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Cuaresma 2021

Regresa todos los días para escuchar las oraciones de esta Cuaresma 2021.

  1. 40

    Marzo 28 - Domingo de Ramos

    «Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel. ¡Hosanna en el cielo!» (Mt 21,9). «Dios Todopoderoso y eterno, Tú quisiste que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la Cruz, para que todos nosotros sigamos su ejemplo; concédenos que las enseñanzas de su Pasión nos sirvan de testimonio y que un día participemos de su resurrección gloriosa». Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos y dicen: “Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de veras lo ama, que lo libre”. R.   Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros. Mis manos y mis pies han taladrado y se puedan contar todos mis huesos. R.   Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados. Señor, auxilio mío, ven y ayudarme, no te quedes de mí tan alejado. R. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alábenlo; glorificarlo, linaje de Jacob, témelo, estirpe de Israel. «Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al encuentro de Cristo que hoy vuelve de Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia su venerable y dichosa Pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres... Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su Pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros. « Alegrémonos, pues, porque se nos ha presentado mansamente el que es manso y que asciende sobre el ocaso de nuestra ínfima vileza, para venir hasta nosotros y convivir con nosotros, de modo que pueda, por su parte, llevarnos hasta la familiaridad con Él... Repitamos cada día aquella sagrada exclamación que los niños cantaban, mientras agitamos los ramos espirituales del alma: “Bendito el que viene, como Rey, en nombre del Señor”.

  2. 39

    Marzo 27 - Sábado de la quinta semana de cuaresma

    «Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. Soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo» (Sal 21,20.7). «Señor, tú que realizas sin cesar la salvación de los hombres, y concedes a tu pueblo en los días de Cuaresma gracias más abundantes, dígnate mirar con amor a tus elegidos y concede tu auxilio protector a los catecúmenos y a los bautizados». Jeremías 31, 10. 11-12ab. 13 Escuchen, pueblos, la palabra del Señor, anúncienla aun en las islas más remotas: “El que dispersó a Israel lo reunirá y lo cuidará como un pastor a su rebaño”. Porque el Señor redimió a Jacob, Y lo rescató de las manos del poderoso. Ellos vendrán para aclamarlo al monte Sión y vendrán a gozar de los bienes del Señor. Entonces se alegrarán las jóvenes, danzando, se sentirán felices jóvenes y viejos, porque yo convertiré su tristeza en alegría, los llenaré de gozo y aliviaré sus penas. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «Dios se deja ver de los que son capaces de verle, porque tienen abiertos los ojos de la mente. Porque todos tienen ojos, pero algunos los tienes bañados de tinieblas y no pueden ver la luz del sol» (Libro I, 2,7). «Que tus obras tengan por fundamento la fe, porque creyendo en Dios, te harás fiel» (Coment. al Salmo 32) Señor, que nunca me aleje de ti, pues lejos de ti, todo es tiniebla, oscuridad y frío. Que pueda gozar siempre de tu luz, pues sólo en ella y con ella podré ver los acontecimientos de mi vida como tú los ves, y vivir en plenitud la vocación a la felicidad que me has dado. Te lo pido a ti, Camino, Verdad y Vida, que vives y reinas por los siglos de los siglos.  Amén.

  3. 38

    Marzo 26 - Viernes de la quinta semana de cuaresma

    «Piedad, Señor, que estoy en peligro; líbrame de los enemigos que me persiguen. Señor, que no me avergüence de haberte invocado» (Sal  30,10.16.18). «Perdona las culpas de tu pueblo, Señór, y que tu amor y tu bondad nos libren del poder del pecado, al que nos ha sometido nuestra debilidad». Comunión: «Jesús, cargado con nuestros pecados, subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado» (1Pe 2,24). Salmo 17 «En el peligro invoqué al Señor y me escuchó. Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza, Dios míos, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. Me cercaban olas mortales; torrentes destructores, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte. En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios; desde su templo Él escuchó mi voz y mi grito llegó a sus oídos» Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   El misterio de la Palabra hecha carne ha de ser aceptado por la fe. ¡Los enemigos de Jesús! Pero, ¿no nos ponemos también nosotros en las filas de los enemigos de Jesucristo? ¿No es cada pecado un desprecio de Jesús, de sus preceptos, de su doctrina, de sus bienes, de sus promesas, de su gracia divina...?  «En esto consiste precisamente el pecado, en el uso desviado y contrario a la voluntad de Dios de las facultades que Él nos ha dado para practicar el bien». Señor, haz que la lámpara de mi corazón se encienda siempre en ti y que, con la luz que has encendido en mi interior, pueda iluminar a mis hermanos y compartir el calor que tú mismo has infundido en mi corazón No permitas que mi lámpara se apague, pues mi vida no sólo se volverá sombría, sino que ahumará y llenará de tufo a los que me rodean. Te lo pido a ti, luz del mundo. Amén.

  4. 37

    Marzo 25 - Jueves de la quinta semana de cuaresma

    «Cristo es mediador de una alianza nueva; en ella ha habido una muerte; y así los llamados pueden recibir la promesa de la vida eterna» (Heb 9,15). «Escucha nuestras súplicas, Señor, y mira con amor a los que han puesto su esperanza en tu misericordia; límpialos de todos sus pecados, para que perseveren en una vida santa y lleguen de este modo a heredar tus promesas». Salmo 39 Sacrificios, Señor, tú no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: “Aquí estoy”. En tus libros se me ordena Hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor. No callé tu justicia, antes bien, proclamé tu lealtad y tu auxilio. Tu amor y tu lealtad no los he ocultado
 a la gran asamblea. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   Te damos gracias, Señor, porque sentimos, vivimos, entendemos; pero sobre todo te damos gracias por el don de la fe y por nuestra vida nueva en Cristo. Sin él, nada nos aprovecharía; con él, todo adquiere su plenitud. Gracias, Señor. Dios todopoderoso y eterno, somos tus siervos, haz que te escuchemos como a nuestro Señor; somos tus hijos, haz que te escuchemos como Padre; que enmendemos nuestros caminos y los ajustemos a tus designios y tu voluntad, para amarte con todo el corazón y con todas nuestras fuerzas. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  5. 36

