EPISODE · Aug 26, 2026 · 1H 47M
UTP407 Vencer la Iatrogenia desde nuestro interior
UTP407 Vencer la Iatrogenia desde nuestro interior Hablaremos de IATROGENIA Y CONSCIENCIA, desde el enfoque de la psicología humana… Los artículos que he subido a la página web Adivinadivinaza.org son los siguientes: (1) La iatrogenia: Un concepto bien conocido por los médicos (I) (2) El paciente, la fe ciega y la responsabilidad pérdida (II) (3) Conciencia, salud cerebral y responsabilidad individual (III) (4) El camino para hacer frente a la iatrogenia (IV) (5) Prevención de la iatrogenia: principios y pautas por franjas de edad (V) - Exponer el concepto...., artículos (1) y (2). Iatrogenia Placebo Nocebo - La relación que existe con nuestra salud mental..., artículo (3). - ¿Qué podemos hacer a nivel personal?..., artículos (4) y (5) 1. El Lenguaje Químico: Hormonas y neurotransmisores (dopamina, serotonina, oxitocina, cortisol, GABA, etc.) actúan como mensajeros que conectan el cerebro con los órganos. 2. Los Síntomas como Mensajes: Manifestaciones como la fatiga, la ansiedad o la apatía no son errores del cuerpo, sino señales claras de desequilibrio. 3. Glándula Pineal (eje unificador): Regula la melatonina y el ritmo circadiano, marcando los ciclos de descanso necesarios para el equilibrio neuroquímico. 4. Recuperación del Equilibrio (homeostasis): Se logra mediante adaptaciones en el estilo de vida: luz solar, hábitos de sueño, alimentación adecuada, ejercicio físico y vínculos sociales saludables. (1) La iatrogenia: Un concepto bien conocido por los médicos (I) Define la iatrogenia como el daño a la salud causado por intervenciones terapéuticas legítimas, incluso sin mala praxis. Advierte sobre los riesgos de la ignorancia y la medicina industrial, subrayando que la prevención requiere un conocimiento profundo y responsabilidad por parte de los profesionales. (2) El paciente, la fe ciega y la responsabilidad perdida (II) Sostiene que la iatrogenia no es solo "lo que nos hacen", sino también el resultado de la actitud pasiva, el miedo y la fe ciega del paciente en la autoridad médica. Propone recuperar el papel de sujeto activo, haciendo preguntas y escuchando al propio cuerpo en lugar de silenciar los síntomas. Placebo y Nocebo: El efecto placebo ocurre cuando la salud mejora por la expectativa positiva al creer que se recibe un tratamiento eficaz. Por el contrario, el nocebo sucede cuando el miedo o la expectativa negativa hacia una terapia acaban provocando síntomas o efectos perjudiciales reales (este último no se estudia como el placebo). “Química del cerebro”: Los chivatos del cuerpo, el sistema biológico de señales”. En este artículo se explica cómo el cuerpo humano utiliza hormonas y neurotransmisores como un sistema biológico de señales o "chivatos" para comunicar nuestro estado físico y emocional. Sustancias como la dopamina, la serotonina, el cortisol, la oxitocina y la melatonina regulan funciones esenciales como la motivación, el estrés, el estado de ánimo y el descanso. Los síntomas (como la fatiga o la ansiedad) no son vistos como fallos, sino como mensajes informativos sobre desequilibrios internos que debemos atender. En este marco, la glándula pineal actúa como un eje unificador que coordina los ritmos biológicos a través del ciclo sueño-vigilia. Finalmente, el texto concluye que el equilibrio u homeostasis se restablece adaptando nuestros hábitos cotidianos: descanso, alimentación, movimiento y relaciones interpersonales. (3) Conciencia, salud cerebral y responsabilidad individual (III) Enfoca la salud como un diálogo dinámico entre el cerebro y el estilo de vida, donde delegar toda la responsabilidad genera dependencia y estrés crónico. Destaca que hábitos como el buen descanso, la naturaleza y la interpretación de los síntomas como mensajes son vitales para proteger el cerebro. (4) El camino para hacer frente a la iatrogenia (IV) Habla de que combatir la iatrogenia exige un cambio profundo de actitud en toda la sociedad, basado en siete criterios clave (es una propuesta claro): conciencia crítica, responsabilidad, escucha sintomática, gestión del miedo, higiene informativa (respecto a lo que nos venden los medios y redes sociales de DESINFORMACIÖN), reconexión