PODCAST · arts
Recayente
by Pista Galgodromo
En la decadencia de este personaje se encuentra su virtud. Narrador de historias que concilia la derrota con la aceptación.Escrito y producido por Fernando BenavidesVoz: Federico del Moral
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La boda de Mateo
En la memoria existen días donde el sonido del mar te guía al recuerdo, este es uno de ellos. Había ido a la boda de un amigo, era en la playa y hacía buen clima. La cita era en un extremo de la costa y no dimos rápidamente con el lugar, cuando por fin encontramos la dirección la boda había empezado, me puse una corbata de modo rápido y entré a la playa cuando estaban los votos o los acepto de cada uno, no recuerdo.
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Vamos a extrañar estos tiempos
Vivíamos en un edificio viejo, descuidado, perfecto. No teníamos especialmente mucho dinero, pero tampoco eran malas épocas, y teníamos un ventanal que daba a los árboles, y esos árboles cubrían la ciudad que se estaba desmoronando. También ocultaban otros tiempos, de cuando había más aventura, pero también más dolor.
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Campamento
Hay un momento en la vida en la que uno elige los recuerdos que te van a acompañar y ya no puedes dejarlos atrás, como si se pegaran a tu espalda y susurraran al oído “No me dejes atrás”. Qué se le puede hacer, sino escucharlos el resto de la vida, en todos los lugares y dejarse engañar por lo que no ocurrió.
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Llovizna
Este podcast se escucha mejor cuando la lluvia está de fondo, y uno sabe que se recordará ese momento después; junto con el resto de la ciudad que escucha la suave lluvia y las mañanas son distintas. Este es un podcast de lluvia, de recuerdos y de momentos que se quedan.
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Hospital
El día de hoy ha muerto un niño en el hospital donde trabaja Sofía. Los caminos se cruzan, unos comienzan y otros llegan a un final anticipado, con el paso firme de alguien que se encamina a un día ordinario que lanza los dados al aire y no se puede hacer nada al respecto, mas que esperar la noche y con ello un día mas, un día ordinario, claro.
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Infidelidad
En ocasiones uno escarba en el pasado de las personas con la mejor intención de hacerse daño, con la convicción de que hay derecho y la postura es de dioses, sin saber que seremos castigados por indagar en el tiempo. Somos destructores y nos destruimos, así es esta historia, donde encontramos lo que merecemos por ver al pasado de alguien más. Canción: Gotye - Somebody That I Used To Know (feat. Kimbra)
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Trayectos de parques
En ocasiones uno de los audífonos brincaba fuera del oído y Raul escuchaba lo que pasaba en el parque en un sólo lado. Como el ruido de sus pies sobre la graba, los automóviles a lo lejos, las ardillas buscando, las ardillas escapando, o el paso del tiempo.
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Decisiones de Abandono
En medio del camino llegaba el frío, y en ocasiones el calor. Había algo de humor en abandonar todas las sonrisas, la escuela y hasta la lavandería donde llevaba la ropa sucia los sábados por la mañana, y donde platicaba con la chica que se encargaba del lugar. Y ahora, buscaba algo que le permitiera quedarse y no ir. Había algo de humor… en las constantes ganas de encontrar.
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El Sueño Completo
Una vez que decidido llevar a cabo la idea no había vuelta atrás. Las ideas son gigantes que solo miran sin poder participar. En el camino Marco había perdido amigos, y días soleados, días de sonrisas y días de pobreza, pero no podía ir atrás, tenía que terminar de construir aquel sueño completo.
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Discusiones de los Dioses
Xavier vivía en una bodega abandonada, la luz entraba por partes y le daba al lugar un tono sepia. Las voces chocaban entre las paredes, amplificándose, de modo que las conversaciones se confundían con discusiones entre dioses. Algunos muros ya descubrían ladrillos rojos, cacarizos de yeso.
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Animales Salvajes
Mayra y yo habíamos salido de esta ciudad, pocas veces lo hacíamos. Esa era una de ellas. Fuimos al bosque; más allá vivía un viejo inmensamente rico que había construido un castillo en medio del bosque. Decían que en algún tiempo había animales salvajes caminando por los pasillos que daban a los jardines. El hombre y los animales salvajes estaban muertos, pero el lugar parecía estar bien. Había una pequeña tienda a la entrada que vendía cerveza.