    Marzo 24 - Miércoles de la quinta semana de cuaresma

    «Dios me libró de mis enemigos, me levantó sobre los que resistían y me salvó del hombre cruel» (Sal 17,48-49s). «Ilumina, Señor, el corazón de tus fieles, purificado por las penitencias de Cuaresma; y Tú que nos infundes el piadoso deseo de servirte, escucha paternalmente nuestras súplicas». Daniel 3, 52. 53. 54. 55. 56 «A Ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres... Bendito tu nombre santo y glorioso. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. Bendito sobre el trono de tu reino. Bendito eres Tú, que sentado sobre querubines, sondeas los abismos. Bendito eres en la bóveda del cielo. A Ti gloria y alabanza por los siglos». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   Los que se mantienen fieles al Señor, no obstante la persecución, triunfan de un modo o de otro. Toda persecución es una prueba del justo, de su fe en el poder de Dios.. Pertenece al misterio de la lucha del mal contra el bien, del vicio contra la virtud. Revela el juicio de Dios en cuanto que anuncia el juicio final y el advenimiento del Reino. El justo obra libremente por amor a Dios.  «Él, que promete estar con sus discípulos hasta la consumación de los siglos, manifiesta que ellos habrán de vencer siempre, y que Él nunca se habrá de separar de los que creen» (Com. al Evangelio de S. Mateo 21,3). Señor, tú siempre estás conmigo y muchas veces yo no he estado contigo, por vivir volcado hacia mis propios intereses. Ayúdame a ser siempre fiel a tus preceptos y a tu amor, para reconocer siempre tu presencia fiel y alentadora que me llama a la santidad. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

  6. 35

    Marzo 23 - Martes de la quinta semana de cuaresma

    «Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor» (Sal 26,14). «Concédenos, Señor, perseverar en el fiel cumplimiento de tu santa voluntad, para que en nuestros días crezca en santidad y en número el pueblo dedicado a tu servicio». «Cuando Yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia Mí, dice el Señor» (Jn 12, 32). Salmo 101 «Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti, no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí, cuando te invoco, escúchame en seguida... Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «La Cruz no encierra en sí mezcla del bien y del mal como el árbol del Edén, sino que toda ella es hermosa y agradable, tanto para la vista como para el gusto. Se trata, en efecto, del leño que engendra la vida, no la muerte; que da luz, no tinieblas; que introduce en el Edén, no que hace salir de él...» (Disertación sobre la adoración de la Cruz). Haz, Señor, que vivamos, siguiendo los caminos de tu verdad y no siguiendo nuestros propios caminos, ya que tus caminos de verdad conducen a la salvación y a la santificación, mientras que nuestros caminos conducen a la mentira y la perdición. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  7. 34

    Marzo 22 - Lunes de la quinta semana de cuaresma

    «Misericordia, Dios mío, que me hostigan, me atacan y me acosan todo el día» (Sal 55,2) «Señor, Dios nuestro, cuyo amor nos enriquece sin medida con toda bendición: haz que, abandonando nuestra vida caduca, fruto del pecado, nos preparemos como hombres nuevos, a tomar parte en la gloria de tu Reino». «Yo soy la luz del mundo –dice el Señor–. El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12). «No dudéis del perdón, pues, por grande que sean vuestras culpas, la magnitud de la misericordia divina perdonará, sin duda, lal enormidad de vuestros muchos pecados» (Coment. al profeta Joel 3,5). «La Iglesia nada puede perdonar sin Cristo y Cristo nada quiere perdonar sin la Iglesia. La Iglesia solamente puede perdonar al que se arrepiente, es decir, a aquél a quien Cristo ha tocado ya con su gracia. Y Cristo no quiere perdonar ninguna clase de pecado a quien desprecia a la Iglesia» Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   La renovación pascual es necesaria para todos. Cualquier puritanismo  condenatorio de la conducta ajena está más del lado de los fariseos inmisericordes que del Evangelio. Todos necesitamos la conversión a una vida nueva. Señor, tú no condenas al que no puede hacer lo que debe, sino al que no quiere hacer lo que puede, haz que siempre nuestra voluntad y nuestro deseo estén prontos para cumplir lo que tú quieres y lo que tú mandas: que en todo busquemos siempre cumplir tu voluntad, para con ella santificarnos. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  8. 33

    Marzo 21 - Domingo de la quinta semana de cuaresma

    Hemos de disponernos a vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús  profundamente, adentrándonos en el misterio de su Corazón. Él es el Hijo de Dios hecho hombre, en condición de victima solidaria por nuestros pecados. La Antigua Alianza preparaba al creyente para el misterio de Cristo, pero solo la Nueva Alianza santificaría interiormente al pecador. Dios forma a su pueblo, por los profetas, en la esperanza de la salvación, en la espera de una alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres (Is 2,2-4), que será grabada en sus corazones (Jer 31,31-34; Hb 10,16). Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades (Ez 36), una salvación que incluirá a todas las naciones (Is 49,5-6; 53,11). Serán, sobre todo, los pobres y los humildes del Señor quienes mantendrán esta esperanza. Salmo 50 Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos, y purifícame de mis pecados. Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu. Devuélveme tu salvación, que regocija y mantén en mí un alma generosa. Enseñaré a los descarriados tus caminos, y volverán a ti los pecadores. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   Del mismo modo que nosotros alcanzamos la buena disposición para orar  mediante la limosna y el ayuno, así también nuestra misma oración se convierte  en limosnera cuando se eleva no sólo por los amigos, sino hasta por los enemigos, y se abstiene de la ira, del odio y de otros vicios perniciosos. (Sermón 207, 3) Señor, haz que nuestra vida sea digna de la presencia de tu Espíritu en nosotros; que no se tenga que marchar, por nuestros pecados o por nuestra soberbia; como buen huésped que es, haz, Señor, que, si nos encuentra vacíos, nos llene; si nos encuentra hambrientos, que nos sacie; si nos encuentra sedientos, que nos embriague. Te le pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  9. 32

