Lección 1
from Escuela del Discipulado CCHFE
Antes de comenzar Dónde deberíamos ser más fuertes, somos más débiles. ¿Es por esto que muchos de los que profesan a Cristo viven vidas tan impotentes y comunes? ¿Por qué tantas personas, incluso aquellas que han sido “reconocidas” en el mundo occidental cristiano han “caído en el pecado”? Cuando los apóstoles de la iglesia primitiva, de repente se encontraron atrapados en una controversia que les consumió tanto su tiempo como su energía, tuvieron la suficiente fuerza espiritual como para saber que debía hacerse algo. Se encontraban frente al peligro de perder la noción de la prioridad de su llamado: ¡La Palabra de Dios y a oración! Entonces “convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: NO es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y el ministerio de la palabra” (Hechos 6.2-4). Aquí, en esta área, es donde todo hijo de Dios debería ser más fuerte: en la Palabra de Dios y en la oración. ¿Por qué en la Palabra de Dios? Porque según Jesús, el hombre vive de toda palabra que sale de la boca de Dios, y en eso consiste la palabra de Dios (Mateo 4.4). Es inspirada por Dios. La inspiración en 2 Timoteo 3.16 proviene del término griego theopneustus, que significa “inspirada por Dios”. Es por esto que mi vida, como los Ministerios Precepto están dedicados a enseñar a las personas a estudiar la Palabra de Dios por sí mismo. Nosotros existimos con el objetivo de establecer al pueblo de Dios en su palabra, como aquello que produce una vida que es vivida en reverencia a Dios. ¡El cristianismo en general carece de temor, de reverencia a Dios! Por eso es que hay tanto pecado, tantas vidas centradas en sí mismas y tan pocas personas que abrazan la cruz. La Palabra de Dios es la base de todo en nuestra vida. Cuando Dios habla de un tema en particular, lo que Él dice es la verdad. Debe obedecerse lo que Él manda. Dios ha hablado, y eso se mantiene en pie. Debemos creer y obedecer. Pero el cristianismo es algo más que el sólo hecho de creer y obedecer mandamientos y promesas. El cristianismo no es una religión sino una relación. Y una relación requiere comunicación. Por lo tanto, la oración es fundamental, porque es por medio de ella que usted y yo nos comunicamos con nuestro Padre celestial. Hay incontables decisiones que tomar, sabiduría que buscar, recursos que se necesitan, transgresiones que corregir y amor y agradecimiento que comunicar. Entonces, se nos dice que debemos orar sin cesar. Los aspectos de nuestra vida cotidiana pueden encontrarse en la Palabra de Dios en cuanto a los principios, pero no necesariamente en cuanto a los detalles prácticos. Por lo tanto, debemos hablar y escuchar a nuestro Padre celestial. En eso consiste la oración. Los discípulos debían tener sumo cuidado de no estar demasiado ocupados sirviendo a Dios y, de ese modo, ignorar la Palabra que significa conocer a Dios; y la oración, que es el medio de comunicarse con Él. Cuando Jesús estaba con sus discípulos en la tierra, ellos vieron qué lugar ocupaba la oración en su vida y escucharon sus enseñanzas acerca de la importancia de la persistencia en la oración. De ese modo, al darse cuenta de que tenían que saber cómo orar, dijeron: “Señor, enséñanos a orar”. Si ellos necesitaban saberlo ¿acaso no lo necesitamos nosotros? ¡Por supuesto! Dicho sea de paso, amado lector, cuanto más se dedique a la oración y a la Palabra de Dios, más fuerte será la relación que debe predominar sobre todo lo demás. Entonces, de eso se trata. Este no es otro libro acerca de la oración, sino un estudio de la respuesta de Jesús a sus discípulos cuándo estos le dijeron: “Señor, enséñanos a orar”, y Él les respondió: “Cuando oren, digan…” El estudio que usted está por comenzar ya ha sido emprendido por más de 450.000 personas, y los informes acerca de su éxito han sido algo más que alentadores. Han sido increíbles. Y eso es lo que debe esperarse, porque lo que usted va a hacer es simplemente adentrarse en la Palabra de Dios por su propia cuenta y aprender con mayor profundidad la forma de orar del Señor. El estudio le tomará sólo cuatro semanas, apenas veintiocho días. No obstante, lo que aprenda será suyo y lo podrá poner en práctica para siempre. Mientras realice este estudio, o una vez que lo haya terminado, tal vez desee leer otros libros relacionados a la oración. Por cierto, hay infinidad de libros sobre el tema. Algunos son maravillosos. Pero hay otros que no tienen una base bíblica sólida, de modo que deberá realizar su elección empleando el discernimiento. Además, ¿necesitamos ir más allá de las Escrituras y de lo que ellas enseñan acerca de la oración? Yo creo