EPISODE · Feb 16, 2019 · 4 MIN
VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO C
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Audio y edición: p. Cristovao, svd. Musica: Himno de la JMJ Cracóvia 2016 - Bienaventurados los misericordiosos Lc 6, 17.20-26: bienaventurados los que tienen hambre porque serán saciados. Hoy el evangelio revela lo que nosotros conocemos cómo opción preferencial por los pobres, con las bienaventuranzas. Y ojo, pues pobres, necesariamente no son quienes no poseen bienes materiales, aunque el escenario clasifica varias clases de pobres y entre ellos aparecen los que no tienen nada. Las bienaventuranzas son un rescaate de un lenguaje muy común entre los profetas, muy conocido como oráculos. En ocasiones son bellas oraciones y en otras aparecen con un tono de advertencias que invitan a la conversión de la sociedad, en este caso, de los ricos. Ciertamente Jesús se da cuenta de la incoherencia de la sociedad, en medio a tanta gente que lo sigue y clama toda clase de justicia. Entre ellas, la miseria, hambre, enfermedades. Lo que nos enseña ese pasaje del evangelio es que cuanto más nos enriquecemos de la gracia de Dios, menos damos importancia alas riquezas del mundo. Cuanto más materialista se convierte el hombre, más lejos se queda de Dios. Algo parecido sucede en el evangelio que hemos escuchado. La versión que san Lucas ofrece de las bienaventuranzas incluye también lamentaciones que van en paralelo, de modo que a cada bienaventuranza le corresponde una lamentación. El que ya encontró su "consuelo" ya también se detuvo. La vida es un camino y un caminar pero el que encontró su consolación está demasiado tentado de detenerse. Por supuesto, el camino no se acaba porque yo acabe mi caminar, y de ahí se sigue lo que Cristo agrega, y que no es amenaza, sino el reclamo de la sensatez: "tendréis hambre…”. Aquel que declara que ha llegado a su meta sólo porque se ha detenido en el camino un día descubrirá la insuficiencia de lo que podía ofrecerle ese consuelo pasajero. El hecho de que Cristo nos ayude a ver lo corta que se queda cada estación del camino no es sino misericordia suya: es su manera de decirnos que fuimos creados y que somos llamados para un gozo más alto, una felicidad más duradera, una amistad más dulce y noble, la de Dios mismo.
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