Podcast de Homilias para los sencillos

PODCAST · religion

Podcast de Homilias para los sencillos

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  1. 561

    Ya no los llamo siervos sino amigos

    El Espíritu Santo es el centro de la espiritualidad que debemos vivir los auténticos cristianos. Hechos de los apóstoles El libro de los Hechos nos cuenta las maravillas que realizó Felipe predicando a Jesucristo en Samaria. Son muchos los milagros de que fueron testigos los samaritanos: «La multitud estaba viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos… y muchos paralíticos y lisiados se curaban». Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se dieron cuenta que con el bautismo hacía tales prodigios Felipe, enviaron a Pedro y a Juan para que, imponiéndoles las manos, los confirmaran en el Espíritu Santo. Y es entonces cuando se multiplicaron los milagros al imponerles las manos y recibían el Espíritu Santo. Aquí tenemos un ejemplo hermoso del fruto del sacramento del bautismo y la posterior confirmación. Salmo 65 El salmista nos invita a aclamar al Señor: «Aclamad al Señor, tocad en su honor, cantad himnos a su gloria y que la tierra entera se postre ante la grandeza del Señor, que transformó el mar en tierra firme y llenó de alegría a la humanidad». El salmo termina invitando a la fidelidad: «Fieles de Dios venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios». San Pedro El apóstol, en su primera carta, invita a glorificar a Cristo Señor en nuestros corazones: «Es preciso dar razón de vuestra esperanza a todo el que os lo pidiere». Pero lo más importante es la conducta que corresponda a una fe auténtica: «Mejor es padecer haciendo el bien si tal es la voluntad de Dios que padecer haciendo el mal». Termina invitándonos a imitar a Jesucristo «que murió por nuestros pecados, una vez para siempre», pero, como era verdadero Dios resucitó. Verso aleluyático Jesús nos pide el auténtico amor que hace la voluntad de Dios en todo momento: «El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él». Evangelio El párrafo del evangelio de San Juan es muy breve, pero es la confirmación del auténtico amor a Jesucristo que condiciona el mismo Señor al cumplimiento de la Palabra de Dios y de sus mandamientos: «Si me amáis guardaréis mis mandamientos»; y entonces, Jesús mismo sale fiador de la gran promesa: «Estará siempre con ustedes el Espíritu de la verdad». conoce. En cambio, los apóstoles lo llegarán a poseer porque lo han conocido: «Lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros». Recordando que su vida en este mundo será por poco tiempo, hace una promesa a la Iglesia insipiente: «No os dejaré huérfanos: volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis porque yo sigo viviendo». Entonces viene la gran promesa: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo y yo con vosotros», si guardáis mis mandamientos. Durante estos días preparémonos con oración a recibir el Espíritu Santo teniendo en cuenta el mandato de Jesús de cumplir con fidelidad sus mandamientos. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  2. 560

    Yo soy el Camino - Domingo V de Pascua – ciclo A

    En este quinto domingo de Pascua resalta la grandeza de Jesucristo, por lo cual cantamos con la liturgia: «Cantad al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas». Hechos de los Apóstoles Destaca el crecimiento de la comunidad que va conociendo a Jesucristo, pero posiblemente hay un involuntario descuido, sobre todo, en el suministro diario para las viudas griegas. En esa situación queda claro que más importante es evangelizar que dedicarse a los bienes materiales: «No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos de la administración»; y entonces, no sin la inspiración del Espíritu Santo, aparecen siete hombres escogidos que serán, en adelante, los diáconos de la nueva Iglesia. Por su parte, los apóstoles evangelizan «y la Palabra de Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho el número de los discípulos». Salmo 32 Nos invita este salmo a glorificar la misericordia de Dios, cosa que siente Israel desde el principio de su historia: «Aclamad justos al Señor… que merece la alabanza de los buenos». A continuación, nos invita a la acción de gracias por la Palabra de Dios y por el cuidado que Dios tiene de sus fieles. San Pedro El párrafo de este día se centra la grandeza de Jesucristo a quien el apóstol aplica las palabras de la Escritura: «Yo coloco en Sion una piedra angular, escogida y preciosa. El que crea en ella no quedará defraudado». Por su parte, San Pedro hace una aplicación muy distinta de estas palabras: «Para los creyentes es de gran precio, pero para los incrédulos es la piedra que desecharon los constructores». Se trata de la diferencia que hay entre aceptar a Cristo o rechazarlo. Para los que siguen a Jesús es muy importante, en cambio, para quienes rechazan a Jesús esa piedra angular se convierte en roca de estrellarse. San Pedro termina alabando a Jesús como piedra angular de la Iglesia con estas palabras: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, el pueblo adquirido por Dios…». Verso aleluyático Glorifica a Dios con unas conocidas e importantes palabras del Evangelio de este día: «Yo soy el camino y la verdad y la vida: nadie va al Padre sino por mí». Evangelio Les invito, queridos amigos, a leerlo con profundidad meditando las expresiones importantes de Jesús: Comienza Jesús manifestando su divinidad: «Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí… Adonde yo voy ya sabéis el camino». Tomás, como siempre un tanto racionalista, tiene una pregunta para este momento: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». La respuesta de Jesús llena nuestro corazón de amor y profunda enseñanza: «Yo soy el camino y la verdad y la vida», y recalca su unidad con el Padre: «Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». En este momento interviene Felipe: «Muéstranos al Padre y nos basta». En la respuesta de Jesús aparece clara la identidad de un solo Dios que forman el Padre y el Hijo (con el Espíritu Santo). Y Jesús termina haciendo una promesa a los suyos: «El que cree en mí también él hará las obras que yo hago y aún mayores porque voy al Padre». ¡Qué importante es conocer la unidad en la Trinidad y la eficacia de la Palabra de Dios! + José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  3. 559

    Domingo del Buen Pastor - Domingo IV de Pascua

    Los profetas Jeremías y Ezequiel, en el Antiguo Testamento, se referían al pueblo de Israel como «el rebaño» y a quienes los conducían como «pastores». Es hermoso el salmo 23 que habla expresamente del Señor como un pastor que guarda su rebaño y cuida de sus ovejas. Hoy los fieles de la Iglesia de Jesús son el rebaño que entra a través de la puerta que es Cristo y se alimentan de su cuerpo y su sangre. Jesús ha encomendado a los apóstoles y sus sucesores a cuidar de ese rebaño para que nunca les falte el verdadero pan del cielo que es la Eucaristía. + Lo primero que quiere el Señor es que no lo confundamos a Él con los falsos pastores que no entran por la puerta del redil, sino que saltan por otras «entradas». A esos Jesús los llama ladrones y bandidos. Es el buen pastor el que entra por la puerta de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas se ponen atentas a su voz porque lo conocen a él y porque llama a cada una de las ovejas por su nombre. De esta manera nos advierte Jesús sobre la confianza que hay entre las ovejas y el verdadero pastor. Se conocen por el nombre tanto el pastor a cada oveja, como las ovejas siguen a su pastor porque están seguras conociendo la voz de él. Advierte también Jesús que las ovejas no conocen la voz de los extraños. + Más adelante, Jesús dirá de sí mismo: «Yo soy la puerta de las ovejas». Es el único Buen Pastor: «Los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos». Repitiendo de nuevo que es la «puerta verdadera», asegura que el que entra por esta puerta tendrá libertad para entrar y salir; y lo más importante de todo es que el Buen Pastor da de comer -como lo ha dicho hace poco- su propio cuerpo: «El que me come vivirá por mí». + Otro signo del Buen Pastor es la diferencia que hay entre el falso pastor que viendo venir al lobo abandona a las ovejas y huye; «y el lobo las roba y las dispersa porque no era un buen pastor sino un asalariado a quien no le importan la vida de las ovejas». En cambio, lo más hermoso del Buen Pastor es la relación personal entre el Padre Dios y Él; y es esa la gran diferencia entre el falso pastor y Jesucristo que asegura: «Yo doy mi vida por mis ovejas». + Y alzando la mirada sobre la tierra entera, advierte Jesús: «Tengo, además, otras ovejas que no están en mi redil; también a estas las tengo que traer y escucharán mi voz»; y entonces será plenitud de la eficacia y alegría del Buen Pastor: «Todas las ovejas escucharán su voz y habrá un solo rebaño y un solo Pastor». Por otra parte, advierte Jesús y es muy importante tenerlo en cuenta: «Por esto me ama mi Padre porque yo entrego mi vida para poder recuperarla… Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente». + Finalmente, el Buen Pastor advierte que tiene «poder para entregar su vida y para recuperarla: Este mandato lo he recibido de mi Padre». Para nosotros lo importante es conocer al Buen Pastor y no confundirlo con otros que tienen, quizá, malos intereses. Hay que reconocer que el Buen Pastor entra y sale por la puerta para alimentarnos con pastos buenos, especialmente el cuerpo y la sangre del propio Pastor que se llama a sí mismo el «Pan de vida», alimento para la eternidad. Es conveniente, además, que las ovejas conozcan al Padre Dios que nos entregó a Jesús como Redentor y le agradecemos a la Santísima Trinidad en este tiempo de Pascua su muerte y resurrección. Creo que una buena conclusión de estos pensamientos que nos ha dejado especialmente San Juan en su Evangelio (capítulo 10) es que sepamos ser las verdaderas ovejas que siguen al Buen Pastor y que piden continuamente pastores santos para su Iglesia. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  4. 558

    Si vamos hablando de Dios… - Domingo III de Pascua

    Si vamos hablando de Dios seguramente que Dios llegará a tiempo en nuestro camino y será un gozo encontrarse con Él, como podemos hacerlo conocer profundizando en las lecturas de este tercer domingo de Pascua. Hechos de los apóstoles Los Hechos nos muestran a Pedro el día de Pentecostés, de pie, con los once, pidiendo silencio para hablar a la multitud. Lo fundamental de su enseñanza es su Señor: «Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros y signos y prodigios que conocéis». A continuación, habla a la multitud de la muerte y resurrección de Jesucristo: «Dios, rompiendo las ataduras de la muerte lo resucitó», según lo dijo David, «y no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción». Después de exaltar la imagen de Jesucristo que enseñaba las maravillas de Dios y realizaba muchos milagros, termina San Pedro diciendo al pueblo: «Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo». Salmo 15 El salmista, profetiza la resurrección del Mesías prometido, y dice así: «Protégeme Dios mío que me refugió en ti… Bendeciré al Señor… Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré…Por eso se me alegra el corazón y se gozan mis entrañas y mi carne descansa serena porque no me entregarás a la muerte». San Pedro El apóstol, después de recordarnos: «Si llamáis Padre al que juzga a cada uno según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida», termina su exhortación con estas palabras: «Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza». Verso aleluyático Recoge un sentimiento del corazón de los discípulos de Emaús, como conclusión de su diálogo con Dios en Cristo: «Señor Jesús explícanos las Escrituras, haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas». Evangelio La liturgia en este domingo quiere que volvamos al camino de Emaús y nos presenta a dos de los discípulos que se vuelven de Jerusalén hablando de los acontecimientos sobre Jesús. Y como hablan de Dios, sin saberlo ellos, un peregrino más ágil se acerca a los dos preguntando: «Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Jesús se hace como que no les entiende y aprovecha para explicarles cómo en Jesucristo se han cumplido las Escrituras. Habla de su muerte y resurrección y Él mismo reprocha a los dos discípulos por no haber creído las Escrituras e incluso el volverse de Jerusalén como desesperanzados, aunque incluso han oído hablar de la resurrección de Jesús al tercer día. Es entonces cuando el Maestro habla con pasión a los dos discípulos: «Comenzado por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura». Llegan a Emaús, Jesús hace ademán de seguir adelante y los dos coinciden: «Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída». Jesús entró y puestos a la mesa partió el pan, como era su costumbre cuando lo consagraba, y al recibir de sus manos el pan consagrado reconocieron a Jesús, pero Él despareció. Así es cuando se va preocupado por Dios y sus cosas, que de una u otra forma nos encontramos con Él. Por eso, exclamaron los dos peregrinos: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Era la certeza del Resucitado y, aunque ya era tarde, regresaron a Jerusalén donde estaban los apóstoles y escucharon lo que decían los otros: «¡Era verdad! ¡Ha resucitado el Señor y se apareció a Simón!». Y ellos añadieron gozosos: «¡También nosotros lo hemos visto y lo hemos reconocido al partir el pan!». Así es, hermanos, si nos fiamos de Dios, tarde o temprano renacerá la fe y el amor en nuestro corazón: ¡Y el Resucitado llenará nuestra vida! José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  5. 557

    Dios se acerca en Jesús - Domingo de la Divina Misericordia - Domingo II de Pascua

    Durante muchos siglos Dios compartió con su pueblo y «al llegar la plenitud de los tiempos» llegó el mismo Dios en Cristo Jesús. Veamos a grandes rasgos la liturgia de esta semana. Lo vemos en la cena del Jueves Santo dándose a comer y beber Él personalmente. Jesús en venta Lamentablemente uno de sus apóstoles va a venderlo y por unas «monedas» entrega a su Maestro. El jefe (Pilato) grita al pueblo: ¿Qué prefieren a este hombre que ha hecho mucho bien y milagros; o a un bandido, Barrabás, ladrón con experiencia? Son los directores espirituales del pueblo quienes lo incitan a pedir la muerte del Justo; y prefieren al ladrón, patrono de sus fechorías. El juicio termina subiendo a Jesús al Calvario con la cruz a cuestas. Desde la cruz Jesús nos deja las grandes enseñanzas y termina preparándose a sí mismo a la resurrección cuando dice: «Todo está cumplido»; es decir, la máxima perfección a la que puede aspirar un ser humano: hacer en todo la voluntad de Dios Padre. Todo termina con estas preciosas palabras que nos deben servir también de oración a nosotros: «Padre, en tus manos pongo mi Espíritu». ¡Resucitó el Señor! El Padre acoge estas palabras y al tercer día resucita a su Hijo. El domingo, Jesús habla con las mujeres que han ido a visitar el sepulcro y su palabra queda en el corazón de la Iglesia: «¡Alégrense!». Más tarde Jesús habla con la Magdalena y hace la gran pregunta para todos nosotros, que queda para todos, siglo tras siglo: «¿Por qué lloran? ¿A quién buscan?» La respuesta toca la inteligencia y el corazón de los seres humanos que muchas veces no saben qué contestar porque buscan algo distinto. Es el triunfo de Jesús, y de todos y cada uno de nosotros, si lo queremos en realidad. Jesús se presenta inesperadamente, primero a los dos de Emaús y ellos lo reconocen «al partir el pan». Luego Jesús va al cenáculo y se coloca en medio de aquella Iglesia insipiente y le desea la paz. Como creían que era un fantasma, Jesús pide de comer y le ofrecen un trozo de pescado asado para que admiren que es un ser humano como antes, aunque está glorificado. La liturgia de esta temporada nos presentará el encuentro lleno de amor entre Jesús y la pecadora arrepentida, María Magdalena. Lo veremos también entre los apóstoles pidiéndoles que vayan por todo el mundo para que la humanidad entera pueda convertirse y recibir el perdón de los pecados. Finalmente, Jesús reúne a los suyos y se sube a los cielos por su propia virtud ya que es el verdadero dueño del mundo, Dios como el Padre, y con palabras del acto de fe que rezamos, repetimos: «Está sentado a la derecha del Padre». Divina Misericordia Esta magnífica semana larga termina con la Misericordia de Dios en una fiesta que hacemos los hombres que hemos conocido cómo, a pesar de ser pecadores, siempre podemos contar con el amor misericordioso de Dios. El salmo 117 nos dice: «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia». Ejemplo para todos nosotros es Santo Tomás que había negado ante todos sus compañeros la resurrección de Jesucristo y termina su negación cuando se aparece el mismo Señor y le dice: «Trae tus dedos, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente». Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío». En este acto de fe y humildad, al mismo tiempo, tenemos la actitud que pide para todos nosotros Jesús, el Señor de la Divina Misericordia. ¡¡Así se ama!! José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  6. 556

    Domingo de Ramos

    En esta semana que la liturgia llama «santa» porque en ella se encierra el Triduo Pascual, entremos con fe profunda en las reflexiones y lecturas que nos presenta. Lo que recordaremos en este domingo con amor, ya sucedió y ahora Jesús está glorificado en el cielo y en la Eucaristía, pero recordamos con mucha gratitud su entrega por nosotros, en la liturgia de esta semana que comienza con el Domingo de Ramos. Procesión de ramos Antes de celebrar la Eucaristía de este domingo, los fieles suelen ir a una plazuela o un templo menos importante para celebrar allí la bendición de los ramos y salir luego cantando en procesión a la parroquia. El pequeño evangelio que leemos en ese momento es de Mateo. Jesús, montado en un pollino, entra en la ciudad de Jerusalén y los que lo acompañan, cortando ramas de olivos y de palmeras, lo van aclamando: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!». Según San Mateo la gente se preguntaba: «¿Quién es este?» Procuremos, nosotros, durante esta semana contestar a esa pregunta que siempre nos interpela y exige una respuesta. Isaías En esta profecía nos presenta a Jesús como un discípulo fiel: «Ofrecí la espalda a los que me apaleaban. Las mejillas a los que mesaban mi barba. No me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos…». Este siervo del Señor, a pesar del terrible sufrimiento, venció todos los ultrajes con la fuerza de Dios. Ante cualquier dolor recordemos al Maestro y contemplemos su ejemplo. Salmo 21 Viene a ser un resumen del dolor de Cristo en la crucifixión cuando, de hecho, exclamó el viernes santo en el Calvario desde la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». A continuación, el salmo describe muchos detalles que se realizaron en la pasión del Señor: «Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos. Fuerza mía ven corriendo a ayudarme». Un salmo para los momentos duros de la vida. San Pablo Nos invita a meditar en la profundidad del misterio del dolor de Cristo en la crucifixión. A pesar de ser Dios todopoderoso, actuó como un hombre cualquiera soportando la humillación de la cruz. Ya desde ahora la liturgia, con palabras de esta carta de Pablo a los Filipenses, nos habla de la glorificación de Jesús para que, desde el principio, estemos seguros del triunfo porque además de siervo humilde es verdadero Dios, y su Padre lo glorificó: «Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo». Y finalmente, nos pide a todos que glorifiquemos a nuestro Redentor: «Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre». Versículo de aclamación En varios momentos de este día la liturgia nos repite estas palabras: «Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre». Evangelio En el ciclo A la liturgia nos presenta el relato de San Mateo. Les invito a todos a meditar con profundidad, y ojalá en familia, los hechos que más les llamen la atención. De toda esta lectura de la Pasión de Jesús será bueno concluir estas palabras: «Así se ama». Y que todos aprendamos de Él a amar. Si queremos aprender a amar veamos los detalles del amor en nuestro Señor y Redentor Jesucristo. El evangelista termina el relato de su larga pasión con estas palabras: «Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro». No contaban con el poder de Dios que tenía Jesús y que quedó bien claro a los tres días. José Ignacio Alemany Grau, obispo

