EPISODE · Feb 14, 2013 · 1H 6M
Vigésimo segundo programa de la temporada
from El viejo tren
Cinco euros había en el bolsillo. Tres monedas de un euro y unas cuantas repartidas entre veinte y diez céntimos. Había rebuscado por todos los sitios. Bajo los cojines del sofá cama, en los bolsillos pequeños de los pantalones sucios y en un pequeño tarro en la cocina donde iba dejando las vueltas de los días que le apetecía comprar pan. Incluso miró en su cartera. Sabía que no tenía nada, pero tenía costumbre de revisarlo, esperando que apareciera de la nada dinero. Iba a salir a la calle a dar un paseo, pero no tenía ningún gasto previsto, simplemente no le gustaba salir a la calle sin dinero. Tomás nunca fue friolero, pero llevaba una bufanda puesta que le tapaba una calentura que le había salido en el labio. Le hacía sentirse incomodo cuando hablaba con alguien, y sin querer la mirada de esa persona se enfocaba en ese detalle. Paseó durante varias horas, pensando en lo que pasaría a partir de ahora, con cierta ilusión pero con una decepción constante, porque intuía que se la darían con queso. Había recorrido más de media ciudad sin parar de pensar, sin fijarse en ningún detalle, sin mirar a nadie. Solo estaba él en un constante monólogo. Hasta que una joven le pasó volando, con una de esas bicicletas que a cambio de un pequeño alquiler ponen algunos ayuntamientos a disposición de los ciudadanos, y se le cayó una riñonera. Gritó a la joven con fuerza mientras sostenía la riñonera, pero los auriculares hicieron el resto para que ella no atendiera a la llamada del buen samaritano de Tomás. En fin, ¿qué podía hacer? Abrió la riñonera y encontró papel de fumar, que rápidamente guardó junto a un mechero estampado de flores que encendía como si estuviera nuevo. Pero se sorprendió con una cinta de casete. Una de aquellas en las que en su juventud grababa recopilaciones y recopilaciones de música, grabado tras grabado. Pero Tomás tenía un viejo "loro" en casa, de cd y casetes. Llegó a casa y abrió una botella de vino. Buscó entre varias cajas hasta que dio con el radiocasete. Puso la cinta como si de un vinilo habláramos y se sentó en el sofá cama. En el sonido deslizante comenzó a sonar una canción de Cheap Trick, que no tardó en reconocer. Se trataba de Surrender. - ¡Bendita ciclista! - exclamó antes de dar el último sorbo al vino y quedar rendido en el híbrido asiento. Tenía que madrugar de nuevo para repartir tortas….cafés y tostadas.
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