    Marzo 20 - Sábado de la cuarta semana de cuaresma

    «Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban, me envolvían las redes del abismo; en el peligro invoque al Señor; desde su templo Él escuchó mi voz» (Sal 17,5-7). «Que tu amor y tu misericordia dirijan nuestros corazones, Señor, ya que sin tu ayuda no podemos complacerte». «Hemos sido rescatados a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha» (1 Pe 1,19). Salmo 7: En ti, Dios mío, me refugio: de mis perseguidores, sálvame. No permitas que algunos, como fieras, me destrocen y nadie me rescate. Tú que llegas, Señor, a lo más hondo del corazón humano, Tú júzgame, Señor, según mis méritos; conforme a mi inocencia, da tu fallo. Apoya al hombre recto, Pon fin a la maldad de los malvados. Tengo mi escudo en Dios, que salva a los de recto corazón. Alabaré al Señor por la justicia y cantaré el nombre del Altísimo. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «La sangre derramada por Cristo reproduce en nosotros la imagen del rey: no permite que se malogre la nobleza del alma; riega el alma con profusión, y le inspira el amor a la virtud. Esta sangre hace huir a los demonios, atrae a los ángeles...; esta sangre ha lavado a todo el mundo y ha facilitado el camino del cielo» (Homilía 45, sobre el Evangelio de San Juan). Señor, mis obras, son a veces como frutos malos, pues proceden de la raíz, del pecado; cambia y purifica mi corazón para que todas mis acciones broten de un manantial sano, puro y santo, y siempre se dirijan hacia ti, para darte gloria y alabanza con todas ellas. Te lo pido a ti, único amor verdadero, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  10. 31

    Marzo 19 - Viernes de la cuarta semana de cuaresma

    «Oh Dios, sálvame por tu Nombre, sal por mí con tu poder. Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras» (Sal 53,3-4). «Señor, Tú que en nuestra fragilidad nos ayudas con medios abundantes, concédenos recibir con alegría la salvación que nos otorgas, y manifestarla a los hombres con nuestra propia vida». «Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados; el tesoro de su gracia ha sido un derroche para con nosotros» (Ef 1,7). Salmo 88: Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.» El me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   Haz Señor que vivamos siguiendo los caminos de tu verdad y no siguiendo nuestros propios caminos, pues tus caminos de Verdad conducen a la salvación, a la felicidad plena, mientras que nuestros caminos conducen a una alegría pasajera, hueca. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén Señor, haz que la lámpara de mi corazón se encienda siempre en ti y que, con la luz que has encendido en mi interior, pueda iluminar a mis hermanos y compartir el calor que tú mismo has infundido  en mi corazón. Te lo pido a ti, luz del mundo. Amén

  11. 30

    Marzo 18 - Jueves de la cuarta semana de cuaresma

    «Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro» (Sal 104,3-4). «Padre lleno de amor, te pedimos que, purificados por la penitencia y por la  práctica de las buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar bien dispuestos a las fiestas de Pascua». «Meteré mi Ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo, dice el Señor» (Jer 31,33). «En ocasiones Dios no desdeña visitarnos con su gracia, a pesar de la negligencia y relajamiento en que ve sumido nuestro corazón... Tampoco tiene a menos hacer nacer en nosotros abundancia de pensamientos espirituales. Por indignos que seamos, suscita en nuestra alma santas inspiraciones, nos despierta de nuestro sopor, nos alumbra en la ceguedad en que nos tiene envueltos la ignorancia, y nos reprende y castiga con clemencia. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «¡Qué grande es la misericordia de nuestro Creador! No somos ni siquiera siervos dignos, pero Él nos llama amigos. ¡Qué grande es la dignidad del hombre que es amigo de Dios!» (Homilía 27 sobre los Evangelios). «La suprema misericordia no nos abandona, ni siquiera cuando la abandonamos» (Homilía 36 sobre los Evangelios). Señor, que nunca me aleje de ti, pues lejos de ti, todo es tiniebla, oscuridad y frío. Que pueda gozar siempre de tu luz, pues sólo en ella y con ella podré ver los acontecimientos de mi vida como tú los ves, y vivir en plenitud la vocación a la felicidad que me has dado. Te lo pido a ti, Camino, Verdad y Vida, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  12. 29

    Marzo 17 - Miércoles de la cuarta semana de cuaresma

    «Mi oración se dirige hacia ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude» (Sal 68,14). «Señor, Dios nuestro, que concedes a los justos el premio de sus méritos, y a los pecadores que hacen penitencia les perdonas sus pecados, ten piedad de nosotros y danos, por la humilde confesión de nuestras culpas, tu paz y tu perdón». «Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él» (Jn 3,17). Salmo 144: «El Señor es clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   Cristo resucitado, en efecto, es el centro del culto de la nueva humanidad. Su santidad es de tal naturaleza que justifica a todos los hombres que participan en ella; su victoria sobre el pecado y la muerte está a punto de hacerse tan definitiva que cualquier hombre puede estar seguro de resucitar a la vida de la gracia y de haber sido justificado de su pecado. Nosotros estamos bautizados, somos hijos de Dios, herederos del cielo. Seamos fieles a nuestro bautismo, para que podamos oir un día estas palabras: «Venid, benditos de mi Padre, a poseer el reino que os está preparado desde el comienzo del mundo» (Mt 25,34). Señor, mis obras, son a veces como frutos malos, pues proceden de la raíz, del pecado; cambia y purifica mi corazón para que todas mis acciones broten de un manantial sano, puro y santo, y siempre se dirijan hacia ti, para darte gloria y alabanza con todas ellas. Te lo pido a ti, único amor verdadero, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  13. 28

    Marzo 16 - Martes de la cuarta semana de cuaresma

    «Sedientos, acudid por agua –dice el Señor– venid los que no tenéis dinero y bebed con alegría» (cf. Is 55,1). «Te pedimos, Señor, que las prácticas santas de esta Cuaresma dispongan el corazón de tus fieles para celebrar dignamente el misterio pascual y anunciar a todos los hombres la grandeza de tu salvación». Comunión: «El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas» Salmo 45: «Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra y los montes se desplomen en el mar. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio no vacila, Dios la socorre al despuntar la aurora. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «No debe nadie extrañarse de que Dios haga milagros; lo extraño sería que los hiciera el hombre. Más gozo y admiración nos debe producir el haberse hecho hombre Nuestro Señor Jesucristo que las obras divinas que, como Dios, hizo entre los hombres. Y más valor tiene el haber curado los vicios de las almas que curar las enfermedades del cuerpo. Concédeme, Señor, un corazón que sea realmente humano, un corazón que sienta dolor de sus pecados y de sus fallos, para que pueda encaminarme hacia ti, pues mi dureza y mis mediocridades han encallecido mi corazón y lo han vuelto insensible a tu voz y a tu presencia en mi prójimo. Te lo pido a ti, único amor verdadero, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  14. 27

