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Para el Camino
by Para el Camino
Mensaje bíblico semanal de fe y esperanza para acompañarte en el camino de la vida.
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Cuando llegue el día final
Muchas personas, creyentes en Cristo o no, tienen temor e incertidumbre al hablar de la muerte o el día final. No se sienten lo suficientemente buenos como para ir al cielo y a veces creen que el infierno podría ser su destino final. La obra de Jesús en la Cruz fue suficiente para salvarnos y nos da la promesa del cielo, no por nuestras propias obras, sino por lo que en amor Él ha hecho por nosotros. ¡No hay miedo ni preocupación! La fe en Cristo nos hace vivir confiados.
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Jesús siembra a pesar de todo
Mientras la Iglesia siembra la semilla de amor, el enemigo, sin que nosotros lo veamos, sigue sembrando cizaña. Aun así, Dios quiere que sigamos sembrando la buena semilla del Evangelio para que Su Reino crezca. No hacemos justicia por nuestra cuenta, porque este mundo no es nuestro, sino de Dios. Dios es el único que puede ver el corazón de las personas y juzgarlas con equidad y justicia.
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La siembra de Dios en ti
Mientras la Iglesia siembra la semilla de amor, el enemigo, sin que nosotros lo veamos, sigue sembrando cizaña. Aun así, Dios quiere que sigamos sembrando la buena semilla del Evangelio para que Su Reino crezca. No hacemos justicia por nuestra cuenta, porque este mundo no es nuestro, sino de Dios. Dios es el único que puede ver el corazón de las personas y juzgarlas con equidad y justicia.
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PADRES QUE DEJAN HUELLA (PARTE II) Padres que se equivocan
En el mensaje anterior hablamos de Abrahán, y resaltamos cómo su fe y su confianza en el Señor fueron grandes atributos que tuvo en su rol de padre. En esta ocasión, seguiremos nuestra serie de mensajes titulada “Padres que dejan huella”, y ahora pondremos la mirada en el rey David, quien es recordado como el monarca más importante de la historia de Israel. Aunque forjó una grandeza sin límites, David también tuvo que aprender de sus errores, los cuales dejaron profundas heridas en su legado. Todo papá sabe que en el error también hay espacio para madurar, perdonar, y crecer.
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Pruebas de fuego
Cuando atravesamos pruebas de fuego en nuestro diario vivir, y nos tocan padecer grandes sufrimientos, los cristianos sabemos que cada adversidad tiene un propósito: fortalecer nuestra fe y acercarnos más a Jesús. El Señor padeció la muerte con el propósito de salvarnos, y el sufrimiento que vivimos nos equipa para poder darle sentido a nuestra adversidad, y abrazar la vida eterna que Él ganó para nosotros en Su muerte y resurrección.
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5
El catálogo del amor
El catálogo del amor de Dios nos muestra qué ponernos en el corazón para vivir con gozo la victoriosa resurrección de Cristo Jesús, nuestro Señor. Los dones de Dios que modifican nuestra vida son gratuitos y fueron adquiridos para nosotros mediante la cruenta muerte de Jesús en la Cruz y Su gloriosa resurrección. Por la obra de Cristo Dios nos viste de misericordia, benignidad, humildad, paciencia, perdón, paz, y gratitud. Y todos esos dones los ponemos al servicio del prójimo.
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4
El Rey humilde viene
Este sermón sobre Juan 12:12-19 revela a Jesús como el Rey que entra en Jerusalén con absoluta intención: soberano, humilde y siempre presente. No viene a cumplir expectativas políticas, sino a liberar del pecado y reinar en el corazón. Un Rey que avanza en un burrito de paz, que transforma, que viene hoy a nuestras vidas con gracia, autoridad y esperanza. Su entrada nos invita a responder con fe: ¡Hosanna!
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3
¿Y si la adversidad es más grande?
Nada puede librarnos de sufrir aflicciones y lidiar con adversidades en nuestro paso por esta vida. La muerte es una de ellas. Sin embargo, en los tiempos más difíciles y dolorosos, Jesús sigue viniendo a nuestro encuentro, y nos da la fuerza para atravesar las tormentas. Él promete ser la solución a nuestros problemas más desafiantes.
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No hay peor ciego…
Jesús sana a un ciego de nacimiento y abre el debate sobre una ceguera mucho peor: la espiritual. Aquellos que son ciegos espirituales no pueden ver a Dios ni reconocer que le necesitan para el perdón de sus pecados. Al igual que hizo con aquél hombre, Cristo sigue apareciendo en nuestros caminos, y con Su gracia sublime abre nuestros ojos para que podamos ver y recibir en fe todas las bendiciones que Él tiene para aquellos que le creen y siguen.
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1
Esa mujer
Ella no conocía al Dios verdadero, había sido despreciada por una sociedad entera, su vida personal era un desastre, y además tenía una opinión errada de la fe y la espiritualidad. A pesar de todo esto, Jesús la encuentra en el camino, toca su corazón con la Palabra, y la restaura para una vida nueva. Como ella, nosotros también vivimos sedientos de beber el agua de vida que Jesús nos da por gracia a través de la fe.
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0
¿Cómo nos valora Dios?
El mundo te valora y justifica por tus obras. Dios no es así. Él nos justifica y valora ante Su presencia simple y sencillamente porque Él nos dice que nos ama y nos declara una y otra vez Su promesa de amor incondicional.
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Qué débiles que somos, qué fuerte es Cristo
El diablo no es el dueño de nada ni tiene poder para dar nada, excepto ilusiones. Sin embargo, le promete a Jesús las mismas cosas que su Padre le había prometido. Con nosotros hace lo mismo: nos cautiva con sus falsas promesas e ilusiones para apartarnos de Dios. Pero cuando somos débiles, Jesús es fuerte por nosotros.
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Cuatro enemigos de tu matrimonio
En su famoso Sermón del Monte, Jesús hace apuntes importantes sobre nuestras relaciones con los demás y también acerca del matrimonio. Por estos tiempos, las parejas sufren constantes ataques que buscan separar lo que Dios alguna vez quiso unir. La ira, las tentaciones y el adulterio, el querer rendirse, o las muchas promesas vacías, son algunos de los muchos desafíos que enfrentan nuestras relaciones de hoy en día.
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¿Quién apagó tu luz?
Ante un mundo oscurecido por el pecado, la maldad, los problemas, las aflicciones, y todo lo que nos daña, Jesucristo nos llama “luz del mundo” y nos impulsa a alumbrar a otros con nuestras buenas acciones. La luz del creyente no debe vivirse a escondidas, sino que debe resplandecer en todo lo que decimos, pensamos, y hacemos. No dejes que nada, ni nadie, apague la luz que el propio Dios ha encendido en ti.
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