EPISODE · Feb 21, 2013 · 1H 36M
Vigésimo segundo programa de la temporada.
from El viejo tren
Hay que tomar decisiones. Es un paso diario en toda vida. Plantear y replantear con una mirada vaga al futuro. Estudiar el pasado, fijarse bien en los detalles, saber hacia dónde vas, y si disfrutas con lo que estás haciendo. Todo englobaba a Tomás, que llevaba ya unos días inmerso en él, aunque lo vieras responder gracias a los sentidos, siempre la respuesta llegaba con un pequeño retardo que no dejaba otra cosa que pensar. No está donde tiene que estar, está un poco ido. Efectivamente. En menos de un mes y medio Tomás ya estaba cansado de no tener un solo fin de semana para él. Sustituir las porfías por tortas, el vino por café y la música de fondo por un trozo de metal, que no sabía su nombre, que portaba un poco de aceite normal, otro con ajo y un poco de tomate le estaban arrebatando la vida poco a poco. Se estaba ahogando. Tras aguantar de lunes a jueves, el viernes, tras terminar los desayunos se descolgó el mandril y pidió a Ignacio que si podía hacer el favor de pagarle lo que llevaba trabajado. Prácticamente diecisiete días del mes que concurría. Que iba a dejar el trabajo. Que le agradecía mucho lo que había hecho por él. Que le había salido un proyectito que tenía buena pinta. En fin. Las cosas de Tomás. - Ay Tomás.- Le dijo Ignacio suspirando.- ¿Tu sabes que no está la cosa bien del todo, no? Mira te puedo dar la mitad, y como muy pronto hasta que no termine el mes no te podré pagar el resto. - No te preocupes, me vale. A primeros del mes que viene vendré y ajustamos.- Tomás tenía ganas de sí mismo. Coger algo de metálico y salir por ahí. De verse en el espejo. Después de agradecimientos protocolarios, estrecharon la mano y se despidieron. Era casi medio día ya. Se dirigió directamente a su casa, a ducharse y quitarse el olor a aceite de la cocina del Bar Coronas. Bajó al estanco, compró dos paquetes de tabaco, para que no le faltara. Pero hoy no los compró de liar, hoy los compro de los "industriales", como lo llamaban en compañía. Con la vuelta se fue directo a la cabina de teléfono, y una vez allí intentó recordar los números de los amigos para preguntar dónde andaban, y que si iban a salir que tuvieran en cuenta que estaría donde siempre. Pero claro, un mes y medio sin marcar, y el espacio de la memoria ocupado para la aleatoriedad rutinaria de las comandas le dejaron la mente en blanco. Así que llamó a su hermano, que era de los pocos que recordaba, y le contó eso, que ya sabía dónde iba a estar y que hiciera el favor de avisar a sus amigos si no era "mucha molestia". El sol brillaba en un cielo azul mate, sin nubes. Y conforme caminaba hacia el destino que se había programado, se miraba de reojo en los cristales de los coches, sintiéndose orgulloso de lo que había hecho a la vez que se mostraba temeroso, de la resaca que le esperaba. Pero bueno, hoy Tomás se veía con el guapo subido. Ahí estaba el tío ¿Acaso no es eso lo que importa?
Embed this episode
Ready to play
Vigésimo segundo programa de la temporada.
No transcript for this episode yet
Similar Episodes
No similar episodes found.
Similar Podcasts
No similar podcasts found.