    Marzo 15 - Lunes de la cuarta semana de cuaresma

    «Yo confío en el Señor. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción» (Sal 30,7-8). «Oh Dios, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos: concede a tu Iglesia la ayuda de estos auxilios del cielo sin que le falten los necesarios de la tierra». «Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que guardéis y cumpláis mis mandatos, dice el Señor» (Ez 36,27). Salmo 29: «Te ensalzaré Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir, cuando bajaba a la fosa. Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo. Su cólera dura un instante, su bondad de por vida; al atardecer nos visita el llanto, por la mañana el júbilo. Escucha, Señor, y ten piedad de mí, Señor socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre».. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «Si tenemos fija la mirada en las cosas de la eternidad, y estamos persuadidos de que todo lo de este mundo pasa y termina, viviremos siempre contentos y permaneceremos inquebrantables en nuestro entusiasmo hasta el fin. Ni nos abatirá el infortunio, ni nos llenará de soberbia la prosperidad, porque consideraremos ambas cosas como caducas y transitorias» Señor, haz que mi fe crezca cada día, que crea más en ti, que ponga en ti toda mi confianza; de este modo, tú habitarás en mí y yo en ti; sólo así podré evitar el pecado y vivir siempre en tu luz. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

  15. 26

    Marzo 14 - Domingo de la cuarta semana de cuaresma

    Toda la historia de la salvación evidencia un enfrentamiento ininterrumpido entre el misterio de las tinieblas y el misterio de la luz, disputándose la vida de los hombres. El misterio de la luz lo integra el designio amoroso de Dios, que nos ofrece la salvación y la santidad; su palabra, que nos ilumina; su gracia que nos santifica. El misterio de las tinieblas son las reacciones rebeldes de la inteligencia y de la voluntad humana al servicio del pecado, que nos ciega, que nos degrada y nos convierte en hijos de ira (Ef 2,3). Salmo 136 Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar de nostalgia; de los sauces que estaban en la orilla colgamos nuestras arpas. Aquello que cautivos nos tenían pidieron que cantáramos. Decían los opresores: “Algún cantar de Sión, alegres, cántennos”. Pero, ¿cómo podríamos cantar un himno al Señor en tierra extraña? ¡Que la mano derecha se me seque, si de ti, Jerusalén, yo me olvidara! ¡Que se me pegue al paladar la lengua Jerusalén, si no te recordara, o si, fuera de ti, alguna otra alegría yo buscara!. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «Moisés levantó la serpiente en el desierto para que sanasen quienes en el mismo desierto eran mordidos por las serpientes, mandándoles mirarla, y quien lo hacía quedaba curado. Del mismo modo, conviene que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en Él, que lo contemple levantado, que no se avergüence de su crucifixión, que se gloríe en la Cruz de Cristo, no perezca, sino que tenga la vida eterna. // ¿Como no morirá? Creyendo en Él. // ¿De qué manera no perecerá? Mirando al levantado. De otra forma hubiera perecido» (Sermón 294,11). Señor, enséñanos a ser verdaderamente libres. Que comprendamos que ser libres no es hacer lo que queramos, sino que la libertad consiste en hacer lo que tenemos que hacer, porque queremos, y porque así manifestamos nuestro amor por ti y por tus preceptos. Te lo pedimos a ti, que nos liberaste del pecado y de la muerte, y vives y reinas por los siglos de los siglos.

  16. 25

    Marzo 13 - Sábado de la tercera semana de cuaresma

    «Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas» (Sal 102,2-3).  «Llenos de alegría al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales y sentir en nosotros el gozo de su eficacia». Salmo 50 Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos, y purifícame de mis pecados. Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti sólo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo. Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí ti santo espíritu. Devuélveme tu salvación, que regocija y mantén en mí un alma generosa. Señor, abre mis labios, y cantará mi boca tu alabanza. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   Aunque te muevas con cuidado, mientras vives corporalmente en este mundo, te encuentras en medio de tribulaciones y estrecheces y has de pasar por innumerables tentaciones: no podrás vivir sin pecado. Es cierto que Dios te dice: “No te intranquilice tu pecado”... si nada debes, sé duro en exigir; pero si eres deudor, congratúlate, más bien, de tener un deudor en quien puedas hacer lo que se hará en ti» Dios todopoderoso y eterno, somos tus siervos, haz que te escuchemos como a nuestro Señor; somos tus hijos, haz que te escuchemos como Padre; que enmendemos nuestros caminos y los ajustemos a tus designios y tu voluntad, para amarte con todo el corazón y con todas nuestras fuerzas. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

  17. 24

    Marzo 12 - Viernes de la tercera semana de cuaresma

    «No tienes igual entre los dioses, Señor: Grande eres tú, y haces maravillas, tú eres el único Dios» (Sal 85,8.10). «Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones, para que sepamos dominar nuestro egoismo y secundar las inspiraciones que nos vienen del Cielo». «Amar a Dios con todo corazón y al prójimo como a ti mismo vale más que todos los sacrificios» (cf. Mc 12,33). Salmo 80 Oyó Israel palabras nunca oídas: “He quitado la carga de tus hombros y el pesado canasto de tus manos. Clamaste en la aflicción y te libré. Te respondí, oculto entre los truenos, y te probé en Meribá, junto a la fuente. Escucha, pueblo mío, mi advertencia. ¡Israel, si quisieras escucharme! No tendrás otro Dios. Fuera de mi ni adorarás a dioses extranjeros, porque yo el Señor, soy el Dios tuyo, que te sacó de Egipto, tu destierro. ¡Ojalá que mi pueblo me escuchara y cumpliera Israel mis mandamientos! Comería de lo mejor de mi trigo y yo lo saciaría con miel silvestre”. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «El amor, basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo para amar.» (Sermón 83). Te pedimos, Señor, que, cuanto más se aproxima la fiesta de nuestra salvación, con tanta mayor fe nos preparemos a celebrar el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén

  18. 23

    Marzo 11 - Jueves de la tercera semana de cuaresma

    «Yo soy la salvación del pueblo –dice el Señor–. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé y seré para siempre su Señor». «Te pedimos humildemente, que a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega, para celebrar dignamente el misterio pascual». Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9. Vengan, lancemos viva al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle gracias. Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras”.. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «Volvimos la espalda ante el rostro de Aquel cuyas palabras despreciamos, cuyos preceptos conculcamos; pero aun estando a nuestra espalda nos vuelve a llamar Él, que se ve despreciado y clama por medio de sus preceptos y nos espera con paciencia» «Quédate con nosotros, porque nos rodean en el alma las tinieblas y solo Tú, oh Cristo, eres la Luz. Tú puedes calmar nuestra ansia que nos consume» (Carta 212). Del mismo modo que nosotros alcanzamos la buena disposición para orar mediante la limosna y el ayuno, así también nuestra misma oración se convierte en limosnera cuando se eleva no sólo por los amigos, sino hasta por los enemigos, y se abstiene de la ira, del odio y de otros vicios perniciosos. (Sermón 207, 3)