natural (conectar con nuestro ser, contacto con la naturaleza y mirar a nuestro centro) y relaciones de colaboración. (5) Prevención de la iatrogenia: principios y pautas por franjas de edad (V) Establece una guía práctica dividida en etapas vitales (infancia, juventud, adultez y vejez) para desarrollar la conciencia corporal y el autocuidado progresivo. Concluye que la mejor defensa contra los daños terapéuticos no son más fármacos, sino el empoderamiento personal a lo largo de la vida. Conclusión (1) La iatrogenia: Un concepto bien conocido por los médicos (I) La iatrogenia es el conjunto de daños causados a la salud del paciente por los tratamientos médicos, ya sea por el empeoramiento de una patología o por la aparición de nuevas patologías. He querido traer aquí este concepto bien conocido entre los médicos; sin embargo, también debería ser conocido por todos los que trabajamos en el ámbito de la terapia. Vienen tiempos difíciles para la sociedad y podemos vivir a merced de la iatrogenia. La medicina puede convertirse en una bestia cuando oculta su conocimiento, o cuando alguien sin conocimientos pretende ejercer la medicina; también para quien busca curar en el ámbito sanitario sin conocer las características del individuo. Esto ocurre en cualquier campo: empezando por la psicología, cualquier experto que trabaje en cualquier terapia debe tener un alto nivel de conocimientos, tanto en terapias alternativas a través de la energía como al trabajar con medicamentos. Partiendo de una competencia inadecuada o de la ignorancia, aunque sea sin intención, podemos causar daño. Por eso, sea cual sea nuestra intervención, debemos afrontarla desde el más alto nivel de responsabilidad. Porque no es una simple relación entre quien quiere curar y quien está dispuesto a curarse: el bienestar es el objetivo de la vida. En medicina, la iatrogenia es el conjunto de daños causados a la salud del paciente por los tratamientos médicos, ya sea por el empeoramiento de una patología o por la aparición de nuevas patologías. La palabra “iatrogenia” se escucha a menudo en el ámbito de las ciencias de la salud: en medicina, psicología, psiquiatría y similares. En general, hace referencia a todos los daños causados por las intervenciones terapéuticas. Para mejorar realmente la salud humana se necesita un conocimiento profundo La palabra iatrogenia (o yatrogenia) proviene del griego: iatros (médico), geno (crear) e -ia (cualidad). Es decir, es la alteración negativa que se produce como consecuencia de la terapia aplicada al paciente. El daño causado por la intervención de un profesional de la salud; ya sea médico, psicólogo, psiquiatra, enfermero, farmacéutico, dentista u otro profesional del ámbito sanitario. Quienes nos dedicamos a las terapias alternativas también debemos tenerlo en cuenta, ya que de lo contrario podemos causar los mismos daños que ocurren en la salud oficial. Para mejorar realmente la salud humana se necesita un conocimiento profundo. A menudo se utiliza la palabra “iatrogenia” para hablar de cualquier daño causado al paciente, pero, en realidad, tiene un significado más preciso: es el daño que se produce a pesar de que el profesional aplique el tratamiento de forma adecuada, ética, responsable y sin errores ni omisiones. El profesional sabe que el tratamiento conlleva riesgos, pero, en principio, considera que los beneficios superan a los riesgos. Esto también es necesario saberlo. Partiendo de esta definición más estricta, podemos entender la iatrogenia como el daño no intencionado que se produce en la salud del paciente como consecuencia de una intervención sanitaria legítima cuyo objetivo es curar, sanar o mejorar, a modo de efecto secundario inevitable e impredecible. Aunque el tratamiento se realice correctamente, puede ocurrir lo que no es deseable, y tener esto en cuenta también forma parte del proceso de curación. ¿Cuántos médicos sabían que el virus que causaba el síndrome de la COVID-19 no estaba debidamente aislado? En julio de 2021 el propio Ministerio de Sanidad declaró que no había cultivo del virus No sería “iatrogenia” cuando el médico actúa con negligencia o causa un daño al paciente de forma consciente. Por lo tanto, técnicamente, no