EPISODE · Jul 8, 2024 · 4 MIN
Un relato de Horacio Quiroga: “Frangipane”
from Qué Conoces de Misiones, tu provincia. · host Rolo Capaccio
Hoy, en estos relatos acerca de qué conocés de Misiones, tu provincia, vamos a referirnos a una anécdota vinculada con el escritor Horacio Quiroga durante su residencia en San Ignacio. Es un episodio que nos cuenta en sus relatos sobre “La Vida en Misiones”, que mandaba a medios de Buenos Aires, y tiene que ver con un perfume, con uno de esos perfumes que alguna vez sentimos en la infancia y que cuando somos adultos, por más años que hayan pasado y volvemos a sentirlo, nos remontan otra vez a aquellas lejanas sensaciones, porque quedan grabados en nosotros de por vida. A Quiroga le ocurrió esto con un perfume que usaban su madre y sus hermanas mayores, en Uruguay. El perfume se llamaba “Frangipane” y él nunca supo de dónde se lo obtenía, por más que le había dicho que provenía de una flor de la China. Dice Quiroga: “Varias veces había interrogado a mi madre y hermanas sobre el origen del perfume, sin que una ni otras pudieran informarme al respecto”. Hasta que ya siendo un hombre mayor, acá en Misiones, conoció el llamado “jazmin Magno”, una planta que en la actualidad abunda mucho en los jardines y en el arbolado urbano, pero que en los tiempos de Quiroga en Misiones, no era una planta frecuente. Entonces, nos cuenta, fue creciendo su ansiedad por saber de dónde provenía aquella planta, de las que por entonces escaseaban en Misiones, y consultando un catálogo de la Escuela de Agricultura de Posadas, vio que ofrecían en venta estacas de Jazmín Magno. Compra una muda, la lleva a San Ignacio, pero la planta pasa largos meses sin echar un brote, hasta que un día entra a crecer, pero él necesita saber el nombre científico de aquella planta y nos dice: “Lo cierto es que yo mismo no sé a qué atribuir mi ansiosa obsesión por esa planta. Era algo más fuerte que yo”. Pasa el tiempo y un día, en una revista ilustrada que elogia las plantas de la ciudad de Paraná, lee: “Espléndido Jazmin Magno” y su nombre científico: plumeria rubra, entonces va a la Estación Experimental de Loreto, a donde siempre concurría, y allí el director le facilita el acceso a una enciclopedia inglesa en la que lee: “plumeria rubra, también llamada frangipane. Originaria de las Antillas.” A partir de ese momento dejemos que sea el propio Quiroga el que nos cuente el final de esta historia: “¡Ah! -dice- Instantáneamente comprendí los oscuros motivos que me había llevado a ciegas, como se lleva un ser inconsciente de la mano a agitar mis horas tras el nombre de una planta ecuatorial!” “¡Frangipane! Desde el fondo de cuarenta o cincuenta años, una criatura surgía, llorosa y feliz a la magia de ese nombre. Volví lentamente a casa, cuando comenzaba el crepúsculo. La tarde agonizaba en altísima y celeste claridad. Lentamente, por la carretera que ascendía las lomas, entraba en el bosque, proseguía sobre el puente del Yabebirí, el coche llevaba consigo, más como pasajero que como conductor, a un hombre de sienes ya plateadas, dulcemente embriagado por los recuerdos de su lejana infancia”.
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Hoy, en estos relatos acerca de qué conocés de Misiones, tu provincia, vamos a referirnos a una anécdota vinculada con el escritor Horacio Quiroga durante su residencia en San Ignacio. Es un episodio que nos cuenta en sus relatos sobre “La Vida en Misiones”, que mandaba a medios de Buenos Aires, y tiene que ver con un perfume, con uno de esos perfumes que alguna vez sentimos en la infancia y que cuando somos adultos, por más años que hayan pasado y volvemos a sentirlo, nos remontan otra vez a aquellas lejanas sensaciones, porque quedan grabados en nosotros de por vida. A Quiroga le ocurrió esto con un perfume que usaban su madre y sus hermanas mayores, en Uruguay. El perfume se llamaba “Frangipane” y él nunca supo de dónde se lo obtenía, por más que le había dicho que provenía de una flor de la China. Dice Quiroga: “Varias veces había interrogado a mi madre y hermanas sobre el origen del perfume, sin que una ni otras pudieran informarme al respecto”. Hasta que ya siendo un hombre mayor, acá en Misiones, conoció el llamado “jazmin Magno”, una planta que en la actualidad abunda mucho en los jardines y en el arbolado urbano, pero que en los tiempos de Quiroga en Misiones, no era una planta frecuente. Entonces, nos cuenta, fue creciendo su ansiedad por saber de dónde provenía aquella planta, de las que por entonces escaseaban en Misiones, y consultando un catálogo de la Escuela de Agricultura de Posadas, vio que ofrecían en venta estacas de Jazmín Magno. Compra una muda, la lleva a San Ignacio, pero la planta pasa largos meses sin echar un brote, hasta que un día entra a crecer, pero él necesita saber el nombre científico de aquella planta y nos dice: “Lo cierto es que yo mismo no sé a qué atribuir mi ansiosa obsesión por esa planta. Era algo más fuerte que yo”. Pasa el tiempo y un día, en una revista ilustrada que elogia las plantas de la ciudad de Paraná, lee: “Espléndido Jazmin Magno” y su nombre científico: plumeria rubra, entonces va a la Estación Experimental de Loreto, a donde siempre concurría, y allí el director le facilita el acceso a una enciclopedia inglesa en la que lee: “plumeria rubra, también llamada frangipane. Originaria de las Antillas.” A partir de ese momento dejemos que sea el propio Quiroga el que nos cuente el final de esta historia: “¡Ah! -dice- Instantáneamente comprendí los oscuros motivos que me había llevado a ciegas, como se lleva un ser inconsciente de la mano a agitar mis horas tras el nombre de una planta ecuatorial!” “¡Frangipane! Desde el fondo de cuarenta o cincuenta años, una criatura surgía, llorosa y feliz a la magia de ese nombre. Volví lentamente a casa, cuando comenzaba el crepúsculo. La tarde agonizaba en altísima y celeste claridad. Lentamente, por la carretera que ascendía las lomas, entraba en el bosque, proseguía sobre el puente del Yabebirí, el coche llevaba consigo, más como pasajero que como conductor, a un hombre de sienes ya plateadas, dulcemente embriagado por los recuerdos de su lejana infancia”.
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Un relato de Horacio Quiroga: “Frangipane”
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