  19. 22

    Marzo 10 - Miércoles de la tercera semana de cuaresma

    «Asegura mis pasos con tu promesa. Que ninguna maldad me domine» (Sal 118,133). «Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu Palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias y perseveremos unidos en la plegaria». «Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia» (Sal 15,11). Salmo 147: «Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Israel, que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. Él envía su mensaje a la tierra y su palabra corre veloz, manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza. Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «Y ya que en la voluntad de Dios está la vida, no podemos dudar lo más mínimo de que nada encontraremos que nos sea más útil y provechoso que aquello que concuerda con el querer divino, vida de nuestra alma. Procuremos con solicitud no desviarnos en lo más mínimo de la voluntad de Dios» Dios todopoderoso y eterno, somos tus siervos, haz que te escuchemos como a nuestro Señor; somos tus hijos, haz que te escuchemos como Padre; que enmendemos nuestros caminos y los ajustemos a tus designios y tu voluntad, para amarte con todo el corazón y con todas nuestras fuerzas. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  20. 21

    Marzo 9 - Martes de la tercera semana de cuaresma

    «Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme» (Sal 16,6.8). «Señor, que tu gracia no nos abandone, para que, entregados plenamente a tu servicio, sintamos sobre nosotros tu protección continua». Salmo 24: «Enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad; enséñame, porque Tú eres mi Dios y Salvador. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. El Señor es bueno y recto, enseña el camino a los pecadores, hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   «No te hastíes de perdonar siempre al que se arrepiente. Si no fueras tú también deudor, impunemente podrías ser un severo acreedor. Pero tú que eres también deudor, y lo eres de quien no tiene deuda alguna, si tienes un deudor, pon atención a lo que haces con él. Lo mismo hará Dios contigo... Si te alegras cuando se te perdona, teme el no perdonar por tu parte. Señor, tú que nos diste el que te encontráramos y el ánimo para seguir buscándote, no nos abandones al cansancio ni a la desesperanza..Haznos buscarte siempre y cada vez con más ardor. Y danos fuerzas para adelantar en la búsqueda. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

  21. 20

    Marzo 8 - Lunes de la tercera semana de cuaresma

    «Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor; mi corazón y carne retozan por el Dios vivo» (Sal 83,3). «Señor, purifica y protege a tu Iglesia con misericordia continua y, pues sin tu ayuda no puede mantener su firmeza, que tu protección la dirija y la sostenga siempre».  «Alabad al Señor todas las naciones, firme es su misericordia con nosotros» (Sal 116,1-2). Salmo 41 clamamos: «Mi alma tiene sed del Dios vivo. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a Ti, Dios mío. Envía tu luz y tu verdad, que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; y que te dé gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.  Lo que hoy encontramos en Cristo y en su Iglesia es únicamente el inicio de  nuestra salvación, cuya plenitud nos aguarda en la otra vida, en la verdadera Pascua. Y así como el pueblo escogido perdió la salvación, por no creer en Cristo, también a nosotros nos puede ocurrir los mismo. Sólo la fe, la entrega a Cristo y a su Iglesia nos pueden salvar. Señor, te pedimos que acuñes, con la fuerza de tu amor y de tu Espíritu, tu imagen en lo más profundo de nuestro corazón, para que como una moneda, exprese con claridad a quién pertenece y quién es el que vive dentro de ella. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  22. 19

    Marzo 7 - Domingo de la tercera semana de cuaresma

    «Tengo los ojos puestos en el Señor, porque Él saca mis pies de la red. Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido» (Sal 24,15-16).  «Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados, mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de nuestras culpas». Salmo 18 «La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.  «El que beba del agua que yo le daré –dice el Señor– no tendrá más sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,13-14). Haz, Señor, que siempre cantemos y caminemos; que nunca nos dejemos vencer por la pereza o por el desánimo, sino que con gozo y esperanza emprendamos cada día nuestro camino, siguiendo tus huellas, en el camino verdadero, sin detenernos, sin volvernos nunca hacia atrás. Te lo pedimos a ti que eres el Camino que conduce a la Verdad y la Vida, y que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  23. 18

    Marzo 6 - Sábado de la segunda semana de cuaresma

    «El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas» (Sal 144,8-9). «Señor, Dios nuestro que, por medio de los sacramentos, nos permites participar de los bienes de tu Reino ya en nuestra vida mortal: dirígenos tú mismo en el camino de la vida, para que lleguemos a alcanzar la luz en la que habitas con tus santos». Salmo 102 Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios. El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura. El Señor no estará siempre enojado, ni durará para siempre su rencor. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados. Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.   Haz, Señor, que aprendamos a dar y a darnos a nosotros mismos, siguiendo e imitando el ejemplo de Cristo, que se entregó libremente por la salvación de todos. Que también nosotros empeñemos nuestro ser al servicio de tu plan de salvación sobre todos, con generosidad y con alegría, pues tú amas al que da con alegría. Señor, haz que tu pueblo vaya penetrando debidamente el sentido de la Cuaresma y se prepare así a las fiestas pascuales, para que la penitencia corporal, propia de este tiempo, sirva para la renovación espiritual de todos tus fieles. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, quien contigo y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

  24. 17

    Marzo 5 - Viernes de la segunda semana de cuaresma

    «A Ti, Señor, me acojo, no quede yo nunca defraudado; sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo» (Sal 30,2.5). «Concédenos, Dios Todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos a las fiestas de Pascua con perfecto espíritu de conversión». «Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4,10). Salmo 104 Cuando el Señor mandó el hambre sobre el país y acabó con todas las cosechas, ya había enviado por delante a un hombre: a José, vendido como esclavo. Le trabaron los pies con grilletes y rodearon su cuerpo con cadenas, hasta que se cumplió su predicción, y Dios lo acreditó con su palabra. El rey mandó que lo soltaran, el jefe de esos pueblo lo libró, lo nombró administrador de su casa, y señor de todas sus posesiones. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. Señor y Dios mío, mi única esperanza, no permitas que deje de buscarte por cansancio, sino que te busque siempre con renovada ilusión. Tú que hiciste que te encontrara y me inculcaste ese afán para sumergirme más y más en ti, dame fuerzas para continuar en ello. Haz que me acuerde de ti, que te comprenda, que te ame. Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien contigo vive y reina en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

