EPISODE · Apr 27, 2014 · 1H 9M
¿Te gusta lo que ves? - Ted Chiang (La historia de tu vida)
from Podcast Microrelatos
¿Te gusta lo que ves? (Documental) «La belleza es promesa de felicidad.» Stendhal Tamera Lyons, estudiante de primer curso de Pembleton: No puedo creerlo. Visité el campus el año pasado, y no me dijeron nada de esto. Ahora vengo aquí y resulta que la gente quiere hacer que la cali sea un requisito de acceso. Una de las cosas que esperaba de la universidad es que me iba a poder librar de esto, ¿sabe?, para poder ser como todo el mundo. Si hubiera sabido que había aunque fuera una posibilidad de tener que conservarla, probablemente hubiera elegido otra universidad. Me siento como si me hubieran timado. La semana que viene cumplo los dieciocho, y ese día voy a hacer que me apaguen la cali. Si votan para que sea un requisito, no sé lo que haré; quizá me cambie, no sé. Ahora mismo me apetece acercarme a la gente y decirle: «Votad no». Probablemente haya alguna campaña para la que pueda trabajar. Maria de Souza, estudiante de tercer curso, presidenta de Estudiantes por la Igualdad Total (EIT): Nuestro objetivo es muy sencillo. La universidad de Pembleton tiene un Código de Conducta Ética, creado por los propios estudiantes, y que todos los nuevos estudiantes acceden a cumplir cuando se inscriben. La iniciativa que apoyamos añadiría una cláusula al código, exigiendo que los estudiantes adopten la caliagnosia mientras asistan a la universidad. Lo que nos ha llevado a hacer esto ahora es la aparición de una versión para spex de Visage. Ese programa que, cuando miras a la gente a través de tus spex, te muestra qué aspecto tendrían con cirugía estética. Se convirtió en una forma de entretenimiento para alguna gente, y muchos estudiantes de la universidad lo encontraban ofensivo. Cuando la gente comenzó a hablar de él como síntoma de un problema social más profundo, pensamos que había llegado el momento de que apoyásemos esta iniciativa. Ese problema social más profundo es el aspectismo. Durante décadas la gente ha estado dispuesta a hablar de racismo y sexismo, pero aún no se decide a hablar de aspectismo. Sin embargo, este prejuicio contra las personas poco atractivas está increíblemente extendido. La gente lo hace sin que sea necesario enseñárselo, lo que ya es malo, pero en lugar de combatir esta tendencia, la sociedad moderna la refuerza. Educar a la gente, aumentar su grado de concienciación sobre este tema... todo eso es fundamental, pero no suficiente. Ahí es donde entra la tecnología. La caliagnosia es una especie de madurez asistida. Te permite hacer lo que sabes que deberías hacer: hacer caso omiso a la superficie, y mirar más profundamente. Creemos que es hora de que la cali se convierta en la norma. Hasta ahora el movimiento pro cali ha tenido una presencia mínima en los campus universitarios, como una más de las causas de interés particular. Pero Pembleton no es como otras universidades, y creo que los estudiantes aquí están listos para la cali. Si la iniciativa triunfa aquí, estaremos dando ejemplo a las demás universidades, y en última instancia, a toda la sociedad. Joseph Weingartner, neurólogo: La afección es lo que llamamos agnosia asociativa, diferente de la perceptiva. Eso quiere decir que no interfiere con la percepción visual, sólo con la habilidad para reconocer lo que se ve. Un caliagnósico percibe las caras perfectamente bien; él o ella puede notar la diferencia entre una barbilla puntiaguda y una huidiza, una nariz recta y una torcida, la piel sin manchas y con manchas. Él o ella simplemente no experimenta ninguna reacción estética ante esas diferencias. La caliagnosia es posible gracias a la existencia de ciertas sendas neuronales en el cerebro. Todos los animales tienen criterios para evaluar el potencial reproductivo de posibles parejas, y han ido creándose circuitos neuronales para reconocer esos criterios. La interacción social humana está centrada en nuestros rostros, de forma que nuestros circuitos están especializados para detectar el potencial reproductivo de una persona tal y como se manifiesta en su rostro. El funcionamiento de ese circuito se experimenta como la sensación de que una persona es hermosa, o fea, o algo intermedio. Al bloquear las sendas neuronales dedicadas a