EPISODE · Jun 1, 2026 · 20 MIN
Trisagio a la Santísima Trinidad Devoción para el Domingo y ante calamidades
from Catolicos en Camino · host TonyduCast
El origen del Trisagio no fue fruto del ingenio humano, sino obra del mismo Dios, quien lo inspiró al profeta Isaías cuando éste escuchó a los Serafines cantarlo para ensalzar la gloria del Creador.En el año del Señor 447, un 24 de septiembre, bajo el reinado de Teodosio el Joven, Emperador de Oriente, la tierra sufrió un temblor casi universal, de gran violencia y duración, cuyo impacto fue tan devastador que superó a todo lo que hasta entonces se había presenciado. Durante seis meses, las sacudidas casi incesantes destruyeron numerosos edificios suntuosos de Constantinopla, además de gran parte de la famosa muralla del Quersoneso. La tierra se abrió en diversos lugares, sepultando ciudades enteras; las fuentes se secaron, mientras surgían otras nuevas; árboles gigantescos fueron arrancados de raíz, y aparecieron montañas donde antes había llanuras, así como profundas honduras en lugares previamente montañosos. Incluso el mar arrojaba peces de enorme tamaño a las playas, mientras las aguas se retiraban de la costa y de los barcos para inundar grandes islas.En medio de tan pavorosa calamidad, la prudencia aconsejó abandonar las ciudades. Así lo hicieron los habitantes de Constantinopla, acompañados por el Emperador Teodosio, su hermana Pulqueria, San Proclo —patriarca de aquella iglesia— y todo el clero.Reunidos en un lugar conocido como el Campo, todos dirigían fervorosas súplicas al cielo, implorando ayuda en tan aciaga circunstancia. De repente, entre las ocho y las nueve de la mañana, un temblor más fuerte aún sacudió la tierra, casi tan destructivo como el diluvio universal. En ese momento de terror, aconteció un prodigio sin igual: un niño de corta edad fue arrebatado por los aires, ante los ojos de todos los presentes, quienes le vieron ascender hasta perderle de vista. Tras un largo rato, el niño descendió de la misma forma, y, puesto en presencia del Patriarca, del Emperador y de toda la multitud que le observaba asombrada, narró cómo, tras ser admitido en los coros celestiales, había oído a los ángeles cantar: “Agios o Theós, Agios ischyrós, Ágios athánatos, eléison imas” (Santo es Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, ten misericordia de nosotros); y cómo se le había encomendado transmitir esta visión a todos los allí reunidos. Tras pronunciar estas palabras, el niño falleció.San Proclo y el Emperador, conmovidos por este relato, ordenaron que todos cantasen públicamente este sagrado himno, y al instante cesó el terremoto, calmándose la tierra por completo. Así surgió el uso del Trisagio, que el Concilio de Calcedonia mandó recitar a todos los fieles como fórmula para invocar a la Santísima Trinidad en tiempos de desgracia y calamidad. Tal fue el motivo de que tantos Prelados de la Iglesia aprobasen esta devoción, enriqueciéndola con indulgencias, y por ello ha sido reimpresa innumerables veces, siempre con gran aceptación, considerándose un escudo invencible contra los males que Dios envía a la tierra como castigo por nuestros pecados.♱La difusión de este audio (apostolado) se ofrece a la Santísima Trinidad por las intenciones del Papado; esto es, la exaltación de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana; la extirpación de las herejías; la propagación de la fe verdadera; la conversión de los pecadores; la paz y la concordia entre los príncipes cristianos y los demás bienes del pueblo cristiano. Por el eterno descanso de las almas del Purgatorio.Por la perseverancia de las vocaciones sacerdotales y religiosas verdaderamente católicas y por las intenciones de quienes acuden a este canal, siempre y cuando sean conformes a la voluntad de Dios para sus vidas. El tiempo pasa, la Eternidad nos espera; pidamos por aquello que nos sirva para alcanzar la bienaventuranza eterna. 𝐀. 𝐌. 𝐃. 𝐆.