  7. 555

    YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA - Domingo V de Cuaresma – ciclo A

    El domingo de hoy está lleno de esperanza y nos permite ver que la vida en el mundo es un paso para una segunda parte mucho mejor en la resurrección eterna. Profeta Ezequiel Este pequeño párrafo del profeta Ezequiel nos habla de resurrección. Es el mismo Señor quien dice: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros… Entonces sabréis que yo soy el Señor». Lo importante es que, tras el tiempo de la vida temporal, Dios mismo ha prometido: «Os infundiré mi Espíritu y viviréis». Salmo 129 «Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa». El salmo es una invitación a la esperanza: «Desde lo hondo a ti grito, Señor, Señor escucha mi voz… Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?». La verdad es que nos sentimos pecadores por haber ofendido al Señor y desde nuestro corazón brota un profundo sentimiento de arrepentimiento que reconocemos y que brota desde nuestro interior como un regalo de Dios. Por eso podemos decir, a pesar de nuestros pecados: «Mi alma espera en el Señor… Aguarde Israel al Señor porque del Señor viene la misericordia y la redención copiosa». El Señor nos redimirá. San Pablo Escribiendo a los romanos les dice que hay dos maneras muy distintas de vivir: unos sujetos a las pasiones de la carne y que no pueden agradar a Dios. Otros (San Pablo supone que es la comunidad cristiana) que viven movidos por el Espíritu: «No estáis sujetos a la carne sino al Espíritu porque el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo». Tengamos muy en cuenta esta expresión del apóstol: no nos dejemos llevar de simples sentimientos o conveniencias. Solo el Espíritu de Cristo nos puede salvar. San Pablo saca la conclusión de que «si Cristo está en nosotros, el cuerpo está muerto al pecado y vivo por la justificación obtenida como regalo de Dios». Versículo antes del Evangelio Recordando el Evangelio de hoy, Jesús nos deja estas palabras muy importantes: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí no morirá para siempre». Evangelio El pasaje del Evangelio de este día es muy hermoso porque nos permite ver la amistad tan profunda que existe entre Jesús y la familia de Betania. Nos enteramos de que Lázaro, el tercero de la familia, está enfermo. Las hermanas le envían un recado a Jesús confiando en que, al saber que su amigo ha enfermado va a ir a curarlo, como lo han visto actuar en muchas ocasiones. Al enterarse Jesús deja pasar un tiempo y quiere ir después a la casita de Betania. Los apóstoles le recuerdan que ir a Jerusalén era exponerse al peligro porque lo buscan para matarlo. Jesús, lleno de ilusión porque sabe lo que quiere hacer, emprende el camino a Betania. Al llegar pregunta dónde lo han enterrado. Le advierten que lleva ya cuatro días en el sepulcro. A Jesús le importan poco porque tiene claro lo que va a realizar. Cuando Jesús pide que abran el sepulcro se llenan todos de admiración y esperanza. La voz poderosa de Jesús gritó: «¡Lázaro sal fuera!». El muerto salió con las vendas que llevaba y dijo Jesús que lo desataran. Nadie puede imaginar la alegría que hubo ese día en Betania y sobre todo en aquellas dos mujeres de la familia de Lázaro. Para nosotros lo más importante es la verdad que repite Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá. Y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre». Esta es nuestra alegría: después de un tiempo en la tierra, Jesús, que es la certeza de la resurrección, nos invitará a vivir eternamente… Quiera Dios que sea para siempre en la Gloria. José Ignacio Aleman Grau, obispo Redentorista

  8. 554

    CREO, SEÑOR… Y LO ADORÓ - Domingo IV de cuaresma

    «Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría los que por ella llevasteis luto. Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos». Esta introducción hace, para el IV domingo de cuaresma, la liturgia que llama a este «domingo de laetare». Libro de Samuel El gran profeta va a buscar un rey para Israel. Pasan delante de Samuel los hijos de Jesé, el de Belén, porque según Dios entre ellos está el elegido para rey de su pueblo. Van pasando los distintos muchachos y el Señor los va descartando, uno a uno, hasta que cuando han pasado todos, pregunta Samuel a Jesé: «¿Ya no hay más muchachos?». Jesé contesta: «Queda el pequeño que, precisamente, está cuidando las ovejas». Samuel, movido por el Señor, contesta: «Manda por él que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue». El pequeño David «era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo». Dios le dijo al profeta: «Úngelo porque es éste». Samuel lo ungió. Fue el rey querido por Israel: David. Salmo 22 Es el salmo muy conocido del pastor de Israel, que es el mismo Señor: «El Señor es mi pastor, nada me falta». El salmo va describiendo las cualidades de misericordia, e incluso ternura de Dios: es un pastor que cuida bien las ovejas, que las guía por el sendero justo. Les prepara una mesa abundante y resalta en él de una especialmente el amor: «Tu bondad y misericordia me acompañan todos los días de mi vida». Este precioso salmo del buen pastor nos invita a no separarnos de Dios en el que encontramos todo lo necesario para la vida. San Pablo Jugando con las palabras «luz» y «tinieblas» nos invita a caminar como hijos de la luz. Son muy conocidas estas palabras que cita en su Carta a los efesios: «Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz». Versículo antes del Evangelio Esta es la luz (que es Cristo mismo) que culmina con las palabras del versículo anterior al Evangelio: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida». Evangelio Es extenso y muy importante el texto de este día que también es de San Juan. Los discípulos de Jesús, según las creencias de su tiempo, le preguntan: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres para que naciera ciego?». La respuesta de Jesús es inmediata: «Ni este ni sus padres, sino para que se manifestara en él las obras de Dios». Jesús escupe en la tierra y con su saliva hace un poquito de barro, lo unta en los ojos del ciego y le dice: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé. Él fue, se lavó y volvió con vista siendo la admiración de todos». Al ver este hecho se dividen las opiniones. Hay quienes niegan la misma persona que antes era ciega, y quienes advierten la maravilla que ha hecho Jesús. Muy interesante es la actitud de los fariseos que niegan la santidad de Jesús y afirman que Él no puede hacer milagros porque es un gran pecador. Lo más maravilloso es que, al final, Jesús le sale al encuentro al que había sido ciego y sin más le pregunta: «¿Crees tú en el Hijo del hombre? El ciego le contestó: “¿Y quién es para que yo crea en él?”». Jesús hace la gran revelación: «Lo estás viendo. El que te está hablando ese es». El ciego se postró diciendo: «Creo, Señor». Jesús afirma que ha venido para un juicio: «Los que no ven, vean; y los que ven, queden ciegos». Los fariseos se aplican las palabras de Jesús y le preguntan: «¿También nosotros estamos ciegos?». La respuesta de Jesús para entonces y para hoy es esta: «Si estuvierais ciegos no tendrías pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste». Busquemos la luz que es Cristo y encontraremos el camino hacia el Padre. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  9. 553

    ¿DIOS ESTÁ CON NOSOTROS? - Domingo III de cuaresma – ciclo A

    Muchas veces parece que Dios nos ha abandonado, pero no dejemos nunca de contar con Él que, de hecho, siempre está con nosotros. Libro del Éxodo El pueblo sale de Egipto con Moisés, su liberador. Tienen que atravesar un inhóspito desierto y llega el momento en que se desesperan por la falta de agua. Gritan a Moisés: «¡Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed!». A Moisés le queda solamente un recurso: acudir a Dios, y le dice: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen». Dios pide a Moisés que lleve consigo un grupo de ancianos y el bastón con que golpeó la roca. Y viene después la gran respuesta: «Yo estaré contigo sobre la peña, en Horeb, golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo». Así el pueblo verá la respuesta de Dios a su grito desesperado: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?». Salmo 94 Se trata de un responsorio que repetimos en la liturgia y es muy importante en la vida del pueblo de Dios. El salmo pide: «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: no endurezcáis vuestro corazón». Después de admirar los prodigios que ha hecho el Señor, invita a su pueblo a vivir la fe, según los prodigios que había contemplado en el desierto. A continuación, el salmista invita al pueblo, testigo de la presencia y misericordia de Dios, a cantar la bondad con que Dios había tratado a su pueblo y a postrarse ante Él con gratitud: «Postrémonos por tierra bendiciendo al Señor». San Pablo En su Carta a los romanos, el apóstol ofrece una respuesta al pueblo de Dios para todos los tiempos: «Hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo». Nos aclara San Pablo que por las virtudes teologales llegamos a poseer gratuitamente el don de Dios. He aquí una de las frases más bellas de San Pablo: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado». Todo se lo debemos a «Cristo que murió hasta por los impíos», y advierte: «en verdad, apenas habrá quien muera por un justo… La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros». De esta manera, con la aclaración del apóstol Pablo entendemos mejor la situación del libro del Éxodo. Versículo entes del Evangelio Repite estas palabras maravillosas del Evangelio de hoy que es una conversación entre Jesús y la samaritana: «Señor, tú eres de verdad el Salvador del mundo, dame agua viva así no tendré más sed». Evangelio Nos cuenta San Juan esta preciosa conversación entre Jesús y la samaritana. Lo mismo que el pueblo de Israel pedía agua porque se moría de sed en el desierto, ahora, cuando la mujer samaritana descubre quién es Jesús le manifiesta cómo necesita del agua viva que tiene Jesús para saciarse ella misma. Este diálogo precioso nos invita a leer con calma el Evangelio de San Juan: Jn 4,5-42. La samaritana es el símbolo de todos los que llegamos a conocer a Jesús y le pedimos, como ella, «el agua viva que salta hasta la vida eterna». En aquella mujer que le pide agua, encontramos a la humanidad sedienta que ya en el desierto pedía el agua para saciar la sed de los hombres y animales que caminaban fatigados por el desierto. Lo más hermoso que encontramos en este Evangelio es que esa mujer extranjera dio una verdadera lección a los judíos, cuando les dijo: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿Será este el Mesías?». Los discípulos llegaron donde estaba Jesús y le dijeron: «Maestro, come». Pero Él respondió: «Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis… Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra». Los samaritanos que vivían en aquel pueblo pidieron que Jesús se quedara con ellos y después de dos días de escucharlo y conocerlo, terminaron diciendo a la samaritana: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo». ¡Qué bueno será que pensemos cómo esta mujer samaritana, por el agua de vida, llegó a la conversión de muchos paisanos! José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  10. 552

    SUBE A LA MONTAÑA Y OIRÁS AL SEÑOR - Domingo II de cuaresma – ciclo A

    Este domingo nos trae unos pensamientos comprometedores y profundos. Comenzamos leyendo la valentía de Abram. Génesis Dios llama a Abram y sin más le dice: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré». Muchas promesas le hace el Señor, y Abram sin discutir ni preguntar «marchó como le había dicho el Señor». ¿A dónde? ¿cómo? Se fio de Dios. Salmo 32 Canta la misericordia del Señor, y el salmista le pide que nos llene con su bondad y misericordia. El salmo se fía de «la Palabra del Señor (que) es sincera y todas sus acciones son leales». Lo que necesitamos es la lealtad en la justicia y el derecho. Todo esto lo posee Dios «y su misericordia llena la tierra». Posiblemente fue este el motivo de la obediencia ciega de Abram. San Pablo En su carta a Timoteo nos invita a todos a sacrificarnos por el Evangelio: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio según la fuerza de Dios». A continuación, nos ofrece motivos suficientes para seguir a Dios que «nos llamó a una vida santa no por nuestros méritos sino porque desde tiempo inmemorial Dios dispuso darnos su gracia». Lo interesante es que esta gracia nos la da por Jesucristo: «La gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Señor Jesucristo que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal por medio del Evangelio». Aquí tenemos una clara invitación para meditar con profundidad en cómo ha llegado la santidad entre nosotros y que debemos evangelizar para que otras personas conozcan también el Evangelio. Versículo antes del Evangelio El versículo encierra las palabras más importantes de la revelación de Dios en el cerro de la transfiguración: «Este es mi Hijo, el amado, escuchadlo». Breves palabras que por ser dichas por el Padre Dios a los tres apóstoles que subieron a la montaña con Jesús, son la máxima invitación que hemos oído por la que Dios se revela a nosotros y nos marca el camino hacia Él: Al Padre se va por Jesucristo. Evangelio Nos dice que «Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montaña alta». El Evangelio tiene dos momentos importantes: el primero es la transfiguración de Jesús y la presencia de «Moisés y Elías conversando con Él». Entusiasmado Pedro con la visión dijo: «Señor, qué bien se está aquí. Si quieres haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». En aquel momento llegó lo más importante: el Padre Dios nos habla a todos con esta expresión que ya hemos oído en el versículo del Evangelio: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto, escuchadlo». La voz del Padre estremeció a los apóstoles que cayeron de bruces llenos de espanto. Jesús se acercó a ellos y tocándolos les dijo: «Levantaos, no temáis». Se había acabado todo, pero nunca unas palabras tan importantes pronunciadas por el Padre Dios. El relato de este Evangelio termina con las palabras de Jesús: «No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Otra profecía de Jesús que debió dejar en suspenso a los apóstoles: Morirá y resucitará. Como los apóstoles nosotros hemos recibido un mensaje para comunicar a todos, porque ya Jesús resucitó: «Este es mi Hijo amado. Escuchadlo». José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  11. 551

    GENEROSIDAD DE DIOS FRENTE AL EGOÍSMO HUMANO y tres enseñanzas magistrales de Jesús - Domingo I de Cuaresma

    Hoy es el primer domingo de Cuaresma, las lecciones que nos da la Iglesia para este día son muy importantes y nos deben conducir a Jesús, al final de la Cuaresma, a la cumbre del calvario para resucitar con Él. Aprendamos las lecciones de este día. Génesis Los regalos de Dios. En el Génesis se nos cuenta el cariño con que Dios fue creando las maravillas que jamás pudimos imaginar. Pone como un regalo fabuloso a disposición de Adan y Eva toda la creación. Solo hay una condición: que no coman del árbol de la vida que está en la mitad del jardín. Los primeros padres comenzaron a gozar de todo, pero lo que más les llamó la atención fue la prohibición de Dios. El diablo, que la Biblia presenta como un buen consejero, le dice a Eva que no es posible que Dios les haya prohibido bajo pena de muere comer de tal árbol, cuyo fruto es maravilloso. Eva llena de orgullo come y da a comer a su esposo: «entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos». Habían perdido la belleza original. Así frente a tantas maravillas puestas por Dios, los primeros padres escogieron lo que les había prohibido el Señor. Salmo Responsorial Se trata del salmo 50 que todos conocemos porque entendemos nuestra realidad: no somos puros ante el Señor y arrepentidos decimos: «Misericordia, Dios mío por tu bondad. Por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado…». Este es un hermoso salmo que, especialmente en cuaresma, debemos repetir para purificarnos de todos nuestros pecados. San Pablo «Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres porque todos pecaron en Adán y Eva». Esta entrada del pecado como un río en la humanidad llegó a todos y cada uno de los hombres y mujeres. Solo la misericordia de Dios hará que María y el Verbo de Dios se libren de él, porque precisamente: «Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación». De esta manera, si en nuestros primeros padres pecamos todos, más grande es la santidad de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre que derrotando el pecado nos dio la posibilidad de una vida eterna. Versículo de meditación Tomándolo del Evangelio, la Liturgia nos repite las palabras conque Jesús derrotó a Santanas: «No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Evangelio En el evangelio de hoy encontramos tres enseñanzas magistrales de Jesús: Nos cuenta San Mateo las tres tentaciones con las que el diablo se atrevió a «probar» a Jesús, y las tres respuestas dadas por el Señor, que constituyen tres enseñanzas magistrales para cada uno de nosotros: + «Si eres Hijo de Dios di que estas piedras se conviertan en panes». Frente a esa posible tentación de gula, Jesús contesta: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». + El diablo lleva a Jesús a la Ciudad santa, «lo pone en el alero del templo y le dice: “Si eres hijo de Dios, tírate abajo porque está escrito: ‘encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que no tropieces con las piedras’”». La respuesta de Jesús no se hace esperar para que aprendamos que no conviene pedir milagritos para «confirmar la fe en Dios»; y dice: «No tentarás al Señor tu Dios». + El «diablo lleva a Jesús a una montaña altísima y mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: “Todo esto te daré si te postras y me adoras”». Jesús le respondió: «Vete, satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto». Finalmente, el evangelista cuenta que se fue el diablo y los ángeles servían a Jesús. Con estas respuestas tan firmes y claras hemos de vivir nuestra fe sin pretender discutir la Palabra del Señor. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  12. 550

    Libertad y fe - Domingo VI del tiempo ordinario – ciclo A

    Para comenzar la reflexión de este domingo será bueno que meditemos las palabras del verso aleluyático: «Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla». Es muy importante reconocer la libertad que nos da Dios en nuestra santa religión y cómo, sin dejar de lado la fe, libremente escogeremos la manera de actuar. Eclesiástico Es de destacar cómo enseña el Eclesiástico que, en nuestra voluntad, unida a la de Dios, encontraremos la solución al tema que hoy meditamos. Empieza afirmando, y debemos fijarnos en esto, que de nuestra voluntad depende cumplir los mandatos del Señor. En efecto, ante nosotros está escoger entre el fuego y el agua; la muerte y la vida… Desde la libertad tenemos que decidir cómo actuar para hacer lo que Dios quiere; escogiendo libremente entre las cosas posibles. Dios ve nuestras acciones, «no manda pecar al hombre ni deja impunes a los mentirosos». Si actuamos bien y con responsabilidad tendremos la bendición de Dios. Salmo 118 El salmo señala cómo es una bendición para todos el caminar en la voluntad del Señor. Por eso, dice: «Dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad del Señor; dichoso el que guardando sus preceptos lo busca de todo corazón». Concluye el salmista pidiendo: «Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y lo seguiré puntualmente. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón». San Pablo Dice el apóstol a los corintios que sus enseñanzas no son de este mundo, sino que proceden del mismo Dios. La sabiduría de este mundo conduce al error y al pecado: «Si la sabiduría fuera auténtica nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria». Nuestra preocupación como creyentes debe ser seguir las inspiraciones del Santo Espíritu del Señor ya que «Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios». Ojalá que siempre, pero con toda libertad, sigamos sus divinas inspiraciones. Evangelio Encontramos en San Mateo, este domingo, una serie de leyes o principios de moral que siguiéndolos con libertad conseguiremos la gracia y bendiciones de Dios. Aquí tienes unas pinceladas para tu reflexión y crecimiento espiritual: + «Si no sois mejores que los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos». + «Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás; y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado». + «Habéis oído el mandamiento: no cometerás adulterio; pero yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior». + «Habéis oído que se dijo a los antiguos: no jurarás en falso y cumplirás tus votos al Señor. Pues yo os digo: que no juréis en absoluto ni por el cielo que es el trono de Dios, ni por la tierra que es estrado de sus pies, ni por Jerusalén que es la ciudad del gran rey. Ni jures por tu cabeza pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del maligno». Ahí tenemos unas normas y consejos de Jesucristo en este domingo en que hablamos de la libertad a la hora de cumplir la Ley del Señor. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  13. 549