evaluar esos rasgos, provocamos la caliagnosia. Dados los frecuentes cambios de las modas, algunas personas no acaban de aceptar que existen marcadores absolutos de un rostro hermoso. Pero resulta que cuando se pide a personas de diferentes culturas que puntúen el atractivo de diversas fotos de rostros, emergen algunos patrones muy claros. Incluso los niños muy pequeños muestran las mismas preferencias por ciertas caras. Esto nos permite identificar ciertos rasgos que son comunes a la idea que todo el mundo tiene de un rostro hermoso. Probablemente, el más obvio es la piel inmaculada. Es el equivalente al plumaje de colores brillantes en las aves o el pelaje lustroso en otros mamíferos. La piel sana es el mejor indicador de juventud y salud, y se considera valiosa en todas las culturas. El acné puede no ser nada importante, pero tiene el mismo aspecto que enfermedades más graves, y ésa es la razón por la que lo encontramos desagradable. Otro rasgo es la simetría; quizá no seamos conscientes de las diferencias milimétricas entre el lado derecho y el izquierdo de una persona, pero los controles revelan que los individuos considerados más atractivos son también los más simétricos. Y aunque nuestros genes predisponen a la simetría, es muy difícil lograrla en términos de desarrollo; cualquier presión ambiental —como la escasa nutrición, las enfermedades, los parásitos— tiende a provocar asimetrías durante el crecimiento. La simetría implica resistencia a estas presiones. Otros rasgos se relacionan con las proporciones faciales. Tendemos a sentirnos atraídos por las proporciones faciales más cercanas a la media de la población. Eso depende obviamente de la población de la que uno forme parte, pero estar cerca de la media indica habitualmente salud genética. Las únicas divergencias de la media que la gente encuentra consistentemente atractivas son las exageraciones de los caracteres sexuales secundarios. Básicamente, la caliagnosia supone falta de respuesta ante estos rasgos; nada más. Los caliagnósicos no están ciegos ante las modas o los estándares culturales de belleza. Si el lápiz de labios negro se pone de moda, la caliagnosia no hace que lo olvides, aunque quizá no adviertas la diferencia entre rostros bonitos y rostros normales que usen ese lápiz de labios. Si todo el mundo a tu alrededor se burla de la gente con narices chatas, tú también acabas haciéndolo. Así que la caliagnosia en sí misma no puede eliminar la discriminación basada en el aspecto. Lo que hace, en cierto sentido, es igualar las probabilidades; elimina la predisposición innata, la tendencia inicial que hace surgir esa discriminación. Ésa es la razón por la que, si lo que se desea es enseñar a la gente a hacer caso omiso al aspecto, ya no se trata de ir contracorriente. Idealmente, habría que empezar en un entorno donde todo el mundo haya adoptado la caliagnosia, y socializar a esa gente para que no valore el aspecto. Tamera Lyons: La gente me ha estado preguntando cómo era asistir a Saybrook, y crecer con la cali. Para ser sincera, no es gran cosa cuando eres pequeña; como se suele decir, aquello con lo que creces siempre te parece normal. Sabíamos que había algo que los demás podían ver y nosotros no, pero era sólo algo que nos producía curiosidad. Por ejemplo, mis amigas y yo veíamos películas e intentábamos adivinar quién era realmente guapo y quién no. Decíamos que lo notábamos, pero en realidad no era así, no con sólo mirarles la cara. Nos basábamos en quién era el protagonista y quién su amigo; siempre se sabía que el protagonista era más guapo que el amigo. No sirve para el cien por cien de los casos, pero casi siempre se podía distinguir si estábamos viendo el tipo de película en la que el protagonista no era guapo. Cuando te haces mayor es cuando comienza a molestarte. Si sales con gente de otros colegios, te sientes rara porque tienes cali y ellos no. No es que nadie le dé mucha importancia, pero te recuerda que hay algo que no puedes ver. Y entonces empiezas a pelearte con tus padres, porque te están impidiendo ver el mundo real. Pero nunca consigues convencerles. Richard Hamill, fundador de la escuela Saybrook: Saybrook surgió como consecuencia de nuestra cooperativa de vivienda. Teníamos unas dos docenas de familias en aquel momento, todas