EPISODE · Sep 20, 2017 · 5 MIN
SOBRE LAS CONTINGENCIAS AMBIENTALES Y LOS TERREMOTOS QUE HAN AZOTADO A GUERRERO Y AL PAIS
En los últimos días, fenómenos naturales extraordinarios han azotado a nuestra entidad y a otros Estados del país con fuertes lluvias y temblores. Estos no pasarían de ser reacciones propias de la naturaleza y sus efectos sociales no serían mayormente graves, si no existiera un desarrollo económico y social desordenado, basado en el despojo y la explotación capitalista de los recursos naturales, servicios, viviendas e infraestructura carretera mal planeadas y peor construidas, propios de la voracidad comercial que evidencian corrupción, explotación irracional del suelo y los recursos naturales. El impacto emocional, el dolor de las pérdidas de vidas humanas y la reacción ciudadana, rebasan a un Estado obstinado en el control social, en su legitimación, en consolidar las reformas estructurales capitalistas neoliberales, para lo cual no escatima paliativos ni recursos de mediatización, recurriendo a la simulación, fingiendo preocupación y dolor, cuando en el fondo solo le interesa su proyección política para sostenerse en el poder. Los malos gobiernos y la clase política que solo mal administran recursos públicos para su beneficio, con una ausencia total de políticas públicas de protección civil, que no utilizan los recursos necesarios para la difusión de medidas de prevención y protección, que desvían los recursos y muestran un desprecio total por la vida, en particular la humana, se frotan las manos y se aprestan a la rapiña de los recursos públicos destinados supuestamente a las contingencias y hasta abren cuentas o hacen colectas para recabar recursos que supuestamente destinaran a los damnificados pero estos no llega a su destino. Frente a ello, vemos a una sociedad desintegrada desde la familia, sumida en el egoísmo e individualismo aislantes, perdida en la competencia propia de la sobrevivencia generada por la pobreza y marginación, estresada, aterrada por la violencia social, la criminalización y la represión, presa del militarismo y narcotráfico, que sólo se asoma con morbo a mirar de lejos la desgracia y ve la forma de cómo sacar provecho de la situación, pero esconde la cabeza ante la necesidad de apoyo y solidaridad. También se perciben individuos, pequeños grupos y colectivos aislados, principalmente de jóvenes y mujeres, que de manera espontánea dan una respuesta oportuna y desinteresada, que muestran una gran sensibilidad y un gran espíritu de solidaridad humana, que se han puesto al frente de los rescates, evacuaciones, organización y equipamiento de albergues, traslados de ropa y víveres a los damnificados y comunicación con los habitantes de las zonas, ciudades, pueblos y comunidades afectadas, constituyéndose en el corazón de un nuevo movimiento civil, que a semejanza del de 1985 en la Ciudad de México, ha rebasado a las organizaciones sociales, partidos y al propio Estado en Oaxaca, Chiapas, Morelos, Puebla, Ciudad de México y en nuestra entidad. La seguridad del capital y de la clase político empresarial y militar que vigila por sus intereses no incluye sino excluye y pisotea los derechos y la seguridad ciudadana. Por ello, como lo hemos venido planteando en el caso de la violencia social, ante las contingencias ambientales y su efecto social que agrava el capitalismo, nuestra propuesta es trabajar desde abajo y a la izquierda la organización y construcción de espacios en resistencia que desarrollen estrategias de autocuidado, reacción y protección colectiva, bajo la idea de que el cuidado común hace posible la vida colectiva. Esta cultura de seguridad, prevención, autocuidado y reacción rápida ante situaciones de emergencia, tendrán que construirse al margen del Estado y de todos sus agentes, de manera autónoma desde la cotidianeidad comunitaria, con las experiencias de vida y de relaciones familiares y comunitarias, que articulen con confianza las inquietudes, miedos y experiencias para desarrollar los instrumentos de seguridad y autocuidado necesarios para nuestra protección y vida segura. El autocuidado es una responsabilidad colectiva, que rompe las jerarquías, reorganiza la sociedad como el espacio por excelencia de los iguales. No hay cuidado si hay verticalidades, porque el cuidado es orgánico, es dialogante, es escuchante, el cuidado es de todos, humanos y no-humanos. No se puede construir la nueva sociedad si no cuidamos nuestros cuerpos y nuestros territorios, como lo hacen las Juntas de Buen Gobierno Zapatistas Por eso, al igual que en 1985, ahora en el 2017 la verdadera solidaridad es entre pares, entre la gente de abajo. Esa solidaridad es la semilla de un mundo diferente y posible: un mundo de la ayuda mutua y la autogestión, de la autoorganización desde abajo. Esa jerarquía nueva de valores está en juego en la solidaridad para los estados afectados por las contingencias ambientales y los temblores como Chiapas, Oaxaca, Puebla, Morelos, Ciudad de México y nuestro Guerrero. La imagen de trabajadores centroamericanos trabajando en el rescate y la reconstrucción en el sureste y la de los rescatistas en la Ciudad de México, es una imagen de la semilla de ese futuro, del mundo nuevo que si es posible.
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