habría iatrogenia cuando se produce mala praxis, dolo, tortura, experimentación no ética, incumplimiento o abandono del tratamiento por parte del paciente. Esto nos lleva al punto de partida de lo que se ha llamado la plandemia de 2020. ¿Cuántos médicos sabían que el virus que causaba el síndrome de la COVID-19 no estaba debidamente aislado? En julio de 2021 el propio Ministerio de Sanidad declaró que no había cultivo del virus, que no sabían en qué laboratorio estaba y que, además, no se podía hacer un diagnóstico con una sola prueba. Sin embargo, en lugar de las vacunas utilizadas hasta entonces, propusieron medicamentos genéticos mediante ARNm. Hoy en día, tras las denuncias de numerosos expertos del ámbito sanitario, ¿por qué siguen otros promoviendo el uso de estos medicamentos? Otros profesionales de la salud y legisladores, al tipificar estos daños en el contexto terapéutico, utilizan el adjetivo “iatrogénico” independientemente de que la conducta haya sido correcta o incorrecta. La medicina ha avanzado tanto que al final todos estamos enfermos (Aldous Huxley) Enric Costa i Verger, licenciado en medicina y cirugía, que ha sido médico de familia durante más de cuarenta años, nos ofrece explicaciones interesantes en el libro “Iatrogenia, la medicina de la bestia”. En él recuerda la frase de Aldous Huxley: “La medicina ha avanzado tanto que al final todos estamos enfermos”. En dicho libro, titulado originalmente Iatrogenia, la medicina de la bestia, reflexiona sobre la medicina moderna y experimental, explicando que es una medicina desarrollada desde una perspectiva industrial, como si hubiese dejado de lado lo que proviene de la naturaleza. Para ello, habla de la falsa teoría de la infección, explica cómo se ha instaurado el miedo a los microbios, y afirma que la iatrogenia masiva ha alimentado el comportamiento “enfermo” de la sociedad. Señala que la propia sociedad está actuando como una bestia y, basándose en el contacto con otros médicos, habla de la verdad que cura y de la mentira que mata. Cabe destacar que vivimos en una sociedad inmadura, a menudo hipersexualizada, y que puede convertirse fácilmente en cobaya para la experimentación. La iatrogenia es un fenómeno generalizado en una sociedad de cobayas. Con la intención de hacer realidad la desaparición de las enfermedades, pero logrando en realidad la falsa desaparición de enfermedades temibles, el CCI utilizó un lenguaje o truco estadístico: simplemente les cambió el nombre. En definitiva, para que nadie escape de la medicina de la bestia, parece que la medicina industrial o moderna no tiene como objetivo la salud de los ciudadanos; la enfermedad se ha convertido en un negocio. La ignorancia, al igual que la mentira, conduce a la muerte La ignorancia, al igual que la mentira, conduce a la muerte. La ignorancia no puede mantenerse oculta: el que sabe es el que cura, y el que no sabe no debería tener competencia. Por eso, quienes trabajamos en el ámbito de la salud, cuando no sepamos qué hacer o cómo actuar, no deberíamos intervenir. Una buena intervención debe impulsar el control de su propia práctica. Es decir, quien trabaja en el ámbito sanitario debe evaluar constantemente sus competencias. Para ello, deberíamos investigar con más frecuencia los efectos del placebo y del nocebo. Ambos van juntos, pero se explican poco, y son información valiosa para cuidar la salud de nuestro cerebro. En esta época que requiere verdad y luz, he aquí una breve definición de ambos conceptos. El placebo ocurre cuando la salud de una persona mejora por el hecho de creer que está recibiendo un tratamiento real, impulsada por expectativas positivas. El nocebo es lo contrario: cuando las expectativas negativas, el miedo o la sugestión sobre un tratamiento generan síntomas o efectos secundarios perjudiciales. Ambos demuestran la fuerte conexión entre la mente y el cuerpo. Por lo tanto, ¿sabemos hasta dónde llega el control de nuestra mente? ¿Sabemos que mediante los medicamentos se genera iatrogenia tanto consciente como inconsciente? Si existe la iatrogenia, ¿existe entonces un plan cuyo objetivo sea mantener enferma a la sociedad? Estas preguntas debieran hacérselas cualquiera que trabaje en la sanidad. Buscar