    Jesús es la luz del mundo - Domingo V del tiempo ordinario – ciclo A

    La liturgia nos enseña que Jesucristo, Dios verdadero, es luz del mundo y que cada cristiano debe ser también luz para todos los hombres, dejando ver sus buenas obras que glorifiquen a Dios Padre. Isaías Mientras el profeta pide: «Parte tu pan con el hambriento…», asegura que, si lo haces «romperá tu luz como la aurora; enseguida te brotará carne sana; te abrirá camino la justicia y detrás irá la gloria del Señor». El que actúa con esta caridad que pide el profeta oirá la voz del mismo Dios que dice: «¡Aquí estoy!». A las obras de misericordia seguirá la verdadera luz: «Tu oscuridad se volverá mediodía». Salmo 11 «El justo brillará en las tinieblas como una luz». A continuación, el salmista presenta las características del hombre que actúa bien: «Brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo». Y sigue felicitando y alabando al que se apiada y presta y «administra rectamente sus asuntos». San Pablo El mismo resalta su manera de actuar en la evangelización: la sencillez. «Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino Jesucristo y este crucificado». De esta manera destaca el apóstol el corazón del anuncio evangelizador: Jesucristo crucificado. A primera vista un malhechor condenado. Anunciarlo supone debilidad: «y temblar de puro miedo». La fuerza de la predicación de Pablo está en presentar a un Cristo débil, condenado injustamente, y; sin embargo, con el poder del Espíritu, el apóstol consiguió la salvación de muchos y en concreto entre los corintios. Verso aleluyático El tema fundamental de este día es Jesucristo como luz del mundo al que seguimos para conocer el camino y llegar al Padre: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue tendrá la luz de la vida» Evangelio Toda esta luz de que se habla en este domingo pertenece a los que siguen a Jesús, como indica el Evangelio de san Mateo hoy, después de decir que los seguidores de Jesús son como la sal de la tierra, que si pierde su sabor no hay como salarla. El punto más importante de este día lo encontramos en este Evangelio, cuando Jesús nos advierte: «Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto del monte». Con esta comparación nos advierte Jesucristo que cada uno de nosotros, al llevar la gracia que Dios nos regaló en el bautismo, tenemos que ser como candeleros «que alumbren a todos los de la casa». Y el gran pedido de Jesucristo, en este domingo, es: «Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria al Padre que está en el cielo». Este es todo un programa para nuestra vida cristiana. Que cuanto hagamos sea para ayudar a los otros, como una luz que alumbra el camino a los demás para que puedan llegar a Dios. Finalmente, advierte Jesús que todos tenemos que glorificar al Padre como la meta de nuestra vida hacia la que debemos tender: ser luz para toda la humanidad. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  14. 548

    Tensión entre los dos reinos Domingo - IV del tiempo ordinario – ciclo A

    Posiblemente desde la creación del mundo ha habido tensión entre el reino de Dios y el reino de su enemigo. Hoy encontramos en la liturgia, de una manera u otra, este camino enfrentado entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. De todas maneras, tengamos presente la oración que Jesús nos enseñó en la que tantas veces repetimos: «Venga a nosotros tu reino», el reino de Dios. Sofonías Invita a caminar por el reino de Dios con estas palabras: «Buscad al Señor los humildes que cumplís sus mandamientos. Buscad la justicia, buscad la moderación. Quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor». Está claro que para este profeta lo que debemos buscar todos es el reino de Dios y su justicia. Salmo 145 Se trata de una alabanza para los pobres en el espíritu porque a ellos pertenece el reino de los cielos: «El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente. Él hace justicia a los oprimidos, Él da pan a los hambrientos, el Señor liberta a los cautivos». Son los pobres de espíritu que siempre serán los preferidos de Dios. El salmo termina manifestando esa debilidad por los pobres, los cautivos, los ciegos, etc. San Pablo En su Carta a los corintios manifiesta cómo en la asamblea de los cristianos hay preferencia por los pobres que siguen a Jesucristo: «Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristocráticos, todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder». Según San Pablo, Dios manifiesta su preferencia por los pobres para confundir a los que se creen importantes. Verso aleluyático En medio de estas diferencias entre la preferencia de Dios por los pobres y la preferencia del enemigo y sus seguidores por la grandiosidad y el poder, el Señor nos pide a los suyos: «Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo». Evangelio El Evangelio de San Mateo expresa claramente la diferente visión sobre la vida del que sigue a Jesucristo y del que sigue el camino contrario. Mientras el mundo piensa que son felices los poderosos, los que gozan, los que tienen… Jesús presenta ocho bienaventuranzas que invitan a seguirlo de cerca por un camino de limitaciones y penalidades que un día tendrá un premio que nos llenará de gozo porque «la recompensa será grande en el reino de los cielos». Estas son las bienaventuranzas que presenta Mateo en el capítulo 5 de su Evangelio: «Dichosos los pobres en el espíritu… dichosos los que lloran… dichosos los sufridos… dichosos los que tienen hambre y sed de justicia… dichosos los misericordiosos… dichosos los limpios de corazón… dichosos los que trabajan por la paz... dichosos los perseguidos por la justicia». Como hemos dichos, vivir las bienaventuranzas tendrá una recompensa que hará felices a los que sean admitidos en el reino de Dios, mientras el mundo considera pobres y desgraciados a quienes carecen de lo que el mundo considera la auténtica felicidad: las riquezas, el dominio, el poder… Invito a todos ustedes, queridos amigos, a buscar la felicidad que no termina, y a no quedar nunca enredados en las apariencias que ofrece “el mundo”. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  15. 547

    La alegría de la luz que une - Domingo III del tiempo ordinario – ciclo A

    En este tercer domingo del tiempo ordinario se nos habla de muchas cosas, pero en medio de todo, es Jesús mismo el que brilla como una luz para todos los hombres. Isaías El profeta nos habla de cómo el pueblo de Israel, en medio de las tinieblas, ha visto una gran luz. Esta luz es la esperanza en el Mesías que va a traer la alegría y el gozo para el pueblo que ha estado bajo la opresión y va a volver a la libertad verdadera gracias al futuro Mesías: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. Habitaban tierras de sombras y una luz les brilló». Salmo 26 Define a Dios como luz, y siempre la luz auténtica va unida a la libertad que trae la salvación. El Señor mismo es la luz y salvación de Israel y como tal se convierte en la defensa de un pueblo que ha puesto su confianza en el Señor. Por eso, el salmista pide una cosa al Señor: «Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida y gozar de la dulzura del Señor por años contemplando su templo», la casa de Dios. San Pablo Habla de un momento difícil que trae la división entre los cristianos y valientemente aboga por la unidad: «En nombre de nuestro Señor Jesucristo poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir». Esta Carta a los corintios parece escrita en este momento en que muchos cristianos andamos divididos por distintas ideologías y parece que San Pablo nos pregunta también a nosotros: «¿Está dividido Cristo?». Incluso, la siguiente pregunta es muy concreta para este momento: «¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo?». San Pablo advierte claramente, en medio de las divisiones, que él únicamente ha pretendido anunciar el Evangelio y no ha venido a bautizar en nombre de él sino en nombre de Cristo. Verso aleluyático Se centra en el apostolado de Jesús que hacía milagros y predicaba continuamente con la finalidad de que el Evangelio del reino llegue a todas partes, y aprovechaba las curaciones con el fin de extender el reino de Dios por toda la tierra: «Proclamaba el Evangelio del reino curando las dolencias del pueblo». Evangelio Nos presenta a Jesús junto al lago «pescando pescadores». En este día, de una manera especial, Jesús va juntando a los que han de ser la Iglesia primera. En primer lugar, llamó a Pedro y a su hermano Andrés, diciendo: «Venid y seguidme, os haré pescadores de hombres». Esta es la transformación que Jesús quiere en los suyos: evangelizar para convertirlos y que entren en el reino de Dios. Más tarde, junto al mismo lago, se encuentra a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, que también estaban pescando y Jesús los llamó para que le siguieran y se convirtieran, como los otros dos, en los primeros que entraron a conformar la Iglesia que Él fundó. Son muchas las conclusiones que debemos tener en cuenta en este día. Ante todo, que Jesús es la luz de las naciones. Que no debemos dividirnos por ideologías y falta de caridad entre nosotros. Finalmente, estar seguros de que por el bautismo Jesús nos llama a todos a evangelizar. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  16. 546

    Hemos conocido el Amor - Domingo II del tiempo ordinario – ciclo A

    Nos cuenta San Juan que nosotros hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en él. Se trata de la esencia de nuestro Dios que es puro amor y que, al conocerlo, nos ha llevado a la aceptación de Él como Dios verdadero, y hemos creído que realmente nuestro Dios existe. Nuestro Dios se definió como amor: «Dios es amor». ¿Quién nos lo dijo? El discípulo predilecto de Jesús. Veamos. Isaías El gran profeta, con mucha anterioridad, nos define al Mesías como el siervo de Dios: «El Señor me dijo: “tú eres mi siervo de quien estoy orgulloso”». Y añade el profeta: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra». La misión que el Señor da por medio de este gran profeta es proclamar el Evangelio hasta el fin del mundo, como dirá el mismo Jesucristo antes de subir a los cielos. Salmo 39 «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». Esta frase maravillosa, que hemos podido meditar todos juntos en nuestro retiro pasado, es la que la Escritura pone en labios de Jesucristo, el «siervo de Yavé», que desde el principio viene a la tierra a cumplir la voluntad de Dios. Entre otros detalles leeremos en este salmo: «Como está escrito en mi libro: “para hacer tu voluntad”. Dios mío lo quiero y llevo tu ley en las entrañas». Es el Siervo de Yavé que cumple y ayuda a cumplir la voluntad de Dios entre los hombres. San Pablo Con unas palabras sencillas empieza San Pablo su carta a los corintios: «Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios», con su compañero de evangelización Sóstenes, dice: «Escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que Él llamó y a todos los demás…». Y ahora les da el saludo que todos conocemos por su importancia e intensidad: «La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con vosotros». Quiera Dios que a través de nuestros días aprendamos a saludar a los verdaderos seguidores de Dios con estas palabras muy importantes que han quedado escritas en la Sagrada Escritura. Verso aleluyático Nos recuerda la encarnación del Verbo, que hace poco tiempo nos presentó la misma liturgia: «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros». Una vez más, recordemos que a los que han acogido a Jesucristo los ha hecho de verdad hijos de Dios. Evangelio Nos cuenta San Juan que cuando el Bautista vio venir a Jesús mezclado entre la gente, exclamó: «¡Este es el Corderio de Dios que quita el pecado del mundo! Este es aquel de quien yo dije: “tras de mí viene un hombre que está por delante de mí porque existió antes que yo”». La verdad es que Juan no conocía a Jesús, aunque nos parezca extraño, pero él mismo exclamó: «Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel». Y añadió el Bautista: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como paloma y se posó sobre Él». Y vuelve a exclamar: «Yo no lo conocía, pero el que me envío bautizar me dijo: “aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre Él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”». De esta manera nos encontramos con el Precursor que bautiza con agua y también con el mismo Jesucristo, Verbo de Dios, “siervo de Yavé” que bautiza con el Espíritu Santo; es decir, con la tercera Persona de la Trinidad Santa. Les invito a todos ustedes a recordar en este día su bautismo, cuando en el Nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, fueron bautizados con agua y con el Espíritu que es para nosotros fuego y salvación. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  17. 545

    Jesús predilecto de Dios - Domingo del Bautismo del Señor – ciclo A

    Estamos en un tiempo especial de liturgia. La llegada de Dios en Belén y su tiempo de infancia quedó atrás. Vamos ahora a su vida pública, tiempo que la liturgia va a llamar “tiempo ordinario”. Este tiempo empieza con el bautismo del Señor. Isaías Nos presenta al siervo de Yavé, imagen de Jesucristo. Él es el escogido por Dios entre todos los seres humanos y así dice: «Mirad a mi siervo a quien sostengo, es mi elegido a quien prefiero». Más aún, el profeta se atreve a decirnos de este elegido: «A quién prefiero. Sobre Él ha puesto Yavé mi Espíritu para que tenga el derecho a las naciones». Isaías nos habla de las actitudes del futuro Mesías: «No gritará, no clamará, no voceará por las calles». En su humildad el siervo de Yavé llega al extremo de decir «La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho. El Señor bendice a su pueblo con la paz». A continuación, el salmista invita: «Aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado». Exalta la voz del Señor sobre las aguas torrenciales: «En el templo de Dios hay un grito: ¡Gloria! El Señor se sienta por encima por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno». Hechos de los Apóstoles Es el apóstol Pedro quien nos recuerda que Dios no hace distinciones «acepta al que lo teme y practica la justicia sea de la nación que sea». Para Pedro, Jesús de Nazaret, «ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con Él». Verso aleluyático Recuerda el momento más importante del bautismo de Jesús cuando se oyó la voz del Padre que decía: «Este es mi Hijo amado, escuchadle». A través de los siglos todos debemos escuchar la voz de Jesucristo para poder llegar al seno de la Trinidad Santa. Evangelio Nos cuenta San Mateo que Jesús fue a Galilea, al Jordán, y pidió a Juan Bautista que lo bautizara. Juan se negó por humildad. Jesús acepta la sencillez de Juan y pide: «Cumplamos lo que Dios quiere». Entonces Juan lo bautizó y cuando Jesús salió del agua vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre Él. Y vino una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo, el amado, el predilecto». Ante esta manifestación de la Santísima Trinidad quedamos maravillados del amor de Dios a Cristo, y a nosotros en Él. Recuerda que el Bautismo instituido por Jesús es siempre en el nombre de las tres Divinas Personas y cuando te bautizaste comenzaste a ser hijo de Dios por Jesucristo. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  18. 544

    y la Luz llegó a la humanidad - Solemnidad de la Epifanía del Señor

    Hoy celebra la Iglesia la «Epifanía de Jesús», es decir, la «Manifestación de lo alto» que trae alegría y esperanza a quienes buscan a Dios. Una vez más nos permite comprender por qué Dios se presenta como luz y Jesús mismo nos dirá: «Yo soy la luz del mundo». El Verbo, Dios como el Padre, se manifiesta como luz. Isaías El gran profeta tiene una visión maravillosa en la que nos invita a entrar a todos con esperanza: «Levántate, brilla Jerusalén, que llega tu luz. La gloria del Señor amanece sobre ti». Esta alegría la concreta Isaías viendo a la distancia las riquezas de todos los pueblos que Dios ha permitido que lleguen a la ciudad santa: «Vienen todos de Saba trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor». En tiempos muy difíciles para Jerusalén y para todo Israel, el profeta ha prometido las riquezas humanas y divinas que llegarán a Israel de todo el mundo. Salmo 71 Es una alabanza especial al Señor de todos los pueblos de la tierra y el salmista, con ilusión, afirma: «En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna. Que domine de mar a mar, del gran río al confín de la tierra». La seguridad y la grandeza de Dios se acercan a los más necesitados: «Él librará al pueblo que clamaba, al afligido que no tenía protector. Él se apiadará del pobre y del indigente y salvará la vida de los pobres». Esta riqueza material se unirá a la riqueza espiritual representada en los mismos magos que hoy recordamos. San Pablo El apóstol nos da a conocer algo que era un gran secreto en todos los tiempos y es que «también los gentiles son herederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo por el Evangelio». Esto nos aclara que la salvación es para todos, pero tenemos que acogerla desde nuestra pequeñez y humildad. Verso aleluyático Es la explicación que dan los magos de su largo viaje hasta Belén: «Hemos visto su estrella y venimos a adorar al Señor». Evangelio Tiene la gran enseñanza para todos nosotros: Cuando los magos encuentran una estrella especial en el cielo y comienzan a caminar con fe, llevando sus tesoros al rey que indica la estrella, pensando a lo humano creen que el Mesías que indica la estrella está en el palacio de Jerusalén. Hacia allá se encaminan y reciben buen trato de Herodes que los quiere engañar para acabar con el recién nacido. Los sabios recuerdan la profecía que conocen muy bien, porque el tiempo ha llegado: «Y tú Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel». De esta manera los reyes salen felices del palacio con un último «consejito» del rey Herodes: «Id a averiguar cuidadosamente que hay del niño y cuando lo encontréis avisadme para ir yo también a adorarlo». Así ha sido, es y será siempre la maldad de los quieren seguir ejerciendo la fuerza sobre el pueblo sencillo. Pero es entonces cuando entra a tallar el mismo Dios: «Los magos al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría» y entonces sí, entraron en la casita que marcaba la estrella y encontraron «al niño con su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron». Al punto, con una fe inimaginable, abren sus tesoros como adoración y regalo: «Oro, incienso y mirra». El Señor les hizo ver la maldad de Herodes y avisados por un ángel volvieron a su tierra por otro camino, llenos de felicidad, porque su fe les había hecho descubrir, en una casa tan sencilla y en personas tan humildes, la presencia del «Dios con nosotros». Cuidemos siempre la sencillez con la que se presentan las maravillas de Dios, no solo entonces sino también en nuestros días, y cómo siempre descubrimos una estrella y enemigos de la luz. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  19. 543