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57
Recitales Privados
Desnudé a Brenda en el baño de mi casa el día del recital de poesía. Había sido una noche fría y el lugar se llenó. Nos habían prestado una vieja casa, y el dueño tenía pavor de que la destrozáramos, como había pasado en otros recitales, así que tuvimos que contenernos un poco. La gente fue llegando poco a poco, hasta que el susurro era una platica general antes de que comenzara el recital. Yo iba acompañado de otra mujer, pero en realidad aquello sólo era el preámbulo de una catástrofe, una vez más.
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56
Perfectamente Normal
Conocí a Susana en un evento de caridad,me habían obligado a ir, decían que era para juntar fondos en una casa con gente enferma, o anciana. Yo no había escrito algún libro todavía pero me comenzaban a invitar a esos lugares, a los cuales nunca he tenido mucho agrado. No creo que los fondos vayan directamente a la causa; mucho menos aquel, que organizaba el gobierno. Susana llegó con una invitación similar, pero parecía no desagradarle tanto como a mi...
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55
Piernas de Sal
Europa estaba en conflicto, como siempre. Aquí hacía un calor del infierno y yo estaba prendiendo el tabaco que había sobrevivido a las últimas fiestas. También tenía cerveza fría en el refrigerador. La visa a veces te deja algunos placeres que la pobreza no puede robarte. Marisol estaba en mi recamara, aún dormida, con una playera negra y un pequeño calzón azul...
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54
Tatuajes de Rosas
Recibí la carta de Alejandra una tarde, era lluviosa me parece. La carta incluía una fotografía de ella desnuda: una mujer bien hecha, fuerte y oscura, sonriendo, grandes piernas, grandes pechos y, en ellos, levaba tatuajes de rosas. Esta es su historia.
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Mal Tiempo
El camino de la carretera siempre me ha gustado por alguna razón siempre me ha gustado mas andar el camino que llegar al destino, supongo que por eso me mantengo de un lugar a otro y cuando voy a llegar renuncio a todo y a todos y ya no encuentro el mismo sabor en continuar, como en empezar de nuevo.
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52
Km. 23
Una mujer que se encuentra en el camino del fin del mundo, con un calor infernal. Una mujer con piernas de nieve, como aquellas que te van a llevar al último lugar al que quieres llegar, pero que no te quieres perder. Esta es la historia de un hombre que lleva perdido mucho tiempo y acepta su destino, con una mujer de compañía.
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Soy el Demonio
Sin saberlo caminaba por las calles, solo, sin edad para hacerlo; me dirigía a una iglesia, tratando de expiar la culpa de algo que aún no había cometido, pero nací cargando en la espalda. Ahí estaba yo, sentado en largas bancas de madera del templo sin saber la causa, eco en paredes de piedra, nichos ocupados, con algo parecido al alma encogida al centro del pecho. Después, con el tiempo, comenzó.
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50
Un sólo botón
Era el último día del año. Rick se encontró con Lucía en un bar a las 10 de la mañana. Ella había aceptado verlo para que le devolciera la tarjeta de credito departamental. Él sólo quería verla de nuevo. Ella pidió un café, era demasiado temprano para beber. Se había ablandado. Rick pidió un vodkatonic. Lo primero que hizo fue darle la tarjeta, así no habría pretextos para retenerla. Si ella quería irse, lo haría. No lo hizo.
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Esperar la Suerte
Me habían convencido para ir a una cabaña por el fin de semana. Estaba bien. Habría cerveza y ron para algunos. A mi me va más la cerveza y el whisky, aunque a veces tomo Tónic, pero por lo general la cerveza es la que corre por mis venas. Estaba bien salir, iba a ir Gabriela que era tremenda mujer rubia con ojos verdes, escurridiza como gato asustado. Siempre me había gustado. También iba Lui, Lui era un buen amigo, tenía la mente más prolífica que pudieras encontrar. Era un gran tipo.
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48
Perdiendo el Control
Comencé a perder el control poco a poco de la nada, primero por la belleza de una mujer y luego por no tenerla o por estar lejos de su interés. Así comenzó todo aquello y así lo mantuve: la locura al servicio del amor o del deseo; daba igual. Hay que estar loco para amar de verdad y para comenzar a hacerlo hay que estar dispuesto a perder la noción de lo cierto y comenzar a creer en la fantasía.