intentando establecer una comunidad basada en valores compartidos. Estábamos celebrando una reunión sobre la posibilidad de crear una escuela alternativa para nuestros hijos, y un padre mencionó el problema de la influencia de los medios de comunicación sobre sus hijos. Las adolescentes pedían cirugía estética para poder parecerse a las modelos. Los padres hacían lo que podían, pero no se puede aislar a los hijos del mundo; viven en una cultura obsesionada con la imagen. Era más o menos por la época en que los últimos impedimentos legales a la caliagnosia fueron eliminados, y empezamos a hablar de ella. Vimos que la cali nos daba una oportunidad: ¿y si pudiéramos vivir en un entorno donde la gente no se juzgase por su aspecto? ¿Y si pudiésemos criar a nuestros hijos en ese entorno? Al principio, la escuela era sólo para los hijos de las familias de la cooperativa, pero empezaron a surgir otras escuelas de caliagnosia, y enseguida la gente empezó a preguntar si podía apuntar a sus hijos sin sumarse a la cooperativa de vivienda. Al final organizamos Saybrook como escuela privada separada de la cooperativa, y uno de los requisitos fue que los padres adoptasen la caliagnosia durante el tiempo en que asistieran sus hijos. Ahora ha nacido aquí una comunidad de caliagnosia, todo gracias a la escuela. Rachel Lyons: El padre de Tamera y yo pensamos mucho en el tema antes de decidirnos a apuntarla a esa escuela. Hablamos con la gente de la comunidad, y nos dimos cuenta de que nos gustaba su idea de la educación, pero lo que me convenció fue visitar la escuela. Saybrook tiene un número de estudiantes con anomalías faciales mayor de lo normal: cáncer de hueso, quemaduras, afecciones congénitas. Sus padres se mudaron aquí para evitar que los otros niños les sometieran a ostracismo, y funciona. Recuerdo que en mi primera visita vi una clase de niños de doce años que votaban a su delegado, y eligieron a una niña que tenía cicatrices de quemaduras en un lado de la cara. Ella estaba maravillosamente satisfecha consigo misma, y era muy popular entre los niños que probablemente la habrían ignorado en cualquier otra escuela. Y pensé, éste es el tipo de entorno en el que quiero que crezca mi hija. Siempre se ha dicho a las niñas que su valor está vinculado a su aspecto; sus logros siempre se magnifican si son bonitas y se hacen de menos si no lo son. Lo que es peor, algunas niñas captan el mensaje de que pueden ir por la vida confiando sólo en su aspecto, y entonces no llegan a desarrollar su mente. Yo no quería que Tamera estuviera sometida a ese tipo de influencia. Ser bonita es fundamentalmente una cualidad pasiva; incluso cuando le dedicas tiempo, estás dedicándole tiempo a ser pasivo. Quería que Tamera se valorase por lo que podía hacer, tanto con su mente como con su cuerpo, no en términos de lo decorativa que fuese. No quería que fuese pasiva, y me satisface decir que no ha resultado serlo. Martin Lyons: No me importa si Tamera decide, como adulto, librarse de la cali. Nunca se trató de arrebatarle sus propias elecciones. Pero ya hay suficientes presiones en el mero hecho de pasar la adolescencia; las expectativas de tus amigos pueden aplastarte como un vaso de papel. Preocuparse por el aspecto de uno mismo es sólo una forma más de ser aplastado, y cualquier cosa que pueda aliviar esa presión es buena, en mi opinión. Cuando eres mayor, estás mejor preparado para tratar el tema del aspecto personal. Estás más cómodo en tu propia piel, más seguro, más confiado. Es más probable que estés satisfecho con tu aspecto, seas atractivo o no. Por supuesto, no todo el mundo alcanza ese nivel de madurez a la misma edad. Algunas personas lo alcanzan a los dieciséis, y otras no lo hacen hasta que cumplen los treinta o más. Pero los dieciocho son la mayoría de edad legal, cuando todo el mundo tiene derecho a tomar sus propias decisiones, y lo único que puedes hacer es confiar en tu hijo y esperar lo mejor. Tamera Lyons: Ha sido un día más bien raro para mí. Bueno, pero raro. Acabo de hacer que me apaguen la cali esta mañana. Apagarla fue fácil. La enfermera me pegó unos sensores y me hizo ponerme un casco, y me mostró una serie de fotos de caras. Luego tecleó un rato en su ordenador y me dijo: «He desconectado la cali», nada más. Pensaba que quizá se