    La Sagrada Familia en la Liturgia

    La liturgia de este día nos presenta la familia en sus diversas facetas. Comienza por las virtudes humanas de la primera lectura, luego San Pablo nos explica las virtudes sobre naturales de la familia y encontramos la perfección de la familia de Nazaret haciendo la voluntad de Dios y terminamos con la oración del salmo del día. Eclesiástico Pide que los padres sean más respetados que los hijos. El respeto a los padres es la purificación de las faltas y pecados de la vida: «La limosna del padre no se olvida será tomada en cuenta para pagar tus pecados». Por otro lado, el respeto a la madre acumula tesoros en la familia: Dios promete escuchar a quienes honran a su progenitora. La recompensa al respeto del padre es una larga vida: «Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva. Aunque chochee ten indulgencia. No lo abochornes mientras viva». San Pablo La carta a los colosenses nos habla de las virtudes sobrenaturales que pide San Pablo: «Como elegidos de Dios, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura y comprensión». También nos pide que en el trato mutuo nos sobrellevemos unos a otros cuando hay algún altercado. Además, que imitemos a Dios en el perdón, como Él nos ha perdonado. La más importante de las virtudes debe ser el amor que es el ceñidor de la unidad consumada. Por lo demás, San Pablo desea que «la paz de Cristo actúe de árbitro en nuestro corazón» y que el agradecimiento se considere como una virtud sobrenatural y que «la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza». El apóstol no se queda corto en las recomendaciones. Se dirige a cada uno de los integrantes de la familia: «Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas». Y a los hijos: «Obedeced a vuestros padres en todo, que esto le gusta al Señor». Finalmente, pide a los padres que eviten exasperar a sus hijos para que no se desanimen. Dichosa la familia en la que se viven todas las virtudes humanas y espirituales que nos presentan estas lecturas. Verso aleluyático «Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo». Es una invitación a seguir el Evangelio que nos enseñó Jesucristo. Evangelio La gran lección que nos da la Sagrada Familia es seguir las instrucciones que de distintas maneras nos da el Señor. Después de la visita jubilosa que significó la llegada de los Magos con sus dones y regalos en la casita de Belén donde vivía la Sagrada Familia, se le apareció, en sueños, un ángel a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto hasta que yo te avise porque el rey Herodes va a buscar al niño para matarlo». Inmediatamente se levantó José y obedeciendo, huyó a Egipto y sin pretenderlo realizó la profecía que dice: «Llamé a mi hijo para que saliera de Egipto». Muerto Herodes, y avisado por el ángel, José reunió a su familia y volvió a Israel. Como se enteró de que Arquelao sucedió a su padre Herodes en Judea, llevo de temor y avisado en sueños, se retiró a una casita de Nazaret. Nuevamente se cumplió la Escritura en la que leemos: «Será llamado nazareno». Tenemos que admirar la docilidad de la Sagrada Familia acogiendo siempre los caminos que le presentó Dios, que en el caso concreto fue a través del ángel a José. Quiero concluir, queridos lectores, con la oración del salmo que nos ofrece hoy la liturgia: «Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos. Comerás el fruto de tu trabajo. Serás dichoso y te irá bien. Tu mujer, como parra fecunda en medio de tu casa, tus hijos como renuevos de olivo alrededor de tu mesa. Esta es la bendición del hombre que teme al Señor: “Que el Señor te bendiga desde Sion, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida”». ¡Feliz Año nuevo 2026! José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  20. 542

    Es verdad: El Señor está cerca - Domingo IV de Adviento – ciclo A

    Desde el 17 de diciembre, la liturgia ha tomado un nuevo camino de Adviento y nos lleva de la mano al nacimiento del Verbo eterno de Dios que entra en el tiempo para compartir con toda la humanidad su poder divino. Este es el Niño que esperamos: «Dios-con-nosotros». Es cierto: «El Señor está cerca». Isaías Según el gran profeta Isaías, él se acercó a Acaz, que era el rey, y le dijo: «Pide una señal, al Señor, tu Dios, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Ante la negación a pedir, el profeta le anuncia la gran profecía de la venida del Mesías: «Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa “Dios-con-nosotros”». Con esta profecía comenzamos el cuarto domingo de Adviento, en el ciclo A. Salmo 23 Con este versículo: «Va a entrar el Señor, él es el rey de la gloria», el salmo nos invita a meditar en la cercanía de Dios: «Del Señor es la tierra y cuanto la llena… ¿Quién puede subir al monte del Señor?». La respuesta es una invitación a la limpieza del cuerpo y el alma, con estas palabras: «El hombre de manos inocentes y puro corazón… Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación». A continuación, el salmista afirma que «este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia Dios de Jacob». San Pablo Escribiendo el apóstol a los romanos, dice: «A todos los de Roma, a los que Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos: os deseo la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo». De esta manera aclara el apóstol que la salvación de Dios es para todos: «Hacer que todos los gentiles respondan a la fe para gloria de su nombre». Verso aleluyático En un versículo de San Mateo la Iglesia se llena de alegría esperando a la Virgen que, sin perder la virginidad, da a luz al Verbo encarnado: «Mirad, la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios-con-nosotros». Evangelio El evangelio de San Mateo describe cómo va a ser el nacimiento de Cristo: «María, su Madre, estaba desposada con José y antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo que era justo, decidió no denunciarla sino repudiarla en secreto. Apenas tomó esta decisión se le apareció el ángel del Señor y le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”». Termina San Mateo explicando que de esta manera se cumplió la profecía, de Isaías, como hemos visto en la primera lectura de hoy: «Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros». Nunca podremos imaginar la alegría con que José, ya esposo de Santa María, aceptó la propuesta de ser padre adoptivo de la criatura que dio a luz Santa María Virgen. Ahora podemos entender, una vez más, las palabras del domingo anterior: «Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres: ¡El Señor está cerca!». A todos ustedes, queridos lectores, les deseo una muy Feliz Navidad y un encuentro con Jesús Eucaristía de manera especial en esta Navidad. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  21. 541

    Flores de Adviento - Domingo III de Adviento, «Domingo de la alegría»

    En este tercer domingo de Adviento la liturgia se llena de alegría y lo manifestamos externamente encendiendo la tercera vela de la Corona, que tiene color rosa, y no morado. Comenzado por Isaías, el gran profeta, y leyendo el Evangelio que alaba tanto a Juan Bautista, nos encontramos con este domingo del gozo que comienza con estas palabras: «Estad siempre alegres en el Señor. Os lo repito: estad alegres». Y el gran motivo que ofrece el mismo versículo: «El Señor está cerca». ¡Nos acercamos a la Navidad! Isaías El párrafo bíblico tomado del capítulo 35, nos invita a ver en el desierto cómo las flores se multiplican y «se alegran el páramo y la estepa. Florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría». En realidad, admiramos al gran profeta Isaías que ha podido recalcar en sus escritos, tanto el gozo como el sufrimiento. Por otra parte, este profeta nos anima diciendo: «Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes. Decid a los cobardes de corazón: “Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite. Viene en persona, resarcirá y os salvará”». Visión maravillosa del profeta, sin duda privilegiado del Señor. Salmo 145 Nos habla del gozo que trae la presencia del Señor que viene para traer la salvación que tanto necesitamos: «El Señor liberta a los cautivos, da pan a los hambrientos y hace justicia a los oprimidos». Todos estos hermosos pensamientos los combina la liturgia con esta antífona: «Ven, Señor, a salvarnos», con la seguridad de la Navidad que se acerca. Santiago Nos da unos consejos muy importantes antes de la Navidad: «Tened paciencia hasta la venida del Señor». Él va comparando la vida de cada uno de los trabajadores del campo que tienen que esperar con paciencia hasta que la semilla produzca fruto. Y nos recuerda así «al labrador que aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía». De esta manera, Santiago nos advierte: «Tened paciencia también vosotros y manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca», para nosotros la Navidad. Verso aleluyático Es San Lucas el que nos invita a confiar en el Espíritu Santo, el mismo que recibimos en el bautismo y nos fuerza a evangelizar: «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado a anunciar el Evangelio a los pobres». Nuestra obligación desde el día que fuimos bautizados es Evangelizar. Evangelio El profeta San Juan Bautista está en la cárcel. Y para llenar de confianza a los discípulos suyos, que no por desconfianza de él, les pide que vayan a preguntarle al mismo Jesús, que está evangelizando: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» La respuesta de Jesús nos abre a todos las puertas de la auténtica Navidad: «Id y anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen…». Después de esta lista que Jesús completó, les dijo a los enviados: «Dichoso el que no se escandalice de mí». Cuando los enviados volvieron con la respuesta, Jesús alabó grandemente a este precursor, Juan Bautista, del que dijo entre otras cosas, aplicándole las palabras del profeta Jeremías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti». Finalmente, el Evangelio concluye con esta gran alabanza para Juan Bautista, que cada uno de nosotros nos la debemos aplicar, porque como bautizados somos por esencia evangelizadores: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan Bautista». José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  22. 540

    Conviértete: Llega el Señor - Domingo II de Adviento

    La liturgia rompe el silencio de este domingo con estas palabras: «Pueblo de Sion mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír la majestad de su voz y os alegraréis de todo corazón». Preparémonos, pues, a vivir este Adviento buscando un cambio en nuestra vida que nos acerque cada día más a nuestro Dios y Creador. En la oración del día le pedimos al Dios bueno que, mientras preparamos la Navidad para encontrarnos con el pequeño Jesús, no lo impidan los afanes de este mundo, sino que su sabiduría divina nos dé la gracia de participar en la venida del «Dios con nosotros». Isaías El profeta quiere llevarnos a la ilusión con la certeza de que habrá un renuevo en el tronco de Jesé y de su raíz brotará un vástago: «Sobre él se posará el Espíritu del Señor, espíritu de prudencia y de sabiduría, espíritu de consejo y de valentía, espíritu de ciencia y de temor del Señor». Cuando llegue ese momento, la humanidad entera cambiará y se convertirá en un paraíso donde todos vivirán felices, a pesar de lo que solemos pensar, en los daños terribles que tienen fama de hacerse unos a otros: «Habitará el lobo con el cordero… la vaca pastará con el oso y sus crías se tumbarán juntas… Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles y será gloriosa su morada». Salmo 71 Confiando en la abundancia de paz, bienestar y justicia, el salmista dice así: «Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente… En aquel día Dios librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector. Que su nombre sea eterno y su fama dure como el sol. Que Él sea la bendición de todos los pueblos y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra». San Pablo En la carta a los romanos el apóstol nos da a entender que todas las Escrituras han sido escritas para enseñanza nuestra, de manera que «nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras nos mantenga siempre en la esperanza». A continuación, San Pablo pide al Señor que Él «que es fuente de toda paciencia y consuelo, nos conceda estar de acuerdo entre nosotros, según las enseñanzas de Jesucristo para que a una voz alabemos a Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo». Es muy importante acogernos mutuamente como Cristo nos acogió a todos nosotros para gloria de Dios, imitando la actitud de Jesús, «servidor de los judíos», para probar la fidelidad de Dios cumpliendo sus promesas, echas al pueblo judío y «acogiendo a los gentiles para que alaben también a Dios por su misericordia». Verso aleluyático Es una invitación del evangelista San Lucas que nos pide preparar el camino del Señor «para que todos vean la salvación de Dios». Evangelio El capítulo tres de San Mateo nos presenta a Juan Bautista anunciando en el desierto de Judá: «Convertíos porque está cerca el reino de los cielos». Se trata de una referencia lógica al profeta Isaías que decía: «Una voz grita en el desierto: “preparad el camino del Señor, allanad sus sendas”». San Mateo presenta a Juan como el hombre recio, «vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y alimentándose de saltamontes y miel silvestre». Vemos, a continuación, cómo todo el pueblo de Dios, atraído por Juan Bautista, iba al Jordán a recibir el bautismo, confesaban sus pecador y Juan los bautizaba. Como entre la gente que acudía había muchos fariseos y saduceos que querían bautizarse, Juan les dijo: «Camada de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión y no os hagáis ilusiones pensando: “Abraham es nuestro padre”». Algo muy importante les aclara el Bautista: «Porque os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras». Finalmente, el asceta Juan termina poniendo la confianza en Cristo que viene: «Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego…». Aprovechamos este Adviento para convertirnos y abrirnos a Jesús que viene a salvarnos. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  23. 539

    Estén siempre preparados - Domingo I de Adviento

    Cuando oímos la palabra «Adviento» nos preparamos porque algo importante, o una persona muy especial, viene a nosotros. El Adviento, al que ahora nos referimos, es nada menos que la llegada de Dios para compartir la vida, la muerte y su triunfo final con todos nosotros. Cada año renovamos la seguridad de que Dios ha entrado y está con nosotros y permanecerá hasta el final de los tiempos. Isaías El gran profeta tiene una visión maravillosa que se refiere al final de los tiempos y que la liturgia nos va a recordar durante este tiempo de Adviento: En esa gran visión se revela que «al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor». Y ve proféticamente cómo millones de seres humanos se acercan repitiendo: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas». El mundo pacificado será testigo de que «las espadas se convierten en arados y las lanzas en podaderas». Termina la cita con estas preciosas palabras: «Caminemos a la luz del Señor» y encontraremos la paz para la humanidad. Salmo 121 Se trata de un salmo lleno de ilusión y de alegría, que rebosa felicidad: «¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!». Después, descubre cómo la humanidad entera camina hacia esa casa que representa la paz que todos los pueblos desean y que se encuentra en Jerusalén. En nombre de esa paz y de esa felicidad termina el salmo diciendo: «Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien». San Pablo En su carta a los romanos descubre cómo tiene que ser la vida de quienes quieren encontrarse con Cristo: «Conduzcámonos… con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias». Es una invitación a una vida maravillosa para lo cual el mismo apóstol nos pide: «Vestíos del Señor Jesucristo». Verso aleluyático Con uno de los salmos hacemos esta oración al inicio del Adviento esperando este fruto de la llegada de Dios a la humanidad: «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación». Evangelio El Evangelio que leemos hoy, en el ciclo A, pertenece a San Mateo y contiene estas palabras que permiten continuar el tema apocalíptico, al final del año litúrgico. Jesús, refiriéndose a la llegada del Hijo del hombre (Jesucristo), dijo: «Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio». Algo así como ahora la humanidad vive totalmente de espaldas a Dios y a sus enseñanzas y es Jesucristo el que nos advierta a todos: «Estad en vela porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor». Con el evangelista, en este primer ciclo, terminamos pensando: «Estad también vosotros preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». Recordemos con qué ansiedad los apóstoles preguntaban los detalles de la venida y cómo Jesús lo dejó todo en suspenso, para que estemos siempre bien preparados. ¡Feliz primer domingo de Adviento!

  24. 538

    Jesucristo Rey del Universo

    A veces la palabra “rey” no cae tan bien en este tiempo de la historia, pero hay algo que destacar: lo de menos es el título, lo importante es la realidad. Por ser Dios y por ser el hombre más importante de la historia, la Iglesia dedica a Jesucristo este último domingo del año litúrgico, con el título de “Rey del Universo”. Profundicemos: II Libro de Samuel En el capitulo 5, nos dice: que «todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebrón». Dos cosas importantes afirmaron: - «Hueso tuyo y carne tuya somos». Era una manera de explicar el parentesco de David con todos ellos. A continuación, le dijeron al rey David: «Tú pastorearás al pueblo de Israel. Tú serás el jefe de Israel». De esta manera comenzó el reinado de David. Los ancianos de Israel fueron a Hebrón y, en presencia del Señor, ungieron como rey a David: «David tenía treinta años cuando comenzó a reinar» y reinó cuarenta años: siete años y seis meses sobre Judá y treinta y tres años en Jerusalén sobre todo Israel y Judá. A este gran rey se le considera una especial figura de Cristo Rey, de ahí que el Ángel, en la anunciación, le dijo a María: «El Señor le dará el trono de David, su padre. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». Salmo 121 Se trata de un breve salmo que nos invita a la alegría. Todo el pueblo de Dios cantaba: «Subamos alegres a la casa del Señor. ¡Qué alegría cuando me dijeron: “vamos a la casa del Señor”!». San Pablo En su carta a los colosenses viene un precioso himno que es bueno meditar. Ante todo, dar gracias a Dios Padre, fuente de toda felicidad y que «nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz». Dios nos sacó del dominio de las tinieblas «al reino de su Hijo querido». La sangre de Cristo nos ha traído a todos «la redención y el perdón de los pecados». Luego el apóstol canta la grandeza de Jesús con distintas imágenes: «Jesús es imagen de Dios invisible, Primogénito de todas las criaturas… En Él quiso Dios que residiera toda la plenitud y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres: Los del cielo y los de la tierra haciendo la paz por la sangre de su cruz». Esta es la grandeza de nuestro Rey y Señor. Verso aleluyático Es una glorificación de Jesucristo enviado del Padre: «Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David». Evangelio En el Evangelio encontramos una manera singular de Jesucristo Rey. Mientras que las autoridades y los soldados se burlan de Jesús que está agonizando en la cruz, uno de los ladrones también se burla de Él diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». El otro ladrón canta el triunfo de Jesucristo Rey, después de hablar en contra de lo que piensa su compañero de cruz. Vuelto a Jesús dice al Señor: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le contestó: «Te lo aseguro: “hoy estarás conmigo en el paraíso”». De esta manera el Rey de cielos y tierra termina su vida regalando el reino de los cielos a uno de los malhechores que moría arrepentido junto a Él. Reconozcamos también hoy la realeza de nuestro Señor Jesucristo y por difícil que haya sido nuestra vida no dejemos de confiar en su gran misericordia. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  25. 537

    Ocupados en no hacer nada - Domingo XXXIII del tiempo ordinario

    Cuando se nos habla de alguna cosa que sucederá en el futuro, la reacción más frecuente es preguntar: ¿Cuándo será? La otra gran pregunta: ¿Nos adelantas alguna señal? Hoy lo pensaremos bien sobre todo en la lectura del Evangelio. Malaquías El gran profeta nos ofrece una pequeña señal del futuro que tendrá la humanidad, con estas palabras: «Malvados y perversos serán la paja y los quemaré el día que ha de venir, pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas». Es una alusión que hace Malaquías para que podamos mirar el porvenir con esperanza. Salmo 97 El salmista habla de Dios como un gobernante justo que rige a los pueblos con rectitud. En medio de la alegría de este Dios justo, exclama: «Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan. Aplaudan los ríos, aclamen los montes al Señor que llega para regir la tierra». El salmista está seguro de que «el Señor regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud». San Pablo En su carta a los tesalonicenses San Pablo pone el ejemplo de su propia vida para que aprendamos también nosotros a vivir. Él ha trabajado, «día y noche a fin de no ser carga para nadie». Reconoce el apóstol que, dado el trabajo que se ha impuesto, merece una recompensa, pero la ha rechazado: «Nadie nos dio de balde el pan que comemos, sino que quisimos daros un ejemplo que imitar». Según él, toda su vida ha procurado invitar a todos a ganarse el pan del día, hasta llegar a decir: «El que no trabaja, que no coma». A continuación, da a entender que hay algunos que no trabajan y están «muy ocupados en no hacer nada». La conclusión del santo es esta: «A esos les mandamos y recomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan». De esta manera, en el tiempo, con el esfuerzo personal, nos ganamos la eternidad feliz. Verso aleluyático Refiriéndose Jesucristo a su segunda venida, nos invita a mantener la alegría diciendo: «Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación». Evangelio Es una meditación muy importante, no por la pregunta de los apóstoles, sino por las afirmaciones y consejos de Jesucristo. Comienza el Señor diciendo: «Eso que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». La pregunta de los apóstoles es un tanto infantil: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?». Y la segunda pregunta, también superficial, es: «¿Cuál será la señal de que todo eso va a suceder?». La respuesta de Jesús es evasiva, pero quiere que entendamos que cuando suceda no será porque la gente anda diciendo que llega el fin del mundo, sino porque llega el tiempo del juicio de Dios. De todas maneras, habrá unas señales muy difíciles de entender y no sirven como respuesta a la pregunta de los apóstoles. Creo que lo mejor es atenernos a las últimas palabras de este Evangelio: «Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». Una vez más, insiste Jesús en algo que nos cuesta bastante: perseverar fielmente hasta el final. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  26. 536