las respuestas requiere investigación y reflexión y, a partir de ahí, se deben abrir nuevos caminos en nuestra competencia profesional, siempre a favor de la salud de la sociedad. Vivimos en una época que necesita verdad y luz. (2) El paciente, la fe ciega y la responsabilidad pérdida (II) Esta es una invitación a la reflexión. De hecho, la iatrogenia no es solo “lo que nos hacen”, y ahí el paciente también tiene mucho que decir y mucho por hacer. A continuación os propongo un segundo artículo, completamente independiente, pero que parte de la base conceptual del primero. Este segundo artículo tiene como eje al paciente: su actitud, la fe ciega, el miedo y la responsabilidad. En el primer artículo analizamos el concepto de iatrogenia, centrándonos principalmente en la competencia y la responsabilidad de los profesionales sanitarios. Pero la iatrogenia no es un fenómeno unidireccional. No es solo “lo que nos hacen”. Es un sistema de relaciones, y en ese sistema el paciente también tiene mucho que decir y mucho por hacer. La medicina industrial no tendría el poder que tiene si los pacientes no la aceptáramos con fe ciega La medicina industrial no tendría el poder que tiene hoy si los pacientes no la aceptáramos con fe ciega. Esa fe se asemeja a la religión: creemos en la autoridad sin hacer preguntas; asumimos que la bata blanca lo sabe todo y que nosotros no sabemos nada. De este modo, pasamos de ser sujetos activos a objetos pasivos. Y ahí es donde empieza gran parte del problema. Muchos pacientes han delegado su salud por completo al exterior: - “El médico lo solucionará” - “El medicamento me curará” - “El sistema me cuidará” Esta actitud aporta tranquilidad, pero tiene un precio elevado: La pérdida de responsabilidad. Cuando dejamos nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro estilo de vida en manos de otro, nos desposeemos a nosotros mismos. La ignorancia no siempre es inocencia; a veces es el resultado de la comodidad. No saber no nos exige la necesidad de decidir, ni tampoco la de poner en duda. Sin embargo, en la salud, la ignorancia puede causar daño, aunque no haya intención de hacerlo. La iatrogenia no es únicamente la consecuencia de un medicamento o un tratamiento; también nace en el miedo, la dependencia y la obediencia automática. La medicina industrial utiliza muy bien el miedo: el paciente no hace preguntas, busca protección La medicina industrial utiliza muy bien el miedo. Los diagnósticos, las estadísticas y los mensajes de riesgo generan una constante sensación de amenaza. En ese contexto, el paciente no hace preguntas: busca protección. Y esa protección a menudo se deposita en una solución rápida que viene de fuera: - En una pastilla - En un protocolo - En una inyección Hablar del estilo de vida, de las emociones o del contexto social pasa a un segundo plano. Aquí también aparece la lógica del placebo y del nocebo. Creer en la autoridad genera efectos fisiológicos, tanto para bien como para mal: - Un paciente que interioriza el miedo puede intensificar sus síntomas. - La confianza ciega, por su parte, puede normalizar o negar los efectos secundarios (“es normal”, “es inevitable”, “le pasa a todo el mundo”). Estos discursos terminan por silenciar al paciente. Nos deberíamos preguntar: ¿Cuándo dejamos de escuchar a nuestro cuerpo? ¿Cuándo empezamos a ver los síntomas como un enemigo y no como un mensaje? La medicina industrial tiende a eliminar el síntoma; el cuerpo, en cambio, lo que quiere es expresarse. Estas dos lógicas chocan, y a menudo el paciente queda atrapado en medio, habiendo perdido la confianza en sí mismo. ¿Cuándo dejamos de escuchar a nuestro cuerpo? Las preguntas no son señal de falta de respeto: son parte de la salud Esto no significa que haya que rechazar la medicina, ni tampoco demonizar a los profesionales. Pero sí significa que hay que replantearse la relación. El paciente debe pedir información, tiempo y explicaciones. Y, sobre todo, recuperar el derecho a hacer preguntas. Las preguntas no son una señal de falta de respeto; son parte de la salud. Una de las vías para reducir la iatrogenia es ser pacientes más conscientes. No se trata de convertirse en expertos, sino de ser responsables. No se trata