que no, pero esa es una decisión que usted deberá tomar. Este libro de estudio se ofrece junto a la oración de que Dios lo utilizará poderosamente para enseñarle a orar “de acuerdo a su voluntad” y de que las palabras del Señor, con respecto a la oración, permanecerán en usted. Recuerde que Jesús dijo: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15.7). Puede utilizar este libro en grupos de estudio, grupos de oración, clases de escuela dominical, material para discipulado o para su propio provecho. Cualquiera sea la forma que elija, simplemente úselo y vea qué sucede cuando lo pone en práctica. Si desea contar con cintas de audio o de video para apoyo del aprendizaje de este libro de estudio, o cintas para líderes que le ayuden a conducir una clase sobre este estudio llámenos al (615) 892-6814 o escribanos a la siguiente dirección: Ministerio Precepto P.O.Box. 182218 Chattanooga, TN, 37422 U.S.A.? --- Día número UNO APRENDIENDO A ORAR Nos encontrábamos orando en una de nuestras conferencias para mujeres de Ministerio Precepto, cuando una de las participantes nos pidió que oráramos por un miembro de su iglesia que se encontraba hospitalizado, enfermo de cáncer y próximo a morir. “¿Podría, por favor, orar por sanidad?”, preguntó la mujer. Débora Martin, que en ese entonces formaba parte de nuestro personal, tenía en sus manos el micrófono, de modo que le pedí que orara. Débora se puso a orar despacio. Me di cuenta que estaba luchando con una pregunta, una pregunta que yo también me hacía dentro de mi corazón: “¿Cómo oro, Señor?” Puedo escuchar a algunos de los “hermanos” o “hermanas” decir: “¿Lucha? ¿Por qué lucha? ¿Dónde está su fe? ¿Acaso no cree que Dios puede sanar? ¿Acaso las Escrituras no dicen que, si pedimos algo en su nombre, Él lo hará? ¿Y el versículo que dice: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres”? (Mateo 15:28a). Sí, Débora conocía las promesas y sabía que Dios puede curar y en realidad lo hace. El problema residía en que ella no sabía la voluntad de Dios para esta persona en particular. “¡La voluntad de Dios! ¡La voluntad de Dios!”. Nuevamente puedo escuchar a algunos de ustedes: “¡La voluntad de Dios es la de sanar! ¡La sanidad es para todos si sólo tenemos la fe para pedirla!”. Si usted está asintiendo con la cabeza demostrando que está de acuerdo con esas últimas palabras, sé por qué lo hace, tema que trataremos más adelante en nuestro estudio. Pero, a estas alturas no quisiera salirme del tema que nos ocupa, porque tenemos un único objetivo: “Señor, enséñame a orar”. ¿Alguna vez estuvo en una situación como la de Débora? Si las personas saben que usted cree en la oración, estoy segura de que lo estuvo. ¿Qué hizo? ¿Cómo oró? ¿Respondió Dios a su oración? ¿Sabía con certeza que Él le respondería? O, si Él lo hizo, ¿usted se sorprendió? Déjeme hacerle algunas preguntas más al respecto. ¿Cuánto confía usted en su vida de oración? ¿Alguna vez creyó que Dios respondería a su oración de alguna manera y lo único que recibió fue una desilusión? Cuando ora, ¿son sus oraciones de tipo general? como por ejemplo: “Bendice a todos. Ayuda a todos los misioneros, sana a todos los enfermos” ¿Tiene miedo de orar de forma específica, de pedirle a Dios respuestas concretas? ¡Oh, querido lector! creo que lo comprendo. Yo he pasado por lo mismo y, por lo tanto, ¿le molestaría que le hiciera algunas otras preguntas? ¿Alguna vez se ha sentido totalmente impactado frente al testimonio de otros y de las respuestas a sus oraciones? ¿Lo hace sentirse abandonado el hecho de que nunca recibiera ese tipo de respuesta? ¿Siente celos… envidia… enojo? ¿Alguna vez se ha preguntado si sabe cómo orar? ¿Lee libros acerca de la oración con gran entusiasmo, comienza con todo su empeño y luego siente que ha fracasado? Déjeme decirle nuevamente que yo lo comprendo. Y si bien no pretendo ser una “profesional” de la oración, puedo compartir con usted los principios de la Palabra de Dios que todos debemos conocer para poder orar eficazmente, para que nuestras oraciones sean respondidas. Son principios básicos, son simples, son bíblicos. Por lo tanto, ¡funcionan! Todo lo que se necesita es practicar. ¿Está dispuesto? ¡Bien! Ahora tome la determinación ante Dios que usted va a terminar lo que comienza. En otras palabras, decida pasar los siguientes veintiocho días sentado a los pies de Dios, aprendiendo qué nos quiere decir Él cuando dice: “Vosotros, pues, oraréis así…” (Mateo 6.9). Hoy, su tarea consiste en leer los siguientes versículos de Primera de Juan. Una vez que los haya leído, le diré qué debe hacer. 14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 15Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. 