  25. 16

    Marzo 4 - Jueves de la segunda semana de cuaresma

    «Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos. Mira si mi camino se desvía, guíame por el camino recto» (Sal 138,23-24). «Señor, tú que amas la inocencia y la devuelves a quien la ha perdido, atrae hacia Ti nuestros corazones y abrásalos en el fuego de tu espíritu, para que permanezcamos firmes en la fe y eficaces en el bien obrar». «Dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad del Señor» (Sal 118,1). Salmo 1 Dichoso aquel que no se guía Por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos. Es como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito. En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo, y al malo sus caminos acaban por perderlo. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. San Agustín dice: «El hombre se perdió por primera vez a causa del amor a sí mismo. Pues si no se hubiese amado a sí mismo y hubiese antepuesto a Dios a sí mismo, hubiera estado siempre sometido a Dios; no se hubiera inclinado a hacer su propia voluntad descuidando la de Dios. Señor, sé muy bien que no me hallo distante de ti por el espacio sino por el corazón y que amándote es como verdaderamente estoy cercano a ti. Ayúdame a vencer mis egoísmos y mis tibiezas, para amarte con todo el corazón y así estar siempre y en todo lugar muy cerca de ti, Verdad y Amor verdadero, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  26. 15

    Marzo 3 - Miércoles de la segunda semana de cuaresma

    «No me abandones, Señor, Dios mío, no te quedes lejos; ven aprisa a socorrerme, Señor mío, mi salvación» (Sal 37,22-23). «Señor, guarda a tu familia en el camino del bien, que tú le señalaste; y haz que, protegida por tu mano en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos». «El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate de muchos» (Mt 20,28). Salmo 30 pedimos al Señor una liberación de las fuerzas del Mal, que tiende sus redes para perjudicarnos: «Sálvame, Señor, por tu misericordia de la red que me han tendido, porque Tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: Tú, el Dios leal, me librarás. Oigo el cuchicheo de la gente y todo me da miedo; se conjuran contra mí y traman quitarme la vida. Pero, yo confío en Ti, Señor, te digo: “Tú eres mi Dios. En tus manos están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen”». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. «La pasión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo es una prenda de gloria y una enseñanza de paciencia. Pues, ¿qué dejará de esperar de la gloria de Dios el corazón de los fieles, si por ellos el Hijo único de Dios, coeterno con el Padre, no se contentó con nacer como un hombre entre los hombres, sino que quiso incluso morir por mano de los hombres, que Él mismo había creado? Grande es lo que el Señor nos promete para el futuro, pero es mucho mayor aún aquello que celebramos recordando lo que ha hecho por nosotros» (Sermón 3). Mi oración, hecha con humildad y caridad, con ayuno y limosnas, templanza y perdón, practicando el bien y no devolviendo el mal por mal, alejándome del mal y entregándome a la virtud, busca la paz y la consigue. La oración, en efecto, ayudada con las alas de tales virtudes, vuela y llega más fácilmente al cielo, adonde me precedió Cristo, verdadera paz y consuelo. Amén

  27. 14

    Marzo 2 - Martes de la segunda semana de cuaresma

    «Da luz a mis ojos, para que no duerma en la muerte; para que no diga mi enemigo: “Le he podido”» (Sal 12,4-5). «Señor, vela con amor continuo sobre tu Iglesia; y, pues sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protege a tu Iglesia en el peligro y mantenla en el camino de la salvación». «Proclamo todas tus maravillas, me alegro y exulto contigo y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo» (Sal 9,2-3). Salmo 49  No voy a reclamarte sacrificios, dice el Señor, pues siempre están ante mí tus holocaustos. Pero ya no aceptaré un becerro de tu casa, ni cabritos de tus rebaños. ¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos? Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme? ¿Crees acaso que yo soy como tú? No, yo te reprenderé y te echaré en cara tus pecados. Quien las gracias me da, ése me honra y yo salvaré al que cumple mi voluntad. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. Señor, haz que tu pueblo vaya penetrando debidamente el sentido de la Cuaresma y se prepare así a las fiestas pascuales, para que la penitencia corporal, propia de este tiempo, sirva para la renovación espiritual de todos tus fieles. Haz Señor que vivamos siguiendo los caminos de tu verdad y no siguiendo nuestros propios caminos, pues tus caminos de Verdad conducen a la salvación, a la felicidad plena, mientras que nuestros caminos conducen a una alegría pasajera, hueca. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  28. 13

    Marzo 1 - Lunes de la segunda semana de cuaresma

    «Sálvame, Señor, ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el camino llano. En la asamblea bendeciré al Señor» (Sal 25,11-12). «Señor, Padre santo, que, para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad; ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado, y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa Ley». «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo, dice el Señor» (Lc 6,36). Salmo 78 «Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. Socórrenos, Dios Salvador nuestro, por el honor de tu nombre. Llegue a tu presencia el gemido del cautivo, con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte. Mientras nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas de generación en generación». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. Buen Jesús, que te retiraste cuarenta días en el desierto para preparar tu misión entre nosotros, permíteme que tu ejemplo sea un espejo donde verme reflejado durante esta cuaresma. Yo también sé que debo prepararme para cada momento de mi vida, sé que junto a Ti puedo tomar la fuerza que necesito para vivir como quiere el Padre. Haz de mi corazón una esponja capaz de encogerse ante los fallos y las faltas, de manera que pueda encaminarme hacia ti, pues mi dureza y mis mediocridades han encallecido mi corazón, y lo han vuelto insensible a tu voz y a tu presencia en mi prójimo. Te lo pido a ti, único Amor verdadero, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