    Y después, ¿qué? - Domingo XXXII del tiempo ordinario

    Conocemos la curiosidad humana que quiere saber qué sucederá después, mucho antes de que suceda. En este domingo tenemos una respuesta impresionante ya en el Antiguo Testamento. Meditemos con profundidad. Libro de los Macabeos Sabemos que la Ley (Torá) prohibía comer carne de cerdo. Una madre y sus siete hijos fueron condenados a muerte. Las palabras de los cuatro primeros muchachos, antes de ser ejecutados, son impresionantes y aunque ahora con toda facilidad comemos carne de cerdo, entonces tuvieron que sufrir el martirio. Después de azotarlos, hablaron de esta manera antes de ser martirizados: El primero: «¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres…». El segundo: «Tú, malvado, nos arrancas la vida presente, pero cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del Universo nos resucitará para una vida eterna». El tercero nos dejó este gran testimonio: «De Dios las recibí (la lengua y manos) y por sus leyes las desprecio. Espero recobrarlas del mismo Dios». El cuarto, dijo: «Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará». Cuatro pensamientos que nos tienen que ayudar a confirmar el futuro de nuestra vida, después de la muerte temporal. Salmo 16 «Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor». Es la seguridad de que, después de la muerte, viene la resurrección. De ahí, entre otras, estas palabras: «Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme». San Pablo Meditamos las últimas palabras de este párrafo de su carta a los tesalonicenses: «Por el Señor estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado. Que el Señor dirija vuestro corazón para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo». Verso aleluyático Toda la redención nos la ha merecido Jesucristo: «Él es el primogénito de entre los muertos. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos». Que toda nuestra vida en este tiempo que pasa sea apoyarnos en la salvación que nos ha merecido nuestro Redentor. Evangelio Se trata de una pequeña “trampa” que los saduceos, que no creían en la resurrección, le ponen públicamente a Jesús: Una mujer se ha casado y su marido muere sin dejar descendencia. La ley de Moisés obliga a casarse al otro hermano con ella para darle descendencia a la mujer. En este caso, fueron siete los hermanos que se casaron con ella y todos murieron sin dejar descendencia. Ahora le presentan a Jesús esta pregunta capciosa: «¿De cuál de ellos será la mujer cuando llegue la resurrección?». Aunque más parece un cuentito de mal gusto, Jesús se lo toma en serio y responde: «En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán… Son como ángeles; son hijos de Dios porque participan en la resurrección». A continuación, el Evangelio presenta a Jesús recordando las palabras de Moisés en el episodio de la zarza ardiendo donde llama al Señor: «Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob». El Evangelio concluye con esta expresión de Jesús: «No es Dios de muertos sino de vivos, porque para Él todos están vivos». De esta manera confirma Jesucristo que después de la muerte temporal hay vida eterna. Por eso, será bueno vivir preparados para poder gozar de una felicidad eterna con Dios. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  27. 535

    La curiosidad salvó a Zaqueo - Domingo XXXI del tiempo ordinario

    Las lecturas del ciclo C de este domingo XXXI del tiempo ordinario hay que leerlas muy despacio porque tienen respuestas importantísimas para el momento en que estamos viviendo. Libro de la Sabiduría Nos explica que el mundo entero es para Dios como un granito de arena en la balanza. Todo lo que existe ha recibido de Dios la “vida”. Dios lo ha creado todo y ama todo hasta el punto de que este libro de la Biblia llama a Dios «Amigo de la vida». En el mundo hay pecadores, pero a todos los quiere el Señor y por eso les ha dado la vida y, de una manera muy pedagógica «corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes para que se conviertan y crean en ti, Señor». No olvidemos que todo pecador en el plan de Dios es querido por su capacidad de salvación. Salmo 144 Este salmo nos invita a glorificar al Señor como nuestro Dios y Rey verdadero. Es bueno que repitamos con el salmista: «Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey, bendeciré tu nombre por siempre jamás». El salmista se apoya en estas características del Señor: «Es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas». San Pablo Dos cosas destaca el apóstol en este parrafito de su carta a los tesalonicenses. La primera es una oración por sus lectores pidiendo que «Dios os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe». La segunda, es un consejo importantísimo que quiere ayudarnos en este momento que para algunos es como el fin del mundo. Ya en aquel tiempo empezó a correrse la realidad de «distintas revelaciones, dichos o cartas nuestras (de Pablo) como si afirmásemos que el día del Señor está cerca». Meditemos estas palabras de San Pablo cuando nos digan también que con tantas torrenciales lluvias, huracanes y terremotos se acerca el fin del mundo. Verso aleluyático Para algunos padres de familia de hoy puede sonar muy raro, pero tratándose del mejor padre de familia, el Padre Dios, entregar a su Hijo inocente para salvar a unos pecadores es inimaginable, pero ha sido una realidad: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». Evangelio Es muy simpático y bajo ese atractivo tiene unas enseñanzas muy profundas: Zaqueo, hombre rico y recaudador de impuestos, tenía tan mala fama como todos los que estaban al servicio de Roma, con lo que se enriquecían. Zaqueo era pequeño de estatura. Se empeñó en ver a Jesús y se fue corriendo a un lugar por donde iba a pasar el Señor. Sin dejarse condicionar por la vergüenza se trepó en una higuera (sicomoro). Cuando Jesús llegó a donde estaba él, alzó los ojos y sin más, lo llamó por su nombre: «Zaqueo, baja enseguida porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Pronto aparecieron los comentarios y críticas de los fariseos: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Lo que aconteció fue totalmente distinto porque mientras ofrecía su banquete, Zaqueo dijo delante de todos: «Mira, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más». La conclusión la saca Jesús y no los fariseos que siempre están en contra del Maestro: «Hoy ha sido la salvación de esta casa. También este es hijo de Abraham». Cuántas enseñanzas podemos sacar de la liturgia de este día, lecturas que les invito a volver a leer y meditar en familia. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  28. 534

    Sí hay un juez justo - Domingo XXX del tiempo ordinario

    Resulta que sí hay un juez justo. Lo vamos a encontrar en las tres lecturas más importantes de la liturgia del día. Eclesiástico Empieza diciéndonos que el Dios verdadero es justo y no puede ser parcial con unos ni con otros. Ni se inclina por el oprimido, simplemente por serlo, ni por el huérfano ni por la viuda. La debilidad humana es la que goza de los privilegios de Dios. Por eso «los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa». Según el Eclesiástico los gritos del pobre no cejan hasta que Dios los atiende porque Él es el justo Juez que hace justicia, sobre todo a los débiles. Por eso la conclusión importante la encontramos al principio: «El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial». Salmo 33 El salmo abunda en la misma idea de la primera lectura por lo cual el salmista se gloría en el Señor e invita «a los humildes (que) lo escuchen y se alegren». De esta actitud nace la oración profunda: «Cuando uno grita el Señor lo escucha y lo libra de todas sus angustias». Es más, la realidad del Dios bueno es que «está cerca de los atribulados y salva a los abatidos». 2Timoteo San Pablo, viéndose ya cerca a la muerte se confía a Dios y reconoce humildemente: «He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe». Aunque los hombres no siempre lo han apoyado, el apóstol confía en el Señor proclamándolo: «Justo juez que me premiará en aquel día». Después de hablar de todo el recorrido de su vida esforzándose por evangelizar, San Pablo reconoce que «el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles». Reconoce también que el fruto de su esfuerzo será éste: «El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo». Termina la carta el gran santo dando «gloria a Dios por los siglos de los siglos». Verso aleluyático El versículo escogido, tomado de la segunda Carta a los corintios, reconoce que Dios estaba en Cristo reconciliando con su vida y muerte a la humanidad entera y, al mismo tiempo, según el apóstol, el Señor ha confiado el fruto de la reconciliación a los apóstoles: «Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo y a nosotros nos ha confiado la palabra de reconciliación». Evangelio El párrafo de este domingo es muy interesante porque presenta una dolorosa realidad: Se trata de un orgulloso fariseo que reza a Dios y, en vez de pedirle o adorarle, se glorifica a sí mismo: «Te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos adúlteros». Incluso se burla de un publicano que toca el corazón de Dios con su humilde petición de perdón. A continuación, nos trae San Lucas la oración humilde del publicano, «que se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo. Solo se golpeaba el pecho diciendo: “Oh, Dios, ten compasión de este pecador”». La conclusión que todos sacamos es que el fariseo se volvió a su casa con todos sus pecados, más el orgullo; y el publicano, en cambio, volvió purificado. De esta manera Jesús retrata dos formas frecuentes de orar: la del orgulloso cuya oración no va a llegar al cielo y la del publicano que llega al cielo y entra por la puerta grande de la misericordia divina. Examinemos nuestra oración para que siempre llegue hasta Dios y no se quede en manos de nuestro propio orgullo, como la oración del fariseo. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  29. 533

    Constancia en la Oración - Domingo XXIX del tiempo ordinario

    Muchas veces al rezar a Dios le pedimos lo que nos parece necesario y, “como no nos hace caso” pronto nos olvidamos, incluso, de lo que necesitamos. La liturgia de hoy nos presenta la constancia en pedir. No una vez, sino muchas veces, como quien dice: “hasta hartar a Dios”. Éxodo Moisés está rezando sobre un cerro pidiendo a Dios la victoria de Josué sobre los amalecitas. Como rezaba con los brazos extendidos y se cansaba «sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentase. Mientras tanto, Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado». Así permanecieron ayudando la oración de Moisés hasta que, al atardecer, fue derrotado Amalec y su tropa. La batalla terminó con la victoria de los israelitas. Salmo 120 El salmista reconoce que «el auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra». El salmo nos recuerda a Moisés con los brazos en alto confiando en que la misericordia le viene del Señor. El salmista confía, además, cómo es el Señor quien lo cuida porque siempre permanece a su lado, de día y de noche. Y nos invita a rezar con estas palabras: «El Señor te guarda de todo mal. Él guarda tu alma. Él guarda tus entradas y salidas ahora y por siempre». San Pablo En su carta a Timoteo le pide que permanezca en lo que ha aprendido y se le ha confiado. Debe saber Timoteo lo que aprendió desde niño en su familia «en la Sagrada Escritura: Ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación». A continuación, el apóstol señala que «toda Escritura que ha sido inspirada por Dios es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará siempre perfectamente equipado para toda obra buena». Termina san Pablo conjurando a su discípulo en nombre de Dios y de Cristo para anunciar la Palabra: «Para proclamar la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta con toda paciencia y deseo de instruir». De esta manera, el apóstol nos hace ver que la Palabra de Dios nos va perfeccionando cada día en todo lo que hacemos. Verso aleluyático Aunque hace tanto tiempo que se escribió la Biblia, siempre está viva y nos tiene que ayudar en todo: «La Palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón». Evangelio San Lucas nos recuerda una parábola de Jesús: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “hazme justicia frente a mi adversario”» Mucho tiempo insistió la viuda hasta que al fin consiguió que el juez dijera: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara». La comparación le sirve a Jesús para decir que, si un juez injusto llega a hacer justicia por la insistencia, cuánto más debemos confiar en que Dios también nos hará justicia si somos constantes en la oración. El evangelio de hoy concluye con una pregunta impresionante que debemos meditar: «¿Pero cuando venga el Hijo del hombre, encontrará fe en la tierra?» Seamos constantes en la oración para conseguir de Dios misericordia. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  30. 532

    La Gratitud es un tesoro - Domingo XXVIII del tiempo ordinario

    Una de las cosas que más nos agradan es encontrarnos con una persona agradecida que con sinceridad manifiesta su gratitud. Hoy la liturgia nos presenta un ejemplo de gratitud que conmueve, y también un ejemplo de la ingratitud que nos desagrada a todos. Libro 2 Reyes Naamán es un hombre agradecido de corazón. Tiene una grave enfermedad, su cuerpo cubierto de lepra. Ha recorrido todos los medios y divinidades de aquel tiempo para que lo sanen y, finalmente, llega a Israel donde se encuentra con el profeta Eliseo. Le pide con humildad la sanación y, aunque parezca un poco sin sentido, Naamán «se bañó siete veces (en el Jordán) como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra como la de un niño». Naamán regresa buscando al profeta de Dios para agradecerle y, al mismo tiempo, para reconocer la divinidad del Dios de Israel: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor». Eliseo rechazó su regalo. Y dijo Naamán: «Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas, porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otro Dios fuera del Señor». Aquí encontramos un modelo de gratitud por parte de Naamán y también el ejemplo de un auténtico profeta del Señor. San Pablo El apóstol habla a su discípulo Timoteo y le pide: «Haz memoria de Jesucristo resucitado de entre los muertos...». Después de describir sus sufrimientos por los elegidos, explica el motivo de estos: «Para que ellos también alcancen la salvación lograda por Cristo Jesús con la gloria eterna». Y añade unas palabras que han quedado grabadas como guía para la vida del cristiano: «Es doctrina segura: si morimos con Él, viviremos con Él. Si perseveramos, reinaremos con Él. Si lo negamos, también Él nos negará. Si somos infieles, Él permanece fiel porque no puede negarse a sí mismo». Tengamos en cuenta estas palabras para aprender a vivir y a cosechar lo que hayamos sembrado. Verso aleluyático Es san Pablo quien nos aconseja en este domingo en que reflexionamos sobre el agradecimiento cuál es la voluntad de Dios: «Dad gracias a Dios en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros». Evangelio Un buen día Jesús se encontró con diez leprosos que le suplicaban: «Jesús, Maestro, ¡ten compasión de nosotros!». Conmovido, Jesús les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Era lo que prescribía la ley cuando uno se curaba de lepra. Obedientes a la Palabra de Jesús, fueron los diez a mostrarse limpios de la lepra. Pero luego solamente uno de ellos, y este samaritano, volvió a donde estaba Jesús para agradecerle. La respuesta espontánea de Jesucristo fue: «¿No han quedado limpios los diez? ¿Los otros nueve dónde están? ¿No ha habido más que este extranjero para dar gloria a Dios?». Todo termina con la felicitación implícita de Jesucristo por el agradecimiento de este extranjero: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado». En la vida ordinaria hay mucha gente desagradecida y la verdad es que después de hacer un esfuerzo por ellos, resulta doloroso reconocer su ingratitud. Tengamos presente además que el encuentro sincero con Jesús cura no solamente el cuerpo sino también el alma. Si vivimos en la amistad de Dios se lo debemos a Jesús porque es nuestro Redentor y porque expresamente nos ha llamado amigos. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  31. 531

    Señor, auméntanos la Fe - Domingo XXVII del tiempo ordinario

    Un buen día los apóstoles dijeron a Jesús: «Auméntanos la fe». La respuesta del Señor no fue lo que esperaban los suyos, sino más bien les hace ver que en realidad no tienen fe y, por lo tanto, no es fácil aumentársela. He aquí la respuesta de su Maestro: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “arráncate de raíz y plántate en el mar”, y la morera os obedecería». Para convivir necesitamos fe. Por un lado, está la fe humana que es creer a otras personas que son como nosotros; y, por otro lado, tenemos la fe divina que consiste en creer en Dios y en sus promesas y «someterse libremente a la Palabra escuchada porque su verdad está garantizada por Dios que es la verdad misma». Como un ejemplo de la verdadera fe el Catecismo Católico nos presenta a «la Virgen María que es la realización más perfecta de la fe». Habacuc El profeta Habacuc, por su parte, se queja ante Dios por las dificultades y horrores y hasta la violencia que hay en el ambiente. La conclusión que saca este profeta la tenemos al final del texto: «El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe». Estas palabras coinciden con la gran enseñanza de Jesús a sus discípulos. Salmo 94 Nos invita a escuchar la voz del Señor de no endurecer el corazón, de ahí que termine pidiéndonos: «Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis el corazón como en Meribá… cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras». San Pablo En su carta a Timoteo San Pablo le insta, una vez más, a mantener la fe que ha recibido del apóstol, y le dice: «No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero». También pide a su discípulo: «Toma parte en los distintos trabajos del Evangelio» y además le pide que: «Ten delante la misión que yo te di con mis palabras sensatas y vive de la fe y amor en Cristo Jesús». Después de darle estas recomendaciones, el apóstol le dice a Timoteo: «Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo». Un consejo muy importante para que nosotros valoremos y enseñemos la verdad del Evangelio, como lo hizo Pablo durante toda su vida. Verso aleluyático El verso aleluyático, con las palabras del apóstol San Pedro, refuerza la enseñanza de este domingo: «La Palabra del Señor permanece para siempre y esta Palabra es el Evangelio que os anunciamos». Evangelio Cuando los discípulos piden a Jesús que aumente su fe, el Señor les da una clara respuesta de fe y humildad, tal como señalamos al principio de esta reflexión. Además, Él enseña con la actitud del dueño de casa que cuando llega del campo no le dice a su criado que cene primero, sino que, por el contrario, resaltando la importancia del dueño, le dice: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y, después, comerás y beberás tú». Después de esto el Evangelio concluye diciendo que no se trata de esperar una recompensa o agradecimiento, sino que con sincera humildad el criado debe decir: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer». José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  32. 530

    Por qué sufrió Epulón y gozó Lázaro - Domingo XXVI del tiempo ordinario

    La liturgia de hoy nos presenta una dolorosa realidad que es la misma de siempre. En la humanidad hay unos que tienen todo y otros que no tienen nada. Como nos dirá Jesús en el Evangelio… mientras unos comen y tiran la comida al mar para mantener los precios o la ropa al desierto para que nadie la pueda aprovechar, otros andan medio desnudos y hambrientos. Debemos tener las cosas claras: tener riquezas como fruto del trabajo está bien. Lo que no está bien es no compartir y ver impasibles la pobreza y hambre de otros. Veamos algunos textos de las lecturas de hoy. Amós Vean con qué lujo vivían en su tiempo unos pocos, mientras la mayoría del pueblo pasaba hambre y necesidad de lo indispensable: «Os sentáis en lecho de marfil arrellenados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo. Canturreáis al son del arpa, inventáis como David instrumentos musicales. Y no os doléis del desastre de José». El castigo de Dios será el destierro, anuncia el profeta. Salmo 145 Alabemos al Señor que se compadece de todos: «El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos… Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados». San Pablo El amor al dinero, nos dice en su carta a Timoteo, es raíz de todos los males; por eso invita, en el párrafo de hoy, a actuar bien: «Tú, hombre de Dios, huye de estas cosas (el santo busca apartarse de la enseñanza malsana y de la codicia de las que hablan los versículos anteriores), busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe». Y, finalmente, aconseja a los ricos: «A los ricos de este mundo ordénales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de la riqueza sino en Dios que nos provee de todo en abundancia (…) Que hagan el bien, sean ricos en buenas obras, generosos y dispuestos a compartir». Esta es la mejor promesa para todos los que tienen riquezas: «Así atesorarán un excelente fondo para el porvenir y alcanzarán aquella que es realmente la vida verdadera». Verso aleluyático Jesús, que tenía todas las riquezas, quiso compartir con nosotros hasta el punto de enseñar San Pablo: «Jesucristo siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza». Evangelio Epulón (comilón), tenía todo el lujo y lo demuestra Jesús hablando de su comida, porque «banqueteaba espléndidamente cada día. Además, vestía con lujo, de púrpura y lino». Eso no era pecado, lo malo era que no tenía ni un poco de misericordia con el pobre que se moría de hambre a su puerta. Jesús tiene una pincelada que aclara la extrema situación: «que hasta los perros se acercaban a Lázaro para lamerle las llagas». Cuando mueren los dos, Lázaro va al seno de Abraham, es decir, el «limbo de los justos» que esperaban la resurrección de Jesús para entrar en el cielo. Y el otro fue sepultado en los infiernos. Epulón, desde allí, gritó desesperadamente a Abraham: «Ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua porque me torturan estas llamas». Abraham le contesta que la situación ya no tiene remedio: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro, a su vez, males. Por eso encuentra aquí consuelo mientras tú padeces». En resumen, podemos decir que debemos aprovechar el tiempo porque solo aquí se gana la eternidad. Con la muerte ya no hay remedio. Amigos, tengamos en cuenta que el gran regalo de Dios a la humanidad es el tiempo para que durante él podamos ganar la verdadera riqueza de la que gozaremos eternamente en el cielo. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  33. 529

    ¿Cuándo la riqueza es un tesoro?