de aceptar todo lo que no entendemos, pero tampoco de rechazarlo todo por miedo. Es un equilibrio difícil, pero totalmente necesario. La medicina industrial no necesita pacientes autónomos; necesita usuarios fieles. Pero la salud no es un acto de consumo. Es un proceso vivo, cambiante y personal. Y en ese proceso, el paciente debe ser el **sujeto**, no el objeto. Preguntas para la reflexión Para terminar, me gustaría dejar algunas preguntas en el aire: - ¿Hasta qué punto somos responsables de nuestra propia salud? - ¿Cuánto poder le otorgamos a la autoridad externa y por qué? - ¿En qué momento la ayuda se convierte en dependencia? Tal vez el primer antídoto contra la iatrogenia no sea un medicamento nuevo, sino un poco más de conciencia. Y eso no se crea en un laboratorio: nace de las preguntas, de la reflexión y de la valentía. (Explicar que es el placebo y el nocebo añadido al resumen) (3) Conciencia, salud cerebral y responsabilidad individual (III) ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de nuestra salud? ¿Cuánto poder le otorgamos a la autoridad externa? ¿En qué momento la ayuda se convierte en dependencia? Esas son decisiones cotidianas. Aquí tenéis el tercer artículo, que es la continuación directa de los dos anteriores. Se ha realizado tomando como punto de partida las preguntas planteadas y situando en el centro la salud cerebral, la responsabilidad personal y la escucha de los síntomas. En los dos artículos anteriores dejamos algunas preguntas en el aire: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de nuestra salud? ¿Cuánto poder le otorgamos a la autoridad externa? ¿En qué momento la ayuda se convierte en dependencia? Esas preguntas no son teóricas; aparecen en las decisiones cotidianas, y la respuesta afecta directamente a la salud de nuestro cerebro. El cerebro no es un órgano aislado. Está en constante diálogo con lo que vivimos, lo que pensamos, con el miedo y con la calma. Por eso, cuando delegamos por completo la responsabilidad de la salud al exterior, el cerebro también entra en una situación de dependencia. Otro piensa por nosotros, otro decide, otro nos dice qué debemos sentir. Esto no es algo neutro: es un proceso de debilitamiento de la salud mental. La primera condición es ser conscientes: qué sentimos, qué tememos, qué información consumimos y cómo nos afecta La primera condición para mantener la salud del cerebro es la conciencia. Ser conscientes de qué sentimos, qué miedo se nos introduce, qué información consumimos y cómo nos afecta. Los mensajes constantes de amenaza, los discursos de alarma y los diagnósticos atemorizantes generan un estrés crónico, y ese estrés ataca directamente al cerebro. Esto no es casualidad. La segunda clave es la responsabilidad personal. La responsabilidad no es culpa. La responsabilidad es aceptar que nuestra salud no es algo que se pueda dejar únicamente en manos de otra persona. Los medicamentos, las terapias o los profesionales pueden ayudar, pero no pueden vivir por nosotros. Los hábitos de sueño, la alimentación, el movimiento, las relaciones afectivas, el silencio, estar en contacto directo con la naturaleza, andar descalzos activando y equilibrando nuestra energía, todo ello es alimento para el cerebro, y no se puede sustituir con una pastilla. La naturaleza nos habla a través de los síntomas. El dolor, el cansancio, la ansiedad, el insomnio o la tristeza no son errores que haya que silenciar de inmediato; a menudo son mensajes. El cuerpo y el cerebro nos dicen que algo no va bien. La medicina industrial tiende a querer eliminar el síntoma en primer lugar. Una perspectiva más saludable, en cambio, se pregunta: ¿por qué ha aparecido esto? ¿Qué debo cambiar? El sueño, la alimentación, el movimiento, las relaciones, el silencio, el contacto directo con la naturaleza… Todos ellos son alimento para el cerebro y no se pueden sustituir por una pastilla. Esto no significa que haya que “dejar pasar” todos los síntomas, sino que hay que escucharlos, ponerlos en contexto. Silenciar el síntoma, sin comprender la causa, puede generar una iatrogenia sutil: el problema no desaparece, sino que cambia de lugar. Otro elemento fundamental para la salud del cerebro es la higiene de la