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47
Poker de Prendas
Julia estaba en mi casa, había hablado con ella por teléfono –oye, –le dije–, deberíamos jugar póquer de prendas. Creí que no aceptaría. Aceptó. Pasé por ella a las 2 de la tarde, no habíamos comido, pero había una cantina surtida en mi casa. El departamento tenía una alfombra verde y el reproductor de música emita una pequeña luz azul. Comenzamos a jugar, cada tanto una prenda iba fuera. Los ases estaban de mi lado. Julia traía una pequeña ropa, sexy, con encaje negro sobre seda gris.
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46
No hay mujer decente
No hay mujer bonita decente, no la hay, ni tampoco mujer desaliñada decente, no la hay; sencillamente no hay mujer decente; es cuestión de enfocar bien, encontrar el ángulo y ahí estará su crueldad, la naturaleza salvaje y cierta maldad. Y no hay caballero alguno dentro del hombre, sólo hay hipocresía y conveniencia. Supongo que nos merecemos unos a otros.
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45
Grecia
Estaba montado en el avión, era de noche, los motores rumiaban a medio despertar en las alas antes de elevarse con todas nuestros pensamientos, y con todo el olor a los conservadores de comida. Mariana fue a despedirme, no esperaba que fuera, pero llegó al último momento. Lo nuestro fue una buena idea que no funcionó, aún así llegó; todos tienen derecho a sentir remordimiento y despedir lo que no fue. Iba a Grecia, tratando de entender cómo se perdía la vida.
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44
Muriel
Muriel era delgada, de cabello negro y corto, tenía los ojos verdes. La conocí en una playa poco habitada, su sonrisa era pequeña y difícil de olvidar. Muriel caminaba desnuda, la arena pegada en su brazo y hombro mientras el mar acariciaba sus tobillos. Yo caminaba vestido, pantalón de mezclilla y playera negra, dos mundos diferentes camino a ser impactados. El vientre de Muriel se marcaba suavemente, el pequeño ombligo mediaba entre la locura y la sed de 34 grados centígrados.
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43
El Regreso del Hijo del Diablo
Escribo esto después de haber estado con una mujer en la cama, una buena mujer, una especie de espíritu desbocado entre las sábanas. Habíamos bebido vino y la plática había estado bien, las risas se habían impregnado en las paredes, blancas, salpicadas de anécdotas. Una buena mujer, el cuerpo liso y abultado en fronteras, como roble invadido por nudos. Estábamos los dos y terminamos en la cama, ella sonreía y yo regresaba a la normalidad.
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42
Isabel (II)
Isabel me siguió hasta el fin del mundo, justo donde termina la tierra y empieza el mar. Llegó vestida de manera sencilla, con la voz cargada de emoción; yo, por mi parte, era más hijo de puta que en cualquier otra ocasión. Fui por ella, la abracé y no la besé en los labios; que es lo que ella quería; aguardé el momento.
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41
Isabel (I)
Una amiga me presentó a Isabel que era bonita como muñeca y su sonrisa era blanca y sus ojos eran tan inocentes que daba miedo entrar. Nos quedamos de ver en una cafetería que era lo más cercano a su casa en los días de diciembre. Ella no había puesto árbol de navidad, así que tomé una hoja de papel y dibujé uno para ella. –Toma, le dije, –Ahora tienes un árbol para tu casa.
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40
Morir varias veces
Estaba en la carretera, un día, como tantos, iba con una chica en el automóvil, en la carretea, regresando o yendo, no recuerdo si era antes o después de acostarme para descansar de una relación fallida, no lo recuerdo, el departamento era pequeño, y las persianas eran verdes y las luces del farol se colaban en forma de líneas sobre la cama.
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39
La ida de Vanessa
Al poco tiempo se fue Vanessa, con su hija, sus muebles, su aroma amargo y se fue el último momento de mi infancia con la mujer que necesitaba amar. Así que no tenía mucho de nuevo, estaban las botellas de vino tinto que mezclaba con refresco de cola, y la música que me acompañaba.
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38
La llegada de Vanessa
Una noche me llamó Vanessa. Vanessa era una linda chica que había conocido en la secundaria y era la chica mas bella de esa escuela, o quizá la segunda, la otra era Julieta y tenía pecas en el pecho y en la espalda y era pelirroja, así que las paredes del salón estaban continuamente encendidas y los adolescentes comenzábamos a sentir el ardor entre las piernas por aquellas dos mujeres.