    Si aparece en el mercado un nuevo invento, inmediatamente «los amigos de lo ajeno» maquinan la forma de robarlo… Un simple teléfono o una tarjeta bancaria se convierten en seguida en una fábrica de robos. Pero vayamos por partes. Profecía de Amós Nos presenta al hambriento de riquezas que sufre cuando llega un día de fiesta y no puede vender. Solo piensa en exprimir al pobre: «Despojáis a los miserables diciendo: “¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo y el salvado, para ofrecer el grano?”». Otra forma de robar, según el mismo profeta: «Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanza con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo…». Salmo 112 Es una alabanza al Señor que defiende al pobre, ya que, a diferencia de otros, el Señor tiene preferencia por los sencillos y los desposeídos: «Alabad siervos del Señor… Bendito sea el nombre del Señor ahora y por siempre… Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo». San Pablo En la Carta a Timoteo, después de pedir oraciones por todos los hombres, advierte el apóstol que la oración es buena y grata a los ojos de Dios «que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad». A continuación, nos asegura la bondad de Dios y su unidad. Por medio de Jesucristo la humanidad entera puede llegar a Dios: «Para Él estoy puesto como anunciador y apóstol, (digo la verdad, no miento)». Y además se reconoce maestro de los gentiles en la fe y en la verdad. San Pablo concluye dando este consejo: «Quiero que sean los hombres los que recen en cualquier lugar, alzando las manos libres de ira y divisiones». Verso aleluyático Presenta una de las grandes contradicciones que nos cuesta creer, pero encierra una gran verdad: «Jesucristo siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza». Por aquí hay que descubrir el secreto de la liturgia de hoy. Evangelio Creo que son muchas las interpretaciones que podemos hacer de esta escena del Evangelio de San Lucas. Se trata de un hombre que tiene que despedir a su administrador debido a su mala gestión: «Entrégame el balance de tu gestión porque quedas despedido». Dejamos de lado la parábola y vamos al Catecismo Católico: «El precepto del desprendimiento de las riquezas es obligatorio para entrar en el reino de los cielos» (2544). A continuación, en el numeral 2545, citando a la Lumen Gentium (42) nos advierte: «Todos los cristianos han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto». Ahora te invito, querido lector, a sacar tus conclusiones: Por parte de San Lucas tenemos la reacción del administrador que, como no tiene fuerzas para cavar ni valor para mendigar, empieza a robarle a su amo, quitando de las deudas pendientes que le tienen, una buena cantidad para esperar encontrarse luego con buenos amigos, gracias a su «maniobra administrativa». Por su parte, Jesús termina alabando la astucia de este hombre: «El amo felicitó al administrador injusto por la astucia con la que había procedido». Nos dice también el Señor que «los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz». A pesar de todo, nosotros sacamos una conclusión que está en los mandamientos que aprendimos de pequeños: «¡No robarás!». Jesús nos ha dejado bien claro: «“Bienaventurados los pobres de espíritu”. Las bienaventuranzas revelan un orden de felicidad y de gracia, de belleza y paz. Jesús celebra la alegría de los pobres a quienes pertenece ya el reino» (CIC 2546). En el numeral 2547 del CIC, leemos: «El Señor se lamenta de los ricos porque encuentran su consuelo en la abundancia de bienes…». Amigo lector, me gustaría que leyeras ahora la parábola del Evangelio de este día y sacaras tus propias consecuencias. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  34. 528

    Exaltación de la Santa Cruz - Domingo XXIV del tiempo ordinario

    La Iglesia en este domingo recuerda, con varias instituciones religiosas, la Exaltación de la Santa Cruz. Evidentemente que lo que se exalta no es un simple madero, sino al Dios que quiso manifestar su amor en la humillación más grande. Meditemos hoy en el amor infinito de todo un Dios que se dejó crucificar para demostrar su amor a los hombres y salvarlos. Libro de los Números Nos encontramos con un mal momento del pueblo de Israel. El pueblo murmuró contra el Señor y contra el maná que le había dado como alimento en medio de las arenas candentes del desierto: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo». A pesar de todo, sabemos que en la tradición del pueblo de Dios el maná tenía un sabor muy especial que satisfacía el hambre de cada uno. Ante el privilegio que le concedió el Señor de tener un alimento suficiente, Dios, como castigo, les envía las serpientes venenosas «que los mordían, y murieron muchos israelitas». El pueblo se arrepiente y pide a Moisés que suplique a Dios que lo perdone. Como respuesta Dios no los liberó de las serpientes, sino que ordenó a Moisés: «Haz una serpiente venosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla». Sabemos que ese estandarte es el símbolo de la cruz de Cristo que salvaría más tarde a toda la humanidad. Salmo 77 Escarmentados con el ejemplo que vivió Israel en el momento terrible de las serpientes venenosas, acudimos a la misericordia infinita de Dios pidiéndole que no olvidemos las acciones maravillosas que hizo Dios con su pueblo: «Cuando los hacías morir lo buscaban y madrugaban para volverse hacia Dios. Se acordaban de que Dios era su roca, el Dios altísimo su redentor. Lo adoraban con sus bocas, pero sus lenguas mentían… Dios, en cambio, sentía lástima, perdonaba su culpa y no lo destruía». Acudamos siempre a la misericordia infinita de Dios que está más allá de nuestros pecados. San Pablo En la Carta a los filipenses nos presenta el verdadero «estandarte» de nuestra salvación: «Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios… Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz». Ahora también nosotros acudimos a la misericordia infinita de Jesús para pedirle perdón por nuestros pecados y proclamar que «Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre». ¡En Él está nuestra salvación! Verso aleluyático Nos invita a adorar a Cristo y bendecirlo porque es nuestro Salvador: «Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos porque con tu cruz has redimido al mundo». Evangelio de San Juan Es la impresionante lección que Jesucristo le da a Nicodemo que acude a Él de noche, por temor a ser visto por los judíos. Haciendo alusión a la primera lectura, le dice: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre para que todo el que cree en Él tenga vida eterna». A continuación, nos habla del amor infinito de Dios que fue capaz de entregar al mundo para su salvación a su propio Hijo único. La llegada de Jesucristo tiene una clara explicación: Dios «no mandó su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salve por Él». Este es el gran regalo de la misericordia infinita de Dios. Por eso, no adoramos la cruz como un signo de tortura (hay tantos que la llevan hoy) sino que en ella fue crucificado Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, y con fe lo adoramos y aprovechamos de «su entrega» a través de su muerte y resurrección. Con San Pablo repetimos también hoy: «Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre sobre todo nombre… Y toda lengua proclame: “¡Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre!”. *** En este día 14 de septiembre de 2025, cumpleaños del Papa León XIV, le deseamos un día muy feliz y le prometemos nuestra sincera oración para que Dios pueda actuar por medio de él: «¡FELIZ CUMPLEAÑOS, PAPA LEÓN!». José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  35. 527

    Jesús reclama el primer puesto - Domingo XXIII del tiempo ordinario

    La liturgia de este domingo guarda una unidad muy importante para cada uno de nosotros, hombres y mujeres de este tiempo. Libro de la Sabiduría Nos habla de dos realidades que constituyen la persona humana. En primer lugar, nos hace una pregunta que no es fácil responder: «¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?». Desde aquellos tiempos el hombre tenía claro que posee razonamientos fiables por naturaleza: «Su cuerpo mortal es lastre del alma y la tienda terrestre abruma la mente que medita». Si bien nos dice que en el ser humano hay una «mente que medita», sin embargo, hay además una gran confusión que llevamos dentro de nosotros porque «¿quién rastreará las cosas del cielo? ¿Quién conocerá el designio de Dios si Tú no le das sabiduría?». Cuando la parte material va unida conscientemente a la parte espiritual, tenemos la grandeza del auténtico ser humano: «Solo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que Te agrada». Salmo 89 Es una invitación para que meditemos la grandeza y, al mismo tiempo, la pequeñez del ser humano: «Tú reduces el hombre a polvo diciendo: “retornad, hijos de Adán”». Para el salmista Dios viene a ser como un sembrador: «Los siembras año por año como hierba que se renueva por la mañana, y por la tarde se seca». El escritor sagrado se vuelve a Dios pidiéndole, y nosotros con él: «Que adquiramos un corazón sensato. Por la mañana sácianos de tu misericordia y toda nuestra vida será alegría y júbilo». San Pablo El apóstol nos enseña la diferencia que hay entre un bautizado y uno que no lo ha sido: Filemón, siendo pagano, tuvo a Onésimo como esclavo, pero ahora tanto Filemón como Onésimo son bautizados y es distinta la manera de relacionarse que debe tener Filemón con Onésimo. El tiempo que hubo de separación entre los dos cambió totalmente la mirada para contemplar al mismo hombre. Por esta razón, dice San Pablo: «Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido». Filemón aprendió a valorar a la persona en todas sus dimensiones al recibir la fe con el bautismo y comprendió que un cristiano tiene un valor muy grande al bautizarse, por eso San Pablo mismo añade: «Si yo lo quiero tanto, ¡cuánto más lo has de querer tú como hombre y como cristiano!». Verso aleluyático Pedimos al Señor que nos ayude a descubrir el valor de la persona humana a la luz de la fe: «Haz brillar tu rostro sobre tu siervo. Enséñame tus leyes». Evangelio El Evangelio de San Lucas, en este día, tiene varias enseñanzas muy importantes para el verdadero cristiano. Comienza Jesús diciendo: «Si alguno se viene conmigo y no POSPONE a su padre y a su madre… incluso a sí mismo: no puede ser discípulo mío». No hay contradicción entre estas palabras y el mandamiento del amor fraterno: «Ámense unos a otros como yo los he amado». Tengamos siempre presente en nuestra mente y corazón: JESUCRISTO ES EL PRIMERO EN TODO. A continuación, nos pide Jesús seguirlo a Él cargando la cruz de cada día, para que seamos auténticos discípulos y nos presenta dos parábolas que aclaran la enseñanza. Tenemos que llegar a conocer perfectamente el valor de la vida del cristiano para que no nos suceda como al que pensaba construir una casa y por no haber previsto el dinero que necesitaba, «la gente decía: este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar». También tenemos el caso del rey que va a la guerra con cinco mil hombres enfrentándose a su enemigo que tiene diez mil hombres. Si ve imposible la victoria, se verá obligado a pedir condiciones de paz. La conclusión de la reflexión que nos propone la liturgia es muy clara e importante, porque el ser humano tiene dos tiempos que son dos valores muy distintos: uno terreno, temporal y material, que es la primera parte de nuestra vida en este mundo; y otro espiritual y eterno que tenemos que merecer mientras vivimos en la primera etapa de nuestra existencia. Ánimo, amigos: con el tiempo ganamos la eternidad. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  36. 526

    CÉDELE EL PUESTO A ESTE - Domingo XXII del tiempo ordinario

    Me gusta observar cuando comienzan a sentarse las personas que se creen bien formadas; cómo algunas se empujan para ubicarse en los primeros asientos. Con frecuencia recuerdo el Evangelio de hoy en esos momentos. Eclesiástico Nos ofrece una gran enseñanza a todos nosotros: «Es grande la misericordia de Dios y revela sus secretos a los humildes». Corregir al humilde siempre tiene éxito; en cambio, resalta la maldad del cínico que no tiene cura: «Es brote de mala planta». Pero el sabio, más bien, aprecia las sentencias de los sabios y tiene «el oído atento a la sabiduría». Este sí merece que se le escuche y que se le corrija a tiempo porque aprecia la verdadera sabiduría. Salmo 67 Los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios rebosando de alegría. El salmista alaba a Dios, «Padre de huérfanos y protector de viudas». De Él dice que desde su santa morada protege a los desvalidos y libra a los cautivos. El salmo termina alabando a Dios que derrama una copiosa lluvia que alivia la tierra extenuada. Carta a los hebreos El párrafo de este domingo comienza negando la llamada de Dios al hombre en un fuego encendido, con nubarrones y tormenta y sonido de trompeta, con gran temor, como ocurría en el Antiguo Testamento. Más bien con Jesucristo, en la nueva alianza sellada con su sangre, Dios se hace cercanía: «Vosotros os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta… y al Mediador de la nueva alianza, Jesús». Verso aleluyático Es una invitación a seguir de cerca a Jesús que carga con su cruz y mantiene sus enseñanzas: «Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón». Jesús es el Maestro y debemos aprender de Él todas sus virtudes humanas y divinas, en la medida que nos corresponde, especialmente la mansedumbre y la humildad que tanto cuesta al corazón humano, rebelde y orgulloso por naturaleza. Evangelio El Evangelio nos presenta una escena muy corriente en muchos ambientes de nuestra sociedad. Jesús se da cuenta de que los invitados pugnaban por los primeros puestos y sin más comenzó con esta parábola: «Cuando te conviden a una boda no te sientes en el puesto principal, no sea que hallan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que les convidó a ti y al otro y te dirá: “Cédele el puesto a este”». Jesús describe la vergüenza del que se sentó antes de tiempo, al tener que ir a ocupar el último lugar del banquete. Por el contrario, Jesús propone la humildad del que se sienta en el último lugar en la boda, y va hasta él el señor de la fiesta y le dice: «Amigo, sube más arriba». Son las dos actitudes que Jesús destaca: el orgulloso que quiere ponerse en el primer lugar y el humilde que por haber sido sacrificado y ponerse en el último lugar será glorificado. La gran enseñanza de Jesús es esta: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos… Invita a pobres, lisiados, cojos, ciegos: Dichoso tú poque no pueden pagarte. Te pagarán cuando resuciten los justos». José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  37. 525

    Si corriges, hazlo por amor - Domingo XXI del tiempo ordinario – ciclo C

    Todos cargamos una gran cantidad de defectos y la verdad es que nos duele cuando alguien se atreve a corregirnos. Meditemos en Jesucristo que es el modelo de toda perfección y aprenderemos a corregir y a ser corregidos. Isaías Se trata de un breve párrafo que debemos meditar con profundidad porque sin duda que puede referirse a la Jerusalén del cielo, lo mismo que a la Jerusalén capital de Israel, y en tantos otros sentidos y aplicaciones que nos ayudarán a entender mejor estas palabras del gran profeta: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria. Les daré una señal…». El profeta termina diciendo que Jerusalén recibirá a toda clase de personas «y de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas». Salmo 116 Con una antífona muy importante que dice: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio», nos invita a glorificar a Dios con estas palabras: «Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos. Firme es su misericordia con nosotros. Su fidelidad dura por siempre». San Pablo Nos enseña el Apóstol que la corrección sincera es siempre fruto del amor: «Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos». Nos invita Pablo a tener la humildad de recibir la corrección como hijos que se alegran cuando el Padre los corrige: «Después de pasar por la corrección nos da como fruto una vida honrada y en paz». Verso aleluyático Es muy importante esta frase de Jesús que destruye todo relativismo: «Yo soy el camino y la verdad y la vida». Con Jesús debemos sentir el cariño del Padre Dios que nos ama: «Nadie va al Padre sino por mí». Evangelio Un buen día un señor, cuyo nombre no conocemos, preguntó a Jesús, y su pregunta era bastante negativa: «¿Señor, serán pocos los que se salven?». La respuesta de Jesús para aquel señor y para todos nosotros es muy inteligente: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: “Señor, señor, ábrenos”». Y desde dentro se oirá la voz del señor diciendo: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados». No se trata de los motivos o excusas que creamos tener nosotros sino de la realidad que Dios conoce perfectamente. Por eso, si queremos entrar en la casa de Dios no va a ser por nuestras opiniones sino por lo que Dios conoce en su infinita sabiduría y misericordia de cada uno de nosotros. Durante nuestra vida aprovechemos las correcciones que nos vienen directamente de Dios y las que puedan hacernos los hombres y corrijamos, cuando sea preciso, con sinceridad y caridad verdadera. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  38. 524

    ¿Fuego o paz?