1 Juan 5:14-15 Según estos versículos, si usted pide algo conforme a la voluntad de Dios, puede saber que Él lo oirá y responderá a su oración. ¿Es la voluntad de Dios que usted sepa cómo orar? Entonces acérquese a Dios en oración, dígale qué desea con respecto a la oración, muéstrele sus promesas y reclámelas. Escriba su oración en forma simple, corta y directa. ¡Dios no nos oye mejor porque nuestra oración sea más prolongada! --- Día número DOS PERSISTIENDO EN LA ORACIÓN Con frecuencia a escuchado: “La oración eficaz del justo puede mucho.” (Santiago 5.16b). Pero, ¿Qué significa esa frase? Santiago continúa diciendo: “17Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.” (Santiago 5:17-18). Por un momento nos sentimos alentados cuando escuchamos que: “17Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras” La esperanza levanta su cabeza expectante cuando leemos eso, ¿no es cierto? Si Elías era un ser humano como usted y yo y sus oraciones fueron de gran provecho, ¡entonces, existe una esperanza para nosotros! Esto, por supuesto, ¡hasta que leemos que este hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, oró al cielo por espacio de tres años y medio! ¡Y la cosa no terminó allí! Elías no sólo cerró los cielos con su oración, sino que las abrió del mismo modo. La esperanza fue dulce mientras duró, pero se fue. ¡Nunca, nunca podríamos orar de este modo! Quizá piense: “¡No, yo no. No un cristiano común como yo. ¡Cuándo se obtienen respuestas de ese tipo es porque se trata de la oración de un súper-santo!” ¿Está seguro? ¿Fue la intención de Dios que Santiago registrara esas palabras? ¿Fueron ellas pronunciadas como palabras de aliento o de fracaso? Oh, amado lector, yo sé que fueron pronunciadas como palabras de esperanza y aliento. Lo que Dios quiere que veamos es que las personas comunes, como usted y yo, puedan lograr cosas extraordinarias por medio de la oración. “Pero ¿cómo?”, se preguntará usted. Esa es la pregunta: “¿Cómo?” Y la Palabra de Dios tiene la respuesta. Y usted y yo vamos a descubrirla precepto por precepto, renglón por renglón, un poco aquí, un poco allá, hasta que al finalizar estos veintiocho días usted sepa exactamente qué necesita para que una oración sea eficaz. No basta con sentir un fervoroso deseo de orar. Existen leyes de la oración, leyes que se basan en la Palabra de Dios. Cuando terminemos con este estudio, conoceremos cuáles son esas leyes. Si se siente abrumado por el poder de oración de Elías, piense como deben haberse sentido los discípulos cuando vieron la poderosa vida de oración de su Señor. Por eso es que dijeron: “Señor, enséñanos a orar…” (Lucas 11.1b). Así que anímese. Se puede enseñar a orar. Y si se puede enseñar a orar, se puede aprender a orar. Por eso Jesús respondió: “Cuando oréis, decid:” (Lucas 11.2a). Tómese algunos minutos para leer el siguiente pasaje: Lucas 11.1-10. Mientras lee, piense por qué Jesús eligió el ejemplo que utiliza en los versículos 5-8. 1Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. 2Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 3El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 4Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. 5Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice? Amigo, préstame tres panes, 6porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; 7y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos. 8Os digo, que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. 9Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Escriba por qué cree que Jesús utilizó ese ejemplo en los versículos 5-8. La oración no es algo sencillo. La oración es una disciplina y toda disciplina requiere persistencia. En este pasaje, los verbos pedir, buscar y llamar se encuentran en el tiempo presente del idioma griego, lo que implica una acción continua o habitual. ¿Por qué nos dice Jesús que sigamos pidiendo, que sigamos buscando, qué sigamos llamando? ¿Por qué Dios no responde a nuestros pedidos de inmediato? ¿Cree usted que tal vez sea para mantenernos en constante comunión y para enseñarnos a persistir durante el proceso? Si esta es su oración, pronúncienla ante su Padre: “Oh, Señor, para serte honesto, me siento abrumado. ¡En realidad me pregunto si alguna vez lograré aprender a orar como Elías! Pero, Señor, tengo deseos de aprender. Enséñame a orar. Enséñame la oración eficaz del hombre justo que puede mucho. Pediré y pediré hasta lograr una respuesta. Sé que es tu voluntad. Por lo tanto, gracias por escuchar esta oración que pido en nombre de tu Hijo”. ¡Amén!
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