Te Creí Abel (Primera Parte)
from Relatos de una mente perturbada
Camila, ¿aún lo recuerdas, cierto? ¿Recuerdas cuando perdiste la cabeza por él? ¡Claro! ¿Por qué más llorarías? Por el vacío. Porque ya no hay nada. Siento un vacío en el pecho. Ya sé, esa frase se ocupa mucho cuando cierta persona sufre de alguna decepción amorosa, pero juro que el sentimiento es real, a diferencia de lo que otros muchos pensarán. El sentimiento es tolerable, aunque tormentoso, porque no se va. Se traslada a otras partes del cuerpo hasta que finalmente te sientes vacío por dentro. No queda nada. Solo recuerdos, memorias catastróficas que se clavan en mi mente y se convierten en raíces, volviéndose uno con mi cerebro. Claramente mi sentir no es tu culpa, es mía. Fui yo quien se ilusionó de más, quien quiso volar alto, quien confundió toda clase de romanticismo y de amor. Fui yo quien decidió irse... Pero entonces, ¿por qué siento que es más tu culpa que mía? Fui yo quien no quiso ver las señales, pero fuiste tú quien me vendó los ojos. Fuiste tú quien me hizo creer que eras un ángel, pero eras todo lo contrario, más que un salvador resultaste ser los jinetes que traen consigo el fin del mundo
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