    Hay una enseñanza fundamental en la Iglesia de Jesús. Él ha enseñado a todos los hombres y mujeres, de antes y de después, del Antiguo y nuevo Testamento, a dar la vida por el bien del pueblo de Dios. Las cruces que vemos por doquier nos recuerdan la entrega amorosa del Maestro de Nazaret. Jeremías Quisieron eliminarlo porque según sus enemigos con sus profecías desmoralizaba la ciudad, y lo metieron en un aljibe que no tenía agua, pero tenía tanto barro que hubiera muerto si no hubiera sido porque, a última hora, Ebedmelek providencialmente fue a pedir al rey Sedecías: «Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías arrojándolo al aljibe donde morirá de hambre». El rey le ordenó sacar del aljibe al profeta Jeremías «antes de que muera». Así, providencialmente, el Señor salvó a su profeta que había sufrido tanto. Salmo 39 En el salmo responsorial encontraremos la respuesta de Dios al profeta Jeremías: «Yo esperaba con ansia al Señor. Él se inclinó y escuchó mi grito… Afianzó mis pies sobre roca y aseguró mis pasos». Y con gozo el salmista llega a exclamar: «Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios… Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí. Tú eres mi auxilio y mi liberación. Dios mío no tardes». Hebreos La Carta a los hebreos nos pide evitar todo lo que entorpece nuestro camino para correr en la carrera que nos toca, siguiendo el ejemplo de «Jesucristo que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios». Concluye el texto pidiéndonos: «Recordad al que soportó la oposición de los pecadores y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado». Verso aleluyático Nos recuerda una vez más al Buen Pastor que habla de los que le siguen y se conocen mutuamente: «Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco y ellas me siguen». San Lucas Nos presenta la contradicción, al menos aparente, del mensaje de Jesucristo que, por un lado, nos habla de la paz, y por otro, del fuego de la separación: «He venido a prender fuego en el mundo y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!» Jesús mismo habla de que Él «tiene que pasar un bautismo y qué angustia hasta que se cumpla». Seguramente porque los apóstoles se dieron cuenta de esta contradicción entre la paz y el fuego, Jesús mismo pregunta y Él mismo se da la respuesta: «¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división». A continuación, Jesús concreta cómo hasta en una familia habrá verdadera división entre los que sigan su doctrina y los que la rechacen. Así, amigos, nos deja Jesucristo a los que le seguimos: entre el fuego y la paz. La fidelidad nos obligará en ocasiones incluso a dejar a la familia por seguir a Jesús. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  39. 523

    La contradicción de la vida cristiana

    Tenemos que esforzarnos continuamente para superarnos nosotros mismos y los que dependen de nuestra vida o trabajo. El Espíritu Santo pondrá equilibrio en las contradicciones que se nos presentan a diario. Eclesiastés Nos habla de la vanidad de la mayor parte de las cosas de este mundo. Tenemos que trabajar, pero que sea con sabiduría y ciencia y pensando también en el trabajo que necesitan hacer los otros. Esta pregunta, profunda y dolorosa, la tiene que resolver cada uno: «¿Qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?». La respuesta puede ser dolorosa, pero tenemos que hacerla fecunda: «De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente». Si todo eso se hace como simple realización humana y no buscamos la voluntad de Dios, todo ello será simple vanidad: «Vanidad de vanidad, todo es vanidad». Salmo 89 El salmista reconoce que «Dios es nuestro refugio día tras día, de generación en generación». Por otra parte, él canta la relatividad de los tiempos para nuestro Creador y llega a decir que «mil años de los hombres son como un ayer que pasó». Y termina pidiendo al mismo Señor que sea Él «quien nos enseñe a calcular nuestros años para adquirir un corazón sensato: Ten compasión de tus siervos». San Pablo Nos invita a aprovechar el tiempo que Dios nos ha dado de vida teniendo como meta, no tanto los bienes de este mundo que son pasajeros, sino «los bienes de arriba donde está Cristo sentado a la derecha del Padre». En Cristo tenemos un lugar seguro para nuestros tesoros espirituales: «Porque habéis muerto y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios». De todo esto saca una consecuencia San Pablo: «Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia». Y a estos malos sentimientos los llama verdadera idolatría. Por otra parte, nos pide que no nos dejemos engañar valorando la apariencia de estos bienes efímeros. Muy por el contrario, nos pide buscar siempre a «Cristo que es la síntesis de todo y está en todos». Verso aleluyático Es Jesús mismo en el Evangelio de San Mateo quien nos asegura la felicidad en el reino de los cielos: «Dichosos los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos». Evangelio San Lucas nos cuenta que aprovechando Jesús una petición inoportuna explica una parábola a sus oyentes: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia». Jesús toma como insensata esa propuesta y dice: «Un hombre rico tenía una gran cosecha… Se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Entonces me diré a mí mismo: ‘hombre, tienes bienes acumulados para muchos años. Túmbate, come, bebe, y date buena vida’”». En aquel momento «Dios le dijo: “necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?”». De esta manera Jesucristo nos advierte que hay bienes materiales necesarios, pero los importantes son los bienes espirituales para poder gozar de ellos en el reino de los cielos. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

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    Pedir hasta «aburrir» al amigo

    Posiblemente todos tenemos la experiencia de que cuando uno nos pide reiteradamente alguna cosa, termina aburriéndonos y «lo mandamos a paseo». Hoy el camino de petición que enseña Jesús es distinto. Génesis El Génesis nos cuenta cómo Abraham intercedió por Sodoma y Gomorra. Pidió al Señor, con perseverancia, por una razón muy simple: en aquellos pueblecitos de Sodoma y Gomorra que Dios iba a eliminar con el fuego, vivía su pariente Lot y quería salvarlo a toda costa. Así fue intercediendo por aquellas ciudades hasta que, al fin, Dios por amor a diez justos, estaba dispuesto a perdonar a esas famosas ciudades. La última vez que intercedió Abraham fue así: «Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿y si se encuentran diez justos? Contestó el Señor: “En atención a los diez no la destruiré”.». De hecho, el Señor sacó de la ciudad a Lot y familia antes de destruirla, gracias a la intercesión de Abraham. Salmo 137 Nos habla de la confianza en el Señor y de cómo Él escucha con amor nuestras peticiones: «Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste… Daré gracias a tu nombre, Señor, por tu misericordia y tu lealtad». Y a continuación, el salmista se goza en la experiencia de la misericordia del Señor: «El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandonas la obra de tus manos». San Pablo El apóstol habla a los colosenses de la importancia del bautismo que nos transforma en hijos de Dios: «Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con Él». De esta manera debemos meditar en la misericordia infinita de Dios a través de la muerte en cruz de Jesucristo: «Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio clavándolo en la cruz». Así el Señor ha multiplicado a los renacidos, gracias al sacrificio de Jesús. Verso aleluyático Nos recuerda la importancia del bautismo, el primer sacramento que recibimos para entrar en la Iglesia: «Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: ¡Abbá, Padre!». Evangelio Nos cuenta cómo un día en que Jesús se había retirado a un lugar desierto para hacer oración, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos». En aquel momento Jesús les enseña a rezar el padrenuestro, que según el relato de San Lucas es el siguiente: «Cuando oréis decid: “Padre santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Danos cada día nuestro pan del mañana. Perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo y no nos dejes caer en la tentación». En esta oración tenemos lo fundamental del padrenuestro que después completará San Mateo en su evangelio y es el que rezamos diariamente. De todas formas, Jesús, después de enseñar esta oración, les ofrece a los suyos la parábola del amigo importuno. Se trata de un señor que va a casa de su amigo a decirle: «Amigo, préstame tres panes pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle». Ante esta petición la respuesta del panadero es negativa porque ya está durmiendo y con sus familiares también acostados. Pero Jesús añade: «Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite». Con esta parábola Jesucristo nos enseña a pedir con perseverancia a Dios. La gran lección del día es esta: La petición de Abraham y su insistencia movió «el corazón de Dios» para salvar a los familiares del gran patriarca. Y en la parábola que sigue al padrenuestro Jesús nos enseña también a ser constantes en la oración, terminando con estas palabras: «Si vosotros que sois malos sabréis dar cosas buenas a vuestros hijos: “¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”». José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  41. 521

    Dios ha visitado a su pueblo

    No hay duda de que una de las cosas que más nos gustan a los seres humanos es recibir visitas que nos hacen felices por el hecho de compartir y, sobre todo, si hay un regalo de por medio. Génesis Es impresionante que Dios, a través de la historia de la humanidad, suele presentarse de una u otra manera en el momento más inesperado. Abraham está en el campo y de repente se presentan tres personas ante él. Si examinamos a fondo en la interpretación de los Santos Padres es fácil descubrir en aquellos tres personajes a la Santísima Trinidad que viene a ver y a regalar a Abraham. Apenas los ve el anciano generoso les pide, por favor, que se queden con él y les ofrece una comida al estilo del campo. Ordena a su mujer que prepare una hogaza de pan. Busca el mejor ternero y lo hace guisar. Añade al banquete cuajada y leche. Los visitantes se alimentan y demostrando la divinidad que representan hacen una promesa al hombre anciano casado con mujer estéril: «Cuando vuelva a ti dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo». Este era el mejor regalo que podían hacerle a Abraham que temía que su heredero fuera su siervo y no un hijo propio. Salmo 14 Parece distinto del tema que viene tratando la liturgia, pero es evidentemente su complemento. Así pregunta el salmo: «¿Quién puede hospedarse en tu tienda?». Ahora no se trata de Dios que ingresa a la casa, sino de pensar en quién puede ser digno de recibir a Dios en su casa. El salmo presenta una serie de condiciones que se convierten en puertas para entrar en el seno de Dios: La honradez y práctica de la justicia, tener buenas intenciones y no calumniar, «el que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino… El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente…». San Pablo Por su parte, el apóstol, nos da a conocer cómo ha profundizado en el conocimiento de Dios para poderlo compartir a todos: «Nosotros anunciamos a ese Cristo, amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría para que todos lleguen a la madurez en su vida, en Cristo». El plan de Dios es siempre tener las puertas abiertas para quien lo busca con sinceridad. Verso aleluyático Alaba a los que tienen un corazón noble y generoso guardando la Palabra de Dios y permitiéndole dar el fruto que lleva consigo esta Palabra. Evangelio Es maravilloso. Ahora no es la Santísima Trinidad la que visita sino Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que entra en casa de Marta. Lo han invitado para comer con los suyos y todos se dedican a gozar de su presencia. Marta, la dueña de casa, se preocupa por preparar los alimentos para Jesús y sus acompañantes. La señora tiene una hermana que no solo no la ayuda, sino que, sentada a los pies de Jesús, está fascinada por su palabra. En un momento determinado Marta se queja ante el Señor diciéndole: «¿Señor, no te importa que mi hermana me haya dejado sola en el servicio? Dile que me ayude». Jesús, por el contrario, rechaza más bien la actitud de Marta «que está inquieta y nerviosa con muchas cosas» y alaba a María que en su actitud de escucha ha escogido la mejor parte. El Señor no se queja del trabajo de Marta porque de su trabajo se van a alimentar todos, sino más bien por el estar inquieta y nerviosa por las cosas externas, sin preocuparse por las palabras de vida eterna que trae el divino huésped. En este día que la liturgia nos habla de distintas visitas, examinamos con sinceridad si realmente nos preocupamos de la visita que Dios puede hacernos, incluso a diario, por medio de la Eucaristía, y estar pendientes de sus labios como María estaba en su casita de Betania. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  42. 520

    Dos cosas, pero una más importante

    A nuestra sociedad le cae muy mal que le manden. Cada uno cree que es la autoridad de sí mismo y ahí acaba todo. Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña un camino muy claro para seguirlo y encontrar el Reino de Dios. Deuteronomio Nos asegura que todos los seres humanos, lo reconozcamos o no, tenemos inscrito en el corazón la ley de Dios; es decir, los mandamientos que debemos cumplir. Atendamos: «Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandamientos… Conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma». Por más que la humanidad se resista a obedecer a Dios, sus normas, sus mandamientos, sus leyes, están claras en cada uno de los seres humanos: «El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo». Aunque la humanidad sea infiel a Dios, Él no se apartará de ella porque desde dentro la conduce. Salmo 68 «Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias». El salmista nos da un consejo muy importante para todos: «Miradlo los humildes y alegraos, buscad al Señor y revivirá vuestro corazón». San Pablo El apóstol nos presenta hoy su gran himno a Cristo que deberíamos meditar porque nos habla de la profundidad de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, «porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas, celestes y terrestres». De esta manera la invitación del apóstol es para admirar, glorificar y reconocer la grandeza de Jesucristo. Para nosotros resulta muy importante esta afirmación de San Pablo: Jesús es «el principio, el primogénito de entre los muertos y así es el primero en todo». En Jesucristo el Padre Dios ha querido reconciliar consigo todos los seres del cielo y de la tierra: ¡Jesús es una maravilla! Por eso nos alegra saber que nuestro Papa León XIV ha puesto a Jesucristo como centro de unidad y amor para toda la Iglesia. Verso aleluyático Queramos reconocerlo o no, todas las criaturas tenemos que afirmar hoy con el evangelista San Juan: «Tus palabras Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna». Jesús es Dios. Evangelio El capítulo diez de San Lucas resulta muy interesante para meditarlo en este domingo XV del tiempo ordinario: Un maestro de la ley pregunta: «¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» Jesús le hace dar la respuesta a él mismo, con las palabras de la Escritura, puesto que es un maestro: «¿Qué lees en la Ley?». El maestro responde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser y al prójimo como a ti mismo». Jesús lo felicita y parece que ahí quedó todo. Pero aquel maestro no se contenta, quizá por vanidad o quizá porque quiere aprender y pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». Jesús aprovecha para contarnos a todos la parábola del «buen samaritano». Este señor se encuentra por el camino con un hombre herido y despojado de todo y, aunque no es de su religión, sintió lástima de él, «se le acercó, lo vendó y echándole aceite y vino en las heridas, lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a la posada y pagó. Dijo al posadero: “cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta”». Al terminar la parábola, Jesús pregunta al maestro de la Ley: «¿Cuál te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él contestó: «El que practicó la misericordia con él». Jesús concluyó aquel día, y sigue diciéndonos a todos, lo que le dijo al maestro de la Ley: «¡Anda y haz tú lo mismo!». José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  43. 519

    La fuerza de la evangelización en Nombre de Cristo -Domingo XIV del tiempo ordinario-

    No solamente Jesucristo anunció el Evangelio mientras estuvo en este mundo, sino que sostuvo pequeñas experiencias de evangelización con sus discípulos por los pueblos y aldeas para proclamar el reino y los caminos hacia él. Isaías En el último de sus capítulos predice un bienestar para Jerusalén e invita al pueblo de Dios a festejar a Jerusalén que es como la personificación del pueblo escogido por Dios. Concreta su fecundidad diciendo: «Yo haré derivar hacia ella como un río la paz, como un torrente en crecida las riquezas de las naciones…». El Señor multiplicará su fecundidad y la alegría de la paz exaltará al Señor por encima de los demás pueblos. Salmo 65 Pide a toda la tierra que aclame al Señor y que le cante con júbilo porque así lo merece su gloria. Luego el salmista pide que se postre ante el Señor la tierra entera: «Que toquen en tu honor… Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres». Finalmente, el salmista pide «a los fieles de Dios que vengan a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo». El salmo termina con una bendición al Señor que dice así: «Bendito sea Dios que no rechazó mi suplica ni me retiró su favor». San Pablo a los gálatas Pablo, después de haberse convertido a Jesucristo, tiene como única gloria la cruz de Jesús en la que se siente él mismo crucificado y no entendido por el mundo. Resalta que lo que importa es la criatura nueva que nace del compartir los sufrimientos de Cristo: «La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma, también sobre el Israel de Dios». En adelante, la única gloria que pide para sí mismo el apóstol es llevar sobre sí los signos de la cruz de Cristo. Verso aleluyático San Pablo pide «que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: la Palabra de Cristo habite entre vosotros con toda su riqueza». Es muy importante que la riqueza de la Palabra de Dios brille en nuestra vida. Evangelio de San Lucas Narra los consejos que da Jesucristo a los setenta y dos discípulos que irán por los pueblos anunciando la buena noticia del Evangelio. Empieza pidiéndoles oración: «La mies es abundante y los obreros pocos. Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies». La oración es sumamente importante para todo misionero, porque, sea o no consciente de ello, todo el que anuncie la Palabra de Dios tropieza, más o menos pronto, con los enemigos de Dios. Después de pedir esta oración continúa con unos consejos concretos para los discípulos: «Cuando entréis a una casa decid primero: “paz a esta casa”». Si hay gente de paz entre los oyentes «descansará sobre ellos vuestra paz, si no volverá a vosotros… Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan porque el obrero merece su salario». De todas formas, es muy serio lo que advierte Jesús: «Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comen lo que os pongan, curad a los enfermos que haya y decid: “está cerca de vosotros el reino de Dios”». De esta manera el misionero debe ir siempre en nombre del Señor, proclamar su Palabra con respecto al reino y prometer, a quienes escuchen su mensaje la entrada en el reino. Amigos todos, recuerden que por el bautismo hemos recibido la hermosa misión de proclamar a Cristo a todos los pueblos; empezando por las personas cercanas con las que tenemos más obligación. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  44. 518

    Solemnnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo «día del papa»

    En este domingo la liturgia celebra a las columnas de la Iglesia, Santos Pedro y Pablo. Esta fiesta, muy importante para la Iglesia, va precedida por una vigilia vespertina que centra su reflexión en las preguntas de Jesús a Pedro, que después de haberle traicionado hizo un triple acto de fe y de amor a su Señor. Hechos de los apóstoles Los Hechos recogen el momento importante en que Herodes había prendido a San Pedro y esperaba matarlo públicamente. Un ángel se presentó ante el apóstol y lo liberó de las cadenas que tenía puestas: «Las cadenas se le cayeron de las manos y el ángel añadió: “Ponte el cinturón y las sandalias”. Luego añadió: “Échate el manto y sígueme”». Pedro, en medio de su despiste y admiración, hizo esta reflexión al verse fuera de la cárcel: «Era verdad: El Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos». Así meditamos cómo el Señor libró de la cárcel y de la muerte a San Pedro, roca de su Iglesia. Salmo 33 Es un salmo que la Iglesia aplica a la liberación de San Pedro por medio del ángel del Señor: «Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca, mi alma se gloría en el Señor: Que los humildes lo escuchen y se alegren». Al verse libre de las cadenas, el salmista exclama: «Proclamad conmigo la grandeza del Señor… Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará». Como una respuesta a la liberación de Pedro, decimos con él: «Gustad y ved qué bueno es el Señor dichoso el que se acoge a Él». San Pablo Da la impresión de que el apóstol escribe a su discípulo Timoteo, consciente del final de su vida: «Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente». Pablo reconoce que ha combatido con fidelidad, ha mantenido la fe y siente que el Señor le recompensará su vida sacrificada por el reino de Cristo y lo expresa así: «El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y llevará a su reino». Verso aleluyático Está dirigido a Pedro indicando que sobre él se edificará la Iglesia de Jesús y que «el poder del infierno no la derrotará». Evangelio El Evangelio, que es de San Mateo. Nos habla de una escena entre Jesús y los apóstoles. El Señor pregunta a sus discípulos sobre la opinión de la gente respecto a su Persona. Al principio son distintas y variadas las respuestas de los apóstoles: «Unos dicen que es Juan Bautista, otros que Elías y otros que Jeremías o alguno de los profetas», pero Jesús, que siempre busca el compromiso personal, les pregunta a todos ellos: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Es el momento impresionante en que Pedro se compromete en nombre de todos: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». La respuesta de Jesús es inmediata y va unida al servicio que le va a pedir a Pedro como representante suyo en la Iglesia: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará». A continuación, le da el poder sobre los demás: «Te daré las llaves del reino de los cielos. Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». En este día la Iglesia universal celebra a los grandes apóstoles: Pedro, a quien Jesús deja como su vicario en la tierra y a Pablo, apóstol de los gentiles, por su valentía al evangelizar en el mundo conocido en aquel tiempo. Ambos dieron la vida por Cristo y celebramos con gozo su martirio. Hoy también celebramos el «Día del Papa», sucesor de San Pedro. Pedimos a Dios que fortalezca al Papa León XIV para que confirme en la fe a toda la Iglesia fundada por Jesús. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  45. 517