información. No da igual lo que escuchamos, a quién creemos y cuánto tiempo pasamos sumergidos en discursos de miedo. En lo que respecta al estrés, el cerebro no distingue la mentira de la verdad: lo que recibe le produce un impacto. La salud no es un estado de perfección, no es una vida sin síntomas. La vida es cambiante y la salud es una relación dinámica Por último, la salud no es un estado de perfección. No es una vida sin síntomas. La vida es cambiante, y el cuerpo también lo es. La salud es una relación dinámica con uno mismo, con la naturaleza y con el entorno. Cuando nos convertimos en sujetos activos dentro de esa relación, generamos la mayor protección contra la iatrogenia. Tal vez no haya respuestas fáciles, pero sí existe un camino: escuchar más, delegar menos y volver a aprender a hacer caso a nuestro cuerpo y a nuestro cerebro. Esto no es un retroceso; es un verdadero paso adelante para la salud, especialmente porque vivimos en una época que necesita verdad y luz. (4) El camino para hacer frente a la iatrogenia (IV) Se trata de realizar un cambio profundo de actitud, tanto por parte de los profesionales de la salud, como de los pacientes y de toda la sociedad en su conjunto. A continuación se presenta una visión sintética pero profunda de los tres artículos anteriores, donde se enumeran con claridad los criterios principales para hacer frente a la iatrogenia en la sociedad actual y los principios para alcanzar una buena salud. A lo largo de los tres artículos anteriores ha quedado clara una idea principal: la iatrogenia no es la excepción, sino la consecuencia lógica, en muchas ocasiones, del modelo de salud actual. No es únicamente una cuestión de errores profesionales, ni tampoco de pura ignorancia por parte de los pacientes. Es el reflejo de todo un sistema donde el miedo, la delegación ciega y la falta de conciencia se retroalimentan entre sí. Por eso, hacer frente a la iatrogenia no depende de un nuevo medicamento o de una nueva técnica. Se trata de un cambio profundo de actitud, tanto por parte de los profesionales sanitarios, como de los pacientes y de la sociedad en su conjunto. Criterios y principios clave para una buena salud ● El primer criterio es la conciencia crítica: No creer automáticamente, pero tampoco negar sistemáticamente. Escuchar, contrastar y contextualizar la información. Entender que hacer preguntas es un acto de salud. La autoridad no garantiza la verdad; la verdad hay que buscarla. ● El segundo criterio es la responsabilidad personal: La salud no se puede delegar por completo al exterior. Los profesionales nos pueden acompañar, pero no pueden vivir por nosotros. Conocer nuestro propio cuerpo, nuestros ritmos, nuestros límites y nuestros síntomas es fundamental. La responsabilidad no es culpa: es empoderamiento. ● El tercer criterio es la escucha activa de los síntomas: Los síntomas no son meros fallos mecánicos; a menudo son mensajes. El cuerpo y el cerebro tienen su propio lenguaje, y cuando ese lenguaje se silencia, los problemas se profundizan. Sanar no siempre es eliminar; muchas veces es comprender. ● El cuarto criterio es la gestión del miedo: El miedo es un mal aliado de la salud. Los discursos alarmistas, las amenazas constantes y la hiperinflación del riesgo generan un estrés crónico que ataca directamente a la salud cerebral. La calma no es una irresponsabilidad; es una base biológica. ● El quinto criterio es la higiene de la información: No da igual qué consumimos, cuánto ni cómo. La información que recibe el cerebro crea una realidad fisiológica. La verdad, la mesura y el silencio también son herramientas de salud, especialmente si tenemos en cuenta que necesitamos verdad y luz. ● El sexto criterio es recuperar la conexión con la naturaleza: La naturaleza no es un decorado; es un sistema de regulación. Los ciclos del sueño, la luz, el movimiento, la alimentación natural, la tierra y los ritmos biológicos no se pueden sustituir en un laboratorio. Sin ellos, la salud se vuelve frágil. El contacto directo con la tierra y andar descalzo es imprescindible para una salud equilibrada, ya que actúa como equilibrador de la energía. ● Por último, el principio de la relación: La salud no es una lucha individual; nace