  29. 12

    Febrero 28 - Domingo de la segunda semana de cuaresma

    Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte. Pedirte la gracia de darme más cuenta de que tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la misa ese sacrificio. Y agradecerte con obras lo mucho que me amas: ¡Tuyo soy, para ti nací! ¿Qué quieres, Señor, de mí? Salmo 115 Aun abrumado de desgracias, siempre confié en Dios. A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos. De la muerte, Señor, me has librado, a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava; te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre. Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo, en medio de su templo santo, que está en Jerusalén. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. Señor, tú siempre estás conmigo y muchas veces yo no he estado contigo, por vivir volcado hacia mis propios intereses. Ayúdame a ser siempre fiel a tus preceptos y a tu amor, para reconocer siempre tu presencia fiel y alentadora que me llama a la santidad. Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien contigo vive y reina en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

  30. 11

    Febrero 27 - Sábado de la primera semana de cuaresma

    «La Ley del Señór es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante» (Sal 18,8). «Dios, Padre eterno, vuelve hacia Ti nuestros corazones, para que, consagrados a tu servicio, no busquemos sino a Ti, lo único necesario, y nos entreguemos a la práctica de las obras de misericordia». «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5,48). Salmo 118, 1-2. 4-5. 7-8 Dichoso el hombre de conducta intachable, que cumple la ley del Señor. Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas y lo busca de todo corazón. Tú, Señor, has dado tus preceptos para que se observen exactamente. Ojalá que mis pasos se encaminen al cumplimiento de tus mandamientos. Te alabaré con sincero corazón, cuando haya aprendido tus justos mandamientos. Quiero cumplir tu ley exactamente. Tú, Señor, no me abandones. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. «Comprende las circunstancias y sé prudente. ¿Cuántos blasfeman contra tu Dios? Oyéndolo tú, ¿no lo oye Él? Lo sabes tú, y ¿lo ignora Él? Y con todo hace salir el sol sobre los buenos y los malos, y hace llover sobre los justos e injustos (Mt 5,45). Muestra su paciencia, difiriendo el ejercicio de su poder. Reconoce tú también las circunstancias y no dejes que los ojos se enciendan enojados... Tienes algo que hacer. Evita los altercados y dedícate a la oración. No devuelvas insulto por insulto, antes bien ora por quien te insulta. Haz que seamos más humildes, Señor, pues la soberbia es el principal obstáculo para que podamos entrar en comunión contigo y con nuestros hermanos y así crecer en el camino de la santidad, te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

  31. 10

    Febrero 26 - Viernes de la primera semana de cuaresma

    Entrada: «Señor, ensancha mi corazón oprimido y sácame de mis tribulaciones. Mira mis trabajos y mis penas y perdona todos mis pecados» (Sal 24,17-18). Colecta (del Veronense y Gelasiano): «Que tu pueblo, Señor, como preparación a las fiestas de Pascua, se entregue a las penitencias corporales, y que nuestra austeridad comunitaria sirva para la renovación espiritual de tus fieles». Comunión: «No me complazco en la muerte del pecador –dice el Señor– sino en que se convierta y viva» (Ez 33,11). Salmo 129 «Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y Él redimirá a Israel de todos sus delitos». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. Señor, haz que nuestra vida sea digna de la presencia de tu Espíritu en nosotros; que no se tenga que marchar, por nuestra dureza o por nuestra soberbia. Haz, Señor, que si nos encuentra vacíos, nos llene; si nos encuentra hambrientos, que nos sacie; si nos encuentra sedientos, que nos embriague, Amén. Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien contigo vive y reina en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

  32. 9

    Febrero 25 - Jueves de la primera semana de cuaresma

    «Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, haz caso de mis gritos de súplica. Rey mío y Dios mío» (Sal 5,2-3) «Concédenos la gracia, Señor, de pensar y practicar siempre el bien, y, pues sin Ti no podemos ni existir ni ser buenos, haz que vivamos siempre según tu voluntad». Comunión: «Quien pide, recibe; quien busca, encuentra; y al que llama, se le abre» (Mt 7,8). Salmo 137 «Te doy gracias, Señor, de todo corazón, delante de los ángeles tañeré para Ti. Me postraré hacia tu santuario. Daré gracias a tu nombre. Por tu misericordia y lealtad. Cuando te invoqué me escuchaste, acreciste el valor de mi alma. Extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. Juan Crisóstomo: «La oración se presenta ante Dios como venerable intermediario. Alegra nuestro espíritu y tranquiliza sus afectos... La oración es un deseo de Dios, una inefable piedad, no otorgada por los hombres, sino concedida por la gracia divina... El don de semejante súplica, cuando Dios lo otorga a alguien, es una riqueza inagotable y un alimento celestial que satura el alma... » (ibid.). Señor, sé muy bien que no me hallo distante de ti por el espacio sino por el corazón y que amándote es como verdaderamente estoy cercano a ti. Ayúdame a vencer mis egoísmos y mis tibiezas, para amarte con todo el corazón y así estar siempre y en todo lugar muy cerca de ti, Verdad y Amor verdadero, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

  33. 8

    Febrero 24 - Miércoles de la primera semana de cuaresma

    «Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas, pues los que esperan en Ti no quedan defraudados. Salva, oh Dios, a Israel de todos tus peligros» (Sal 24,6.3.22). «Señor, mira complacido a tu pueblo, que desea entregarse a Ti con una vida santa; y a los que moderan su cuerpo con la penitencia, transfórmales interiormente mediante el fruto de las buenas obras». «Que se alegren los que se acogen a Ti con júbilo eterno; protégelos para que se llenen de gozo» (Sal 5,12). Salmo 50 Convertíos a Mí de todo corazón en ayunos y lágrimas y llantos, dice el Señor. Rasgad vuestros corazones y convertíos al Señor, porque Él es benigno y misericordioso, paciente y bondadoso y siempre dispuesto a perdonar el mal... Perdona, Señor, perdona a tu pueblo y no des al oprobio tu heredad (cf. Joel) Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. Señor, ayúdame a vencer mis malas inclinaciones y costumbres, para que pueda verdaderamente corresponder a los dones de tu amor y a las gracias que tan abundantemente derramas en mí. (Te lo pido a ti, por los siglos de los siglos. Amén.) Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien contigo vive y reina en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