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37
Marcelinda y el Huracán
Habían anunciado que el huracán entraría en la tarde del miércoles, así que todas las ventanas estaban tapeadas. Años antes la mitad de las casas habían sido arrasadas y casi todo se había perdido. Incluso, 9 meses después del paso del huracán aquel, nacieron varios niños… supongo que no perdieron el tiempo en aquel encierro de pánico y amor. En fin, estábamos esperando este nuevo huracán, había ido a comprar provisiones, las tiendas de autoservicio estaban vacías, o saqueras, que no hay mucha diferencia.
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36
María a toda Velocidad
Me tocó preparar el estudio de grabación para María, no recuerdo la causa ni recuerdo el año, mucho menos el mes, tampoco conocía a María, pero llegó al estudio e hicimos algunas pruebas de locución. Era fantástica. Se le escapaba la vida en risas; la clase de chica que tiene prisa por hacer todo, además, era muy bonita. El cabello castaño andaba aquí y allá, en su espalda o en su frente y tenía la plática desbocada; era una chica simpática. Pensé que se iba a quedar con el trabajo, encajaba bien con todos los que estábamos en ese momento en la estación. A mi me había gustado, quizá por viva o por diferente.
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35
Reflexión
La tormenta seguía por la madrugada, y seguía al amanecer; había comenzado por la noche y aún se escuchó un relámpago a las 7 de la mañana. Me encontraba con Rosario en la cama. Ella era una buena mujer. De lo mejor sobre la tierra. Yo esgrimía poemas, a veces a máquina, a veces en computadora o a mano; estaba en un buen momento.
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34
Ana
La noche estaba empezando, como las anteriores, había más calor que compañía; de este lado aún tenía whisky. A veces la noche sólo es eterna para mi. Entonces Ana tocó a la puerta, abrí, la amé un poco antes de permitirle pasar, con la sonrisa primero, esa sonrisa que se podía comer con un beso largo, y el cuello que se dirigía hacia su escote, el cabello escurriendo por los hombros. Ana tenía el cuerpo suficiente para desconcertarme, o a cualquiera.
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33
Aeropuerto
Llegué al aeropuerto esperando mi futuro, fui directo al bar por una cerveza. No tenía prisa. Ya había esperado demasiado. Entre toda la gente que llegaba y se iba. recordé a Heidi, sus grandes ojos, su sonrisa y aquel asiento vacío que dejó en el avión.
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32
Heridas, Alcohol y Abandono
Había llegado a la ciudad, pero no encontraba mucho por hacer, el aire la violencia citadina los ruidos, los golpes en la noche a las mujeres en la casa de al lado los robos y bastantes cosas que estaban a mi alrededor; que siempre habían estado pero hasta ese momento parecían importarme. Yo no tenía nada.
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31
Las Islas del Mediterraneo
He regresado al whisky mientras algunas tormentas de recuerdos me visitan en la madrugada. Tengo el número de un teléfono que no volveré a marcar. y hay una piel que no recorreré de nuevo, aunque, en realidad, nunca fui bien recibido. Aquello, más que un acuerdo, fue una invasión y un sentimiento que sólo yo aporté, aprovechando la confusión de la música y el alcohol, y los planes que nunca se realizaron. Ahora el mundo se está rompiendo.
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30
Poker
A mi me da por beber sobretodo en las mañanas, cuando me doy cuenta que el sol sigue estando allí, y por la casa caminan los recuerdos, descalzos, uno a uno; el recuerdo de cada una de ellas, y se desnudan y me abrazan, y me dicen que lo han pensado bien, y en medio de una buena charla se marchan, todas, y me dejan con los hielos a medio entender en el mar del whisky.
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29
El Tiempo del Diablo
Ahí estaba yo, tratando de hacer algo bueno después de tantos años, tratando de cambiar el destino que tengo como hombre olvidado, sin apresurar las cosas, con una mujer que prometía nada, y por eso era maravilloso todo aquello. Parecía que las cosas estaban bien para el hijo del diablo.
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28
Una mujer dormida
En algún momento me encontré viendo el rostro de Heidi, lleno de días que no fueron míos, y de un futuro tan endeble que pronto lo perdería, ella no sabía que la observaba: su fina nariz, su cabello de cascada nocturna, el cuello que pocas veces besé y los ojos a los que no volvería a ver con amor jamás. Ella no supo cuanto la quise ese día en su cansancio, y que me quedaría con su imagen para escribir de ella un domingo cualquiera, meses después de mi derrota.
