EPISODE · Jan 27, 2023 · 4 MIN
Silvia Jaquenod De Zsögön: Una sombra asombrada
from Literatura
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Bach_Adagio Youtube.com Esta es una sombra muy, pero muy pícara y revoltosa. La mayor parte del día lo pasa confundiendo a cuanto objeto encuentra por su camino. Durante la noche, sólo cuando no hay luna, duerme extendida sobre las retorcidas raíces del más viejo árbol del umbroso bosque. Si sopla viento, ella refleja la silueta de las hojas para el lado contrario al que corresponde. Cuando se encuentra con el tenedor, la penumbra describe dos dientes menos, o tres dientes más. Y si se trata de sus amigos del jardín, despliega toda su engañosa destreza haciendo que se mezclen las distintas negruras. Cierto día, la sombra de la simpática tortuga, apareció revoloteando entre las flores, mientras otras sombras de cientos de pequeñas lilas se desplazaban lentamente por los senderos del octogenario y cansino quelonio. Verdad es que todas las cosas y los objetos tienen sus respectivas sombras. Pero cuando se trata de esta sombra, la situación ya no es la misma. No puede ser la misma. Un día, de esos que la sombra no cesaba de hacer una y otra de sus acostumbradas travesuras, más granuja y golfilla, se disponía a concretar otra de sus disparatadas ideas cuando, de repente, ¡pim!, ¡pum!, y ¡paf! No cabía en semejante asombro. Estaba estupefacta, y hasta casi un tanto pálida y temblorosa. Todo sucedió cuando, al pasar cerca de una espigada botella, reprodujo la sombra de un antiguo y rechoncho sifón, sin percatarse de la presencia del más grande y redondo colador jamás antes visto. Tropezó con éste muy escandalosamente, viéndose de inmediato multiplicada en tantas pequeñas sombritas como agujerillos tiene el ventilado artilugio culinario; el desconcierto de la sombra, ahora asombrada, era total. Verse dispersa en centenares de manchas polimorfas. Sentirse esparcida sobre la fría e inmaculada superficie de ese mármol. Y comprobar las miradas cuasi satisfechas y con marcadas sonrisas socarronas de aquellos objetos, a los cuales ella había turbado, no era una situación precisamente alentadora. Sin embargo, no todo estaba perdido. Porque el bueno del colador tenía preparado un trato ciertamente ventajoso para las cosas y objetos burlados y, también, saludable para la sombra asombrada. El colador pidió atención a los cientos de motitas negruzcas, y expuso el preconcebido compromiso. La sombra asombrada debía ser más prudente con sus travesuras y, sobre todo, tendría que evitar molestias a las cosas y objetos añosos y ya cansados. A cambio, el buenazo del colador dejaría pasar nuevamente a todos y cada uno de los dispersos y ridículos fragmentos negros, permitiendo de esa manera que la sombra asombrada recupere su estado original. Y así fue. Poco a poco, con orden y cierta timidez, se fueron colando en sentido inverso las manchitas. Ahora, la sombra asombrada es un poco menos traviesa. Pero sigue con sus disparatadas ideas que, al fin y al cabo, nos hacen sonreír. Cuentos para hacer volar la imaginación
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Silvia Jaquenod De Zsögön: Una sombra asombrada
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