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El origen del Trisagio no fue fruto del ingenio humano, sino obra del mismo Dios, quien lo inspiró al profeta Isaías cuando éste escuchó a los Serafines cantarlo para ensalzar la gloria del Creador.En el año del Señor 447, un 24 de septiembre, bajo el reinado de Teodosio el Joven, Emperador de Oriente, la tierra sufrió un temblor casi universal, de gran violencia y duración, cuyo impacto fue tan devastador que superó a todo lo que hasta entonces se había presenciado. Durante seis meses, las sacudidas casi incesantes destruyeron numerosos edificios suntuosos de Constantinopla, además de gran parte de la famosa muralla del Quersoneso. La tierra se abrió en diversos lugares, sepultando ciudades enteras; las fuentes se secaron, mientras surgían otras nuevas; árboles gigantescos fueron arrancados de raíz, y aparecieron montañas donde antes había llanuras, así como profundas honduras en lugares previamente montañosos. Incluso el mar arrojaba peces de enorme tamaño a las playas, mientras las aguas se retiraban de la costa y de los barcos para inundar grandes islas.En medio de tan pavorosa calamidad, la prudencia aconsejó abandonar las ciudades. Así lo hicieron los habitantes de Constantinopla, acompañados por el Emperador Teodosio, su hermana Pulqueria, San Proclo —patriarca de aquella iglesia— y todo el clero.Reunidos en un lugar conocido como el Campo, todos dirigían fervorosas súplicas al cielo, implorando ayuda en tan aciaga circunstancia. De repente, entre las ocho y las nueve de la mañana, un temblor más fuerte aún sacudió la tierra, casi tan destructivo como el diluvio universal. En ese momento de terror, aconteció un prodigio sin igual: un niño de corta edad fue arrebatado por los aires, ante los ojos de todos los presentes, quienes le vieron ascender hasta perderle de vista. Tras un largo rato, el niño descendió de la misma forma, y, puesto en presencia del Patriarca, del Emperador y de toda la multitud que le observaba asombrada, narró cómo, tras ser admitido en los coros celestiales, había oído a los ángeles cantar: “Agios o Theós, Agios ischyrós, Ágios athánatos, eléison imas” (Santo es Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, ten misericordia de nosotros); y cómo se le había encomendado transmitir esta visión a todos los allí reunidos. Tras pronunciar estas palabras, el niño falleció.San Proclo y el Emperador, conmovidos por este relato, ordenaron que todos cantasen públicamente este sagrado himno, y al instante cesó el terremoto, calmándose la tierra por completo. Así surgió el uso del Trisagio, que el Concilio de Calcedonia mandó recitar a todos los fieles como fórmula para invocar a la Santísima Trinidad en tiempos de desgracia y calamidad. Tal fue el motivo de que tantos Prelados de la Iglesia aprobasen esta devoción, enriqueciéndola con indulgencias, y por ello ha sido reimpresa innumerables veces, siempre con gran aceptación, considerándose un escudo invencible contra los males que Dios envía a la tierra como castigo por nuestros pecados.♱La difusión de este audio (apostolado) se ofrece a la Santísima Trinidad por las intenciones del Papado; esto es, la exaltación de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana; la extirpación de las herejías; la propagación de la fe verdadera; la conversión de los pecadores; la paz y la concordia entre los príncipes cristianos y los demás bienes del pueblo cristiano. Por el eterno descanso de las almas del Purgatorio.Por la perseverancia de las vocaciones sacerdotales y religiosas verdaderamente católicas y por las intenciones de quienes acuden a este canal, siempre y cuando sean conformes a la voluntad de Dios para sus vidas. El tiempo pasa, la Eternidad nos espera; pidamos por aquello que nos sirva para alcanzar la bienaventuranza eterna. 𝐀. 𝐌. 𝐃. 𝐆.
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Trisagio a la Santísima Trinidad Devoción para el Domingo y ante calamidades
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