en la relación con uno mismo, con los demás y con el entorno. La medicina es una relación, no un sistema de órdenes. Cuando el paciente es sujeto y el profesional es un compañero de viaje, el riesgo de iatrogenia disminuye notablemente. Necesitamos a nuestro alrededor a quienes nos cuiden, no a quienes puedan enfermarnos. A modo de conclusión, podemos decir que no existe una salud perfecta ni una vida libre de riesgos. Pero sí existe una dirección: escuchar más, delegar menos; comprender más, temer menos. El camino más sólido contra la iatrogenia no está solo fuera: empieza dentro, en la conciencia. Por todo ello, hemos puesto el acento en la conciencia, la responsabilidad personal, la salud cerebral y la escucha de los síntomas. Para terminar, en el último artículo de esta colección presentaré próximamente las pautas y actitudes para poner todo esto en práctica de forma clara y dividida por franjas de edad, como una guía para la prevención de la iatrogenia y la consecución de una buena salud. (5) Prevención de la iatrogenia: principios y pautas por franjas de edad (V) Para terminar con la colección de artículos sobre la iatrogenia, he aquí los principios y pautas para su prevención explicados en detalle: PRINCIPIOS BÁSICOS GENERALES: 1. Conciencia crítica: hacer preguntas, contrastar la información, no seguir ciegamente a la autoridad. 2. Responsabilidad personal: atención a las necesidades del cuerpo y del cerebro, no solo a lo que ofrecen los medicamentos o los protocolos. 3. Escucha activa de los síntomas: ver y comprender el dolor, el cansancio, la ansiedad u otras manifestaciones como mensajes. 4. Gestión del miedo: evitar el estrés crónico, promover la calma y la relajación. 5. Higiene de la información: buscar fuentes fiables, evitar la saturación, ser crítico con las fake news y las campañas de alarma. 6. Conexión con la naturaleza: tener en cuenta los ciclos del sueño, la alimentación natural, el movimiento, la luz y el respeto por el entorno. 7. Relaciones saludables: compañeros de viaje con los profesionales y con la comunidad; no una dependencia pasiva. PRÁCTICAS Y ACTITUDES A ADOPTAR SEGÚN LAS FRANJAS DE EDAD: Infancia y primera juventud (0–12 años) ● Dar los primeros pasos para conocer el cuerpo: alimentación, descanso, actividad física. ● Animar a la expresión de los síntomas: preguntar “¿cómo te sientes?”, no limitarse a silenciarlos. ● Comprender el miedo y ofrecer acompañamiento: mostrar que los médicos son herramientas para ayudar, pero no una autoridad absoluta. Juventud (13–25 años) ● Fomentar el autocuidado y la toma de conciencia: ciclos del sueño, movimiento, emociones. ● Tomar la información de forma crítica: la industria médica, las opiniones científicas, los datos de salud. ● Relaciones saludables: no solo con amigos y familia, sino también con los profesionales. ● Convertir el hacer preguntas en un hábito: comprender los riesgos, los efectos secundarios y los tratamientos alternativos. Adultez (26–65 años) ● Aumentar la responsabilidad: poner en práctica lo aprendido en edades anteriores. ● Escucha de los síntomas: dolor, cansancio, ansiedad, cambios en la vida, estrés provocado por el trabajo. ● Priorizar la naturaleza y un estilo de vida saludable: dieta, movimiento, relajación. ● Relaciones sensatas: con médicos, terapeutas, la comunidad y la familia. Vejez (65+ años) ● Consolidar la conciencia: conocer bien los riesgos y los recursos, pero huyendo de la pasividad. ● El sentido de los síntomas: las expresiones del cuerpo requieren una atención especial, pero no ser silenciadas. ● Responsabilidad proporcionada: pedir ayuda, pero no una dependencia absoluta. ● Actividad física y social adecuada: para promover la salud del cerebro y del cuerpo. ● Reforzar la red de relaciones y la comunidad: la soledad y la dependencia son una vía hacia la iatrogenia. De este modo, reducimos el riesgo de iatrogenia, mantenemos la salud cerebral y ponemos verdaderamente la responsabilidad de la salud en manos de cada persona, desde la infancia hasta la vejez. Para terminar, explicando de forma coherente los principios generales anteriores y las pautas por franjas de edad, se propone aquí una explicación a modo de guía contra la iatrogenia, fácil