  34. 7

    Febrero 23 - Martes de la primera semana de cuaresma

    Señor, Tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Desde siempre y por siempre Tú eres Dios (Sal 89,1-2). Señor, mira con amor a tu familia, y a los que moderan su cuerpo con la penitencia, aviva en su espíritu el deseo de poseerte. Salmo 33  «Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias. Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostros no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo salva de sus angustias. Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores para borra de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los abatidos». Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. «Los preceptos del evangelio, queridos hermanos, no son otra cosa que las enseñanzas divinas, fundamentos que edifican la esperanza, cimientos que corroboran la fe, alimentos del corazón, garantía para la obtención de la salvación: ellos instruyen en la tierra a las mentes dóciles de los creyentes y los conducen a los reinos celestiales... Señor, tú siempre estás conmigo y muchas veces yo no he estado contigo, por vivir volcado hacia mis propios intereses. Ayúdame a ser siempre fiel a tus preceptos y a tu amor, para reconocer siempre tu presencia fiel y alentadora que me llama a la santidad. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

  35. 6

    Febrero 22 - Lunes de la primera semana de cuaresma

    «Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia. Misericordia, Señor, misericordia» (Sal 122,2-3). «Conviértenos a Ti, Dios salvador nuestro; ilumínanos con la luz de tu palabra, para que la celebración de esta Cuaresma produzca en nosotros sus mejores frutos».  «Os aseguro, dice el Señor, que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo» (Mt 25,40.34). Salmo 18 Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, roca mía, redentor mío. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.

  36. 5

    Febrero 21 - Domingo de la primera semana de Cuaresma

    «Me invocará y le escucharé, lo defenderé; lo saciaré de largos días» (Sal 90,15-16). «Al celebrar un año más la santa Cuaresma concédenos, Dios todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo, y vivirlo en su plenitud». Salmo de David 24 1b-6 Del Señor es el mundo entero, con todo lo que en él hay, con todo lo que en él vive. Porque el Señor puso las bases de la tierra y la afirmó sobre los mares y los ríos. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede permanecer en su santo templo? El que tiene las manos y la mente limpias de todo pecado; el que no adora ídolos ni hace juramentos falsos. El Señor, su Dios y Salvador, lo bendecirá y le hará justicia. Así deben ser los que buscan al Señor, los que buscan la presencia del Dios de Jacob. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.

  37. 4

    Febrero 20 - Sábado después de Ceniza

    «Respóndenos, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia nosotros, Señor» (Sal 68,17). «Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y extiende sobre nosotros tu mano poderosa». Misericordia quiero, y no sacrificio –dice el Señor–; que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mt 9,13) Isaías 58:10-11 Si te das a ti mismo en servicio del hambriento, si ayudas al afligido en su necesidad, tu luz brillará en la oscuridad, tus sombras se convertirán en luz de mediodía. Yo te guiaré continuamente, te daré comida abundante en el desierto, daré fuerza a tu cuerpo y serás como un jardín bien regado, como un manantial al que no le falta el agua. Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria.

  38. 3

    Febrero 19 - Viernes después de Ceniza

    «Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme» (Sal 29,11). «Confírmanos, Señor, en el espíritu de penitencia con que hemos empezado la Cuaresma; y que la austeridad exterior que practicamos vaya siempre acompañada por la sinceridad de corazón». «Señor, enséñame tus caminos e instrúyeme en tus sendas» (Sal 24,4). «No hay cosa más útil que unir los ayunos santos y razonables con la limosna. Ésta, bajo la única denominación de misericordia, contiene muchas y laudables acciones de piedad; de modo que, aunque las situaciones de fortuna sean desiguales, pueden ser iguales las disposiciones de ánimo de todos los fieles. Porque el amor que debemos tanto a Dios como a los hombres no se ve nunca impedido hasta tal punto que no pueda querer lo que es bueno... Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria. Jesús, ilumíname con la luz que nace de ti, ilumina a mi alrededor para que sepa que no hay ningún lugar oscuro al que no pueda llegar, si voy contigo. Amén. Concédenos, Señor, amar más las cosas interiores que las exteriores. Que nos gocemos únicamente en las cosas internas y no pongamos el corazón en las cosas materiales. Anímanos a desprendernos de nuestros ídolos, de todas aquellas cosas que han ocupado nuestro corazón y que impiden tu acción en nosotros. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

  39. 2

    Febrero 18 - Jueves después de Ceniza

    «Cuando invoqué al Señor, Él escuchó mi voz, rescató mi alma de la guerra que me hacían. Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará» (cf. Sal 54,17-20.23) Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien contigo vive y reina en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén. «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme» (Sal 50,12). Así exhorta San León Magno: «Es necesario, amadísimos, para adherirnos inseparablemente a este misterio [el de la cruz de Cristo] hacer los mayores esfuerzos del alma y del cuerpo; porque, si es malo permanecer ajeno a la solemnidad pascual, es aún peor asociarse a la comunidad de los fieles sin haber participado antes en los sufrimientos de Cristo. El Señor ha dicho: “quien no toma su cruz y me sigue no es digno de Mí” (Mt 10,38). Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria Señor Dios nuestro, por quien tienen ser todas las cosas que por sí mismas no hubieran podido existir, ayúdame a comenzar estos días de Cuaresma con un verdadero espíritu de conversión y de penitencia, buscándote a ti, eterna Verdad y Felicidad de todo hombre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

  40. 1

    Febrero 17 - Miércoles de Ceniza

    Te compadeces de todos, Señor, y no odias nada de lo que has hecho; cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Y los perdonas, porque Tú eres nuestro Dios y Señor» (Sap 11,24-25,27). Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte. Pedirte la gracia de darme más cuenta de que tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la misa ese sacrificio. Y agradecerte con obras lo mucho que me amas: ¡Tuyo soy, para ti nací! ¿Qué quieres, Señor, de mí? Contra ti, contra ti solo pequé. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios y mi boca proclamará tu alabanza». La cruz de ceniza, que hoy nos impone la Iglesia, es la señal de que estamos dispuestos a emprender una vida de penitencia: Convertíos y creed al Evangelio» (Mc 1,15). Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (Gén 3,19). Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad vuestros corazones, no las vestiduras: convertíos al Señor Dios vuestro». Oh, Dios, creador de todas las cosas, Señor y Redentor, derrama sobre mí en primer lugar, el don de saber pedirte; después el don de hacerme digno de ser escuchado por mi vida y por mis obras, y, finalmente, el regalo de ser libre, dejando de lado mis mediocridades y pecados, por Jesucristo, nuestro Señor Padre nuestro que estás en el Cielo, durante esta época de arrepentimiento, ten misericordia de nosotros. Con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras, transforma nuestro egoísmo en generosidad. Abre nuestros corazones a tu Palabra, sana nuestras heridas del pecado, ayúdanos a hacer el bien en este mundo. Amén.

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