    El Cuerpo y la Sangre de Cristo

    En esta solemnidad que celebra la Iglesia de una manera muy especial después del sacrificio de Cristo y su resurrección, que hemos admirado durante la Pascua, la Iglesia nos invita a sacar provecho del gran sacramento de la Eucaristía, en este día en que incluso sale del templo a las calles, adornada con flores para exaltar la fe en este gran sacramento. Muchos devotos se han santificado con la Eucaristía aprovechando este gran don, regalo de Jesús. Génesis La primera lectura nos lleva a Salén donde antiguamente era rey y sacerdote Melquisedec. Acudir a Melquisedec es debido a que por primera vez en la Escritura se habla de un sacrificio que es imagen de la Eucaristía. En efecto, Melquisedec sacó pan y vino para bendecir a Abraham con estas palabras: «Bendito sea Abraham por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra. Bendito sea el Dios altísimo que te ha entregado tus enemigos». Con este sacrificio Melquisedec quiso alabar la victoria de Abraham contra sus enemigos. Sabemos que, según la tradición de Israel, Melquisedec era un sacerdote de quien no se sabía nada ni antes ni después de su encuentro con Abraham. En este sentido algunos lo comparan con Jesús Sumo Sacerdote que no perteneció a la casta sacerdotal de Israel, como sí lo eran todos los demás sacerdotes. Salmo 109 Nos encontramos con un salmo que glorifica el sacerdocio de Melquisedec en quien la Iglesia ha visto siempre una figura de Cristo Sumo Sacerdote: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec». La liturgia entiende que se trata del representante de Dios. Por eso es el Señor el protagonista de este salmo mesiánico: «Oráculo del Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies». Y abundando en el tema sacerdotal, añade: «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento…». Dicho nacimiento lleva al Mesías al sacerdocio supremo, aunque no pertenece, como he dicho, a la casta sacerdotal de Israel. San Pablo Nos habla de una tradición que él ha recibido y que la transmite ahora por escrito en la Sagrada Escritura: «Yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido». A continuación, nos habla el apóstol de la consagración del pan y del vino, con las palabras de Jesucristo que escuchamos en la santa misa: «Esto es mi cuerpo… Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre». Esta tradición que nos viene por el apóstol San Pablo se ha convertido en la gran fiesta del Corpus Christi (Cuerpo y Sangre de Cristo) que hoy celebramos. Verso aleluyático Nos recuerda las palabras del evangelio de San Juan en las que Jesús mismo dice: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre». Evangelio Contiene hoy el relato que encierra un tesoro para la Iglesia todos los días. Se trata del milagro de la multiplicación de los panes, símbolo de la Eucaristía, narrado por San Lucas: Al atardecer de aquel día le dicen a Jesús que despida a la gente para que vayan a su casa a comer y descansar, pero el Maestro les responde: «Dadle vosotros de comer». Había mucha gente y poco pan. Apenas un muchacho presentó cinco panes y dos peces. Jesús dijo a los apóstoles: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta». Entonces, «Él tomando los panes y los dos peces alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a sus discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron y cogieron las sobras: doce cestos». Este milagro contado por el evangelista San Lucas nos deja la bella enseñanza: la imagen sobre el milagro eucarístico que Jesús hará en la última cena diciendo sobre el pan: «Este es mi Cuerpo». Y añadirá la consagración del vino diciendo: «Esta es mi sangre de la nueva alianza». Es el misterio que la Iglesia adora siempre con tanta delicadeza y gratitud, el mejor regalo de Jesucristo y que hoy celebramos con amor renovado y gratitud a nuestro Redentor y Amigo.

  46. 516

    La Santísima Trinidad

    En este domingo la Liturgia nos conduce a la meditación del misterio más grande del Cristianismo: Un solo Dios que ha creado todo, que posee todas las virtudes y lo puede todo y, al mismo tiempo, ese único Dios es tres Personas distintas. Proverbios La Sabiduría infinita de Dios, personificación del Verbo Divino, hablando de sí misma, nos dice: «El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada antes de comenzar la tierra. Antes de los abismos fui engendrada…». Pensamos que esta sabiduría pertenece a las tres Divinas Personas porque las tres han creado cuanto existe. Pensemos un poco más en este párrafo tan bello del libro de los Proverbios: «… Cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a Él como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia; jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres». Cuánto amor compartido por las tres Divinas Personas, antes de la creación del mundo; amor que por el Verbo encarnado llegará a toda la humanidad. Salmo 8 Este salmo glorifica al Señor por sus obras magnífica. Comienza diciendo: «Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra». Luego, dejándose llevar de la imaginación ante la obra maravillosa del Creador añade: «Cuando contemplo el cielo obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?». Luego el salmista admira cómo, a pesar de la pequeñez del hombre, Dios le manifiesta su amor: «lo coronaste de gloria y dignidad». A este hombre, su creatura, Dios le ofrece todo: «Todo lo sometiste bajo sus pies». San Pablo Nos enseña que por medio de Jesucristo hemos recibido la justificación y estamos en paz con Dios. Nos dice el apóstol: «Nos gloriamos en las tribulaciones sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia virtud probada, la virtud, esperanza y la esperanza no defrauda porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado». Verso aleluyático Este versículo nos invita a repetir, como lo hacemos frecuentemente en nuestra oración: «Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene». De esta manera toda nuestra vida estará en las manos de Dios y dispuestos a hacer su voluntad. Evangelio Es un párrafo de San Juan en el que Jesús nos habla de las tres Divinas Personas para que glorifiquemos a nuestro Dios: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Cuando venga el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena, pues lo que hable no será suyo. Hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir». Jesucristo, siempre preocupado por la humanidad, nos ofrece el Espíritu Santo para que podamos entender lo que Él dijo y vivió. Finalmente, el párrafo concluye: «El Espíritu Santo me glorificará porque recibirá de mí lo que os irá comunicando». Todavía hay otra afirmación más que nos ayuda a descubrir algo del misterio trinitario: «Todo lo que tiene el Padre es mío». Si esto mismo que tiene el Padre es lo que por la voluntad del Verbo nos acerca a nosotros el Espíritu Santo, tenemos una pequeña explicación del misterio de la Trinidad Santa. En ella, como solemos decir: «Todo es común en las tres Divinas Personas, excepto la relación de Personas». Para expresarlo de una manera muy sencilla: hay un solo Dios y tres Personas distintas a las que amamos y adoramos por igual. + José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  47. 515

    Domingo de Pentecostés

    DOMINGO DE PENTECOSTÉS Examinando los textos litúrgicos nos damos cuenta de que hay una auténtica revolución en torno a esta fiesta. Tenemos, por un lado, «Misa vespertina de la vigilia; a continuación: «Misa vespertina en forma vigilial» y, por otro lado, vemos la «Misa del día» con una riqueza de lecturas que celebran algo muy importante: la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia. Hechos de los apóstoles La primera impresión que tenemos tras la ascensión de Jesús a los cielos es que los apóstoles debieron llenarse de pena porque se les había marchado el gran protector y poderoso ejecutor de milagros. Sin embargo, nos dice expresamente el libro de los Hechos de los apóstoles que volvieron felices a la ciudad, a Jerusalén, a esperar la riqueza del Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad, de la que Jesús les había hablado muchas veces y habían entendido muy poco. Los Hechos cuentan que volvieron contentos y pasaban el día prácticamente en el templo alabando a Dios y también leemos que estaban en el cenáculo haciendo oración con la Virgen María. Nos cuentan además que, en un momento concreto, y por inspiración divina, echaron suertes para escoger un suplente de Judas, el apóstol traidor: salió elegido Matías que completó el número de los Doce. Lo importante de todo esto es que hicieron oración intensa esperando la realización de la gran promesa que les había hecho Jesús: que Él se iba para enviar otro Consolador. No es fácil entender lo que ellos comprendían sobre las promesas hechas por Jesús. Lo cierto es que el mismo día de Pentecostés «estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban». En ese mismo instante vieron aparecer unas pequeñas llamas, «como llamaradas que se repartían posándose encima de cada uno». En aquel momento, ellos sintieron la fuerza del Espíritu Santo en su interior y que se traducía hacia afuera hablando distintas lenguas, diferentes a la lengua materna que cada uno poseía. De esta forma se hacían entender por las personas venidas de fuera de Jerusalén, por motivo de la fiesta de Pentecostés. Entre ellos «hay partos, medos y elamitas. Gentes venidas de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto… Y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua». Salmo 103 La Iglesia, ayer como hoy, invoca al Espíritu Santo: «Envía tu Espíritu Señor y repuebla la faz de la tierra…». La Iglesia se vuelve alabanza con estas palabras del salmo: «Bendice, alma mía, al Señor. Dios mío qué grande eres. Cuántas son tus obras, Señor, la tierra está llena de tus criaturas». San Pablo Nos refiere el efecto maravilloso que produce en nosotros el Espíritu Santo: «Nadie puede decir: “Jesús es Señor” si no es bajo la acción del Espíritu Santo». A continuación, nos enseña qué cantidad de dones tan distintos son el fruto de la presencia del Espíritu en cada uno de los fieles. Según San Pablo en «un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos». Secuencia En esta gran solemnidad nos encontramos con una preciosa secuencia que les invito a meditar. Es el gran deseo de la Iglesia para todos sus fieles. Este himno comienza así: «Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido. Luz que penetra las almas. Fuente del mayor consuelo…». Verso aleluyático Es el gran pedido que frecuentemente repetimos en nuestra oración al Espíritu Santo: «Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor». Evangelio Recogemos algunos versículos de los que nos presenta la liturgia del día: + «Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados. A quienes se los retengáis les quedan retenidos…». + «Cuando venga el Defensor que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí». + Finalmente, nos advierte Jesús la forma más eficaz para sentir la presencia del Espíritu Santo, guardar sus mandamientos: «El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y moraremos en él…». + «Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo que enviará mi Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho». Lo importante es que cada uno de nosotros, en la intimidad de la oración a la Santísima Trinidad, invoque la fuerza del Espíritu Santo, fruto de la muerte y resurrección de Jesucristo, para vivir personalmente y ayudar a otras personas según la fuerza del Espíritu, que sigue iluminando y conduciendo a la Iglesia también en nuestros días. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  48. 514

    Subió a los cielos

    No nos extraña, ni poco ni mucho, la introducción que tiene la liturgia para esta fiesta de la Ascensión del Señor: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse». La Ascensión de Jesús es el gran principio de nuestra esperanza. Hechos de los apóstoles El principio de este libro está marcado con estas palabras: «En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo y ascendió al cielo». Es claro que se refiere, San Lucas, al tercer libro del Evangelio que fue su primer escrito y ahora como que lo continúa en los Hechos de la Iglesia primitiva, es decir, los Hechos de los apóstoles. Jesús les da un mandato a los apóstoles, después de su resurrección, pidiéndoles que se queden en Jerusalén hasta que venga el Espíritu Santo. Un buen día, cuando estaban todos en el Monte de los olivos, le hicieron varias preguntas. Jesús no contestó. Comenzó a levantarse sobre la tierra... Ellos seguían mirando al cielo hasta que la nube se lo quitó de la vista y vieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse». Este es el gran regalo de la ascensión de Jesús: nos ha enseñado que todos tenemos que ir «hacia arriba» para encontrarnos con Él. Salmo 46 Es un salmo que canta entre músicas y aclamaciones el triunfo que se cumplirá en el Redentor: «Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas». El salmo continúa pidiéndonos hacer fiesta: «Aclamando al Señor con gritos de júbilo». Es un salmo que parece escrito precisamente para esta fiesta, el triunfo de la Ascensión del Señor. Hebreos Comenzamos leyendo que «Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres, sino en el mismo cielo para ponerse ante Dios intercediendo por nosotros». Evidentemente que el autor de esta carta se está refiriendo a la ascensión de Jesucristo que sube a la gloria, para interceder por la humanidad a la que Él mismo ha redimido con su muerte y resurrección. Es una verdad que hacemos nuestra en el Credo, cuando decimos: «Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre». Verso aleluyático Es el gran mandato de Jesucristo que ha hecho suyo el Papa León XIV últimamente: «Id a hacer discípulos de todos los pueblos. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Con la ayuda de Jesús todos debemos ser auténticos misioneros. Evangelio El Evangelio de hoy pertenece a San Lucas que nos presenta los últimos consejos de Jesús a sus discípulos: después de pedirles que sean sus testigos, les promete una vez más el Espíritu Santo «para que os revistáis de la fuerza de lo alto… Y mientras los bendecía se separó de ellos subiendo hacia el cielo». Los apóstoles se postraron ante Jesús que ascendía a la gloria y regresaron con mucha alegría a Jerusalén. Y ahí estaban en el templo bendiciendo a Dios. La fiesta de la Ascensión es para la Iglesia una fiesta de alegría y envío. Alegría porque Jesús nos ha enviado al Espíritu Santo, y de envío porque este es el último mandato del Señor antes de subir a la gloria. Siguiendo el mandato del Papa San Juan Pablo II tengamos siempre presente que todo bautizado tiene que ser misionero y santo. José Ignacio Alemany Grau, obispo

  49. 513

    Si quieres entrar en el Misterio de Dios - Domingo VI de Pascua

    Nos llenamos de satisfacción cuando podemos compartir con un grupo de personas que hablan y actúan con alegría y profundidad. ¿Podremos entrar en la intimidad de Dios donde las tres Personas divinas viven en el amor y la alegría más profunda? Algo podemos intuir en la liturgia de este domingo que nos está preparando para Pentecostés. Hechos de los apóstoles Mientras predican con tanta ilusión Pablo y Bernabé, como suele suceder, no faltó la cizaña: Unos judíos quisieron obligar a los convertidos del paganismo al cristianismo a someterse a la ley de Moisés: Pablo y Bernabé viajaron a Jerusalén para presentar el problema ante la autoridad de los apóstoles. Los apóstoles «eligieron a Judas Barsabá y Silas, miembros eminentes entre los hermanos y los enviaron con una carta: “Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Silicia convertidos del paganismo…”». En la misiva alaban a los nuevos cristianos y terminan diciéndoles que no se preocupen y que, solamente se «abstengan de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación». La carta termina con estas sencillas palabras: «Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud». No es fácil imaginar la alegría con que recibieron esta noticia los nuevos cristianos de las ciudades evangelizadas por Pablo y Bernabé. Salmo 66 Es una oración de alabanza a Dios en la que se nos invita a todos a glorificarlo con nuestra oración y cantos de alegría: «Porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra». Apocalipsis Hace una descripción maravillosa de la Jerusalén celestial que baja del cielo «ataviada por Dios, trayendo la gloria de Dios». La descripción es preciosa: rodeada de murallas y con doce puertas con los nombres de los apóstoles del Cordero. Lo más destacado es que el apóstol Juan dice: «Santuario no vi ninguno porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero». Esta es la descripción que hace el evangelista cuando ha sido transportado «en éxtasis a un monte altísimo y me enseñó la ciudad santa que bajaba desde el cielo, enviada por Dios trayendo la gloria de Dios». Verso aleluyático La liturgia nos repite cómo podemos construir, en cada uno de nosotros, el verdadero amor a Dios: «El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él». Esta venida en el amor del Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, es la mayor invitación que se nos hace para entrar en la vida que nos prometió Jesús en el Misterio Trinitario. Evangelio El Evangelio tiene tres ideas fundamentales. (1) La manera de entrar en el amor de la Santísima Trinidad es guardar la Palabra, los mandamientos de Dios, como lo hizo Jesús en su vida. (2) Jesús nos ofrece la futura presencia del Espíritu Santo: «Que enviará el Padre en mi nombre, será el que os enseñe todo…». (3) El saludo de la paz. No con la paz del mundo sino la paz especial que brota del Corazón de Cristo, paz que es fruto de su muerte y resurrección para abrirnos las puertas de la gloria. Por eso, en su ida de este mundo nos advierte: «Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre porque el Padre es mayor que yo…». Ya hemos explicado que Jesucristo, como Dios es igual al Padre, pero al hacerse criatura para sufrir y resucitar se ha hecho como nosotros y, por tanto, como hombre es menor que el Padre. La liturgia en este día nos está invitando a prepararnos para Pentecostés, fiesta que celebraremos el próximo domingo. Entonces recibiremos la fuerza del Espíritu Santo que viene a santificarnos para que podamos entrar en esta maravillosa intimidad del misterio Trinitario al que hemos sido llamados desde el bautismo. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

  50. 512

    Todo lo hago nuevo - Domingo V de Pascua

    Este título nos puede parecer un poco exagerado, pero es la novedad que ha traído el cristianismo a la tierra: Todo es distinto. Cristo resucitado lo ha renovado todo. Hechos de los apóstoles Pablo y Bernabé siguen evangelizando y llevando la novedad del Evangelio, pero no de una manera superficial. Además de la predicación, «en cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor en quien habían creído». No se trataba de un paso rápido sino de una misión estable en cada lugar, y en la que quedaban los predicadores y los que habían de seguir compartiendo los sacramentos. Finalmente, cuenta San Lucas que «al llegar (a Antioquia) reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe». Esta fue la gran novedad, la fe en Jesucristo era para todos los hombres de la tierra y no solo para el pueblo judío. Salmo 144 Dios, rico en misericordia, «que todas las criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles y proclamen la gloria de tu reinado». El salmo termina asegurando que «tu reinado es un reinado perpetuo y tu gobierno va de edad en edad». Apocalipsis El Apocalipsis nos presenta el futuro renovado por Dios donde cambian todas las cosas: un hermoso cielo nuevo, una tierra nueva, un templo nuevo y una forma nueva de dar culto al Dios verdadero. En ese momento se llegará a la plenitud, la humanidad será el pueblo de Dios y Dios estará en ella como único Dios que «enjugará las lágrimas de todos y no habrá más muerte, ni luto, ni dolor por la gran alegría de que el primer mundo ha pasado». El Creador, entonces, dirá: «Todo lo hago nuevo». Verso aleluyático Es un resumen del párrafo evangélico, en realidad muy breve: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Evangelio Este párrafo continúa el relato de lo que sucedió en el cenáculo, después que se retiró Judas, el traidor. Jesús siente su corazón libre y glorifica a Dios con gran libertad: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en Él». A continuación, dándose cuenta de que se aproxima el momento de su pasión, dice a los suyos como un gran testamento: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado… La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os améis unos a otros». Con estas palabras ha querido Jesucristo darnos el distintivo de nuestra vida y de nuestra misión: proclamar el amor fraterno con el ejemplo de nuestra vida y con la palabra. Ya conocemos lo que Jesús quiere de nosotros. Lamentablemente este amor fraterno está por estrenar en muchas partes del mundo y las guerras y el odio son testimonio de nuestra pobreza espiritual. Parece un mensaje muy simple, pero si lo cumpliéramos, serían nuevas todas las cosas, primero en nuestro propio entorno, como quiere Jesús de nosotros, y también en la humanidad entera. José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

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