de seguir e integrar en el día a día. Recuerde: la iatrogenia no son solo los errores que comete el médico; es un fenómeno complejo en el que también influyen la actitud, los miedos y las dependencias del paciente. Por ello, las bases imprescindibles para hacerle frente son la conciencia, la responsabilidad personal, la escucha de los síntomas, la gestión del miedo, la higiene de la información, la conexión con la naturaleza y las relaciones saludables. La conciencia crítica requiere: contrastar la información, hacer preguntas y no seguir ciegamente a las autoridades. La responsabilidad personal es el núcleo del proceso de salud: conocer las necesidades del cuerpo y del cerebro, además de ver los medicamentos y tratamientos como una ayuda. La escucha activa de los síntomas es imprescindible: el dolor, el cansancio o la ansiedad son mensajes enviados por el cuerpo y el cerebro que, si se silencian, profundizan los problemas. Gestionar el miedo y reducir el estrés son herramientas imprescindibles para mantener la salud cerebral. Los discursos dramáticos o las campañas de alarma generan estrés crónico, lo que impulsa una iatrogenia sutil. Por eso se recomienda practicar la calma y la relajación. La higiene de la información también es fundamental: elegir fuentes fiables, evitar la saturación y no caer bajo la influencia de mentiras y campañas de alarma. Recuperar la conexión con la naturaleza, por su parte, es una condición indispensable para promover la salud del cuerpo y del cerebro: los ciclos del sueño, la alimentación natural, el movimiento, la luz y las actividades al aire libre no se pueden sustituir con nada más. Por último, las relaciones saludables son esenciales: mantener un contacto directo con los profesionales adecuados y con la comunidad, para evitar la dependencia pasiva. En resumen y para concluir, se recomiendan estas actitudes por franjas de edad: ● Infancia (0–12 años): conocer el cuerpo, animar a expresar los síntomas, comprender el miedo, presentar al médico como una ayuda. ● Juventud (13–25 años): autocuidado y toma de conciencia, información crítica, convertir las preguntas en un hábito, reforzar las relaciones saludables. ● Adultez (26–65 años): consolidar la responsabilidad, escucha activa de los síntomas, priorizar un estilo de vida natural, mantener relaciones de acompañamiento. ● Vejez (65+ años): aumentar la conciencia, conocer los riesgos, cuidar el sentido de los síntomas, actividad física y social adecuada, reforzar la red de relaciones y la comunidad. Por lo tanto, las primeras defensas contra la iatrogenia no son nuevos medicamentos de laboratorio. Al contrario, son la conciencia, la responsabilidad personal, la escucha de los síntomas y las relaciones saludables. Desde la infancia hasta la vejez, la salud no debe depender simplemente de los profesionales; uno mismo debe ser también parte activa para garantizar la salud cerebral y la calidad de vida. Todo lo que hemos comentado es para que cada cual pueda comprobar por su cuenta y ponga en práctica lo que hemos dicho. No solo de manera individual, también se aportan contenidos sencillos para poder utilizarlos en la práctica profesional, no solo debemos ser responsables de nuestro cuidado, debemos ejercer con consciencia y transmitir la verdad, en eso consiste buscar la verdad. BUSCAR LA VERDAD = DESPERTAR = SER CONSCIENTE ………………………………………………………………………………………. Conductor del programa UTP Ramón Valero @tecn_preocupado Canal en Telegram @UnTecnicoPreocupado Un técnico Preocupado un FP2 IVOOX UTP http://cutt.ly/dzhhGrf BLOG http://cutt.ly/dzhh2LX Ayúdame desde mi Crowfunding aquí https://cutt.ly/W0DsPVq …. Participantes Fernando Trébol Psicologo ………………………………………………………………………………………. Enlaces citados en el podcast: AYUDA A TRAVÉS DE LA COMPRA DE MIS LIBROS https://tecnicopreocupado.com/2024/11/16/ayuda-a-traves-de-la-compra-de-mis-libros/ "El AUTISMO ha colapsado" Investigadores se DISCULPAN y advierten de los PELIGROS del espectro. #tea https://www.youtube.com/watch?v=91XWXI1aWIw ………………………………………………………………………………………. Música utilizada en este podcast: Tema inicial Heros Epílogo Exodus - Prescribing horror https://youtu.be/qdIV44U9dxM
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