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27
Carretera y Música
Iba camino a la salida del infierno, el automóvil rodaba bien, había buena música y el sol estaba dando justo a las heridas que había dejado la última mujer en la que había confiado. Dos días antes había estado en una fiesta, la hija de uno de los Stones ponía música y había tal cantidad de chicas guapas que ninguna terminó siéndolo. Yo iba acompañado de Rosario, que tenía una cintura realmente pequeña y se veía bien esa noche. Sirvieron algunos tragos con tequila, yo no soy muy amante de esa bebida pero los tragos estaban preparados con hojas de romero y resultaron fantásticos, o quizá era el momento.
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26
Lo que Necesito
Esto es lo que necesito: Una noche, una mujer interesante que no me ame, una mujer que me haya dejado en la peor de las situaciones, y una mujer a la que haya dejado; un arrepentimiento cuando camine por la playa y comience a llover y las gotas de lluvia rompan la furia del mar. Algo de dolor, no, mucho dolor...
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25
El Circo
La trama era sobre un payaso italiano que moría e intentaba quedarse en la tierra. Algo así. Había quedado de pasar por esa mujer que por ese entonces parecía un gran acierto. Sus piernas lo eran. Quedamos en vernos en medio de algún camino, pero la ciudad se complicó y tardamos mas en llegar, además, estaba lloviendo. El amor es un mal entendido que uno acepta de buena gana.
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24
Josue
Josué se levantó de la cama por primera vez en 9, quizá 10 meses. Lo había tumbado el intento de amar y esta vez había sido prácticamente mortal el fracaso. Había caminado por el piso, trabajado y apenas sobrevivido, pero no se había podido levantar hasta ahora, que todo terminó final y catastróficamente.
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23
El Ruido del Carrito en el Avión
En el avión ha bían voceado el no mbre de Susana,por supuesto que ella no estaba, y no llegaría; no habría escena memorable o un intento de su parte. Creo que nunca tuve oportunidad, pero lo intenté. A veces lo extraordinario no es suficiente cuando no encuentran la poca magia que un borracho es capaz de hacer con lo que resta de su alma cansada acabada y enferma.
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22
La Gitana
Poco antes me había abordado una gitana mientras tomaba una cerveza en un bar. –Está bien, le dije, léeme la mano, mujer. Era una mala gitana, muy obvia, ponía todo su esfuerzo para estafar y eso le agradecí. Todos somos estafadores de una u otra manera, sólo que entre estafadores nos reconocemos. Me pidió dinero para bendecir, o hacer algún tipo de suerte. Yo estaba pasando por un verdadero mal momento, emocionalmente hablando, pero tenía algunos billetes; se los mostré. Los tomó en su mano y los guardó en su bolsa.
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21
La Saliva del Diablo
En aquel tiempo tenía pocas cosas que hacer, fue cuando más escribí, incluso un par de novelas que deben estar en algún lado, olvidadas entre recibos de luz y agua. Entonces sonó el timbre, fui a abrir y ahí estaba esa mujer de falda y tacones. –Me gustan las mujeres más altas que yo, le dije. Ella se apenó un poco, dijo que no era tan alta, que eran los tacones. Quizá, pero no importaba. –Sabes, he leído todo lo que has escrito desde hace 6 años, me parece muy bello, ¿puedo pasar?
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20
El Bar del Escape
Era una época extraña, por la noche hacía frío, y algunas veces llovía, otras no. Salía del trabajo, caminaba por esas calles que descansaban del paso de los automóviles, y de tanta gente enojada sin culpar a nadie. Esa noche pude haber ido a casa, ponerle whisky al agua mineral, escuchar música, y esperar a que la madrugada degollara las pocas horas de sueño que restaban; pero decidí seguir de largo hasta el bar.
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19
El Mundo de Beatriz
Max tenía la vida partida, fue así desde que supo lo de Beatriz y no estuvo en el momento en que ella cayó al suelo, de la nada, un viernes de marzo en el pasillo de la escuela, los libros cayeron con ella, pero fueron los únicos que pudieron levantar. Max nunca se perdonaría eso; desde entonces caminaba lento y veía a la gente como si lo sentenciaran con la mirada, los pasos, o el mismo silencio. El silenció siempre acompaña a los hombres con pena.
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En la decadencia de este personaje se encuentra su virtud. Narrador de historias que concilia la derrota con la aceptación.Escrito y producido por Fernando BenavidesVoz: Federico del Moral
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