sentía algo cuando sucedía, pero no es así. Luego me volvió a enseñar las fotos, para asegurarse de que funcionaba. Cuando miré de nuevo las caras, algunas de ellas parecían... diferentes. Como si brillasen, o fuesen más vívidas, o algo así. Es difícil describirlo. La enfermera me enseñó luego los resultados de la prueba, y había mediciones de la amplitud de la dilatación de mis pupilas y de la conductividad eléctrica de mi piel y cosas de ésas. Y con las caras que parecían diferentes, las medidas subían mucho. Me dijo que ésas era las caras bonitas. Me dijo que empezaría a notar el aspecto de las caras de la gente enseguida, pero que me llevaría un tiempo reaccionar ante mi propio aspecto. Al parecer uno está demasiado acostumbrado a su propia cara para distinguirlo. Y sí, cuando me miré por primera vez en el espejo, pensé que tenía exactamente el mismo aspecto. Desde que volví de la consulta, la gente que veo en el campus tiene un aspecto definitivamente distinto, pero aún no he notado ninguna diferencia en el mío. Me he estado mirando en el espejo todo el día. Durante un rato tuve miedo de ser fea, y de que en cualquier momento la fealdad aparecería, como una erupción o algo así. De forma que me he quedado mirándome en el espejo, esperando, y no ha sucedido nada. Así que imagino que probablemente no soy realmente fea, o me habría dado cuenta, pero eso quiere decir que tampoco soy realmente bonita, porque eso también lo habría notado. Así que supongo que eso quiere decir que soy absolutamente normal, ¿sabe? Exactamente en la media. Supongo que no está mal. Joseph Weingartner: Provocar una agnosia supone simular una lesión cerebral específica. Lo hacemos con un fármaco programable llamado neurostat; puede imaginarlo como un anestésico altamente selectivo, cuya activación y objetivos están bajo control dinámico. Activamos o desactivamos el neurostat transmitiendo señales a través de un casco que se coloca el paciente. El casco también proporciona posiciones somáticas, de forma que las moléculas de neurostat puedan triangular su situación. Esto nos permite activar sólo el neurostat que se encuentra en una sección específica del tejido cerebral, y mantener en ese punto los impulsos nerviosos por debajo de un umbral determinado. El neurostat fue originalmente diseñado para controlar los ataques de los epilépticos y para aliviar el dolor crónico; nos permite tratar incluso casos extremos de estas afecciones sin los efectos secundarios causados por las drogas que afectan a todo el sistema nervioso. Más adelante, se desarrollaron diferentes protocolos de neurostat como tratamiento para desórdenes obsesivo-compulsivos, los comportamientos adictivos, y otras afecciones. Al mismo tiempo, el neurostat se convirtió en una herramienta de investigación increíblemente valiosa para el estudio de la fisiología del cerebro. Los neurólogos han estudiado tradicionalmente la especialización del funcionamiento cerebral observando las carencias que provocan diversas lesiones. Obviamente, esta técnica es limitada porque las lesiones causadas por heridas o enfermedades suelen afectar a múltiples áreas funcionales. En cambio, el neurostat puede ser activado en la más diminuta porción del cerebro, simulando efectivamente una lesión tan localizada que nunca sucedería naturalmente. Y cuando se desactiva el neurostat, la «lesión» desaparece y la función cerebral vuelve a la normalidad. De esta forma, los neurólogos pudieron producir una amplia gama de agnosias. La más relevante aquí es la prosopagnosia, la incapacidad para reconocer a la gente por su rostro. Un prosopagnósico no puede reconocer a sus amigos o a sus familiares a menos que digan algo; ni siquiera puede identificar su propio rostro en una fotografía. No es un problema cognitivo o de percepción; los prosopagnósicos pueden identificar a la gente por su peinado, ropa, colonia, incluso por sus andares. La carencia se restringe puramente a los rostros. La prosopagnosia siempre ha sido la indicación más dramática de que nuestros cerebros tienen un circuito especial dedicado al procesamiento visual de los rostros; miramos los rostros de forma distinta a como miramos cualquier otra cosa. Y reconocer el rostro de alguien es sólo una de...
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